El síndrome de abstinencia de la marihuana visualizado con imagen por resonancia magnética funcional (IRMf)

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Craving es el término en inglés que utilizan muchos médicos en España para referirse al ansia o deseo de consumo de una droga: la parte psicológica del síndrome de abstinencia. Los mecanismos neurobiológicos de este fenómeno han sido estudiados para múltiples drogas como el alcohol, la nicotina o la cocaína, pero no para la marihuana, hasta ahora. Se acaba de publicar en PNAS un artículo que estudia mediante imagen por resonancia magnética funcional (IRMf) este síndrome en 38 consumidores regulares de marihuana que han sido privados de su consumo durante 72 horas. Se ha observado la activación de varias rutas neuronales asociadas a la recompensa (sistema límbico), como el área tegmental ventral, el tálamo, el córtex cingulado anterior y la amígdala. Quizás sorprenda a muchos, pero la magnitud de estos efectos es similar a la observada en los estudios para el alcohol y la cocaína. El artículo técnico es de Francesca M. Filbey et al., “Marijuana craving in the brain,” PNAS 106: 13016-13021, August 4, 2009.

Entre las drogas tanto la “maría” como los “porros” tienen un halo de aceptación social que a mí se me antoja curioso. “Ser fumeta” no está mal visto (casi menos que ser fumador de cigarrillos) y en ciertos círculos sociales es casi una obligación. Los consumidores habituales (y conozco a muchos) admiran sus propiedades terapéuticas (“Científicos españoles descubren cómo la marihuana tiene efectos antitumorales,” EcoDiario, Agencias, 01/04/2009, visto en Menéame) y afirman con rotundidad que los efectos sobre las capacidades cognitivas de su consumo son “mínimos” (Paul Armentano, “Marijuana’s Impact On Brain Function “Minimal,” New Study Says,” NORML Blog, July 28th, 2009, visto en Menéame). Sin embargo, los estudios científicos “serios” no siempre ratifican lo que a uno le gustaría oir. Más aún, no deberíamos confundir marihuana fumada con la administración de THC (su principio activo) recetado médicamente y en dosis controladas farmacológicamente. La “medicina del pobre” no debe ser reivindicada como excusa para su consumo y los casos de enfermos que acuden a “camellos” en lugar de a su médico, porque lo han leído en internet, me parecen muy graves. Más aún, fumar marihuana, curar no cura, que yo sepa, sólo alivia síntomas relacionados con el dolor en ciertas dolencias.