Publicado en Science: El nivel del mar en Mallorca hace 81000 años era 1 metro más alto del actual

Los espeleotemas (estalactitas, estalagmitas y otras formaciones minerales en cuevas) son testigos envidiables del cambio climático y en las cuevas marinas del nivel del mar. Un grupo de investigadores mallorquines, europeos y norteamericanos han estudiado el nivel del mar en el oeste del Mediterráneo gracias a los espeleotemas en cuevas costeras de la isla española de Mallorca. El estudio, publicado en Science, demuestra que el nivel de mar era un 1 metro más alto hace 81 000 años, lo que significa que la cobertura de hielo en dicha época era similar a la actual. Esto contradice los estudios previos basados en los ciclos de glaciaciones, ya que la glaciación más reciente, la wisconsiense o glaciación de Würm, tuvo que tener un final mucho más brusco y rápido de lo que se pensaba, hace unos 100 000 años. El nuevo estudio ha encontrado variaciones del nivel del mar de hasta 2 metros por siglo en los últimos 100 000 años, mucho más de lo que se pensaba. Además, el nuevo estudio parece apoyar la versión más simple de la teoría de Milankovitch para explicar el comportamiento cíclico de las glaciaciones. El artículo técnico es Jeffrey A. Dorale, Bogdan P. Onac, Joan J. Fornós, Joaquin Ginés, Angel Ginés, Paola Tuccimei, David W. Peate, “Sea-Level Highstand 81,000 Years Ago in Mallorca,” Science 327: 860-863, 12 February 2010. Nos comentan dicho artículo R. L. Edwards, “Ice Age Rhythms,” Science 327: 790-791, 12 February 2010, y Phil Berardelli, “Can Sea Level Rise and Fall With Lightning Speed?,” ScienceNOW, 11 February 2010.

Publicado en Nature: El IPCC se retracta, los glaciares del Himalaya no desaparecerán en 2035

Enciendes la televisión, sale el telediario de Intereconomía y comenta esta noticia. Curioso, aunque no tanto, se ha publicado en Nature. Los informes del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) los redactan un gran número de científicos que siguen un protocolo muy estricto. Los redactores de los informes pueden utilizar resultados publicados en congresos internacionales, revistas no impactadas y otras fuentes sin revisores o con una revisión por pares laxa, actuando ellos mismos de revisores. Ellos son expertos, luego pueden hacerlo sin problemas. Lo que pasa es que, a veces, igual que a las revistas con revisión por pares estricta, se la cuelan o se les cuela. El informe del IPCC de 2007 estimaba que los glaciares del Himalaya desaparecerían alrededor del año 2035, todo el hielo se descongelaría al menos una vez al año en unos 25 años. Exagerado, obviamente. Pero así son los informes técnicos que se basan en estimaciones de modelos predictivos por simulación. Los expertos siempre los cogen con alfileres. El problema es que ahora todo el mundo mira con lupa al IPCC y se ha descubierto que la fuente de dichos datos, un informe publicado en 2005 por un glaciólogo indio, no es fiable. El Dr. Syed Iqbal Hasnain fue entrevistado por la revista New Scientist y afirmó que sus conclusiones eran “especulativas,” que partían de un informe anterior, de 1999, del Working Group on Himalayan Glaciology, del International Commission on Snow and Ice. Que ni el mismo se creía los resultados de dicho informe, aunque los reportaba en el suyo. Ahora parece que todos los expertos están de acuerdo. Los resultados indican que los glaciares del Himalaya no desaparecerán, al menos, durante el s. XXI. Seamos optimistas. Son buenas noticias. Al mal tiempo, buena cara. Nos lo cuentan Quirin Schiermeier, “Glacier estimate is on thin ice. IPCC may modify its Himalayan melting forecasts,” News, Nature 463: 276-277, 19 January 2010, y muchísimos otros medios, hasta en el telediario de Intereconomía y, como no, en Menéame. Por cierto, allí nos apuntan a Randeep Ramesh, “India ‘arrogant’ to deny global warming link to melting glaciers. IPCC chairman Rajendra Pachauri accuses Indian environment ministry of ‘arrogance’ for its report claiming there is no evidence that climate change has shrunk Himalayan glaciers,” The Guardian, Nov. 2009.

