“Radicales Libres” de Michael Brooks, un buen anecdotario para los aficionados a la revista New Scientist

Las anécdotas, igual que los rumores, se deforman conforme son relatadas hasta que llegan a un punto en el que, fuera de contexto, significan todo lo contrario. El cuarto libro de Michael Brooks, “Radicales Libres,” Ariel, 2012, es una buena contribución al anecdotario popular sobre los grandes científicos que han forjado la ciencia contemporánea. El Leitmotiv de la obra es que la ciencia, como cualquier otra actividad humana, está plagada de imprudencias, fraudes, plagios, escarceos con las drogas, libertinaje y otras anarquías. Todas las anécdotas presentadas están seleccionadas y sazonadas para ratificar esta visión (sesgada) de la ciencia. Pero cuidado, algunas anécdotas parecen verdaderas, pero otras no lo son (o al menos las biografías de historiadores rigurosos que yo he leído ofrecen una versión diferente de dichas anécdotas). Supongo que el lector que busca biografías rigurosas no leerá una obra como ésta, pero creo que es importante recordarlo.  Por supuesto, el libro está bien escrito, se lee bien y presenta gran número de fuentes (aunque algunas me parecen poco fiables). Por todo ello, recomiendo este libro a quien quiera una lectura ligera que le dote de anécdotas para contar en las fiestas a las que asista.

En la lista de correos interna de Amazings.es afirmé que este libro estaba repleto de errores; quizás exageré un poco, pero no he cambiado de opinión, en los libros de anécdotas las “mentirijillas” son muy habituales y en este libro es fácil encontrarlas por doquier. Prometí listar los errores en las páginas 69, 100, 169, 200, y 269, si es que hay alguno. Seleccioné estas páginas a voleo porque el número 69 parece atractivo y el número 100 parece redondo. Tendré que releer dichas páginas y no temo morderme la lengua si no encuentro ningún error en ellas. Vamos a ver.

Página 69: En las páginas 67-69, Brooks habla de la famosa ecuación E=mc² de Einstein. “En 1905, la intuición de Einstein le dijo algo “divertido y seductor”: que la masa de un cuerpo cambia si emite un pulso de luz. Esto cristalizó en su mente en la famosa ecuación (…) pero nunca consiguió demostrarla.” Esto es falso, la idea de la pérdida de masa ya fue discutida por otros (como Poincaré en 1900 e incluso antes); Einstein revisó esta idea conforme a su nueva teoría de la relatividad especial. “Y hacia 1934 varios matemáticos ya habían publicado pruebas rigurosas que contrastaban con los toscos intentos de Einstein.” Como es obvio, la demostración de Einstein, completada por Planck en 1907 y von Laue en 1911, es rigurosa y correcta desde un punto de vista físico, pero no utiliza el lenguaje matemático de las demostraciones “rigurosas” basadas en teoría de grupos (teorema de Noether y similares). El lector que no lo sepa puede verse llevado a error y pensar que la gran fórmula de Einstein se demostró 20 años después de haber sido derivada. Máxime cuando entre las fuentes para este apartado aparece el famoso artículo del Premio Nobel Steven Weinberg, “Einstein’s Mistakes,” Physics Today, 2005, que por cierto no menciona en ningún lugar la fórmula E=mc² (habla de la constante cosmológica y de las ideas de Einstein sobre la mecánica cuántica). Otras fuentes a este apartado como el libro “Einstein’s Mistakes” de H. Ohanian, me parecen poco fiables.

Página 100: En las páginas 99-100, pone el ejemplo de la predicción de los quarks de Murray Gell-Mann en 1964 y afirma que “cuando se descubrió la existencia de los quarks, Gell-Mann obtuvo un premio Nobel.Esto es radicalmente falso, ya que Gell-Mann obtuvo el Nobel de Física en 1969 por su “vía óctuple” (la teoría SU(3) del “sabor” de los hadrones) y su predicción de la partícula Omega. En 1969 aún no se habían descubierto los quarks, aunque empezaban a obtenerse las primeras pruebas experimentales en los experimentos de dispersión inelástica de electrones contra núcleos realizados por científicos del SLAC (Standord Linear Accelerator Center) y del MIT (Massachusetts Institute of Technology); Jerome Friedman y Henry Kendall (MIT) y Richard Taylor (SLAC) recibieron el Premio Nobel de Física en 1990 por estos experimentos que permitieron descubrir los quarks. En agosto de 1968, Feynman introdujo la hipótesis de los partones, pero entonces nadie los asociaba con los quarks porque no tenían las propiedades predichas para ellos (hoy sabemos que los partones son quarks y gluones, y debido a estos últimos sus propiedades observadas en estos experimentos diferían de las esperadas si solo fueran quarks, pero nadie lo sabía en 1970). El descubrimiento de los quarks fue resultado de la segunda generación de experimentos, entre 1970 y 1973, con electrones de mayor energía. El descubrimiento oficial de los quarks (y de los gluones) fue en 1973, cuatro años después del Nobel para Gell-Mann.

