Por qué a los hombres con ojos azules les gustan más las mujeres con ojos azules

Dibujo20090509_blue_brown_eye_closeupCientíficos noruegos han comprobado que a los hombres con ojos azules les gustan más las mujeres con ojos azules. Sin embargo, a las mujeres con ojos azules no les gustan más los hombres con ojos azules que los que los tienen morenos. ¿Cómo? El estudio ha utilizado a noruegos y noruegas (el 55% son rubios y de ojos azules). Los ojos azules tienen una ventaja evolutiva, mejoran la visión de los colores azules y púrpuras (longitudes de onda más cortas), es decir, la agudeza visual bajo la tenue luz de las regiones circumpolares y los ambientes marítimos con niebla. El artículo técnico, si alguien interesa, es Bruno Laeng, Ronny Mathisen, Jan-Are Johnsen, «Why do blue-eyed men prefer women with the same eye color?,» Behavioral Ecology and Sociobiology 61: 371-384, enero de 2007 .

By the way. Siempre se ha dicho que a los españoles (morenos y de ojos oscuros) nos gustan más las rubias con ojos azules (patrón de las suecas y noruegas). Muchos pensarán que, por tanto, a los noruegos les gustan más las morenas de ojos oscuros. Todo hay que estudiarlo estadísticamente y quién si no iba a estudiarlo: científicos noruegos.

Por cierto y antes de las críticas en los comentarios. ¿Españoles morenos y de ojos oscuros? En realidad el 18% de los españoles tienen ojos azules (Carleton Stevens Coon, «The races of Europe,» The Macmillan Company, 1939 ).

Retomando el estudio noruego. Se han utilizado fotos de la cara de mujeres jóvenes y hombres adultos (curioso pero así lo declara el artículo, curioso) con ojos azules y morenos, cuyo atractivo ha sido calificado (¿cuantificado?) por hombres y mujeres jóvenes (88 en total) con ojos azules y morenos. El color de los ojos de l@s modelos de las fotos ha sido manipulado con Photoshop para que la misma cara aparezca con diferente color de ojos. No se ha observado diferencias a la hora de evaluar el atractivo de caras con color de ojos natural o trucado. Los sujetos con color de ojos moreno no han mostrado preferencia por los modelos con color de ojos azules o moreno. Sin embargo, los hombres con ojos azules prefieren a las modelos con ojos azules.

Dibujo20090409_blue_eye_superstar_paul_newmanHombres, siempre hablando de hombres. ¿Y a las mujeres? ¿Les gustan más a las mujeres con ojos azules los hombres con ojos azules? El estudio no lo ha evidenciado. Curioso. Muy curioso. Notad que si fuera así, la población de países como Noruega tendería a tener toda su población con ojos azules y sólo el 55% los tiene. Curiosos estos estudios noruegos.

En el estudio noruego también se ha preguntado a 443 jóvenes adultos de ambos sexos y diferente color de ojos, cuál es el color de ojos de sus parejas. La única correlación significativa observada en las respuestas es que los hombres con ojos azules tienen parejas con ojos azules. La correlación no ha sido observada en mujeres con ojos azules.

¿Por qué estudiar estas cosas? Desde el punto de vista genético mendeliano, tener ojos azules es un carácter recesivo, concuerdan genotipo y fenotipo (una persona con los ojos marrones tiene al menos un alelo marrón en el cromosoma 15, alelos azules y marrones, y puede tener cualquier combinación en el 19, alelos azules y verdes). ¿Por qué se conserva un carácter recesivo como los ojos azules? Lo que los noruegos han observado es que se conserva porque a los que tienen los ojos azules les gustan los ojos azules.

Ecología humana. «Selección natural» en grupos humanos. En las regiones del planeta en las que tener ojos azules no es una desventaja es natural que se observe una preferencia por el fenotipo que los presenta. Lo curioso es que ambos sexos no tengan las mismas preferencias.

