La burbuja del ladrillo en la ciencia española

El gran problema de la ciencia en España es que muchos políticos piensan que basta con invertir en infraestructura para lograr ciencia de calidad internacional. La inversión estrella es la construcción de edificios para centros de investigación; da puestos de trabajo (de baja cualificación), da buena imagen (tanto entre científicos como entre quienes no lo son) y permite hacerse una foto que aparecerá en todos los medios (qué bonito es ver al político de turno inaugurando un nuevo edificio). El problema viene una vez que se ha construido el edificio, hay que llenarlo de equipamiento e infraestructura científica. En época de vacas flacas, como ahora con la crisis, el edificio queda abandonado y punto. En época de vacas gordas, como hace un lustro, no hay ningún problema, se equipa el edificio con la última tecnología disponible en el mercado internacional; ahora bien, los contratos públicos y la “burrocracia” conducen a que lo último de lo último acabe siendo instalado con un retraso de uno o dos años (lo que en ciertas tecnologías implica haber perdido uno o dos años de amortización de los equipos, e incluso que cuando estén instalados ya sean algo obsoletos). Pero no acaban aquí los problemas. El gran problema es quien usa los equipos y quien ocupa los nuevos edificios. Todo el mundo se pega hostias por ver cómo se repartirán los despachos y laboratorios, pero los políticos no dan un euro para contratar nuevo personal y para formar en el uso de los nuevos equipos al personal disponible. Como resultado las nuevas infraestructuras se infrautilizan, en el mejor caso. Eso sí, como algún científico adscrito al nuevo centro publique algún artículo en una revista de referencia (como Nature o Science), el político de turno le visita y se hace una foto dándole la mano. Recomiendo la lectura de Antonio Martínez Ron, “La Ciencia abandonada,” lainformacion.com, 7 mayo 2012.

“La falta de inversión ha dejado algunos centros de investigación en una situación paradójica. Instalaciones desiertas, laboratorios sin investigadores y megainfraestructuras, como el Instituto de Medicina Molecular Príncipe de Asturias (IMMPA), que costaron millones de euros, el IMMPA fue presupuestada en 50 millones de euros, pero permanecen cerradas y vacías. Son las consecuencias de la falta de dinero, pero también de la ausencia de una planificación seria en materia científica. El IMMPA brilla en mitad del campus de Alcalá de Henares como la silueta de un trasatlántico. Ocupa 50.000 metros cuadrados de superficie y alberga más de 30 laboratorios, congeladores, incubadoras de CO2 y un animalario completo, pero en su interior no hay ni un solo investigador, el edificio está completamente vacío.”

“Amaya Moro-Martín, portavoz de la plataforma Investigación Digna dice que “En la universidad hay miles de ejemplos;la política expansiva del ladrillo también se puso en práctica para construir universidades. Hemos sufrido con los centros de investigación de las mismas malas costumbres que el resto de la sociedad y la burbuja del ladrillo, la costumbre de gastarte por encima de tus posibilidades”. La falta de previsión ha conducido a una situación en la que tenemos grandes infraestructuras pero no hay dinero para pagar las investigaciones y centros como el CSIC están pidiendo a sus trabajadores que ahorren en papel o agua caliente. Invertir sin un horizonte estable produce escenarios tan paradójicos como el que vivimos, con una flota de trasatlánticos vacíos y laboratorios que cogen telarañas, mientras la tripulación de investigadores se marchan con su conocimiento fuera de España porque no hay dinero para apostar por ellos.”