Los jugadores de tenis más prestigiosos de la historia según el algoritmo PageRank

Una variante del algoritmo PageRank de Google aplicada al análisis de 133.261  partidos de tenis de la ATP jugados por 3.700 tenistas profesionales entre 1968 y 2010 indica que el jugador de tenis “más prestigioso” de la historia es Jimmy Connors (EE.UU. 1970-1996), seguido de Ivan Lendl (EE.UU. 1978-1994), John McEnroe (EE.UU. 1976-2002) y Guillermo Vilas (Argentina, 1969-1992). Manuel Orantes (España 1968-1984) es el número 15, y Rafael Nadal (España 2002-2010) es el número 24; no hay ningún otro español entre los 30 primeros puestos. Los datos analizados se han obtenido de la web de la ATP (Association of Tennis Professionals). Solo se han considerado los partidos de Grand Slam y del ATP World Tour (un total de 3640 torneos entre 1968 y 2010). El artículo técnico es Filippo Radicchi, “Who is the best player ever? A complex network analysis of the history of professional tennis,” ArXiv, 20 Jan. 2011.

El algoritmo PageRank se basa en la idea de que el prestigio de un jugador no está relacionado con su número de victorias sino con la calidad de las victorias: un jugador gana más prestigio cuando le gana a jugadores con más prestigio que a jugadores con menor prestigio. Para determinar el prestigio, Radicchi ha construido un grafo que conecta los tenistas de la ATP de tal forma que el jugador j se conecta con el i cada vez que el jugador i le gana un partido al jugador j. Cada conexión entre los jugadores j e i recibe un peso w(j,i) igual al número de veces que el jugador j ha perdido con el jugador i. Para determinar el “prestigio tenista” de cada jugador se asume que cada jugador inicialmente tiene un prestigio igual a la unidad y que el prestigio se transmite a través de los enlaces de la red multiplicada por el peso. El cálculo del prestigio requiere resolver un problema de álgebra lineal (un sistema acoplado de ecuaciones lineales).

Los interesados en todos los detalles del análisis realizado disfrutarán con la lectura del artículo original. Me limitaré a resumir algunos resultados curiosos. Entre los 10 jugadores de mayor prestigio se encuentran 9 jugadores que han sido número 1 de la ATP. Jimmy Connors es el jugador con la trayectoria más regular y más larga de entre todos los jugadores, llegando a estar en el top 10 de la ATP durante 16 años consecutivos (1973-1988). Rafael Nadal, el número uno actual del ránking de la ATP, ocupa el puesto 24 en el ránking de prestigio aunque tiene una trayectoria muy corta por su gran calidad como jugador; si solo se tienen en cuenta el número de sus victorias ocuparía el puesto número 40.

Rod Laver fue el mejor jugador entre 1968-1971 (cuando el ránking de la ATP todavía no existía). Por décadas, los mejores jugadores fueron Jimmy Connors (1971-1980), Ivan Lendl (1981-1990), Pete Sampras (1991-2000) y Roger Federer (2001-2010). Los mejores jugadores en tierra batida, césped y cemento son Guillermo Vilas, Jimmy Connors y Andre Agassi, respectivamente.

En resumen, un artículo curioso del que disfrutarán todos los aficionados al tenis. Acabaré copiando el listado de los 30 tenistas más prestigiosos.

En fin, lo dicho, que mañana me pondré. Prometido

Gran entrada de Sergio Parra, “¿Qué es la procrastinación y por qué tendemos a ella?,” GenCiencia, 20 de enero de 2011. “La procrastinación es el hábito de aplazar las cosas que deberíamos hacer, enredándonos en tareas menos importantes o incluso gastando nuestro tiempo deliberadamente en cosas que nos obligamos a creer que son más perentorias. Todo ello por miedo, por pereza, porque analizar demasiado algo nos lleva a la parálisis… porque nuestro cerebro está diseñado para ello.

“Internet en sí mismo es una fuente infinita de procrastinación.”

Según el psicólogo Gary Marcus, “entre el 15 y el 20 por ciento de todos los adultos se ven crónicamente afectados; y no puedo por menos que preguntarme si el resto sencillamente miente. A la mayoría de las personas les preocupa la tendencia a postergar; en general la describen como algo malo, perjudicial y estúpido. Y, sin embargo, casi todos incurrimos en ella.