Cómo miramos y cómo nos miran (o sobre «un repaso rápido» antes de «atacar»)

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Lo primero que una persona mira de otra persona es la cara. Lo que se mira luego y cómo se mira depende del sexo. Un hombre mira a una mujer de forma diferente a como mira a otro hombre. Una mujer mira a otra mujer de forma diferente a como mira a un hombre. Todos los sabemos. ¿O no? La primera evidencia experimental publicada en revistas internacionales (según sus propios autores) que ratifica, por un lado, y cuantifica, por otro, lo que todos ya sabemos (o intuimos) la obtuvieron psicólogos alemanes el año pasado [rescato un borrador de mi blog]. Utilizaron un «seguidor del movimiento de los ojos» (eye-tracker) y presentaron 30 fotos de 15 hombres y 15 mujeres vestidos con ropa informal a un conjunto de 13 hombres y 14 mujeres entre 19 y 37 años quienes no sabían para qué era el estudio (pensaban que se medía la dilatación de su pupila en función del nivel de gris de las imágenes). El resultado de su estudio aparece resumido en la figura de arriba. Tanto hombres como mujeres tienen como objeto principal de atención la cara de la persona que observan. Tras mirar la cara, los hombres miran antes y durante más tiempo los pechos, mientras que las mujeres prefieren observar las piernas. El estudio lo realizaron investigadores alemanes del Lehrstuhl für Biologische und Klinische Psychologie, Friedrich-Schiller-Universität Jena, Johannes Hewig, Ralf H. Trippe, Holger Hecht, Thomas Straube, and Wolfgang H. R. Miltner, «Gender Differences for Specific Body Regions When Looking at Men and Women,» Journal of Nonverbal Behavior 32: 67-78, junio de 2008 .

¿Por qué? Los psicólogos evolutivos lo asocian a la búsqueda de pareja («ligar») para obtener ventajas reproductivas en la pareja: buscamos en el sexo opuesto las características físicas que indican buena salud, un buen fenotipo y una buena calidad genética. ¿Eran todos los voluntarios seleccionados para el experimento heterosexuales? Según los propios autores, sí, lo eran («the results of the rating data correspond with the heterosexual orientation of the participants»), aunque en ningún momento afirman que se lo preguntaran. ¿Por qué una mujer le mira las piernas a otra mujer tanto como a un hombre? Los investigadores (todos hombres) especulan que por comparar socialmente a sus rivales («some kind of rivalry and social comparison, yet further research is necessary to examine such effects»).

Alguno de vosotros me dirá que no se cree que este estudio sea el primero que estudia cómo miramos y cómo nos miran como proclaman los autores del artículo. Por supuesto, tiene razón. Los autores afirman que es el primer estudio en el que se usan fotografías de cuerpos vestidos. ¿Cómo? Sí, es así, estudios previos utilizaban fotografías de cuerpos desnudos o con poca ropa. Incluso hay estudios que han utilizado fotografías eróticas (no sé si pornográficas ya que se aclara en el artículo, ni se muestran las fotos). ¿En el artículo? Bueno, me refiero a un artículo concreto. ¿Interesado? ¡Ay pillín! ¡Ay pillina! El artículo que he ojeado (habrá muchos más) es de los norteamericanos Heather A. Rupp y Kim Wallen, «Sex Differences in Viewing Sexual Stimuli: An Eye-tracking Study in Men and WomenHormones and Behavior 51: 524-533, April 2007 . Por cierto, estudiaron a las mujeres durante el periodo menstrual, antes y después, y a los hombres en intervalos equivalentes de tiempo (tres sesiones por individuo). Estudiaron mujeres que tomaban la píldora anticonceptiva y que no la tomaban.

¿Qué pensáis que fue la parte del cuerpo que más tiempo miraron los hombres del estudio en las fotos de mujeres practicando sexo explícito? La cara. La cara de las mujeres. Igual que en el estudio de 2008 para mujeres vestidas, la cara fue lo contemplado por más tiempo según los «eye trackers» (que no mienten). ¿Se encontraron diferencias entre las mujeres que tomaban la «píldora» y las que no la tomaban? Las primeras pasaron más tiempo contemplando objetos contextuales (ropa, decoración) que en las regiones genitales, como ocurrió con las segundas. ¿Afecta el ciclo menstrual en cómo las mujeres miran fotos eróticas? Según el estudio, no, no se ha encontrado evidencia al respecto.

