La radiactividad y los niños en los colegios de la ciudad de Fukushima

La ciudad de Fukushima está a unos 63 km de la central nuclear del mismo nombre. El gobierno japonés ha permitido a los niños asistir a los colegios de la ciudad siempre que no acumulen una exposición superior de 20 milisieverts (mSv) durante el transcurso de un año. Hay que comparar este valor con los 100 mSv al año de máximo permitido a los trabajadores de la industria nuclear en Japón (en EE.UU. este valor es de 50 mSv por año). ¿Es peligroso para un niño esta exposición? El 11 de mayo el gobierno propuso eliminar la capa superficial de tierra (unos 10 cm) de los patios escolares para reducir el riesgo radiactivo. ¿Debería el gobierno prohibir la asistencia al colegio de los niños? Según un estudio en 2009 de la ICRP (Comisión Internacional para la Protección Radiológica) no hay riesgo de salud para exposiciones durante un accidente nuclear a niveles de radiación entre 20 y 100 mSv por año. Por ello, el gobierno de Japón permite que los niños pueden pasar hasta 8 horas al día en el patio de un colegio expuesto hasta a 3,8 mSv por hora y 16 horas al día en zonas interiores del colegio expuestas hasta a 1,52 microsieverts por hora, siempre que no excedan el límite acumulado de 20 mSv por año. ¿Ha metido la pata el gobierno de Japón? Nos lo cuenta Dennis Normile, “Schoolyard Radiation Policy Brings a Backlash,” Science 332: 909, 20 May 2011.

¿Cuáles son los efectos a largo plazo de una exposición prolongada a niveles bajos de radiactividad? “Nadie lo sabe” es la respuesta que nos ofrecen desde la revista Science. En la ciudad de Fukushima el nivel de radioactividad ahora mismo es 35 veces mayor que el nivel ambiental de fondo antes del accidente; el valor promedio es de 1,6 microsieverts por hora. Los niveles de los radionucleidos de vida corta, como el yodo-131 con una vida media de 8 días, prácticamente son cero; los responsables de la radiactividad medida en esta ciudad de dos millones de habitantes son las pequeñas cantidades que se encuentran en el suelo de cesio-134 y cesio-137, cuyas vidas medias son 2 y 30 años, respectivamente. El gobierno de Japón promete realizar un seguimiento de por vida de unos dos mil habitantes de esta ciudad con objeto de estudiar los efectos a largo plazo de dosis bajas de radiación ionizante. Los resultados no se conocerán en detalle hasta dentro de unos décadas. El ligero incremento del riesgo de contraer cáncer tras exposiciones muy prolongadas a dosis bajas de radiactividad no es conocido porque los estudios basados en el accidente nuclear de Chernóbil en 1986 han sido discontinuos y poco rigurosos, y los estudios basados en animales han arrojado resultados contradictorios. La hormesis es el “fantasma” que sobrevuela todos estos estudios. La medida de la radiactividad ambiental en 370 puntos en la Prefectura de Fukushima y el seguimiento de por vida de unos dos mil habitantes, aunque es una labor costosa, Nos lo cuenta Dennis Normile, “Fukushima Revives The Low-Dose Debate,” Science 332: 908-910, 20 May 2011.

La hormesis y el riesgo de contraer cáncer tras una exposición a dosis bajas de radiación ionizante

Rafael, lector habitual de este blog, tras leer “Por qué la radiactividad causa miedo entre el público general,” 18 abril 2011, donde mencioné la hormesis, me ha recomendado la lectura de un par de artículos: Mark P. Little et al., “Risks Associated with Low Doses and Low Dose Rates of Ionizing Radiation: Why Linearity May Be (Almost) the Best We Can Do,” Radiology 251: 6-12, April 2009; y E. Cardis et al., “Risk of cancer after low doses of ionising radiation: retrospective cohort study in 15 countries,” BMJ 331: 77, 29 June 2005 [varios de los autores son españoles].  Os resumo dichos artículos e incluyo algunos datos adicionales.

