Por qué los editores de revistas científicas no quieren usar programas antiplagio y antifraude

Esta semana se estima que unos 27 000 artículos científicos recién publicados serán incorporados al Web of Science (WoS), la gran base de datos online de Thomson Reuters donde se encuentran las revistas que tienen índice o factor de impacto. Se estima que 5 o 6 de dichos artículos serán retractados por los editores de la revista donde han sido publicados. La retracción significa una declaración oficial de que el artículo es defectuoso a tal extremo de que debe ser retirado de la literatura científica (porque hay indicios de plagio, figuras alteradas o datos falsos). ¿Por qué debería preocuparnos la tasa de retracciones si es tan baja? Porque esta creciendo de forma exponencial. A principios de la década de los 2000 en el WoS solo aparecían unas 30 retracciones al año, sin embargo, en 2011 ya son más de 400. Este número está creciendo más que el número de artículos publicados (que ha crecido en la última década un 44%). Nos lo cuenta Richard Van Noorden, “Science publishing: The trouble with retractions,” News Feature, Nature 478: 26-28, October 6, 2011. Ver también “Do editors like talking about journals’ mistakes? Nature takes on retractions,” Retraction Watch, October 5, 2011, y Timothée Flutre et al., “Research community: Pilot scheme for misconduct database,” Nature 478: 37, 06 October 2011.

Según Nicholas Steneck, especialista en ética de la investigación de la Universidad de Michigan en Ann Arbor, “yo creo que la razón no es que ahora haya más fraude, sino que se está detectando más fraude; para las revistas es más fácil y barato no intervenir y retractar cuando haya que hacerlo que introducir políticas específicas antifraude.” La misma opinión tiene John Ioannidis, profesor de política de la salud en la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford en California, especialista en el estudio del fraude en publicaciones científicas, que afirma “no creo que ahora haya un auge en la producción de trabajos fraudulentos o erróneos.”

La escritora Ivan Oransky, editor ejecutivo de Reuters Health, Nueva York, afirma que “hay un montón de gestores de editoriales y una gran cantidad de editores de revistas que realmente no quieren que la gente sepa lo que está pasando en sus publicaciones.” En agosto de 2010, Oransky fundó con Adam Marcus el blog Retraction Watch, que desde su fundación ya ha recibido más de 1,1 millones de visitas y documentado 200 retracciones. Otro sitio similar es Scientific Red Cards.

En las encuestas, entre el 1% y el 2% de los científicos admiten haber fabricado, falsificado o modificado los datos o los resultados al menos una vez. Pero en la última década, los avisos de retracción de artículos publicados se han incrementado desde el 0,001% al 0,02% del total. Ioannidis afirma que esto es solo “la punta del iceberg.” El crecimiento de las retracciones puede tener su causa en la aparición de software para detectar el plagio y la manipulación de imágenes, combinado con el mayor número de lectores que internet aporta a los trabajos de investigación. En el futuro, este tipo de software podría permitir detectar estos fraudes antes de la publicación, evitando la necesidad de una retracción posterior. El problema es que muchos editores son reacios a utilizar este tipo de software.

¿Por qué no actúan los editores contra el fraude? La mayoría piensa que es un problema menor para su revista. De hecho, muchos artículos retractados son citados incluso mucho después de haberse detectado el fraude. Y muchos artículos son citados por artículos que corrigen los “fallos” que han llevado a su retracción. Pocas revistas eliminan completamente el artículo retractado de sus bases de datos. Más aún, muchas revistas indican la retracción con un pequeño mensaje difícil de ver, con lo que muchos lectores incautos estudian el artículo retractado como si no lo hubiera sido.

Drummond Rennie, editor adjunto de la revista Journal of the American Medical Association, indica que hay dos razones para explicar el comportamiento de los editores que “esconden” las razones por las que ha ocurrido la retracción: el miedo y la carga de trabajo. El miedo porque muchos editores temen ser demandados si publican contenido que puede ser calificado de “difamatorio” contra los autores. La carga de trabajo porque gestionar en detalle todas las disputas de autoría, las acusaciones de la fabricación de datos y otras formas de fraude es mucho más costoso de lo que parece. “Se necesitan decenas o cientos de horas de trabajo para llegar al fondo de lo que está pasando.” Pero, si el editor es voluntario debería asumir sus compromisos y asegurar la integridad de la información que publica en su revista.

