No te dejes engañar… lee “Mala Ciencia” de Ben Goldacre

“Muchos bebés murieron sin necesidad durante una década porque se les privó de este tratamiento salvavidas. Y murieron a pesar de que existía ya suficiente información para saber qué les podía salvar. Lo que pasaba es que nadie había sintetizado en conjunto ni analizado de forma sistemática toda esa información en un metaanálisis. […] Un concepto que ha salvado la vida a más personas de las que jamás llegarás a conocer en persona. […] Al acabar [el capítulo 4] sabrás más acerca de la medicina basada en la evidencia y del diseño de pruebas clínicas que el médico medio. Entenderás por qué pueden fallar los ensayos, cómo funciona el efecto placebo, o por qué tendemos a sobreestimar la eficiacia de las pastillas. Entenderás cómo es posible crear un mito en materia de salud, generado, fomentado y mantenido por la industria.” Extracto del capítulo 4 de “Mala Ciencia” de Ben Goldacre, editado por Paidós Contextos, marzo 2011. Lo confieso la editorial me envío copia del libro a cambio de esto.

“El doctor en pediatría Benjamin Spock escribió un libro que batió récords de ventas titulado “Tu hijo” (título original “Baby and Child Care”), que se publicó en 1946 y fue una obra de enorme influencia y una sensatez bastante apreciable. En él recomendaba con plena confianza que los bebés durmieran boca abajo. Hoy sabemos que ese consejo es erróneo y que una sugerencia tan trivial como aquélla, y que fue tan leída y seguida, ha acabado provocando miles (y tal vez decenas de miles) de muertes súbitas de lactantes. (…) Da escalofríos pensar que, cuando creemos que estamos haciendo algo bueno, tal vez estemos haciendo algo malo, pero ése es un pensamiento que debemos tener siempre presente, hasta en las situaciones más inocuas en apariencia.”

“Durante la Segunda Guerra Mundial, en un momento en el que los alemanes no lograban entender cómo nuestros pilotos podían divisar sus aviones desde grandes distancias, incluso en la oscuridad, para impedir que siguieran intentando averiguar si habíamos inventado algo inteligente como el radar (que sí habíamos inventado), los británicos urdimos un elaborado y falso rumor nutricionista. Los carotenos de las zanahorias, explicaron, son transportados al ojo y convertidos allí en retinal, que es la molécula que permite que nuestra vista detecte la luz. Esto es básicamente cierto. (…) Según la historia que se hizo correr desde el bando británico (sin duda, entre grandes carcajadas de aquellos bigotudos de la RAF), lo que habíamos estado haciendo era dar de comer a los nuestros grandes platos de zanahorias con el feliz efecto que se podía observar.

Merece la pena repasar estas tergiversaciones de las pruebas realmente existentes porque ilustran de forma fascinante cómo las personas pueden entender mal las cosas y porque el objeto del presente libro es que ustedes queden inmunizados frente a versiones futuras de semejantes estupideces. (…) Ellos están impulsados por el deseo de crearse un mercado para sí mismos en el que ellos sean los expertos y ustedes los engatusados y los ignorantes.” La solución según Goldacre son las revisiones sistemáticas, “una de las grandes ideas del pensamiento moderno. (…) En lugar de deambular por el ciberespacio seleccionando los artículos y trabajos que mejor sirvan para apuntalar nuestros prejuicios y que más nos ayuden a vender un determinado producto, en una revisión sistemática aplicamos una estrategia explícita de búsqueda para rastrear datos (una estrategia que se describe abiertamente luego, en el artículo publicado con los resultados, donde se indican incluso los términos de búsqueda empleados para indagar en las bases de datos de trabajos), tabulamos las características de cada estudio que encontramos, medimos (a ser posible, de forma “ciega” respecto a los resultados de los estudios) la calidad metodológica de cada uno de ellos (para comprobar lo “imparciales” que son), comparamos alternativas y, por último, elaboramo un resumen crítico y ponderado.” Extractos del capítulo 6 de “Mala Ciencia” de Ben Goldacre, editado por Paidós Contextos, marzo 2011.

Ben Goldacre, autor de "Mala Ciencia."