Las causas de la elevación del nivel del océano y sus efectos

El calentamiento global causa que el nivel del mar se eleve debido a dos factores: que el hielo en las plataformas continentales se derrite y que el agua del océano se expande al calentarse. La contribución relativa de ambos factores es muy difícil de medir. Anny Cazenave, del Laboratorio para Estudios en Geofísica, Oceanografía y Espacio (LEGOS), en Toulouse, Francia, y sus colaboradores [1] lograron medir ambos procesos de forma separada gracias a los datos gravitatorios de los satélites GRACE y a los registros de temperaturas oceánicas obtenidas por la red de boyas Argo. La expansión térmica del agua del océano se ha reducido recientemente y ha contribuido sólo a una elevación de 0,3 mm. por año del nivel del mar durante los años 2003 a 2008. Durante dicho periodo, el hielo continental derretido ha contribuido a una elevación de unos 2 mm. por año. Estos datos son preocupantes, ya que un review reciente de la misma autora [2] nos indica que en el periodo 1993–2007, la contribución de la expansión térmica fue del 30% y la del deshielo continental del 55% (en el último lustro ha pasado a ser del 80%). Estos datos parecen indicar que el deshielo de las regiones continentales se está acelerando alarmantemente.

El estudio de la variación del nivel del mar en el pasado es complejo. Se cree que en los últimos milenios su tasa de crecimiento era de unos pocos centímetros por siglo. Sin embargo, en los últimos decenios ha crecido hasta una tasa de varias decímetros por siglo [3]. Los modelos parecen indicar que seguirá creciendo. ¿Hay que preocuparse? Se estima que durante el s. XXI el nivel global medio del oceáno crecerá menos de un metro, sin embargo, la variación regional de este nivel puede alcanzar varios decímetros. La figura del mapa que acompaña esta entrada [2] muestra tasa media de cambio del nivel del mar entre octubre de 1992 y mayo de 2007 obtenida a partir de medidas de altimetría mediante satélites. Los datos muestran una gran variabilidad espacial, hay regiones incluso en las que el nivel del océano está decreciendo. Se cree que la contribución dominante en la distribución espacial de estos cambios es la expansión térmica del océano que está controlada por la distribución de la temperatura en función de las grandes corrientes oceánicas y su dinámica [2]. Por si te lo preguntas, se estima que el error en esta figura es (probablemente) menor de 2 mm./año.

Las regiones más afectadas del planeta debido a la subida del nivel del mar serán los grandes deltas. Muchos de ellos están densamente poblados por habitantes del tercer mundo que se dedican fundamentalmente a la agricultura. Sus habitantes sufrirán inundaciones y fuertes pérdidas económicas conforme el mar vaya ganando terreno. James P. M. Syvitski de la Universidad de Colorado y sus colaboradores [4] han estudiado los 33 deltas más importantes del mundo con objeto de determinar los efectos que están sufriendo y sufrirán en el próximo futuro debido al efecto conjunto del cambio climático y de la degradación de los mismos por las actividades humanas. El 85% de estos deltas ya han sufrido inundaciones severas en la última década que han provocado la inmersión temporal de 260.000 km2. El panorama que dibujan para lo que resta de s. XXI es bastante pesimista [5]. Más de 500 millones de personas viven en los deltas de grandes ríos o en sus proximidades. Los sedimentos depositados por los ríos en estas regiones las hacen muy productivas para la agricultura. El cambio climático las convierte en zonas de alto riesgo. Un riesgo que se ha acrecentado debido a las actividades humanas.

Para acabar, hoy estoy un poco pesimista, aquí tenéis la evolución del nivel global del océano entre 1800 y 2100 a partir de observaciones (para los s. XIX y XX) y proyecciones gracias a modelos (s. XXI) [2]. La región sombreada en rosa son proyecciones “optimistas” (del IPCC 2007) y la región sombreada en celeste proyecciones “pesimistas”. La pena es que incluso las proyecciones “optimistas” son bastante pesimistas.

[1] A. Cazenave et al., “Sea level budget over 2003–2008: A reevaluation from GRACE space gravimetry, satellite altimetry and Argo,” Global and Planetary Change 65: 83-88, January 2009.

[2] Anny Cazenave, William Llovel, “Contemporary Sea Level Rise,” Annual Review of Marine Science 2: 145-173, January 2010 [el DOI todavía no funciona].

[3] Glenn A. Milne et al., “Identifying the causes of sea-level change,” Nature Geoscience, Advance online publication, 14 June 2009 [postprint gratis].

[4] James P. M. Syvitski et al., “Sinking deltas due to human activities,” Nature Geoscience 2, 681-686, 20 September 2009.