El efecto hormético (“beneficioso”) de la radiactividad a bajas dosis no está demostrado fuera de toda duda por los estudios epidemiológicos. Hay estudios que han encontrado evidencia del efecto “beneficioso” y otros estudios que han encontrado evidencia del efecto “perjudicial” de bajas dosis de radiactividad. Por tanto, Little et al. proponen que la mejor solución de compromiso es considerar que los efectos horméticos no se dan en las exposiciones a bajas dosis de radiactividad y que lo mejor es utilizar la ley lineal sin umbral recomendada por la ICRP (International Commission on Radiological Protection). Su artículo presenta un análisis de la evidencia científica publicada sobre los riesgos respecto al cáncer (de tiroides, mama, pulmón, etc.) y otras enfermedades de la exposición a dosis bajas y moderadas de radiactividad tanto en supervivientes de las bombas atómicas lanzadas en Japón, entre trabajadores de centrales nucleares y entre radiólogos clínicos. Este análisis confirma que dicha evidencia es consistente con las recomendaciones de la ICRP, en contra del uso de un umbral para dosis bajas (u hormesis).

Para medir el riesgo de contraer cáncer tras una exposición a bajas dosis de radiactividad podemos estudiar a los trabajadores de la industria nuclear cuya radiactividad es medida de forma regular y continuada. El mayor estudio realizado hasta el momento entre estos trabajadores comprende 407391 trabajadores de 15 países estudiados durante unos 12’7 años en media. El exceso de riesgo de contraer algún tipo de cáncer (salvo leucemia) relativo a la media que se ha observado entre estos trabajadores es de un 0’97 por Sv (sievert); con un 95% de confianza estadística está en el intervalo [0’14, 1’97]. En el caso de la leucemia el exceso de riesgo es algo mayor, en concreto, 1’93 por Sv. Como resultado, este amplio estudio concluye que la dosis de radiactividad que reciben los trabajadores de las centrales nucleares durante su trabajo incrementa su tasa de morir debido a un cáncer entre un 1% y un 2% respecto a la media (del orden del 20% de las personas muere de cáncer, pero entre los trabajadores de centrales nucleares este número sube en media al 22%). Para los amantes de los números hay que indicar que 24158 (el 5’9%) de los trabajadores han muerto durante el estudio, 196 entre ellos de leucemia y 6519 de otros tipos de cáncer. La dosis media de radiación acumulada por ellos durante el estudio ha sido de 19’4 mSv; el 90% de los trabajadores ha recibido dosis menores de 50 mSv y menos del 0’1% ha recibido dosis acumuladas mayores de 500 mSv. Quiero recalcular este dato; el exceso de 1’93 por Sv acumulado durante todo el estudio es una extrapolación del resultado observado, ya que el 90% de los trabajadores estudiados ha recibido dosis menores de 50 mSv. También quiero recalcar que Cardis et al. aclaran que estudios previos sobre la población de supervivientes de las bombas de Hiroshima y Nagasaki muestra niveles de exceso de cáncer similares a los obtenidos en este estudio.

Según Cardis et al., la recomendaciones de la ICRP (International Commission on Radiological Protection) limitan las dosis aceptables para los trabajadores de centrales nucleares a 50 mSv por año y a 100 mSV por cada 5 años. Para el público en general el límite recomendado es de 1 mSv por año. Entre los trabajadores estudiados, menos del 5% han recibido dosis acumuladas mayores de 100 mSv durante toda su carrera y la mayoría de estos trabajadores las recibieron durante los primeros de la industria nuclear, cuando las recomendaciones ICRP eran menos estrictas que en la actualidad. Si el estudio se limita a estos trabajadores resulta un incremento de la tasa de riesgo de mortalidad por leucemia, cáncer de pulmón y cáncer de la pleura de un 5’9% (entre -2’9% y 17’0% con un intervalo de confianza del 95% ) y de un 9’7% (entre 1’4 y 19’7% al 95% C.L.) para el resto de los cánceres. Fijaros que un valor negativo (como -2’9%) indica un posible efecto hormético.