Ben Goldacre no sólo critica en su libro a las medicinas “alternativas” sin base científica, también arremete contra las industria farmacéutica y su influencia sobre la bibliografía médica profesional. Todos creemos que “las grandes farmacéuticas son malvadas: yo podría estar de acuerdo con esa premisa,” confiesa Goldacre. “Las compañías fijan sus precios siguiendo métodos que podríamos juzgar explotadores. La industria farmacéutica se ha convertido en la tercera actividad más rentable en el Reino Unido, detrás de las finanzas y del turismo. (…) Todos somos socialistas en materia de atención sanitaria: nos inquieta la idea de que la rentabilidad económica pueda desempeñar algún tipo de papel en las profesiones de vocación social. (…) Cómo llega un medicamento al mercado es una materia que se debería enseñar en el colegio. Un fármaco nace con una idea (molécula o similar) que es estudiada en laboratorio con animales para comprobar que funciona y que no nos mata. Si todo va  bien se pasa a la fase I de estudios (“primera prueba en humanos”) en un reducido número de valientes jóvenes sanos (para comprobar que no les mate y para medir la rapidez con la que el organismo excreta el fármaco). Si todo funciona pasamos a un ensayo de fase II en unas doscientas personas aquejadas de la enfermedad relevante para el fármaco (“prueba de concepto”), a fin de estudiar la dosis adecuada y hacernos una idea de su eficacia. Muchas medicinas fracasan en este punto. Lo último es realizar un ensayo de fase III (aleatorizado y ciego) en centenares o miles de pacientes, en el que se compara el fármaco con un placebo o con otro tratamiento comparable para medir su eficacia y seguridad. Antes de la salida al mercado hay que solicitar una licencia para vender el medicamento, lo que a su vez puede llevar a unos cuantos ensayos más. Una vez en el mercado, todo el mundo se mantendrá alerta por si surge algún efecto secundario inadvertido hasta entonces (en el Reino Unido estos efectos los pueden informar incluso los pacientes a través del sistema Yellow Card). (…) Los médicos toman sus propias decisiones racionales a la hora de recetar un medicamento en función de lo bueno que ha demostrado ser en los ensayos, de los serios que son sus efectos secundarios y, a veces, de su coste. Lo ideal sería que obtuvieran la información sobre su eficacia a partir de los estudios publicados en revistas académicas que tengan implantado un sistema de revisión por pares o de manuales y artículos de revisión. A lo peor, confiarán en las mentiras de los visitadores médicos de las farmacéuticas y en el “boca a oreja.” Los ensayos de fármacos son caros, por lo que más del 90% de los ensayos clínicos clínicos de medicamentos y el 70% de los ensayos recogidos en las principales revistas médicas son realizados o encargados por la industria farmacéutica.” Extractos del capítulo 11 de “Mala Ciencia” de Ben Goldacre, editado por Paidós Contextos, marzo 2011.

Goldacre afirma que “hablando a título personal, yo desconfío profundamente de las compañías famarcéuticas, no porque piense que toda la medicina es mala, sino porque sé que disponen de datos ocultos poco halagüeños, y porque he visto hasta qué punto tergiversan la ciencia en su material promocional. (…) ¿Qué pruebas tiene un médico de la seguridad de un tratamiento concreto?” Goldacre recomienda “las revisiones sistemáticas de la bibliografía especializada realizadas por instituciones con autoridad académica, como la intachable Cochrane Collaboration.” En España contamos con el Centro Cochrane Iberoamericano, ubicado en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona (miembro del Instituto de Investigación Biomédica Sant Pau), cuya misión es “preparar, mantener y divulgar revisiones sistemáticas sobre los efectos de la atención sanitaria.” Extractos del capítulo 16 de “Mala Ciencia” de Ben Goldacre, editado por Paidós Contextos, marzo 2011.

El multiverso, ciencia o pseudociencia

Peter Woit se pregunta si es inmoral el multiverso, si es inmoral que muchos científicos de prestigio hablen del multiverso, concepto que raya la pseudociencia, si es inmoral que muchos científicos se enriquezcan vendiendo best sellers engañando a la gente haciéndoles creer que la idea el multiverso es ciencia y no mera pseudociencia. Por supuesto que esta breve entrada será criticada por muchos, aún así quisiera recomendar la lectura de “Is the Multiverse Immoral?,” Not Even Wrong, January 29th, 2011. El multiverso está de moda y muchos físicos teóricos de prestigio se han apuntado al carro de vender muchos libros hablando del multiverso (Michio Kaku “Parallel Worlds” (2004), Leonard Susskind “The Cosmic Landscape” (2005), Alex Vilenkin “Many Worlds in One” (2006), Sean Carroll “From Eternity to Here” (2010), John Gribbin “In Search of the Multiverse” (2010), Stephen Hawking & Leonard Mlodinow “The Grand Design” (2010), Brian Greene “The Hidden Reality” (2011) o Steven Manly “Visions of the Multiverse” (2011), como los más destacados). Una inundación de libros que viene acompañada de artículos en revistas de divulgación científica, en prensa, en radio y en T.V. Ahí queda eso.

X Carnaval de Matemáticas: Dulcinea del Toboso y los números primos

Fragmento 1095 de “El Quijote en youtube” http://www.youtube.com/elquijote

Los números primos aparecen hasta en la sopa, digo, hasta en la segunda parte del Quijote (1615), “El Ingenioso Caballero don Quijote de la Mancha,” en su “Capítulo IV: Donde Sancho Panza satisface al bachiller Sansón Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucesos dignos de saberse y de contarse” podemos leer lo siguiente (o escucharlo en el vídeo de youtube que abre esta entrada):

“Dicho esto, rogó al bachiller que, si era poeta, le hiciese merced de componerle unos versos que tratasen de la despedida que pensaba hacer de su señora Dulcinea del Toboso, y que advirtiese que en el principio de cada verso había de poner una letra de su nombre, de manera que al fin de los versos, juntando las primeras letras, se leyese: Dulcinea del Toboso.

El bachiller respondió que, puesto que él no era de los famosos poetas que había en España, que decían que no eran sino tres y medio, que no dejaría de componer los tales metros, aunque hallaba una dificultad grande en su composición, a causa que las letras que contenían el nombre eran diez y siete; y que si hacía cuatro castellanas de a cuatro versos, sobrara una letra; y si de a cinco, a quien llaman décimas o redondillas, faltaban tres letras; pero, con todo eso, procuraría embeber una letra lo mejor que pudiese, de manera que en las cuatro castellanas se incluyese el nombre de Dulcinea del Toboso.”