[5] “World’s River Deltas Sinking Due To Human Activity, Says New Study,” ScienceDaily, Sep. 21, 2009.

Science opina sobre el robo de información privada en el CRU británico

La noticia de política científica de la semana pasada fue el robo de más de 1000 correos electrónicos privados  de miembros de la Climatic Research Unit (CRU) de la Universidad de East Anglia (UEA) en el Reino Unido. Para muchos es un ejemplo de las malas prácticas del lobby científico del cambio climático, una de las prioridades políticas de todos los gobiernos occidentales, a la hora de recabar financiación pública. Ya nos hicimos eco de que la revista Nature opina que la “noticia del siglo” será olvidada en poco tiempo, de hecho esta semana se ha publicado un editorial de Nature dedicado al caso: Editorial, ”Climatologists under pressure. Stolen e-mails have revealed no scientific conspiracy, but do highlight ways in which climate researchers could be better supported in the face of public scrutiny,” Nature 462: 545, 3 December 2009. La verdad es que no aporta mucho a lo que ya indiqué en esta entrada. Parece claro para el editor de Nature que en este caso no hay pruebas en los e-mail publicados que apunten a fraude científico. Por ello, Nature no tomará más medidas al respecto. Hoy se publica un artículo de política científica en la revista Science sobre la misma noticia Eli Kintisch, “Stolen E-mails Turn Up Heat on Climate Change Rhetoric,” Science 326: 1329, 4 December 2009.

La opinión desde Science es muy diferente a la presentada en Nature. El asunto es grave y debe ser estudiado con atención. Ya hay comisiones estudiando el posible fraude científico de Phil Jones en la Universidad de East Anglia y de Michael Mann en la Universidad Estatal de Pennsylvania. Más aún, Phil Jones ha dimitido como director del CRU mientras la comisión de la UEA realiza su estudio. La comisión de la UEA también pretende descubir al ladrón.

El artículo en Science recuerda lo sucedido enfatizando las cuatro líneas de ataque a Phil Jones y al CRU que se han esgrimido a partir de los correos electrónicos robados: el posible borrado de datos sin procesar (el CRU ha reconocido que borró en agosto algunos datos almacenados en cintas digitales, con la excusa de poder hacer sitio para nuevos datos), las acciones para evitar la publicación de artículos de opositores en revistas de alto impacto, la posible ocultación de datos de los últimos años y las recomendaciones sobre cómo calcular y dibujar gráficamente las curvas de temperatura durante el siglo XX para destacar el cambio climático y evitar dudas al público profano.

El artículo concluye afirmando que los científicos necesitan hasta el más mínimo ápice de credibilidad para defender y sostener sus conclusiones sobre el cambio climático ante futuros ataques de sus opositores. Este suceso ha mostrado lo vulnerables que son los científicos ante dichos ataques. La mejor solución es llevar a los escépticos al redil publicando todos los datos utilizados en los estudios científicos. Ello requerirá financiación específica pero habrá que hacerlo si queremos que los críticos “pierdan fuerza rápidamente y sus opiniones se vuelvan irrelevantes.”

Nature opina que la “noticia del siglo” será olvidada en poco tiempo

Nature es una revista británica. Quizás por eso su opinión sobre la publicación online de emails y documentos robados del Centro Británico por excelencia sobre el Cambio Climático es muy conservadora. Nature ha consultado a muchos científicos sobre el asunto y la opinión generalizada es que pronto se olvidará el asunto. La opinión oficial sobre el tema es que se exageran e interpretan con mala fe los comentarios privados entre científicos que han sido desvelados. Para los científicos consultados, los emails desvelados sólo muestran que la actitud científica de los climatólogos es la “adecuada,” con discusiones viscerales privadas que se diluyen y suavizan en los resultados que finalmente se publican. La evidencia científica del origen antropogénico del cambio climático está “oficialmente” fuera de toda duda y no se verá alterada por este altercado “menor.” Pronto todo este escabroso asunto será olvidado. En cualquier caso, el asunto es feo y ha salpicado la reputación de Phil Jones, con lo que algunas voces claman por su dimisión inmediata, sino como director del CRU, al menos como miembro del comité científico del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change). Podéis leer el comentario original en Quirin Schiermeier, “Storm clouds gather over leaked climate e-mails. British climate centre reeling over Internet posting of sensitive material,” News, Nature 462: 397, 26 Nov. 2009 (Published online 24 November 2009).