Los comentarios en el blog Watch Retraction dejan muy claro que a la mayoría de los científicos les gustaría separar conocer en detalle los aspectos del artículo que han motivado la retracción, ya que muchas retracciones afectan solo a una pequeña parte de los resultados del artículo y el resto del artículo puede ser una contribución científica libre de fraude. No hay que olvidar que las retracciones no siempre son debidas a la mala conducta o fraude por parte de los autores. Aún así son todo un estigma para la carrera de muchos científicos. Si no lo fuera, muchos autores confesarían los errores que han descubierto en sus propios artículos gracias a investigaciones posteriores, solicitando la retracción de la parte correspondiente de sus propios artículos, sin afectar al resto.

La mayoría de los expertos considera que la transparencia es la clave para la gestión de las retracciones. Debe quedar muy claro por qué se retracta un artículo concreto y qué partes del artículo se ven afectadas por la retracción y cuáles no. El problema es que los editores son los que tienen la sartén por el mango y son ellos los que deben encargarse de gestionar de forma transparente las retracciones. Quizás algún día sea así, pero por ahora estamos lejos de ese momento.

Elsevier retracta 11 artículos del químico brasileño Claudio Airoldi por posible fraude científico

Uno de los químicos más prestigiosos de Brasil, el profesor Claudio Airoldi de la Universidad de Campinas (Unicamp), la segunda universidad por producción científica de Brasil, ha sido acusado de fraude en 11 artículos publicados en revistas internacionales de la editorial Elsevier entre 2008 y 2010; dicha editorial ha decidido retractar en bloque dichos artículos. Su universidad, Unicamp, y el Ministerio de Ciencia de Brasil han convocado sendas comisiones para dictaminar si las acusaciones contra el Dr. Airoldi tienen fundamento. “La Unicamp tomó conocimiento de las acusaciones e instauró una investigación interna para verificar los hechos y adoptar las medidas institucionales adecuadas para el caso. El procedimiento deberá ser concluido en 30 días.” Airoldi, a sus 68 años, quizás esté libre de culpa, por lo que todo el mundo apunta con el dedo a su coautor, Denis Guerra, que en dichos artículos fue su alumno de doctorado y hoy trabaja en la Universidad Federal de Mato Grosso (UFMT). Guerra se defiende afirmando que “es una acusación absurda, lo que está ocurriendo es una falta de respeto con un científico de reconocido prestigio; hemos enviado las pruebas (para desmentir las acusaciones) y hasta ahora no hemos obtenido respuesta.” Me duele este asunto por dos razones. Estuve hace unos años en dicha universidad (UFMT en Cuiabá, Mato Grosso) impartiendo unas conferencias sobre métodos numéricos. El único alumno que decidió que yo le dirigiera su tesis doctoral desde España acabó realizando su tesis doctoral en Unicamp. No, no seas mal pensado, no es Denis. No diré su nombre (hay un futbolista brasileño en España con su mismo nombre de pila). Ya es doctor, pero no en química, sino en informática teórica (yo le propuse una tesis en biomatemática numérica). Me apena que revistas como Science se hagan eco de este tipo de noticias, pero ya se sabe, a los estadounidenses les encanta sentirse superiores a los que tienen al sur. Afortunadamente, la noticia es breve, “Alleged Fraud Spurs New Scientific Integrity Commission,” Science 332: 154-155, 8 April 2011. Lo sé, no debería hacerme eco de estas noticias. Me apena el asunto, pero al mismo tiempo MT me trae muy buenos recuerdos. La prensa brasileña quizás ha cortado cabezas antes de tiempo: “Professor da Unicamp é acusado de fraudar pesquisa. Investigação internacional constatou que professor Claudio Airoldi adulterou resultados de artigo científico,” Folha.com, Ciência, 31 março 2011.

PS (11 arb. 2011): Más información en amarcus41, “Elsevier weighs in on Brazilian fraud case,” Retraction Watch, March 29, 2011 [recomiendo los comentarios].