Bueno, alguno me dirá, yo quiero leer este último estudio, pero no tengo acceso a ScienceDirect de Elsevier. No hay problema, aquí está una versión gratuita (os recuerdo, no hay ejemplos de las fotos de sexo explícito utilizadas, no os vayáis a confundir buscando lo que no hay).

Este tipo de estudios, que yo no entiendo pues soy científico-técnico y no científico-social, siempre me dejan con «mal sabor de boca.» ¿Realmente se pueden extraer conclusiones (especular) hasta el extremo que los investigadores lo hacen? Quizás todos los científicos-técnicos también especulamos.

La física de los cristales de nieve

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La figura ilustra la gran variedad de formas que pueden adoptar los cristales de nieve. En última instancia, esta gran variedad de formas (morfología) de los cristales es una función de la temperatura y de la supersaturación del vapor de agua en el momento en el que crecen (esto se descubrió hace 75 años) y hoy creemos entender sus principios físicos generales. El cristal empieza a crecer alrededor de una pequeña impureza química disuelta en el aire. La estructura molecular de la superficie del cristal de hielo es extremadamente sensible a los factores ambientales, siendo esta sensibilidad la última responsable de su gran variedad morfológica. El proceso de solidificación limitada por la difusión explica gran número de los patrones que observamos, como el crecimiento de dendritas. Los mecanismos físicos que gobiernan la formación de cristales de nieve, un caso particular de la dinámica del crecimiento cristalino en fase de vapor, se estudian con detalle en el artículo de revisión de Kenneth G. Libbrecht, «The physics of snow crystals,» Reports on Progress in Physics 68: 855-895, 2005 , de donde he extraído las figuras de esta entrada y que recomiendo a los interesados en detalles técnicos. En esta entrada me limitaré a mostraros imágenes. ¿Más vale una imagen que mil «palabros»?

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Diagrama morfológico de los cristales de nieve en función de la temperatura y del grado de supersaturación del vapor de agua. (C) Furakawa

Johannes Kepler en 1611 escribió el primer tratado científico dedicado a la morfología de los cristales de nieve desde un punto de vista científico.  René Descartes también los estudió en 1637 en su tratado sobre los fenómenos meteorológicos «Les Météores.» Estas primeras investigaciones observaron la variedad de los cristales pero no pudieron explicarla. Desde finales del s. XIX, con la aparición de la fotografía, Wilson Bentley catalogó varios miles de imágenes de cristales de nieve (publicadas en 1931). Las bellas imágenes de Bentley son las responsables de que los cristales de nieve se hayan convertido en un icono del invierno. Ukichiro Nakaya realizó los primeros estudios en laboratorio del crecimiento cristalino en los 1930, obteniendo los primeros cristales de nieve «sintéticos» a diferentes temperaturas y supersaturaciones. El diagrama morfológico de más arriba es producto de su trabajo. Muestra el crecimiento de cristales de nieve a una presión estándar de 1 atmósfera (actualmente se ha extendido hasta temperaturas de -70°C. En la naturaleza muchos copos de nieve son policristalinos (unión de diferentes tipos de cristales) ya que las condiciones de temperatura y supersaturación pueden cambiar mientras crecen y pueden aparecer nueva impurezas o puntos de nucleación, lo que incrementa la variedad de sus formas.

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El crecimiento de los cristales de nieve viene controlado por varios factores en competición: la difusión de las partículas de hielo, las pérdidas de calor latente por la solidificación, y la formación del frente de solidificación que determina las condiciones de contorno para la difusión. Son tres fenómenos que compiten entre sí. Dependiendo de las condiciones ambientales, uno de estos fenómenos pueda dominar sobre el resto o dos de ellos pueden competir entre sí sin contar con el tercero. Como estos fenómenos son no lineales su competición es responsable de la enorme variedad y belleza de la morfología de los cristales resultantes. Los que tengan acceso al artículo original y estén interesados en los detalles, disfrutarán con el artículo de Libbrecht, cuyo contenido matemático más técnico ha sido reducido al mínimo. Un buen artículo del que os mostraré, para acabar, otra más de sus múltiples y bellas fotografías de cristales de nieve.

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