Al ser el número 17 un número primo, no es divisible en números menores, por lo que el bachiller no pudo componer un poema utilizando solo estrofas de dos versos (pareados), ni solo estrofas de tres versos (tercetos o soleás), ni solo estrofas de cuatro versos (cuartetos, cuartetas, seguidillas o redondillas), ni solo estrofas de cinco versos (quintillas), ni solo estrofas de seis versos (sextillas), ni solo estrofas de siete versos (pavanas), ni solo estrofas de ocho versos (octavillas u octavas), ni solo estrofas de nueve versos (novenas o estancias), ni solo estrofas de diez versos (décimas o redondillas castellanas); aunque sí podría haber compuesto un poema con una décima y una pavana (pero ya se sabe, las pavanas eran para cantar y las décimas para recitar).

Esta es mi tercera contribución para la X Edición del Carnaval de Matemáticas que organiza el blog que estás leyendo ahora mismo. Te animo a contribuir con tu granito de arena (mañana, 28 de enero es el último día que se aceptarán contribuciones). No hace falta tener un blog, puedes darte de alta en la web del Carnaval de Matemáticas y publicar tu entrada allí. El día 31 se publicará en este blog una recopilación de todas las entradas.

Y es que hablando de números primos…

Los números primos gemelos son los primos consecutivos cuya diferencia es igual a dos, como 17 y 19, o 617 y 619, o 100314512544015 × 2171960 – 1 y 100314512544015 × 2171960 + 1; ¿hay infinitos primos gemelos? Nadie lo sabe. ¿Hay infinitos números primos cuya diferencia sea 4? Nadie lo sabe. ¿Todo número par mayor de 2 puede ser la diferencia de dos números primos? Nadie lo sabe.

Los números primos de Mersenne son los primos que tienen la forma 2ª-1. Hoy sólo se conocen 47 números primos de Mersenne, siendo el mayor de ellos 243.112.609−1, un número de casi trece millones de cifras publicado en octubre de 2010. ¿Hay infinitos números primos de Mersenne? Nadie lo sabe.

Un botón de muestra sobre números primos en la web: “Factor Clock;” Lisa Zyga, “New Pattern Found in Prime Numbers,” PhysOrg.com, traducido por Kanijo, “Nuevo patrón encontrado en los números primos,” Ciencia Kanija, eco en Gaussianos y en Microsiervos; ^DiAmOnD^, “Una nueva solución al problema de Sierpinski, un nuevo número primo,” Gaussianos; Miguel Ángel Abánades Astudillo, “Los Números Primos: de Euclides a Internet;” Ivo Basso Basso, Jorge Campos Parra, Rodrigo Ramirez Candia, “Sobre algunas conjeturas en aritmética;” Trébede, “Algunos tipos de números primos,” en la trébede; A Vanbrugh, “Por qué el 1 dejó de ser un número primo,” Universitas Universitatis; Salvador Ruiz Fargueta, “Números primos, números de una sola pieza,” La bella teoría; Ignacio Munguía, “Los díscolos números primos (I),” “(II),” “(III),” “(IV),” “(V),” “(VI),” “(VII),” “(VIII),” y “(IX),” GenCiencia; “Hallan el primo de Mersenne número 44,” Neofronteras; “Calendario primo,” Espejo Lúdico; omalaled, “El béisbol y los números primos,” Historias de la Ciencia; “La espiral de números primos de Sack,” cgredan blog; alpoma, “La espiral de Ulam,” Tecnología Obsoleta; “Espirales y números primos,” Microsiervos; Claudio, “201 – Una nueva fórmula para generar números primos,” Números y algo más..; Maikelnai, “El 73.939.133, un extraño número primo,” Maikelnai’s blog; Adrián Paenza, “ISBN,” Página 12; “11111…11111 es primo,” Microsiervos; “The first fifty million primes;” Carlos Paris, “Primal Chaos (Visualizations);” Eric W. Weisstein, “Mersenne primes,” MathWorld Headline News;y “Prime Curios!

IX Carnaval de Matemáticas: La búsqueda del verdadero retrato del matemático Adrien Marie Legendre

Hay científicos que se niegan en vida a ser retratados. Quieren ser famosos por su obra, no por su imagen. El ejemplo más famoso es Adrien Marie Legendre (1752-1833), matemático francés que trabajó en análisis, teoría de números, mecánica celeste y matemática aplicada. Hasta 2005, nadie conocía la verdadera cara del “padre” de la ecuación diferencial de Legendre, de los polinomios de Legendre, de la transformación de Legendre, del símbolo de Legendre en teoría de números, de la relación de Legendre para integrales elípticas, de la fórmula de Legendre para la función gamma, etc. Un “fantasma” de la matemática que trató que su vida personal fuera un absoluto secreto, hasta el punto de que nunca se dejó retratar (que él supiera). Nos lo contó Peter Duren (Universidad de Michigan), “Changing Faces: The Mistaken Portrait of Legendre,” Notices of the AMS 56: 1440-1443, Dec. 2009. Con esta entrada Francis participa en el IX Carnaval de Matemáticas que este mes acoge Juan Gonzalez (Trébede), palentino, quien “por mucho que cena todos los días se levanta en ayunas,” en su blog “Rescoldos en la trébede.”

