La misteriosa línea de 130 GeV de Fermi-LAT también se observa en el halo del Sol

Dibujo20130206 earth limb - sun - fermi-LAT photon spectrum - line 130 GeV

La liberación pública de los datos obtenidos por el satélite Fermi LAT de la NASA permitió descubrir una línea en el espectro de rayos gamma con una energía de 130 GeV situada en el centro galáctico. La primera hipótesis para su origen fue la materia oscura. Pero la señal también se observó en el limbo de la Tierra (con 4,29 sigmas), lo que llevó a pensar en un error instrumental. Un nuevo artículo observa dicha línea en el halo solar con 3,16 sigmas. La materia oscura no puede ser la responsable (si la hubiera en el halo solar en la cantidad necesaria ya habría sido detectada por otros medios). Todo apunta de nuevo a un error instrumental, aunque los expertos de la colaboración Fermi LAT no han logrado explicar aún cuál puede ser la causa y han afirmado en varias ocasiones que no puede ser causada por ningún defecto en sus instrumentos. El misterio continúa, pero la hipótesis de su origen en la materia oscura se puede descartar de forma definitiva; ni en el limbo terrestre ni en el halo solar hay materia oscura  capaz de causar esta línea en el espectro de rayos gamma de Fermi LAT. El nuevo artículo técnico es Daniel Whiteson, “Searching for Spurious Solar and Sky Lines in the Fermi-LAT Spectrum,” arXiv:1302.0427, 2 Feb 2013. Por cierto, quizás no lo sepas, pero sobre esta línea de 130 GeV, descubierta en marzo de 2012, ya se han escrito unos 100 artículos científicos.

La falta de rigor de Thomson Reuters al calcular el índice de impacto de una revista en el JCR

Dibujo20130206 impact factor increase 40 percent of current bioloty from 2002 to 2003

Ya hemos hablado en este blog en varias ocasiones de la “ingeniería” del índice de impacto, las artimañas que usan los editores de las revistas científicas para posicionarse mejor en el JCR (Journal Citation Reports) editado por la empresa privada Thomson-Reuters. Algunas “malas artes” son detectadas gracias a un algoritmo secreto (no publicado), sin embargo, otras se realizan con el consentimiento de Thomson-Reuters. Esta figura muestra cómo Current Biology subió un 40% en su índice de impacto gracias a cambiar el número de artículos que publicó en 2001: según el 2002 JCR publicó 528 artículos en 2001, pero según el 2003 JCR publicó sólo 300, ¿dónde fueron a parar los 228 artículos restantes? Las revistas científicas publican artículos de diferentes tipos (editoriales, noticias, letters, papers, reviews, book reviews, etc.). Todos pueden recibir citas, pero muchos reciben pocas citas. Los editores pueden solicitar a Thomson-Reuters que no tenga en cuenta ciertos tipos en su cuenta del número de artículos publicados. En el caso de Current Biology, este cambio supuso un incremento del 40% en el índice de impacto entre 2002 y 2003 (según Scimago, el SJR de Current Biology subió de 4,9 a 5,2, sólo un 6%). Supongo que los autores de artículos científicos que publicaron en esta revista en 2003 estarán muy contentos, pero los que publicaron en 2002 se lamentarán de que Thomson-Reuters no hiciera el cambio un año antes. ¿Saben las agencias de evaluación de investigadores y proyectos de la existencia de estos hechos? ¿Deberían ser tenidos en cuenta? Recomiendo la lectura del artículo de Björn Brembs, Marcus Munafò, “Deep Impact: Unintended consequences of journal rank,” arXiv:1301.3748, 16 Jan 2013.

Por cierto, el “índice de impacto” a veces es traducido del inglés como “factor de impacto” porque en dicho idioma se escribe “impact factor,” pero esta traducción, aunque es muy popular hoy en día, no era la recomendada hace 25 años cuando yo empecé a escuchar el término; igual que tampoco se usaba la palabra “tecnología” en lugar de “técnica,” la traducción correcta de “technology.” Pero como la lengua es algo vivo y cambiante, lo mismo alguno me criticará por seguir llamando “índice de impacto” a lo que siempre se llamó “índice de impacto” y ahora nos quieren imponer como “factor de impacto.”

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