Alimentómica, un nuevo enfoque a las ciencias de la nutrición y de los alimentos

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Genómica, transcriptómica, proteómica, metabolómica, … Vivimos en la era de la “narcisómica” como decía Carina Dennis en Nature. Hay ómicas de todo lo habido y por haber, incluso de las ciencias de los alimentos y de la nutrición. Ya existían la nutrigenómica y la nutrigenética, pero para englobarlas el español Alejandro Cifuentes, del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación, CIAL (UAM-CSIC), introdujo en el año 2009 la alimentómica (foodomics en inglés, que a Cifuentes le gusta traducir por foodómica); en realidad el término ya había sido usado en páginas web desde 2007, pero su primera aparición en una revista impactada es de Cifuentes. Según la página web del Laboratory of Foodomics, la alimentómica denomina una “nueva disciplina que emplea técnicas ómicas para investigar los alimentos, incluyendo sus múltiples conexiones con la nutrición y la salud.” El secreto, como el de todas las ómicas, es el empleo de herramientas de alto rendimiento para el análisis masivo de datos, lo que llaman big data, en el contexto de las ciencias de los alimentos y con el objetivo de mejorar la nutrición humana y sus consecuencias para la salud. JAL nos los contó de forma breve en “Entre Probetas” (escucha el audio del programa de RNE). En Diciembre de 2012 la revista Analytical Chemistry dedicó la portada a la alimentómica. Aunque todavía no forma parte del Omics Gateway de Nature, auguro que no faltará mucho para ello.

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El plástico de nuestras vidas (o sé ecológico y no mires con quién)

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Un estudio del gobierno de los EEUU muestra que la mayoría, tando jóvenes como ancianos, tenemos residuos plásticos (en concreto polímeros de bisfenol-A, BPA) en nuestro cuerpo. El artículo de Janet Raloff, “How Plastic We’ve Become. Our bodies carry residues of kitchen plastics,” Science News, 9 Feb. 2008, se hace eco de estos resultados que nos recuerdan que no sólo estamos rodeados de residuos plásticos por doquier, sino que nuestros alimentos también contienen residuos plásticos. Los plásticos que usamos en el microondas para calentar alimentos muchas veces adquieren “manchas”, que no somos capaces de quitar cuando los lavamos. El proceso también ocurre al contrario, nuestros alimentos reciben residuos de polímeros que acaban acumulados en nuestros cuerpos, incapaces de eliminarlos. Estos residuos tienen efectos sobre nuestra salud, que no se conocen en detalle, aunque los estudios realizados con animales de laboratorio (por ejemplo, roedores) muestran que pueden producir obesidad, azúcar, impotencia, etc.

En el nuevo estudio se ha partido de la orina de 2500 norteamericanos y se ha encontrado que en el 92% de los casos  contiene cantidades medibles de polímeros BPA (sólo unas pocas partes por milmillonésima). Por supuesto la Industria del Plástico norteamericana se ha defendido “atacando” el estudio acusándolo de falta de rigor. No han medido la concentración de BPA directamente sino de un residuo derivado que resulta de la excreción de BPA, luego “estrictamente” el estudio está sesgado. Los que han desarrollado el estudio se defienden afirmando que no existen pruebas de que los sujetos del estudio estén expuestos a dicho producto derivada, la única fuente posible, es consumir directamente BPA. La Industria además ha recordado que las cantidades son muy inferiores a las necesarias, según los estudios animales desarrollados en los últimos 15 años, para provocar enfermedades, defectos genéticos, etc. Sin embargo, el estudio afirma lo contrario, que las cantidades necesarias para provocar los residuos observados deben ser unas mil veces mayores (unos 100 microgramos en cada kilogramo del sujeto) y que pueden tener consecuencias.

Hace dos años se publicaron estudios japoneses que mostraban la contaminación en bebés por BPA debidos a los biberones y los recipientes de plástico usados en los microondas para calentar la papilla (Janet Roloff, “What’s Coming Out of Baby’s Bottle?,” Science News, 1999). De hecho los nuevos resultados muestran que los niños mayores concentraciones de BPA que los jóvenes, y estos que los adultos y ancianos. Además, la concentración en hombres un poco mayor que en mujeres. Sorprendentemente, las mujeres embarazadas también muestras niveles más altos que las que no lo están, lo que puede favorecer una gran transferencia de BPA para el feto.

¿Y la causa es el plástico en la comida? Los datos temporales (la hora del día del análisis) muestra claramente que los niveles son mayores después de las horas de las comidas principales del día (horario internacional, no español). La correlación parece que no ofrece dudas.

Debemos ser más ecológicos y evitar compras como éstas (destaco los juguetes y objetos que estén hechos de plástico y puedan ser mordidos por nuestros bebés). La fabricación de los plásticos constituye una fuente muy importante de contaminación (proceden del petróleo) y la mayoría no se pueden reciclar, por lo que debemos de comprobar las etiquetas y consumir sólo los que sean reciclables (como los P.V.C.), aunque recuerda, su reciclado también es un proceso muy contaminante. Hay plásticos llamados “ecológicos” pero son difíciles de encontrar en el mercado. Pero, como algunos afirman, se avecina un futuro negro para los plásticos.

En resumen, la Industria del Plástico (que mueve muchísimo dinero en todo el mundo) dice : ¡¡ Estamos a salvo, no os preocupéis !!  El estudio científico afirma : ¡¡ Cuidado, hay un gran problema !! Por supuesto, estas grandes diferencias en opinión son debidas a que la interpretación de los datos del estudio es difícil. ¿Quién tiene razón? Sólo estudios futuros podrán darnos la respuesta.

Ahh!! Recuerda que si vas al hipermercado, por favor, llévate tus propias bolsas de plástico… que no tengamos que llegar al extremo de los americanos.

Muy interesante el artículo de El País: “Adiós a la bolsa de plástico. ¿Llega la de almidón?”