Durante más de un siglo, todo los libros de historia de la matemática presentaban el retrato de la izquierda, en el que aparece Louis Legendre, activista “montañés” durante la Revolución francesa, como el único retrato conocido del matemático Adrien Marie Legendre. Los montañeses (montagnards) eran “los diputados de la Asamblea legislativa de 1791 que se sentaban en los bancos más altos de la Asamblea, denominada la Montaña; liderados por Georges Danton, Jean-Paul Marat y Maximilien Robespierre, conocieron su apogeo en la primavera de 1793, con 300 diputados en la Convención nacional; contrarios a la monarquía, dominando la Convención, el Comité de Salvación Pública y el Comité de Seguridad General, impusieron una política de Terror” [es.wiki].

Louis no se parece en nada a Adrien Marie y de hecho no tienen ningún tipo de parentesco familiar aunque los dos se apellidan Legendre. De hecho, es bien conocido que Adrien Marie firmaba “Le Gendre” (se conservan algunas cartas que envió a otros matemáticos), y que este retrato está firmado “Legendre.” Por cierto, esta litografía de Louis Legendre es del artista François-Séraphin Delpech (1778–1825) y se incluye en un libro que presenta retratos similares de figuras prominentes de su tiempo: políticos, científicos, artistas, militares, incluso el Rey Luis XVI. Quizás la confusión provenga de que en dicho libro aparecen retratados matemáticos como Lagrange, Monge, Carnot, y Condorcet. Aunque sorprende que también aparece un retrato múltiple de “montañeses” que incluye entre ellos a Louis Legendre y que nadie se diera cuenta de que ambos retratos son (casi) idénticos a pesar de ser asignados a dos personas diferentes.

Parece increíble que una metedura de pata tan grande se haya propagado por libros y páginas web durante tanto tiempo [la es.wiki ya contiene la nueva foto]. He de confesar que yo mismo cometí este error en transparencias que mostré a mis alumnos. Si alguno de mis ex-alumnos, a quien confundí a este respecto, me está leyendo ahora, le pido perdón por mi craso error. Yo no lo descubrí hasta que en enero de 2010 leí el número de diciembre de 2009 de Notices of the AMS y aunque tenía la idea de escribir sobre este tema desde hace tiempo, mi amplia lista de borradores no recibe una buena limpieza hasta finales de año.

¿Cómo se descubrió…? En 2005, dos estudiantes de la Universidad de Estrasburgo descubrieron que el famoso retrato de Legendre era idéntico al retrato de un montañés revolucionario también apellidado Legendre. Todos los blogs de divulgación francesa de las matemáticas se hicieron eco de esta noticia (yo no me enteré entonces porque yo no leía blogs en 2005). Gracias a los blogueros franceses se inició una búsqueda “desesperada” de un retrato verdadero de Adrien-Marie Legendre. Tres años de intensa búsqueda concluyeron en 2008 cuando se descubrió en la biblioteca del Instituto de Francia en París, un libro de acuarelas de Louis Leopold Boilly (1761-1845) publicado en 1833 que incluía 73 caricaturas de miembros del Instituto. Una de las acuarelas (ver la figura que abre esta entrada) presentaba sendas caricaturas de Legendre y Fourier. El único “retrato” conocido del famoso matemático. El descubridor fue el bloguero francés Jean-Bernard François (autor del blog job.infofiltrage.com), que además de informático e infografista, también tiene ciertas dotes de artista plástico. Jean-Bernard se atrevió a desarrollar un retrato robot de Legendre a partir de la caricatura de Boilly.

La historia del libro de caricaturas de Boilly es bastante tortuoso, ya que pasó por múltiples manos privadas hasta que fue donado al Instituto en 2001 por uno de sus miembros, Daniel Wildenstein, que lo compró el 28 de enero de 1999 en una subasta pública de Christie’s en Nueva York. El libro fue subastado tras la muerte de Boilly el 14 de diciembre de 1874. Los que quieran disfrutar de la caricatura completa de Boilly pueden disfrutarla aquí. Por cierto, las 73 caricaturas (litografías y acuarelas) de Boilly contienen a miembros tan famosos del Instituto como Marquis Pierre Louis Simon de Laplace (1749-1827), Comte Jean Dominique Cassini (1748-1845) y Jean Baptiste Biot (1774-1862). Los que quieran disfrutar de todas las caricaturas (son 53 páginas/láminas) las pueden ver aquí (aparecen de 9 en 9 en cada página y hay que pulsar “suivante” para pasar de página). Os recomiendo la caricatura de Bernard Germain Etienne Lacépède y la de Abel Rémusat, pero todas tienen su aquel (como ésta). Realmente merece la pena pasear por estas caricaturas… ¡Qué las disfrutéis!