El centro Climatic Research Unit (CRU) de la Universidad de East Anglia (UEA) en Norwich, Gran Bretaña, confirmó el 20 de noviembre el robo de información confidencial que ha sido publicada en la web (fácil de localizar para los interesados en Google o en cualquier programa P2P). Los blogs y las noticias que hablan sobre tema ven en estos datos pruebas claras de todo tipo de conspiraciones a favor del cambio climático desde las instituciones científicas que recaban fondos y financiación para estudiarlo.

Michael Oppenheimer, climatólogo de la Universidad de Princeton, New Jersey, EEUU, afirma que “si alguien piensa que hay algún atisbo de que los datos (científicos) hayan sido adulterados por motivos no científicos, es libre de analizar todos los datos existentes y demostrar que la Tierra no sufre el cambio climático. Muchos lo han intentado desde hace décadas y no lo han logrado.”

Desde Nature se sugiere que el nombre del fichero que se ha publicado “FOIA.zip” apunta a la petición de datos sin procesar que lleva realizando periódicamente, desde 2002, el canadiense Steve McIntyre, editor del blog Climate Audit, especializado en métodos estadísticos usados en climatología al director del CRU, Phil Jones, amparado en el UK Freedom of Information Act, una ley británica el acceso público a la información pagada con dinero público. Sin embargo, McIntyre afirma que él no tiene nada que ver y que no tiene ni idea de quien es el responsable del suceso. Resulta curioso que entre el 24 de julio y el 29 de julio de 2009, el CRU haya rebidido 58 peticiones de McIntyre y otras personas afiliadas a Climate Audit. Nature ya se hizo eco de esta petición en Olive Heffernan, “Climate data spat intensifies. Growing demands for access to information swamp scientist,” News, Nature 460: 787, Published online 12 August 2009. La razón oficial para denegar el acceso a estos datos es que han sido recopilados de diversas fuentes distribuidas por todo el mundo (más de 150 instituciones diferentes) y que el CRU sólo tiene permiso para publicar la versión “procesada” de dichos datos. El permiso para ver los datos “limpios” deben darlo todas las instituciones involucradas en su obtención, algo que no es fácil de lograr.

Esta entrada es provisional todavía… el editorial de Nature hoy seguramente se hará eco de esta noticia. Cuando esté disponible ya os haré un comentario al respecto. NO, NO se ha hecho eco del tema… ¿se nota que Nature es británica? Habrá que esperar la correspondencia la semana que viene…

PS (2 diciembre 2009): Como era de esperar, hoy se publica un editorial de Nature dedicado al caso: Editorial, “Climatologists under pressure. Stolen e-mails have revealed no scientific conspiracy, but do highlight ways in which climate researchers could be better supported in the face of public scrutiny,” Nature 462: 545, 3 December 2009. La verdad es que no aporta mucho a lo ya indicado en esta entrada. La política de Nature es investigar si los artículos publicados en su revista han sufrido algún tipo de fraude. Parece claro para el editor que este no es el caso y que no hay pruebas en los e-mail publicados que apunten a fraude científico. Por ello, Nature no tomará más medidas al respecto. En este número de Nature también dan su opinión algunos expertos climatólogos, como podemos leer en Quirin Schiermeier, “Battle lines drawn over e-mail leak. Climatologists remain sanguine over incident,” News, Nature 462: 551, Published online 2 December 2009. Tampoco hay nada reseñable más allá de la comprensión por parte de los colegas de otras instituciones en relación a este desagradable incidente.

Calentamiento global y cambio climático durante el siglo XX

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Me ha resultado muy interesante la figura que abre esta entrada. No quiero enrollarme con la importancia del cambio climático. Sólo quiero una reflexión por vuestra parte al respecto. La figura de la izquierda muestra la serie temporal de la temperatura promedio del aire en la superficie de la Tierra desde 1900 en varios lugares. La línea azul en el Ártico por encima de 60° N en la estación fría (de noviembre a abril), la naranja en Norteamérica entre 20°–60° N en la estación caliente (de mayo a octubre), la verde la media anual en los trópicos entre 20° S–20° N, y finalmente la violeta la media anual en el Océano Atlántico Norte entre 20°–70° N. La figura de la derecha muestra la temperatura media del aire en la superficie continental de la Tierra en las latitudes 60° S–60° N, excluyendo Norteamérica. Todos los datos de ambas figuras son las diferencias (anomalías) respecto a la media de los años 1911–1940 (salvo las anomalías en el Ártico que están divididas por un factor de tres). Las figuras están extraídas del interesante artículo de Stefan Brönnimann, “Early twentieth-century warming,” Nature Geoscience 2: 735-736, 2009. También es recomendable la lectura de “Global Warming?, The Early Twentieth Century,” capítulo del libro de James R. Fleming, “Historical Perspectives on Climate Change,” Oxford University Press, 1998.

