La diferencia entre las “verdades científicas” y las “afirmaciones ecologistas”

Extractos del Discurso de Gerardo Pardo Sánchez, “Contaminación Electromagnética,” E.T.S.I. Industriales, Universidad de Málaga, 17 marzo 2011.  Mi selección de estos extractos puede cambiar el sentido de las palabras originales y del discurso del Dr. Pardo Sánchez. Cualquier crítica a esta entrada debe ser dirigida a mí y no al Dr. Pardo Sánchez, cuyo discurso hemos disfrutado todos los asistentes.

Las verdades científicas conllevan un pequeño nivel de riesgo experimental (ignorancia), mientras que las afirmaciones ecologistas enfrentadas se presentan como indiscutibles. La ciencia avanza mediante la investigación, que siempre conlleva cierto grado de incertidumbre experimental. Hay que asignar un cierto grado de probabilidad a los resultados, nivel de confianza o de incertidumbre, nivel de riesgo. La forma científica de entender una cuestión es relacionar directamente verdad y probabilidad. El público está expuesto a niveles de radiación tan bajos que no se han detectado efectos directos. Este tipo de situaciones (la ausencia de efectos directos), aunque parezca contradictorio, es el clima ideal para la controversia pública. Sorprende que sea normal que se discuta “sobre lo que se sabe y sobre lo que se ignora,” cuando los resultados científicos deberían admitirse sin más y los que no lo son, ignorarse. Cuando se trata de exposiciones a niveles de intensidad muy bajos, la ciencia no puede asegurar la ausencia de daño. Para la ciencia no existen normas de riesgo cero. Siempre hay una probabilidad despreciable de que un suceso ocurra.

Las investigaciones sobre los efectos biológicos de la radiación a niveles muy bajos resultan de experiencias erróneas y son efectos gato (el gato es un animal sigiloso que aparece y desaparece de la escena, sin dejar rastro). Estos resultados de estudios epidemiológicos y de investigaciones biomédicas no se pueden confirmar por otros científicos. Hay muchos ejemplos que ilustran que probar la presencia de efectos a dosis bajas es difícil, pero todavía lo es más demostrar la ausencia de peligro, siendo imposible probar el riesgo cero, es decir, la ausencia de riesgos. En las ciencias de la salud las pruebas concluyentes son difíciles. Ni siquiera es fácil determinar las dosis umbrales o límites. La clave de un plan de experiencias es la reproducibilidad de los resultados. La ausencia de esta última garantía es la causa común de las controversias.

Las normas internacionales son el instrumento, o fórmula social, que equilibra los beneficios del uso de la tecnología con los costes medioambientales que ese uso conlleva. Para el ingeniero es esencial saber el riesgo potencial del uso de cualquier tecnología. Este riesgo debe ser del mismo orden de  valor que los ya aceptados en otras situaciones. El ingeniero sabe bien que menor riesgo implica un mayor coste y un riesgo próximo a cero equivale a un coste próximo a infinito. En fin lo ético y razonable debe ser mantener unos niveles de riesgo que estén dentro del intervalo de aceptación de una sociedad sostenible que, por principios, respeta el presente y tiene en cuenta el futuro de la humanidad.

El sentido común del buen Ingeniero no debe olvidar comparar la radiación de origen antropogénico con la de origen natural, los campos ambientales. Vivimos rodeados de radiación. Ingenieros, recordad que en todas las situaciones contaminantes se deben establecer límites cada vez más precisos que legitimen vuestras actuaciones. Se trata de dosis para las cuales el riesgo para el público o para el trabajo no es serio y siempre del mismo nivel o inferior al de otras situaciones de riesgo: pasear en bicicleta, atravesar un paso de cebra, ir en coche durante 10 minutos, etc. Las Normas deben considerar los riesgos conocidos e incluir un “factor de seguridad” de forma automática. El problema social y legal reside en las dosis bajas, inferiores a los límites. Los que desconocen que el riesgo cero no existe, muchos grupos ecointransigentes, tampoco tienen en cuenta el carácter limitado de los presupuestos (nacionales, regionales, etc.). Todo ello acaba endeudando a las generaciones futuras. Siempre se debería tener en consideración que algunos gastos con la sana finalidad de evitar contaminaciones presumibles son los que impiden actuaciones necesarias para la población presente y futura.

La abundancia de mitos en relación a los temas de ingeniería ambiental justifica la importancia que tiene en el mundo tecnológico tener ideas precisas sobre los fundamentos científicos de los problemas ambientales. En ingeniería ambiental es esencial funcionar con sentido científico común, que por cierto hoy es muy poco común en la sociedad actual. Las decisiones ambientales (algunas discutibles y superfluas) se financian con impuestos y en ocasiones a expensas de necesidades estructurales imperiosas: educativas, sanitarias, de I+D+i, etc. Es imprescindible la contraposición entre la necesidad de usar dispositivos industriales, médicos y energéticos mejores y el terror social contra estas instalaciones. La mejor defensa contra los mitos y contra el marasmo en el que está sumida la sociedad actual es la formación científica continua.”

“Si de noche lloras por la ausencia del Sol, nunca verás las estrellas.” R. Tagore, poeta hindú.