Roger Penrose: La frialdad del universo durante los primeros instantes de la gran explosión

El universo en los primeros instantes de la gran explosión era muy caliente y muy frío a la vez. Muy caliente porque la temperatura de la materia y de la radiación electromagnética tienden a infinito cuando nos acercamos a la singularidad inicial. Muy frío porque no hay ondas gravitatorias ni agujeros negros cuando nos acercamos a ella. La “temperatura gravitatoria” del espaciotiempo se acerca a cero en el inicio del tiempo. Una paradoja que nos trata de explicar Roger Penrose, físico matemático de la Universidad de Oxford, Reino Unido, en su último libro “Cycles of Time.” Penrose es uno de los científicos más creativos y fértiles de nuestro tiempo, además de uno de los grandes divulgadores científicos. ¿Por qué el futuro es tan diferente del pasado? ¿Por qué un huevo roto en mil pedazos nunca vuelve a recomponerse? Según Penrose esta diferencia es ficticia. En un futuro muy lejano el universo volverá a alcanzar un estado muy similar al que tuvo en sus primeros instantes. Un estado uniforme altamente improbable que el universo volverá a alcanzar cuando todos los agujeros negros se hayan evaporado y el espaciotiempo en expansión se haya vuelto plano e isótropo sin ninguna irregularidad. Nos lo cuenta Lee Smolin, “Cosmology: Space‐time turn around,” Autumn Books, Nature 467: 1034–1035, 28 October 2010.

Penrose afirma que la flecha del tiempo se explica por la evolución del universo a partir de un estado muy especial, simple, homogéneo, isótropo y muy poco probable. Según la segunda ley de la termodinámica, la entropía (el azar) tienden a aumentar y aparece la flecha del tiempo. En un futuro muy lejano el universo estará dominado por una “energía oscura” asociada al espaciotiempo vacío que alcanza un valor constante (al menos en los modelos más simples de la energía oscura). La energía oscura acelera la expansión, diluyendo la materia y la radiación. Todos los agujeros negros se evaporarán y toda la materia (partículas elementales) decaerán en fotones y otras partículas sin masa. Si estas hipótesis son ciertas, el universo volverá a alcanzar un estado muy similar al que tuvo en los primeros instantes tras la singularidad inicial: un espaciotiempo plano, homogéneo, isótropo y repleto de un gas de fotones. La única diferencia es que la temperatura y la densidad del universo primitivo son muchos órdenes de magnitud mayores que las de su futuro más lejano. Penrose opina que esta diferencia tiene su origen en un cambio de escala y cual mago se saca un truco de su chistera: la física temprana y tardía del universo no depende de la escala. En pocas palabras, las partículas sin masa, que se mueven a la velocidad de la luz, no tienen asociada ninguna escala de longitud o de tiempo, se mueven como si el tiempo no existiera y como si el universo no tuviera tamaño definido. Para Penrose la identidad del universo temprano y tardío apunta a un espaciotiempo cíclico: el universo temprano es el universo tardío de un época anterior al inicio del tiempo. Según Smolin, “una idea deliciosamente absurda, pero, la verdad, perfectamente posible.” Una idea que no requiere de la inflación cósmica para explicar la gran homogenidad e isotropía de la radiación de fondo cósmico de microondas. Los problemas asociados a cómo parar la inflación (que produce un multiverso en lugar de un único universo) se evitan gracias al toque de la varita mágica de Penrose. No es necesario recurrir a principio antrópico alguno y el tiempo como una rueda tiene su inicio en su propio final.

Luchando contra el peligro de internet para nuestro cerebro

No sé si habéis leído el artículo de Guillermo Caba, “¿Es internet bueno para nuestro cerebro?,” Redes para la ciencia, número 6, septiembre 2010, o el de Ángel Jiménez de Luis, “Cerebros atontados por internet,” Eureka, Suplemento dominical de El Mundo, 19 de septiembre de 2010, o el libro de Nicholas Carr del que ambos se hacen eco, “The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains,” Norton, 2010.

“Los enlaces son una herramienta fantástica, pero son interrupciones constantes que nos sacan del texto para llevarnos a otra parte. Incluso si no los pulsamos son una distracción para nuestro cerebro, una señal para que se acuerde de que puede seguir leyendo por otra parte, de que hay algo más que debe saberse. No sería lógico acabar con los enlaces en la red, pero para los usuarios sería mejor tener una lista de enlaces al final de un texto profundo y largo, en vez de intercalados en la redacción.” Nicholas Carr [c&p artículo de Ángel].

“Hay una relación inversa entre el número de enlaces (links) que hay en un documento y la comprensión que acabamos teniendo del mismo. Los trabajos de investigación demuestran que las personas que leen textos en forma lineal entienden más, recuerdan más y aprenden más que los que lo hacen a través de textos online que están salpicados de links. Según Carr, para que los datos y experiencias de nuestra vida se puedan asentar en nuestra conciencia de forma armónica y estén disponibles gracias a nuestra memoria es necesario que la atención no se rompa en mil pedazos.”

“Al movernos a través de textos interactivos perdemos la concentración. Como resultado la comprensión de lo que estamos intentando aprender se vuelve muy superficial. Muchos internautas no llegan a distinguir entre lo que han leído y lo que no han leído” [c&p artículo de Guillermo].

El peligro es acabar enviciado. “Ansiando lo nuevo a pesar de que sepamos que es trivial porque una mente que ya no sabe estar atenta ansía las interrupciones. Las interferencias se convierten en el patrón de nuestra forma de trabajar y de disfrutar (o padecer) nuestro tiempo libre. Según Michael Merzenick, entrenamos nuestros cerebros para que presten atención a las estupideces” [c&p artículo de Guillermo].

He reflexionado y creo que Carr tiene razón y es mejor evitar que el texto de las entradas de este blog esté plagado de enlaces a sus fuentes (artículos técnicos), a la wiki y a otros sitios. Así que cambiaré un poco el estilo de las entradas. Intentaré poner siempre los enlaces al final del texto e insertaré números ente corchetes (como [1], [2], …) a modo de referencia a los mismos, para los enviciados con los enlaces que no puedan vivir sin ellos.