El deshielo de los polos no sólo es una realidad, además se está acelerando según la misión GRACE

Dibujo20091008_Trend_line_Greenland_ice_mass_curves_downward_with_timeExplorar el deshielo de Groenlandia y la Antártida  no es fácil. Hay que promediar los datos en varios años para observar las tendencias, lo que lleva a muchas discusiones sobre la magnitud de dicho efecto, incluso si el efecto realmente existe. El último análisis presentado en Geophysical Research Letters muestra que no sólo el deshielo es real sino que se está acelerando durante los últimos 7 años. Los resultados se basan en las medidas del par de satélites GRACE (Gravity Recovery and Climate Experiment). En lugar de medir el volumen de hielo directamente, GRACE “pesa” el hielo mes a mes utilizando un par de satélites lanzados en marzo de 2002 en una misión conjunta de la NASA y la Agencia Aeroespacial Germana. Los satélites, separados 220 km., pueden medir las distribucinoes de masa en la superficie de la tierra gracias a la variaciones de su campo gravitatorio. En el caso de los casquetes helados, las medidas nos permiten estimar el volumen de hielo y cómo este fluctúa conforme los meses transcurren.  Promediando las medidas se observa que en los últimos 7 años la masa de hielo ha decrecido. Más aún, este desceso parece que se está acelerando. En Groenlandia se pierden del orden de 30 kilómetros cúbicos de agua por año y en la Antártida prácticamente el doble. Para los interesados, la figura está extraída de Richard A. Kerr, “Climate Change: Both of the World’s Ice Sheets May Be Shrinking Faster and Faster,” News of the Week, Science 326: 217, 9 October 2009, y el artículo técnico es Isabella Velicogna, “Increasing rates of ice mass loss from the Greenland and Antarctic ice sheets revealed by GRACE,” Geophys. Res. Lett., in press, accepted 3 September 2009. Los que quieran conocer más detalles sobre la toma de datos de la misión GRACE pueden recurrir a John Wahr, Sean Swenson, Isabella Velicogna, “Accuracy of GRACE mass estimates,” Geophys. Res. Lett., 33, L06401, 2006.

La crisis afecta a las boyas oceanográficas que predicen El Niño en el Pacífico

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La crisis afecta a todos, sobre todo a las empresas científicas a largo plazo que se realizan sin el amparo de los grandes medios. A quién le preocupa el estado de salud de las boyas oceanográficas que se encuentran desplegadas a lo largo del Ecuador en el oceáno Pacífico. Muchas han dejado de funcionar y de ofrecer los datos necesarios para predecir el fenómeno de El Niño de este año. Cuesta sólo 1 millón de dólares anuales mantener y reparar las boyas. Sin embargo, no se ha hecho este año pasado. La NOAA (US National Oceanic and Atmospheric Administration) ha planificado el flete de un barco para arreglarlas. Sin embargo, ya es tarde y las predicciones sobre la intensidad de El Niño de este año se van a resentir. La mitad de las 14 boyas entre las longitudes 95° oeste y 110° oeste han dejado de transmitir en los últimos 8 meses. Las boyas afectadas estudian la termoclina de 20º C que alrededor de los 140 m. de profundidad define la frontera entre el agua caliente de la superficie del mar y las aguas profundas más frías. Las oscilaciones periódicas de esta termoclina está directamente relacionadas con la magnitud de los fenómenos de El Niño y La Niña. En agosto, la NOAA predijo un El Niño suave para este año (según las lecturas de las boyas aún en funcionamiento). Sin embargo, los modelos teóricos predicen uno mucho más intenso. ¿Quién tendrá la razón? Nadie lo sabe. Nos lo cuenta Naomi Lubick, “Buoy damage blurs El Niño forecasts. Missing data from the eastern Pacific Ocean may hinder predictions of this year’s event,” Nature 461: 455 (24 September 2009).

