Gran documental de Luis Quevedo “En Busca del Primer Europeo”

He disfrutado mucho con este gran documental de Luis Quevedo. Si dispones de una hora y quieres disfrutar tú también de “una historia de supervivencia y evolución con Eudald Carbonell,” no te lo pierdas, te aseguro que no te arrepentirás [www.elprimereuropeo.com]. Un documental apoyado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), el Ministerio de Ciencia e Innovación, Televisión Española y Canal Cultural. Luis promete que habrá segunda parte… Por cierto, su web ahora se llama “Probeta en Nueva York.”

La dieta de los neandertales incluía vegetales cocinados, según un estudio publicado en PNAS

Los microfósiles de vegetales (fitolitos y granos de almidón) encontrados en cálculos dentales en siete dientes fósiles de neandertales (Homo neanderthalensis) demuestran que comían plantas (vegetales y legumbres) y que las cocinaban. La primera evidencia de que los neandertales cocinaban sus alimentos se publica en la revista PNAS y ha utilizado los dientes fósiles de tres individuos, Shanidar III (encontrado en Iraq), y Spy I y Spy II (encontrados en Bélgica). Algunas de las plantas encontradas son típicas de la dieta de los humanos modernos, como las palmeras datileras, ciertas leguminosas y pastos del género Triticeae. Un porcentaje alto de los restos de almidón fosilizados muestra marcas que indican que fueron cocinadas. Los autores concluyen que en el paleolítico medio, los neandertales incluían en su dieta los vegetales disponibles en su entorno local y que los cocinaban para digerirlos más fácilmente. El artículo técnico es Amanda G. Henry, Alison S. Brooks, Dolores R. Piperno, “Microfossils in calculus demonstrate consumption of plants and cooked foods in Neanderthal diets (Shanidar III, Iraq; Spy I and II, Belgium),” PNAS Early Edition, Dec. 28, 2010.

Una de las razones esgrimidas por muchos antropólogos para justificar la extinción de los neardentales y la supervivencia del género Homo es la incapacidad de los primeros para aprovechar en su dieta todas las calorías disponibles en su entorno. De hecho, el registro fósil sobre los neandertales mostraba escasas pruebas de que consumieran plantas en su dieta y ninguna de que las cocinaran. El género Homo por el contrario aprovechó la cocina para mejorar la calidad y la variedad de los alimentos vegetales que consumían. Hay que resaltar que se cree que la cocina de los alimentos pudo repercutir en los cambios en la organización social de los grupos de humanos. El nuevo artículo rompe con el mito de que los neandertales no cocinaban gracias al análisis de microfósiles vegetales (fitolitos y granos de almidón) atrapados en el sarro de siete dientes de tres fósiles: tres dientes de Shanidar III, fósil neardental encontrado en la Cueva de Shanidar, Iraq, que muestran un total de 73 microfósiles, 15 de ellos con rastros de haber sido cocinados, y cuatro dientes de Spy I y Spy II, fósiles neardentales de la Cueva Spy, Bélgica, que presentan 136 microfósiles.

Los datos sugieren que los neandertales eran capaces de comportamientos complejos para alimentarse, que incluían tanto la caza de animales de caza mayor como la recolección y procesamiento de alimentos de origen vegetal. La evidencia indica que estas adaptaciones tuvieron lugar en el Paleolítico Medio tardío. La evidencia hasta el momento indicaba que este tipo de explotación alimenticia era propio de los primeros humanos (género Homo) y se dio en el Paleolítico Superior. Los grupos humanos más modernos que se conviertieron más tarde en el los primeros agricultores.

Más información en inglés en Henry et al. in PNAS, “Microfossils in calculus demonstrate consumption of cooked foods in Neanderthal diets”, Francis’ world inside out, December 28, 2010.

El desarrollo en el primer año de vida marca la diferencias entre el cerebro de los neardentales y de los humanos modernos

Los neardentales tenían un cerebro tan grande como el nuestro, pero su capacidad cognitiva inferior a la nuestra. En el primer año de vida, un año crucial en el desarrollo cognitivo humano, su cerebro se desarrollaba de forma diferente al nuestro, como han publicado Jean-Jacques Hublin (del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, Leipzig, Alemania) y sus colegas en la revista Current Biology. En el primer año de vida en el cerebro se abultan las regiones parietal y temporal (la parte superior del cerebro y por encima de la oreja) y el cerebelo (en la base del cerebro). Los investigadores han aplicado la técnica de tomografía computerizada (TAC) para comparar el desarrollo del cerebro de 58 humanos y 60 chimpancés con edades comprendidas entre nacimiento y la edad adulta. También han estudiado las marcas en 9 cerebros fósiles de neardentales, incluyendo un recién nacido de solo un año de edad y tres niños. Los resultados más interesantes corresponden a la evolución del cerebro desde el nacimiento hasta cumplir el primer año de vida. Los cerebros de humanos y neardentales son muy similares al nacer, sin embargo, tras un año de vida, los de los neardentales se parecen más a los de los chimpancés que a los de los humanos. Los investigadores concluyen de su estudio que al alcanzar la edad adulta las capacidades cognitivas de los neardentales deben ser inferiores a las de los humanos. Según ellos, las (pequeñas) diferencias en el desarrollo del cerebro humano durante el primer año de vida respecto al de chimpancés y neardentales son claves en nuestras habilidades cognitivas superiores. La polémica está servida pero el trabajo técnico parece impecable. Nos lo ha contado Ann Gibbons, “Paleoanthropology: Neandertal Brain Growth Shows A Head Start for Moderns,” News of the Week, Science 330: 900-901, 12 November 2010, haciéndose eco del artículo técnico Philipp Gunz, Simon Neubauer, Bruno Maureille, Jean-Jacques Hublin, “Brain development after birth differs between Neanderthals and modern humans,” Current Biology 20: R921-R922, 9 November 2010.