Por cierto, ¿qué opináis al respecto? ¿Os parece acertada mi decisión de relegar los enlaces al final del texto? Me gustaría oir vuestras críticas a Carr. Este blog, en parte es mío y en parte también es vuestro.

Un afroamericano “silbando a Vivaldi” por las calles de Chicago

Brent Staples, estudiante negro de la Universidad de Chicago, notó que al cruzar por las calles de Hyde Park por la noche la gente le miraba con miedo. Staples decidió pasear silbando a Vivaldi. Gracias a ello escapó del estereotipo: negro igual a delincuente. Cuando hace una década visité la Universidad de Chicago en Hyde Park me sorprendió que estuviera rodeada de tres de los cinco barrios más peligrosos de la ciudad (el otro lado mira al lago Michigan). La universidad contaba con su propia policia y dentro de Hyde Park había teléfonos públicos a los que podías llamar para que esta policía, previa identificación con el ID de la universidad, te acompañara hasta tu casa (yo me alojaba en Hyde Park) o hasta la parada de autobus o de metro más próxima. En los ascensores había carteles avisando del modus operandi de algunos ladrones que actuaban en el campus y recordando las normas más elementales de seguridad. Yo nunca me sentí inseguro. Los supermercados de Hyde Park eran más caros que los de los barrios que lo rodean y decidí que merecía la pena darse un paseo vespertino para aprovechar dicha ventaja económica. Nunca tuve problemas. Quizás fue suerte. Los estereotipos son así y sobre ellos trata el libro, que no he leído, de Claude M. Steele, “Whistling Vivaldi And Other Clues to How Stereotypes Affect Us,” Norton, New York, 2010, que nos comenta William von Hippel, “Psychology: Performance Sapped by Stereotypes,” Science 329: 1469-1470, 17 September 2010.

Steele, un psciólogo social de la Universidad de Columbia, repasa en su libro los trabajos de investigación más importantes desarrollados en los últimos 20 años sobre los estereotipos y la amenaza psicológica que suponen para todos. Steele y Steve Spencer descubrieron hace años que las puntuaciones en exámenes de matemáticas realizados por mujeres eran más altas cuando antes del examen se les indicaba que no existen diferencias de género en el rendimiento matemático entre hombres y mujeres según las investigaciones más recientes. Lo mismo ocurrió cuando Steele y Spencer estudiaron estudiantes negros (afroamericanos en el artículo de Science). En test de inteligencia mejoraban sus resultados si se les decía antes del test que no existen pruebas de que el rendimiento de los afroamericanos sea inferior al de los euroamericanos. Se han realizado muchos otros estudios en esta línea con resultados similares. Para Steele los estereotipos suponen una amenaza por lo que consumen recursos cognitivos valiosos y degradan el rendimiento en pruebas y exámenes.

William von Hippel nos indica que el libro de Steele está muy bien escrito con un lenguaje atractivo y fácil de leer incluso para los lectores sin conocimientos científicos. El libro sigue la historia de los experimentos y los expertos ya familiarizados con esta línea de investigación también disfrutarán del flujo de los acontecimientos, ideas y personas que influyeron en el desarrollo de la teoría de los estereotipos. Lo más interesante del libro es que nos muestra que es muy fácil relajar la tensión o amaneza que suponen los estereotipos, incluso con unas pocas frases bien elegidas. Pequeños cambios en el individuo tienen un efecto dramático sobre su rendimiento. Gracias a los trabajos de Steele, tanto teóricos como experimentales, ha quedado claro algo que pocos habrían imaginado, diferencias tan pequeñas en la educación y la formación pueden tener un efecto enorme sobre el rendimiento.

“The Grand Design” el último libro de Stephen Hawking

Que hablen de tí, aunque sea mal, pero que hablen,” es la máxima que la mayoría de los editores les recomiendan a los autores que editan. Stephen Hawking lo sabe y lo sabe aprovechar bien. Ya he leído su último libro, “The Grand Design” (no confundir con “The Great Design” de Robet K. Adair), gracias a una copia “pirata” descargada de la web. El libro se lee fácil, sin fórmulas matemáticas, Hawking argumenta que la Teoría M, la versión más desarrollada, pero aún incompleta, de la teoría de cuerdas es su candidata a teoría última sobre la realidad. El libro ha generado bastante polémica (no entraré en ella). Permitidme que os haga un resumen/comentario del libro. Los que gusten de otras fuentes, a mí me han gustado los comentarios de Peter Woit, “Hawking Gives Up,” Not Even Wrong, September 7th, 2010, y los de Roger Penrose, “Review of “The Grand Design”,” FT.com, September 4 2010.

Para Hawking, la teoría M no es una teoría, sino una familia de teorías, que muestran desde diferentes prismas la misma realidad, la realidad. Igual que un mapa de Mercator muestra la Tierra deformada, cada una de estas teorías nos da una visión diferente de la realidad, destacando diferentes aspectos, pero coincidiendo en el fondo, un fondo común a todas ellas que es la propia realidad. La teoría M predice que un gran número de universos han sido creados a partir de la nada, una creación que no requiere ningún ser sobrenatural o Dios (que aparece mencionado en el libro unas diez veces). Estos múltiples universos surgen de forma natural a partir de las leyes físicas, son una predicción científica. Cada universo evoluciona en múltiples historias (en el sentido de Hugh Everett) y todos sus posibles estados se dan en alguna de estas historias. Solo algunos universos permiten la existencia de la vida. Solo algunas historias en cada universo permiten la existencia de los seres humanos. El principio antrópico nos hace, en cierto sentido, creadores del universo.