He buscado un estudio más reciente y he encontrado un artículo [de acceso gratuito] específico para la leucemia (“cáncer de la sangre” que se desarrolla en la médula ósea): R.D. Daniels, M.K. Schubauer-Berigan, “A meta-analysis of leukaemia risk from protracted exposure to low-dose gamma radiation,” Occupational & Environmental Medicine, 8 October 2010. El artículo presenta un metaanálisis de 23 estudios (seleccionados entre 55 de los que se descartaron 33 por defectos en su análisis estadístico) sobre una población de más de 400000 trabajadores que reciben dosis bajas de radiactividad. Los resultados de este metaanálisis son similares a los del estudio anterior, se observó un aumento moderado de la tasa de mortalidad por leucemia del 19% (con un intervalo de confianza al 95% entre el 07% y el 32%) por cada 100 mSv de exposición acumulada. ¿Qué significa este número? Que si la tasa de cáncer en la población general es del 20%, la tasa entre los expuestos a baja radiactividad crece un 19% de dicho 20%, es decir, hasta casi un 24%.  

Una pregunta que seguro que te harás es si el riesgo de morir por cáncer entre trabajadores de centrales nucleares (que reciben pequeñas dosis durante mucho tiempo) es mayor que el de los supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki (que recibieron una alta dosis pero por poco tiempo). Nos ofrece una respuesta el metaanálisis presentado en el artículo de P. Jacob et al., “Is cancer risk of radiation workers larger than expected?,” Occupational & Environmental Medicine 66: 789-796, 2009. Esta figura, extraída de dicho artículo, muestra el exceso relativo de riesgo por dosis recibida para la mortalidad por cáncer en nueve artículos científicos publicados entre 2002 y 2007 sobre los efectos de dosis bajas y moderadas de radiactividad de forma acumulada (símbolos en rojo) comparado con exposiciones a dosis altas entre los supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki (símbolos azules). Las barras de error indican los intervalos de confianza al 95% para los estudios de los trabajadores en Rocketdyne, los “liquidadores” (trabajadores de emergencia) de Chernobyl y los residentes del río Techa, y al 90% para el resto de los estudios. El resultado de este metaanálisis es que el riesgo es similar. En la figura el eje horizontal es el riesgo de mortalidad por dosis medidas en Sv (dosis equivalente a un gray o Gy). Para mí lo más curioso de esta figura es la alto riesgo al que han estado sometido los trabajadores (científicos e ingenieros) del ORNL (Oak Ridge National Laboratory); la explicación es sencilla pero terrible: en los primeros años de la industria nuclear civil y militar las medidas contra la radiactividad eran ridículas (el ORNL cumplió 60 años en 2003).

Un mapa que presenta los riesgos para la población de la radiactividad alrededor de Fukushima Daiichi

El 18 de abril el Departamento de Energía de EE.UU. (DOE) publicó su último análisis de los riesgos de la radiación a largo plazo para las personas que viven cerca de la central nuclear de Fukushima Daiichi en Japón. Las dosis en el mapa están medidas en milirem por año (divididos por 100 son milisievert por año) y corresponden a las estimaciones para el primer año tras el accidente. En la franja roja al noroeste de la central la exposición potencial supera los 2000 milirems/año. ¿Qué significa esta dosis? 2000 milirems más de radiactividad en 1 año no implica ningún riesgo inmediato para la salud, pero puede causar, más o menos, un caso adicional de cáncer por cada 500 adultos jóvenes y un caso adicional cada 100 adultos ancianos. Hay lugares en el mundo donde el nivel de radiactividad natural es mayor (como en las playas de Guarapari, Brasil). Aún así, este nivel de radiación por encima del nivel natural en la zona se considera suficiente según el Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. para que la población sea reubicada. En consecuencia, el gobierno japonés ha prohibido el acceso a la población. Visto en Jocelyn Kaiser, “A Map of Fukushima’s Radiation Risks,” ScienceNOW, 22 April 2011.

Por cierto, me ha sorprendido que el artículo de Kaiser afirme que la región con mayor radiactividad natural de fondo del mundo sea la ciudad de Guarapari en Brasil. La fuente de este dato son los informes UNSCEAR de Naciones Unidas. El Anexo A del Informe UNSCEAR 2008 cita como fuente de este dato la tesis doctoral de Ivanor A. Sachett, “Caracterização da radiação gama ambiental em áreas urbanas utilizando uma unidade móvel de rastreamento,” Universidade do Estado do Rio de Janeiro, 2001. Una ciudad turística como Guarapari (estado de Espírito Santo) “fundada en 1585 por el Padre José de Anchieta que la bautizó “Ciudad de la Salud.” Guarapari tiene una playa de arenas monacíticas: la Playa de Arena Negra, la más famosa y visitada de la ciudad. Se cree que tales arenas tienen propiedades medicinales, actuando principalmente en casos de reumatismo, artritis y gota.” ¿Por qué este paraíso natural con playas de arena negra es el lugar más radiactivo (de forma natural) del mundo? Porque sus arenas monacíticas contienen elementos radiactivos (sobre todo torio).

