Una pulga capaz de provocar un terremoto en el Everest

 

Titular provocativo, pero elocuente. Así describen los autores su logro. Demuestran como un cristal con 1020 átomos se pone a vibrar cuando lo atraviesa por efecto túnel un único electrón. Para estudiar un resonador micromecánico se utilizan electrones o fotones, que afectan a sus vibraciones. El efecto suele ser pequeño y puede ser despreciado, salvo en algunos sistemas, como los nanotubos de carbono. Stettenheim et al. publican en Nature un ejemplo aún más sorprendente. Un objeto (micro)mecánico macroscópico vibra al son del ruido cuántico, las fluctuaciones estadísticas (por efecto túnel) de sus electrones. Han utilizado como oscilador micromecánico un contacto puntual cuántico (quantum point contact o QPC) construido con arseniuro de galio (GaAs). Sin ruido cuántico el oscilador no debería vibrar, pero por un efecto similar al movimiento browniano, en el que un grano de polen en agua se mueve por las fluctuaciones estadísticas de las moléculas que le golpean, el oscilador se resuena al ritmo de las fluctuaciones cuánticas de los electrones de conducción que lo atraviesan. Un ejemplo dramático  de la interacción entre el mundo cuántico y el clásico. El artículo técnico es Joel Stettenheim et al., “A macroscopic mechanical resonator driven by mesoscopic electrical back-action,” Nature 466: 86–90, 01 July 2010.