Hawking recorre la historia del conocimiento científico sobre qué es la realidad, empezando por los vinkingos, pasando por los griegos, los cristianos, Kepler, Galileo, Descartes, Newton y Laplace. ¿Existe el libre albedrío? ¿Determinan las leyes que rigen el universo nuestro comportamiento? La física, la metafísica, la filosofía, la película The Matrix y la web Second Life nos hacen dudar de que haya un concepto de realidad último, independiente de la teoría o del modelo utilizado. “The Grand Design” aboga por una interpretación de la realidad dependiente del modelo muy en la línea de la física/ciencia contemporánea. Un modelo de la realidad debe ser elegante, debe contener pocos parámetros arbitrarios o ajustables, debe explicar todas las observaciones que existan, y debe realizar predicciones detalladas para las futuras observaciones que puedan ser refutadas si el modelo no se confirma. El modelo estándar de las partículas elementales, por ejemplo, no es una teoría elegante, según Hawking, pero la teoría M sí que lo es. Aunque Hawking no dice por qué lo cree así.

El capítulo cuarto trata de sintetizar las ideas que subyacen a la mecánica cuántica siguiendo la senda de la formulación de integrales de camino de Richard Feynman. La discusión del experimento de la doble rendija de Clinton Davisson y Lester Germer (1927) utilizando un jugador de fútbol resulta curiosa. En la versión cuántica el jugador dispara buckybolas, moléculas con 60 carbonos dispuestas a modo de balón de fútbol. La discusión sobre las implicaciones de la mecánica cuántica es siempre difícil y Hawking no se moja mucho. Menciona de pasada muchos conceptos complejos, como los experimentos de elección retardada o la ecuación cuántica de Wheeler para el universo, pero sin entrar en explicaciones. Quizás será en aras a una exposición ágil que no desvíe la atención del lector. Por cierto, el libro está bien ilustrado con gráficos en 3D, pero no tan profusamente como “El Universo en una Cáscara de Nuez.” Me ha gustado la selección de ilustraciones de Sidney Harris (aunque todas sean muy conocidas).

“Lo más incomprensible sobre el universo es que sea comprensible.” Albert Einstein.

En la búsqueda de una teoría de todo, Hawking nos recuerda que la idea del experimento de Michelson-Morley fue de James Clerk Maxwell, las ideas básicas de la relatividad, las cuatros fuerzas fundamentales, los diagramas de Feynman y las ideas básicas sobre el modelo estándar. La discusión avanza rápido hasta alcanzar la teoría de cuerdas (en 10D) y la teoría M (en 11D), que no se explican en el libro más allá de algunas ideas sueltas. Su relación mutua no quedará nada clara al lector que ya no la conozca. Según Hawking la teoría M describe 10500 universos posibles. El capítulo 6 repasa el origen del universo muy en la línea de “La Historia del Tiempo.”

El último capítulo trata de explicar el por qué de la teoría M y empieza con preguntas tan generales como ¿por qué hay algo y no hay nada? ¿Por qué existimos? ¿Por qué las leyes físicas son las que son y no otras? Preguntas que le llevan  a mencionar a Dios en reiteradas ocasiones y a discutir el “Juego de la Vida” de John Conway. Según Hawking la complejidad en el universo (como la vida inteligente) emerge de las leyes físicas sencillas que lo rigen, cual ciertos comportamientos complicados (desde nuestro punto de vista) emergen en el juego de Conway a partir de reglas muy sencillas.

El libro acaba y te deja un cierto sabor extraño en la boca. Un regusto a poco. Me ha parecido un libro con muy poca substancia. Quizás esperaba más. No sé. Afirmar que la teoría de todo, el santo grial de la física, es la teoría M no requiere un libro escrito en colaboración con el famoso escritor científico Leonard Mlodinow. No sé, me hubiera gustado que Stephen Hawking se mojara más. Que tratara de explicar a un público general qué es la teoría M. Quizás, incluso si quisiera haberlo hecho, no podría, ya que nadie sabe qué es la teoría M más allá de unas ideas muy vagas.

“The Grand Design” es moco de pavo comparado con el genial “The Road to Reality” de Roger Penrose. Aunque quizás estoy cometiendo el grave error de comparar un libro sin ninguna fórmula matemática (ni siquiera E=m c²) con un libro repleto de fórmulas matemáticas y con argumentos muy técnicos para la mayoría de los lectores. Me parece que me voy a volver el libro de Penrose. Tras leer el librito de Hawking necesito los efluvios en boca de un libro bien servido de fórmulas y argumentos rigurosos.