Publicado en Nature: El IPCC se retracta, los glaciares del Himalaya no desaparecerán en 2035

Enciendes la televisión, sale el telediario de Intereconomía y comenta esta noticia. Curioso, aunque no tanto, se ha publicado en Nature. Los informes del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) los redactan un gran número de científicos que siguen un protocolo muy estricto. Los redactores de los informes pueden utilizar resultados publicados en congresos internacionales, revistas no impactadas y otras fuentes sin revisores o con una revisión por pares laxa, actuando ellos mismos de revisores. Ellos son expertos, luego pueden hacerlo sin problemas. Lo que pasa es que, a veces, igual que a las revistas con revisión por pares estricta, se la cuelan o se les cuela. El informe del IPCC de 2007 estimaba que los glaciares del Himalaya desaparecerían alrededor del año 2035, todo el hielo se descongelaría al menos una vez al año en unos 25 años. Exagerado, obviamente. Pero así son los informes técnicos que se basan en estimaciones de modelos predictivos por simulación. Los expertos siempre los cogen con alfileres. El problema es que ahora todo el mundo mira con lupa al IPCC y se ha descubierto que la fuente de dichos datos, un informe publicado en 2005 por un glaciólogo indio, no es fiable. El Dr. Syed Iqbal Hasnain fue entrevistado por la revista New Scientist y afirmó que sus conclusiones eran “especulativas,” que partían de un informe anterior, de 1999, del Working Group on Himalayan Glaciology, del International Commission on Snow and Ice. Que ni el mismo se creía los resultados de dicho informe, aunque los reportaba en el suyo. Ahora parece que todos los expertos están de acuerdo. Los resultados indican que los glaciares del Himalaya no desaparecerán, al menos, durante el s. XXI. Seamos optimistas. Son buenas noticias. Al mal tiempo, buena cara. Nos lo cuentan Quirin Schiermeier, “Glacier estimate is on thin ice. IPCC may modify its Himalayan melting forecasts,” News, Nature 463: 276-277, 19 January 2010, y muchísimos otros medios, hasta en el telediario de Intereconomía y, como no, en Menéame. Por cierto, allí nos apuntan a Randeep Ramesh, “India ‘arrogant’ to deny global warming link to melting glaciers. IPCC chairman Rajendra Pachauri accuses Indian environment ministry of ‘arrogance’ for its report claiming there is no evidence that climate change has shrunk Himalayan glaciers,” The Guardian, Nov. 2009.

Retractarse de un artículo, una práctica habitual en revistas del prestigio de Nature, incluso para los Premios Nobel

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¿Qué tienen en común Linda Buck y Gene Stanley? 

Hasta los Premios Nobel se retractan de artículos en Nature (Heidi Ledford, “Nobel prizewinner’s paper retracted,” Nature  452, 6 March 2008 ). La Premio Nobel Linda Buck se ha retractado (Retraction, Nature 452, 6 March 2008) de uno de sus artículos publicados en esta prestigiosa revista (Z. Zou, L. F. Horowitz, J. -P. Montmayeur, S. Snapper and L. B. Buck, “Genetic tracing reveals a stereotyped sensory map in the olfactory cortex,” Nature 414, 173-179; 2001).  

Los autores dicen que han tratado de reproducir (con objeto de extender) los resultados del artículo, siendo incapaces de lograrlo. Más aún, han encontrado inconsistencias entre algunos de las figuras y los datos publicados en el artículo respecto a los datos originales (que sólo ellos conocían y atesoraban). Por tanto, se retractan del artículo y de las conclusiones derivadas del mismo.

¿A quién le echan la culpa? ¿A la Premio Nobel? No, ni mucho menos. Dejan claro cuáles “fueron” las contribuciones de cada autor, indicando que el primer autor Zhihua Zou es el ÚNICO responsable de los datos y las figuras del artículo. La segunda autora, Lisa Horowitz, continúa trabajando con la “Nobelada” Linda Buck, sólo intervino en el diseño del experimento. Linda Buck reconoce que “escribió” el artículo junto al propio Zou, nada más. ¿Realmente escribió el artículo y no chequeó los datos? ¿Esta “debe” ser la práctica de todo un “poppe”?

Las preguntas son muchas… ¿Se aceptó el artículo “con facilidad” porque lo firmaba un Premio Nobel? ¿Debe un Premio Nobel “leerse” y “chequear” los artículos que “escribe” y firma como autor? ¿Descontará la Dra. Buck de su currículum vitae dicho artículo, que tiene 138 citas y que es el número 13 por número de citas de toda su producción científica? [su artículo más citado tiene 1532 citas y su índice-h es de 28].La Dra. Buck, cual Pilatos, se limpia las manos. ¿Realmente tiene limpias las manos? No todo queda aquí. Para curarse en salud, además ha pedido “una caza de brujas” contra Zou (que se proceda a analizar sus últimas publicaciones no vaya a ser que haya realizado la misma “trampa” más de una vez).