PS (26 abril 2010): Mapa de radiación gamma natural en España (fuente: proyecto Marna).

 

 J. L. Martín Matarranz (Consejo de Seguridad Nacional), “Principales recomendaciones de protección radiológica frente a la radiación natural,” El gas radón como factor de riesgo ambiental para la salud humana, Noia, 14-18 Julio 2008.

“En 1985 se detectó un nivel de radiación en el domicilio de Stanley Watson, empleado de una central nuclear de Pennsylvania, equivalente a varios cientos de veces la existente en las galerías mineras de uranio y no proveniente de su trabajo diario. Gracias a este descubrimiento accidental se fue asentando el conocimiento científico sobre la segunda causa de cáncer de pulmón, después del hábito tabáquico.” Xoán Miguel Barros Dios, “La exposición al radón,” Grupo Galego do Radon, Universidade de Santiago de Compostela.

“El radón interior, radón doméstico o indoor radon, se refiere al radón acumulado en los domicilios y en los edificios. El radón interior en Estados Unidos se considera la segunda causa de cáncer de pulmón (después del tabaco) y la causa principal de cáncer de pulmón entre los no fumadores; se estima que es la causa de entre 15 000 y 21 000 muertes anuales por cáncer de pulmón. Las principales fuentes de radón en los domicilios son el suelo donde está construída la casa y los materiales de construcción de la casa.” Mª Amparo Barreiro Carracedo (Grupo Radón Universidade de Santiago de Compostela), “La exposición al radón y sus descendientes en los domicilios y edificios públicos,” Curso de Verano, Noia, 2008.

Sobre la “Percepción de la Evaluación del Riesgo.”

Por qué la radiactividad causa miedo entre el público general

Según el Dr. Wigg, radiobiólogo clínico del Hospital Real de Adelaida, Australia, la mayor causa de la  fobia a la radiación y sus consecuencias son las recomendaciones de la Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP por International Commission on Radiological Protection), que de forma conservadora, pero incorrecta según Wigg, propuso en 1928 un modelo basado en un polinomio lineal sin umbral (LNT por Linear No Threshold) para ajustar las curvas que medían los efectos sobre la salud de una cierta dosis de radiactividad (desde 1991 se utiliza un polinomio cuadrático también sin umbral). Según Wigg, estas curvas no se pueden extrapolar para dosis bajas de radiactividad. El modelo L-Q (por Linear-Quadratic) desarrollado por ICRP para ajustar la correlación entre dosis radiactivas y efectos biológicos no presenta ningún umbral en la dosis, es decir, no hay una dosis mínima que no produzca efectos dañinos para la salud. Según Wigg, no hay datos científicos fiables que soporten el modelo LNT para la exposición durante un tiempo corto a dosis bajas de radiación inferiores a 0’2 Sv. Más aún, los hay en contra; la radiactividad podría tener un efecto hormético sobre el desarrollo del cáncer: las personas sometidas durante su vida a dosis muy bajas, por debajo del valor natural de fondo promedio, desarrollan cáncer con mayor probabilidad que las personas sometidas a dosis bajas ligeramente por encima del valor medio de fondo [yo no sabía lo que era la hormesis hasta hoy, gracias a Pedro, autor de “Ecos del futuro“]. Para Wigg la medicina nuclear, la minería del uranio (Australia es el mayor exportador mundial), el almacenamiento de los residuos radiactivos y la industria nuclear de generación de energía sufren una mala prensa terrible debido a este “error” del ICRP. Nos lo cuenta en detalle en su artículo D.R. Wigg, “Radiation: Facts, fallacies and phobias,” Review Article, Australasian Radiology 51: 21–25, 2007.

