La chorrada de la semana: Un estudio “geológico” determina el día que crucificaron a Jesús

El Evangelio de Mateo, capítulo 27, afirma que día de la crucificción “la tierra tembló y las rocas se partieron.” Si ocurrió un terremoto en el Monte Calvario, un estudio geológico debería ser capaz de predecir el día en que crucificaron a Jesús. Un estudio “geológico” ha concretado que fue el viernes, 3 de abril del año 33 d. C. Obviamente, se trata de una chorrada: la geología no tiene precisión suficiente para fechar con un error de medio día un terremoto ocurrido hace casi 2000 años. De hecho, en el resumen del artículo podemos leer que se ha datado el supuesto terremoto el año 31 ±5 d.C. ¿Cómo es posible entonces que hayan reducido el error de 5 años a solo medio día? Muy fácil, han utilizado los evangelios como fuente documental para fijar la fecha. Pero entonces, ¿para qué han hecho el estudio geológico? Sin usar los evangelios lo único que afirma el estudio es que hubo un terremoto entre los años 26 y 36 d.C. Me enteré de esta chorrada gracias a Javier Armentia, colaborador de Amazings, que a su vez se enteró por Twitter de la noticia de Eddie Wrenn, “Jesus died on Friday, April 3, 33AD, according to an investigation which matches his death to an earthquake,” Daily Mail, 25 May 2012. El artículo “científico” es Jefferson B. Williams, Markus J. Schwab & A. Brauer, “An early first-century earthquake in the Dead Sea,” International Geology Review 54: 1219-1228, 21 May 2012. Esta revista tiene un factor de impacto de 1,288, lo que la coloca en el segundo cuartil en el área de Geología del JCR de Thomson Reuters. ¿Cómo es posible que una revista impactada como International Geology Review publique un estudio bíblico como si fuera un estudio geológico? Quizás porque incluye tres imágenes como la de abajo, o quizás porque el editor de la revista profesa la religión adecuada.

Tres artículos publicados en Science analizan en detalle el terremoto de Japón

El terremoto de magnitud 9,0 en la escalade Richter ocurrido el 11 de marzo de 2011 fue precedido por varios terremotos. El mayor de ellos fue un terremoto 7,3 Mw que ocurrió el 9 de marzo y cuyo epicentro se encontraba a sólo 45 km de distancia. ¿Podría haberse utilizado este terremoto premonitor como predictor del gran terremoto posterior? Predecir a posteriori siempre es fácil, pero en este caso los resultados no acompañan a los sismólogos. La comparación entre este terromoto premonitor y dos terremotos de magnitud similar ocurridos el 19 de septiembre de 2008 y el 16 de agosto de 2005 muestra muy pocas diferencias (abajo tienes las figuras para que las compares “a ojo de buen cubero”). Las simulaciones numéricas no son concluyentes y los sismólogos creen que, hoy por hoy, es imposible inferir una pauta característica de los terremotos premonitorios, que los diferencie de los que no lo son. Nos lo ha contado Satoshi Ide, Annemarie Baltay, Gregory C. Beroza, “Shallow Dynamic Overshoot and Energetic Deep Rupture in the 2011 Mw 9.0 Tohoku-Oki Earthquake,” Science Express, Published Online 19 May 2011.

Mark Simons et al., “The 2011 Magnitude 9.0 Tohoku-Oki Earthquake: Mosaicking the Megathrust from Seconds to Centuries,” Science Express, Published Online 19 May 2011, nos indican que las simulaciones numéricas del gran terremoto de 9,0 Mw a partir de los datos medidos de forma experimental indican que en ciertos puntos el desplazamiento de la falla que provocó el terremoto superó los 50 metros, un desplazamiento mucho mayor que el observado en el terremoto de 8,8 Mw de Chile en 2010. Estas estimaciones contrastan con las medidas reales mediante GPS y sensores acústicos que estiman movimientos horizontales de la falla de unos 24 metros y movimientos verticales de unos 3 metros (ver figura de abajo), como nos indican Mariko Sato et al., “Displacement Above the Hypocenter of the 2011 Tohoku-Oki Earthquake,” Science Express, Published Online 19 May 2011. Estas discrepancias son un claro indicativo de que los grandes terremotos son aún unos desconocidos para la ciencia.

Como nos indica Richard A. Kerr, “Seismic Crystal Ball Proving Mostly Cloudy Around the World,” Science 332: 912-913, 20 May 2011, el fallo en la predicción de la magnitud del terremoto de Japón es un claro indicativo de las grandes dificultades que tienen los sismólogos a la hora de utilizar su “bola de cristal” científica. Hace unas décadas se pensaba que “pronto” se podrían predecir los grandes terremotos con una antelación de días o semanas. Hoy sabemos que las esperanzas del pasado eran falsas y que identificar las señales premonitorias de un terremoto está fuera del alcance de nuestros conocimientos actuales. ¿Por qué se predijo hace un lustro que habría una terremoto de escala 7 a 8 en los próximos 30 años y se ha producido uno de escala 9? Según los estudios publicados en Science una razón posible ha sido la acumulación de múltiples desplazamientos en la misma falla. Podrían haber coincidido hasta 5 en este terremoto de 9 Mw. Un suceso que se cree que debe ocurrir una vez cada 1000 años. Son los terremotos más peligrosos, pero como son tan poco frecuentes son muy difíciles de estudiar (su rareza es nuestra desgracia).

Lo único bueno de esta catástrofe natural es que los sismólogos están poniendo a prueba sus modelos teóricos y creen que aprenderán muchísimo sobre los grandes terremotos gracias al acontecido en Japón. Todos deseamos que lo que aprendan de este terremoto ayude a que puedan desarrollar estrategias de predicción fiable para futuros eventos tanto en Japón como en otros lugares del mundo.