Pero la cosa no se queda aquí… si buscamos las últimas publicaciones de Zou, ¡¡ tatachán !! un artículo en Science en 2006 cuyo único autor es la propia Linda Buck (citado 31 veces) y ¡¡ tatachán !! un artículo en PNAS en 2005 cuyo único autor también es la propia Linda Buck (citado 35 veces) y ¡¡ tatachán !! un artículo en Cell en 2005 con dos co-autores, uno de ellos la propia Linda Buck (citado 36 veces). ¿Qué pasa con Linda Buck? ¿No se “lee” los artículos que publica? ¿No “chequea” los resultados que afirma en sus artículos? ¿Cumple con sus obligaciones como co-autora? ¿Es el único culpable Zou de aprovecharse de una co-autora Nobelada?

Los artículos retractados (en revistas de prestigio como Nature) son algo que se está popularizando más de la cuenta. En mi opinión debido a la presión del “publish or perish” que está obligando a los autores a, cual futbolistas, marcarle “goles” a los revisores y “colar” artículos, en muchos casos, bastante discutibles (pero a las revistas les gusta los artículos “discutibles” pues acaban siendo citados muchas más veces).

Hasta en la Universidad de Málaga encontramos artículos retractados y ¡¡tatachán!! también en Nature: Pedro Carpena, Pedro Bernaola-Galván, Plamen Ch. Ivanov, and H. Eugene Stanley, “Metal-insulator transition in chains with correlated disorder,” Nature 418, 955-959 (2002), que fue “parcialmente” retractado (Retraction, Nature 421, 764 (2003)). Parece ser que dos investigadores, L. Hufnagel y T. Geisel, tratando de reproducir parte de los resultados numéricos obtenidos, que dan lugar al título del artículo y que podemos considerar la parte “fundamental” del mismo, no lograron observar el umbral (límite termodinámico) entre metal y aislante observado por los malagueños. En la retracción observan que se trataba de un efecto “numéricamente inducido”, un artefacto de las simulaciones numéricas, que debían simular un sistema desordenado (según el título del artículo) que en realidad no lo era. De ahí la transición “ficticia” observada. Por esa razón los “authors retract the claim of a metal-insulator transition in the infinite binary chain with correlated disorder”.

Sin embargo, los autores malagueños se curan en salud, indicando que la segunda parte del artículo (no mencionada en su título, relativa al ADN, y que ha sido citada por muchos autores posteriormente) sigue siendo correcta. Si el título del artículo hubiera sido otro, como tenía que haber sido, ¿lo habrían aceptado en Nature?

Para los amantes de las cifras indicaré que el artículo malagueño ha sido citado 77 veces  y que la retracción lo ha sido ¡¡ 17 veces !! El artículo más citado de Pedro Carpena tiene 184 citas (un PRE) también junto con Ivanov, el más citado de Pedro Bernaola-Galván es el Nature retractado, el más citado de Plamen Ivanov es un Nature con 296 citas, después viene el PRE con 184, siendo el Nature retractado el séptimo ordenado por citas, y finalmente el genio de Gene Stanley tiene un PRE con 587 citas, el artículo retractado de Nature, ordenado por índice de citas, es solamente su artículo 101-ésimo, alcanzando un índice-h de ¡¡tatachán!!  87. Sí, si a H. Eugene Stanley le quitamos de su CV el artículo con los malagueños, ni lo nota. ¡¡Patachín, patachán!! Pero los malagueños, sí que lo notarían…

By the way, la Universidad de Málaga sólo tiene 3 artículos en Nature: “The genome sequence of Schizosaccharomyces pombe,” (2002), citado 519 veces, entre muchos autores hay un malagueño; “Mesoscale vertical motion and the size structure of phytoplankton in the ocean,” (2001), citado 47 veces, cuyo primer autor también es malagueño; y el ya mencionado que ha sido retractado. ¡¡ Lo confieso, envidio a quienes publican en Nature !!