Los físicos también se entrenan como los jugadores de fútbol de élite

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Un día de marzo de 2011, a las 11:00 de la mañana, un grupo de físicos se había reunido en un hotel de California para discutir uno de los descubrimientos más importantes de la historia de la física. Las botellas de champán estaban preparadas. Tras meses de duro trabajo, pruebas y chequeos de todo tipo, tras controlar todas las fuentes posibles de error, con el artículo técnico completamente escrito, sólo faltaba el último paso, el visto bueno del jefe, Jay Marx. La colaboración LIGO había detectado la primera onda gravitatoria en la Constelación del Can Mayor. Pero Jay Marx confesó que la señal había sido un engaño intencionado para entrenarles (lo que los físicos llaman una inyección ciega). Una enorme ola de decepción inundó la sala. Nadie colgó al jefe, aunque a algunos les hubiera gustado. Al final todo quedó en aplausos por el buen trabajo realizado y, como no, las botellas de champán cayeron. ¿Realmente es necesario llegar tan lejos? ¿Habrá futuras inyecciones ciegas? El nuevo director de LIGO, David Reitze ha dicho que seguirá con el programa de inyecciones ciegas, en especial cuando entre en funcionamiento en 2015 el sucesor de LIGO, llamado Advanced LIGO. Muchas inyecciones ciegas se han realizado en LIGO desde que comenzó en 2002, pero ninguna había llegado tan lejos como Big Dog, la que se realizó el 16 de septiembre de 2010. Este entrenamiento “extremo” no gusta a todos los miembros de la colaboración, pero reconocen que es algo necesario. Nos lo cuenta Yudhijit Bhattacharjee, “Gravity-Wave Observatory Debates Fake-Data Tests,” Science 339: 1260, 15 March 2013.