Los isótopos radiactivos son núcleos atómicos con un gran número de neutrones y protones que son inestables y se desintegran de forma espontánea en núcleos menos pesados. El elemento químico viene determinado por el número atómico o número de protones en el núcleo. El uranio tiene un número atómico de 92 pero su peso atómico es mucho mayor; el 99% del uranio natural tiene peso atómico 238.  La radiación emitida por la desintegración de un isótopo radiactivo puede ser de tres tipos llamados gamma (rayos electromagnéticos o luz de alta energía), beta (electrones de alta energía) y alfa (núcleos de helio con dos protones y dos neutrones). La radiactividad beta se puede detener con una capa de 1 o 2 cm de agua o una lámina de aluminio. Las partículas alfa tienen un poder de penetración aún menor y nuestra piel (epidermis) es capaz de detenerlas. Sin embargo, los rayos gamma pueden penetrar en un bloque de agua o de hormigón de un metro de grosor. Para la salud humana los más peligrosos son los rayos gamma.

La actividad de un isótopo radiactivo se mide con su vida media, el periodo de tiempo promedio en el que la mitad de cierta cantidad del material se desintegra emitiendo radiación. Veamos dos ejemplos, el uranio 238 y el plutonio. La vida media del uranio 238 es de 4’47 mil millones de años (por ello sólo la mitad del uranio de la Tierra se ha desintegrado desde que se creó el Sistema Solar). El producto de desintegración más común del uranio 238 es el radón 222, un gas que es responsable de casi toda la radiactividad de origen natural (el radón 222 es el mayor peligro en las minas de uranio que por ello tienen que estar muy bien ventiladas). El uranio 238 decae en un proceso con unas 15 etapas produciendo radiactividad de los tres tipos (alfa, beta y gamma). Por otro lado, el plutonio es un metal pesado que existe en la naturaleza en cantidades minúsculas (pero que es fácil de producir en reactores nucleares). La vida media del plutonio es de 24 400 años; su proceso de desintegración es cpmlicado y pasa por el uranio 235 hasta llegar al plomo. La desintegración del plutonio en uranio 235 no produce rayos gamma por lo que una simple hoja de papel sirve para protegerse a una exposición externa al plutonio. Sin embargo, ingerir o respirar plutonio es muy peligroso ya que el plutonio se acumula en los tejidos y puede iniciar el desarrollo de un cáncer.

Todos estamos expuestos a muchas fuentes naturales de radiactividad. La unidad más útil para medir las dosis de radiación es el milisievert (mSv). La dosis normal de radiactividad natural a la que todos estamos expuestos oscila entre 1’0 y 3’5 mSv p.a. (por año), con una media de 2’4 mSv p.a. Sin embargo, hay lugares en que esta radiación es hasta 100 veces mayor. Las fuentes “naturales” de radiactividad de fondo son unos 0’39 mSv p.a. (por año) debido a los rayos cósmicos que atraviesan la atmósfera, 0’59 mSv p.a. de fuentes terrestres (tierra o rocas), 1’26 mSv de radón en la atmósfera y de unos 0’29 mSv p.a. debido a los alimentos que ingerimos. Incluso nuestro propio cuerpo contiene potasio 40 y carbono 14 que son radiactivos y producen unas 7500 desintegraciones por segundo (7500 becquerelios, Bq). MiGUi se hizo eco hace unos días del documental de La noche temática en RTVE.es titulado “La pesadilla de los desechos nucleares” (lo puedes ver en la web). Aparece un señor vestido con una bata blanca de un laboratorio francés llamado CRIIRA que se alarma en el minuto 28:30 por medir en el agua de un río 16000 desintegraciones por segundo (debajo de un puente sin protección alguna para cualquier paisano que pase por allí). Según este señor son niveles similares a los de Chernóbil… ¿en qué lugar de Chernóbil? Para dar mayor dramatismo al documental, el señor sale corriendo por culpa de… por culpa de… Obviamente, un documental de este tipo tiene que tener este tipo de (d)efectos dramáticos. Más tarde, en el laboratorio el mismo señor manipula las muestras radiactivas en su laboratorio provisto sólo de unos guantes de goma.

La evolución nos ha hecho resistentes a cierta dosis de radiactividad de origen natural. Por ejemplo, nuestro cuerpo recibe unos mil millones de partículas radiactivas de origen natural al día sin efectos sobre nuestra salud (durante la vida de una persona). En una célula humana se producen unos 10 millones de mutaciones espontáneas al año). Pero gracias a la maquinaria de reparación celular del ADN no nos afectan, salvo al exponernos a dosis altas de radiación. Por ejemplo, el estudio de los efectos del desastre de Chernóbil ha permitido cuantificar estos daños en mujeres embarazadas; el feto sufre daños importantes que provocan malformaciones para dosis por encima de 0’5 Sv.