Evidencias científicas y geológicas del diluvio bíblico de Noé

Nuevos datos apoyan a los sensacionalistas de National Geographic. Un análisis de las espeleotemas en una cueva kárstica búlgara cerca del Mar Negro muestra que 5500 años antes de Cristo las lluvias fueron 53 veces más intensas que la media de la época. ¿Durante cuánto tiempo? No se sabe bien, el registro geológico tiene una resolución de solo 120 años. Si dichas lluvias hubieran ocurrido en uno o dos años podrían ser el famoso diluvio de Noé: se estima que el nivel del agua del Mar Negro creció unos 150 metros. Estos resultados son similares a los ya observados por dos expediciones patrocinadas por National Geographic. ¿Qué pudo provocar este diluvio? Los autores del estudio proponen, sin pruebas científicas, que fue el resultado de la colisión de un gran asteroide o cometa contra el Sol, lo que provocó un rápido incremento de la radiación solar. Yo soy escéptico ante este tipo de artículos, pero seguro que a alguno de vosotros le resulta curioso. Para ellos, el artículo técnico es Y. Y. Shopov et al. “Noah’s Flood and the Associated Tremendous Rainfall as a Possible Result of Collision of a Big Asteroid with the Sun,” ArXiv, Submitted on 9 Sep 2009 (aunque el artículo original es de 1997).

Incrementar la entropía de la Tierra primitiva como posible origen de la vida

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Si la vida tiene un origen termodinámico, la vida podrá ser explicada termodinámicamente. Así lo cree K. Michaelian en dos artículos en los que discute esta idea. La Tierra hace 4000 millones de años recibía una radiación solar veintitantos órdenes de magnitud superior a la actual con un pico alrededor de 260-280 nm. Las moléculas de ARN/ADN se encuentran entre las más eficientes absorbiendo esta radiación a presiones de una atmósfera. La enorme entropía sobre la Tierra en dicha época podía ser catalizada gracias a estas moléculas. En mi opinión, la idea es muy discutible, pero creo que muchos lectores de este blog estarán interesados en leer estos artículos de K. Michaelian, “Thermodynamic Origin of Life,” ArXiv, Submitted on 1 Jul 2009, y “Thermodynamic Function of Life,” ArXiv, Submitted on 30 Jun 2009. Permitidme traducir libremente los resúmenes de ambos artículos.

“Comprender la función termodinámica de la vida puede acercarnos a su origen. La producción de entropía en los sistemas alejados del equilibrio termodinámico es una medida natural de la tendencia de la Naturaleza para explorar todos los microestados alcanzables. El proceso que produce la mayor cantidad de entropía en la biosfera es la absorción y transformación de la luz del Sol. Según el autor, la vida se inició y existe hoy en día como catalizador dinámico de la absorción y transformación de la luz solar en calor, que puede ser redistribuido eficientemente por el ciclo del agua, los huracanes, las corrientes oceánicas y las corrientes de viento. Las moléculas de ARN y ADN se encuentran entre las moléculas más eficientes conocidas para absorber la luz ultravioleta que podría haber penetrado en la densa atmósfera primigenia, y además son muy rápidas a la hora de transformar esta luz en forma de calor que puede ser rápidamente absorbido por el agua líquida. Según el autor, el origen y la evolución de la vida estaría mediado por el imperativo termodinámico de incrementar la producción de entropía en la Tierra.”

“Aunque la teoría de la evolución de Darwin nos muestra la vida como un proceso de competencia por la supervivencia en un ambiente hostil, desde un punto de vista termodinámico, la vida es un proceso dinámico, fuera del equilibrio, que coevoluciona con su entorno abiótico. La componente viva de la biosfera con mayor masa son las plantas y las cianobacterias que se encargan de transpirar enormes cantidades de agua. Este proceso es clave en el ciclo del agua en la Tierra y la distingue de otros planetas vecinos, como Venus y Marte. El ciclo del agua, incluyendo la absorción de radiación solar en la biosfera, es con mucho el mayor proceso de producción de entropía en la Tierra. La función de la vida, desde esta perspectiva, es fundamentalmente termodinámica, actuando como un catalizador dinámico para la producción de energía. El papel de la vida animal, desde este punto de vista, es meramente servir a las plantas y a las cianobacterias para realizar su función termodinámica, ayudándolas a crecer y a dispersarse en áres inicialmente inhóspitas.”

Curiosas las ideas de Michaelian.

Por cierto, en Menéame podéis encontrar “Los rayos pudieron haber “cocinado la comida” para la vida primitiva (ING)” (traducido al español aquí) y entre los comentarios una recomendación de lectura “La cuestión del origen de la vida en la Tierra.”