Bush quiere ganar la guerra en Irak enviando antropólogos a asesorar a las tropas

Sharon Weinberger, “Military research: The Pentagon’s culture wars,” Nature News Feature, 455: 583-585, october 1, 2008 , nos recuerda que desde hace varios años, los militares norteamericanos están reclutando a científicos sociales para ayudarles en el desarrollo de tácticas “militares” sociopolíticas en “tiempos de paz” (¿la guerra de Irak ha acabado?). No es algo nuevo, propio de la Administración Bush, desde los 1960s, con el Proyecto Camelot, los EEUU quieren ser los “defensores de la paz mundial”, utilizando para ello la fuerza militar, claro está. ¿Cómo justificarlo? Contratando a civiles, científicos sociales, para asesorarles en cómo actuar sociopolíticamente. Así lo hicieron en Chile, en Congo o en Vietnam. ¿Qué científicos civiles contrataron? Preferentemente, antropólogos.  

En la actualidad, las fuerzas de ocupación “pacíficas” en Irak, que para algunos se caracterizan por su “poco respeto, cultura y compasión,” se apoyan y asesoran con su Programa Territorio Humano (Human-Terrain System, HTS) en un grupo de antropólogos, científicos sociales civiles, que ayudan a los militares a determinar la población insurgente que deben ser tratados como “objetivos” en base a su “conocimiento de la cultura” local. El programa le cuesta al Pentágono unos 60 millones de dólares. Anecdóticamente han logrado salvar alguna que otra vida. De hecho, sólo hay 65 equipos HTS en Irak y 5 en Afganistán. Además, hay múltiples investigadores de apoyo en EEUU que estudian (investigan) la cultura local allende los mares desde su casita, lejos del peligro de los “terrorristas” (de hecho dos científicos sociales han sido asesinados, uno en Irak y otro en Afganistán).

Permitidme el sarcasmo: Como es obvio, los militares no tienen por qué ser cultos. Para eso están los civiles de apoyo y su “cultura” en cultura local.

¿Puede un científico civil asesorar a un mando militar a quién tiene que matar (quién es un enemigo potencial) y a quién no? Roberto González, antropólogo de la University of California, Berkeley, que está escribiendo un libro sobre el programa Territorio Humano, afirma que “no cree que haya lugar para un antropólogo en misiones de combate,” ni siquiera como asesor. “Eso está completamente en contra de las directrices éticas de la antropología (definidas por la AAA, Asociación Americana de Antropólogos).” De hecho, se supone que un antropólogo es un científico y debe desarrollar ciencia. El Pentágono parece que “quiere considerar la antropología como una disciplina aplicada que puede ayudar a los militares. ¿Por qué la antropología debe ser una especie de religión? ¿O una plataforma política? Se supone que es una ciencia,” afirma la doctora Montgomery McFate, antropóloga de la Yale University, autora de un reciente artículo sobre el tema.

Matt Tompkins, jefe de un equipo HTS en Bagdad, ni siquiera tenía el doctorado y recuerda que los miembros de su equipo no tenían experiencia de campo y su traductor a inglés era un marroquí que sólo balbuceaba el inglés. De hecho, en su opinión “los mandos militares no estaban particularmente interesados en nuestra labor.” Sin embargo, el coronel Martin Schweitzer, oficial en Afganistán, testificó ante el Congreso de EEUU que el programa Territorio Humano había ayudado a reducir el número de operaciones militares en la región entre un 60-70%. Algunos han criticado estos números, meras “estimaciones por la cuenta de la vieja” que no están apoyadas por los correspondientes informes técnicos.

El artículo de la freelance Sharon Weinberger es muy interesante. A mí me parece que Bush y el Pentágono lo que quieren es “lavarle la cara” a sus graves errores en la guerra de Irak y que mejor manera de hacerlo que recurriendo a la “religión de la ciencia”.

La entrada del “niño yuntero” sobre HTS contiene una entrevista también interesante.