Wigg nos recuerda la hormesis. “En Toxicología, la hormesis es un fenómeno de respuesta a dosis caracterizado por una estimulación por dosis bajas y una inhibición para dosis altas, que resulta en una curva de respuesta a nuevas dosis en forma de J o de U invertida. Un contaminante o toxina que produzcan el efecto de hormesis tiene a bajas dosis el efecto contrario al que tiene en dosis más elevadas.” Según Wigg, la toxicología de la radiación presenta el fenómeno de hormesis debido a la adaptación natural de nuestro cuerpo a la existencia de dosis bajas de radiactividad en el entorno. Los estudios de la incidencia del cáncer en EE.UU. muestran que en las regiones con una mayor radiactividad de fondo, la tasa de cáncer es inferior a las regiones con una radiactividad de fondo más baja. Todo lo contrario a lo que uno podría esperar.

En 1986 en Chernóbil hubo dos grupos de personas que recibieron altas dosis de radiación. Veinte y ocho trabajadores murieron en 4 meses como consecuencia de dosis muy altas recibidas durante los procedimientos de limpieza de emergencia de la central y 19 más murieron después. Los niños, que son más sensibles a la radiación, recibieron altas dosis de yodo 131 radiactivo (cuya vida media es de 8 días). Este yodo se acumula en la tiroides y provoca cáncer. En el año 2000, aproximadamente 4000 niños habían sido diagnosticados con cáncer de tiroides, aunque sólo 9 murieron (el cáncer de tiroides no suele ser mortal si se diagnostica y trata a tiempo). Se estima en 2004 que Chernóbil provocó 56 víctimas mortales debido a las altas dosis recibidas. El entorno de la central presenta dosis bajas de contaminación del medio ambiente por isótopos radiactivos que son mucho mayores que los niveles normales, sin embargo, no hay ninguna evidencia de un incremento en cánceres como la leucemia, ni ninguna del aumento de las enfermedades hereditarias en esta gran población. Por desgracia, la fobia generalizada a la radiación ha provocado unos 1250 suicidios y entre 100 y 200 mil abortos voluntarios en el oeste de Europa. Según Wigg, la gran tragedia del desastre de Chernóbil, que ha provocado cientos de miles de muertes por abortos, ha sido el miedo irracional a la radiactividad.

Esta entrada es una traducción y resumen del artículo de D.R. Wigg. Prometo una entrada sobre la hormesis para el final de la semana santa. Me basaré en el artículo de Edward J. Calabrese, “Hormesis: Why it is important to toxicology and toxicologists,” Environmental Toxicology and Chemistry 27: 1451–1474, 2008. Lo pongo aquí para recordarme a mí mismo que tengo que hacerlo.

PS (20 abril 2011): Recomiendo la lectura de las siguientes entradas de otros blogs a los interesados en más detalles:

Fernando del Álamo (omalaled), “Radiactividad y probabilidad,” Historias de la Ciencia, 20 de febrero de 2011.

Fernando del Álamo (omalaled), “Daños de la radiactividad,” Historias de la Ciencia, 15 de mayo de 2009.

Xurxo Mariño, “Gráfico sobre dosis de radiación,” Per Ardua ad Astra, 20 marzo 2011.

Ezequiel Del Bianco, “Gráfica para entender la radiación y los miliSieverts,” Proyecto Sandía, marzo 18, 2011. 

Esther Samper Martínez (Shora), “¿Qué dosis de radiación recibiría si…?,” MedTempus, 23 noviembre, 2010.

Alvy, “Una gran visualización para entender mejor los riesgos de la radiación,” Microsiervos, 30 Marzo 2011.

Fernando del Álamo (omalaled),  “Chernóbyl-4,” Historias de la Ciencia, 30 de abril de 2006 [la secuencia de acontecimientos que condujo al accidente de Chernóbyl-4 está perfectamente documentada y estudiada; YuriGagarin la describe a partir del libro “The truth about Chernobil” de Grigori Mevdedev, que era el ingeniero nuclear de planta que no estaba presente en el accidente].