Página 169: En esta página se menciona la anécdota que cuenta Stephen Hawking en su famoso libro “Breve historia del tiempo” sobre una charla de cosmología que impartió en 1981 en el Vaticano. “Estaba bien estudiar la evolución del universo después del Gran Estallido, pero no el propio Gran Estallido: “éste fue el momento de la Creación y, por tanto, la obra de Dios,” dijo Juan Pablo II. Hawking cuenta con júbilo que él acababa de presentar una ponencia precisamente sobre este tema. Pero no se lo dijo al Papa.” Obviamente, en España no estamos acostumbrados a llamar “Gran Estallido” al “Big Bang” sino “gran explosión,” pero aceptemos “pulpo por animal de compañía.” Lo que es falso en este relato es bien conocido por todos los que hayan leído el libro de Hawking. Su charla en el Vaticano fue sobre el universo sin borde, un modelo del universo sin principio ni final, obtenido usando un valor imaginario puro para el tiempo en las ecuaciones de Einstein. La anécdota que Hawking cuenta con júbilo en su libro es que le invitaron a hablar en el Vaticano del inicio del universo en la gran explosión y él impartió una charla que afirmaba que el universo no tuvo inicio y no hubo gran explosión. Michael Brooks ha tergiversado las palabras de Hawking para que queden mejor en su discusión sobre Copérnico, Galileo y el papado. Un tipo de “mentirijilla” propia de los libros de anécdotas.

Página 200: En las páginas 199-201, Brooks nos lleva a la guerra civil española de la mano de Ernest Hemingway y su tragedia “Por quién doblan las campanas” (“For Whom the Bell Tolls“). Como ejemplo de guerra civil en la ciencia menciona la rivalidad entre Subrahmanyan Chandrasekhar (Premio Nobel de Física 1983) y Arthur Eddington. Brooks nos sugiere que Chandra recibió el Nobel en 1983 porque, “aunque Eddington murió en 1944, su vituperio público de la obra de Chandra tuvo un efecto duradero. La verdad es que pensar que la sombra de Eddington seguía viva 40 años más tarde de su muerte es tenerle mucha admiración, pero falsea bastante la historia real de la astrofísica. Chandra es uno de los grandes genios del s. XX y se ha caracterizado por cambiar de tópico de investigación cada dédada, más o menos. Su tesis doctoral de 1935 (donde descubrió el límite de Chandrasekhar para la masa de una enana blanca que le dio el Nobel) y su disputa con Eddington en 1936 puede que fueran el acicate de su emigración a EE.UU., pero allí cambió de tema. Hasta 1943 trabajó en la astrofísica de las estrellas, pero entre 1943 y 1950 cambió hacia la  transferencia de calor por radiación, entre 1950 y 1961 trabajó en hidrodinámica y magnetohidrodinámica, entre 1962 y 1970 estudió problemas de estabilidad de cuerpos en rotación y en relatividad general, entre 1971 y 1983 trabajó en agujeros negros, y sus últimos años los dedicó a ondas gravitatorias. Los que le conocieron dicen que Chandra trabajaba en un tema de investigación hasta que resolvía un problema importante, escribía un libro de texto con sus contribuciones, se aburría del tema y cambiaba a otro; los libros de texto de Chandrasekhar hoy en día son libros clásicos de lectura obligada para los expertos. La razón por la que Chandra obtuvo el Nobel en 1983 quizás sean los grandes avances en astrofísica nuclear, la física nuclear que explica cómo funcionan las estrellas, que se obtuvieron durante la década de los 1970. Estos grandes avances condujeron a la concesión de un premio Nobel a los padres del campo (Chandrasekhar y Fowler).

Página 269: En esta página empiezan las notas y las fuentes bibliográficas del libro. Así que no puedo comentar ningún error.

Lo dicho, el libro de Brooks se lee bien, pero hay que hacerlo con una pizca de sal y pimienta. El sesgo que imparte a las anécdotas que ha seleccionado molestará a muchos lectores, en especial a los aficionados del “espíritu anárquico del Fútbol Club Barcelona” (pág. 213); la verdad es que no entiendo por qué menciona Brooks al Barça y la “anarquía catalana” que mostró el “pueblo de Barcelona” en la Guerra Civil española. Aún así, si te gustan las anécdotas de científicos, te gustará el libro “Radicales Libres.”

3 pensamientos en ““Radicales Libres” de Michael Brooks, un buen anecdotario para los aficionados a la revista New Scientist

  1. Quería comentar por lo controvertido de este libro. Había escuchado que Topiary, un joven hacker inglés, se presentó a la justicia con este libro, por participar en actividades cibernéticas ilegales.

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