Lecturas para el verano: Nobeles españoles, Cajal, Ochoa y de la neurona al ADN

Todos los veranos hay que aprovechar los días de vacaciones para leer y en este blog aprovechamos para recomendar algunas lecturas. Me gustaría destacar un libro breve pero interesante en el que Alfredo Baratas nos presenta una breve biografía de Santiago Ramón y Cajal, y María Jesús Santesmases, quizás con menor acierto, nos presenta otra de Severo Ochoa de Albornoz, editado por Nivola en su serie novatores. A la izquierda tenéis la portada del libro. La biografía de Severo incluye al final un apéndice sobre “La imagen pública de Ochoa en España” en la que se presentan y comentan recortes de prensa durante el franquismo desde 1958 a 1975. El libro es cortito, bien ilustrado y se lee fácil. En mi opinión es un buen punto de partida para incentivar al lector a recurrir a textos biográficos de mayor entidad sobre los dos únicos científicos españoles que han logrado un Nobel. Como me ha gustado el trabajo de Baratas me centraré en él.

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) es el único Premio Nobel científico obtenido por un español para España (Severo Ochoa lo obtuvo para EE.UU.). Los que tenemos cierta edad recordamos la serie de RTVE “Ramón y Cajal” dirigida por José María Forqué con Adolfo Marsillach en el papel de Santigo (los que no la conozcan la pueden ver aquí). Con los tiempos que corren recomendar la lectura de su autobiografía “Recuerdos de mi vida. Santiago Ramón y Cajal,” yo le leído la edición de Juan Fernández Santarén para Crítica, que incluye el texto del discurso de Cajal, “Reglas y consejos sobre investigación científica,” muy recomendable para todos los estudiantes de disciplinas científicas.

Cajal estudió medicina en la Universidad de Zaragoza e hizo el servicio militar obligatorio como médico militar en plena guerra de Cuba (1874). Sus primeros pasos como investigador los dio en la Universidad de Zaragoza entre 1875 y 1883. Se presentó a tres plazas de catedrático y a la tercera fue la vencida. Catedrático de Anatomía por la Universidad de Valencia entre 1883 y 1887 fue allí donde orientó su investigación como micrografista hacia la neurohistología. Fue en 1887 cuando descubrió las impregnaciones de Camillo Golgi, su competidor en lo científico y con quien compartió el Nobel. Catedrático de Histología por la Universidad de Barcelona entre 1888 y 1892  fue allí donde realizó los grandes descubrimientos científicos que le llevaron al Nobel.

España no existía para la ciencia europea. Los artículos de Cajal en español no tenían repercusión alguna a nivel europeo. Cajal decidió traducir algunos de dichos artículos al francés y logró publicarlos en revistas francesas y alemanas. El hito histórico que le abrió a Cajal las puertas de la fama europea ocurrió en 1889. Cajal decidió asistir por sus propios medios al Congreso Anual de la Sociedad Anatómica Alemana para presentar sus preparaciones micrográficas. El histólogo Van Gehuchten lo recuerda así (extracto de la biografía de Alfredo Baratas):

“La desconfianza era tal, que en el Congreso de Anatómicos celebrado en Berlín en 1889, Cajal […] encontrábase solo, no suscitando en torno suyo sino sonrisos incrédulas. Todavía creo verlo tomar aparte a Kölliker, entonces maestro incuestionable de la histología alemana, y arrastrarlo a un rincón de la sala de demostraciones, para mostrarle en el microscopio sus admirables preparaciones y convencerle al mismo tiempo de la realidad de los hechos que pretendía haber descubierto. La demostración fue tan decisiva que algunos meses más tarde el histólogo de Wüzburgo confirmaba todos los hechos afirmados por Cajal.”

Como nos recuerda Baratas, “el aval de Kölliker y el examen a que éste sometió las conclusiones de Cajal contribuyeron a dar credibilidad a las aportaciones científicas del español, convirtiéndole en un referente principal en el panorama internacional de la neurohistología.” El episodio de Kölliker aparece reflejado al final del capítulo 7 de la serie de RTVE. Recomiendo la lectura de Javi Peláez, “Albert Kölliker, el suizo que descubrió al mundo a Santiago Ramón y Cajal,” La Aldea Irreductible, 6 de abril de 2010.

Cajal, ya como científico de reconocido prestigio nacional e internacional, logró una Cátedra en Madrid que ocupó de 1892 hasta que se jubiló con 70 años en 1922. Algunos de los trabajos que Cajal publicaba en español en los Anales de la Sociedad Española de Historia Natural fueron traducidos directamente al alemán por Albert Kölliker (que dicen que aprendió español para poder hacerlo). En febrero de 1894 Cajal fue invitado a impartir una conferencia en la Royal Society londinense y fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Cambridge. Entre 1897 y 1904 publicó su manual “Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados,” obra que está considerada como el texto científico en español más importante de nuestra historia (este texto fue traducido al francés en 1909).

Cajal recibió en 1905 la medalla helmholtz de la Real Academia de Ciencias de Berlín y en 1906 el Premio Nobel de Medicina, junto a Camillo Golgi. El discurso Nobel de de Cajal elogiaba las contribuciones de Golgi, no así el del italiano, que lo citó solo de pasada. Más tarde Cajal afirmó sobre el sabio de Pavia: “¡Cruel ironía de la suerte, emparejar, a modo de hermanos siameses unidos por la espalda, a adversarios científicos de tan antitético carácter.”

Os recomiendo escuchar la biografía de Cajal en La Aldea Irreductible, su Podcast, Capítulo 6, “Santiago Ramón y Cajal,” 8 agosto 2008 (incluye la voz del propio Cajal y recortes de una entrevista en RNE a Teófilo Hernando, compañero de investigaciones y médico personal de Cajal hasta el momento de su fallecimiento).