No me quiero jubilar a los 65, esperaré a los 70 (o los “viejos” publican más que los “jóvenes”)

"Buen articulo Morton. Trabájalo un poco más hasta que parezca mio."

Hay algunas cosas que parecen obvias, pero a veces alguien te las tiene que contar para que te des cuenta de ello. Por ejemplo, los investigadores “viejos” que siguen en activo son mucho más productivos que los “jóvenes”. Los investigadores “viejos” que no siguen en activo, obviamente no producen. Lo acaban de “descubrir” los canadienses Yves Gingras, Vincent Lariviere, Benoit Macaluso, Jean-Pierre Robitaille, “The effects of aging of scientists on their publication and citation patterns,” ArXiv preprint, 23 oct 2008 . A mí me parece la “cuenta de la vieja”, pero Geoff Brumfiel, “Older scientists publish more papers. Age is no barrier to productivity,” lo acaba de aprovechar para publicar en Nature, 28 oct 2008 , que no es “moco de pavo,” aunque él lo tiene fácil pues es periodista científico de la propia Nature desde 2002.

Los investigadores de la Universidad de Quebec, en Montreal, Canadá, estudiaron las publicaciones de casi 14.000 investigadores y encontraron que los que cincuentones y sesentones publican casi el doble de artículos que los treintañeros. Más aún, sus artículos son altamente citados. Los investigadores que se mantienen productivos son más productivos. ¡Gran descubrimiento!

Obviamente, nos comenta Brumfield que ha dicho Anthony van Raan de la Universidad de Leiden en Holanda, “Mayor impacto no es lo mismo que originalidad,” en cualquier caso, “es mejor dejar que los investigadores que no quieran jubilarse puedan continuar su trabajo, ya que pueden ser muy productivos.”

Hay algo que el estudio no ha tenido en cuenta, los investigadores “senior” suelen tener grupos de investigación más grandes, de ahí que publiquen más, y con miembros “junior” (estudiantes pre y postdoctorales) en su “mejor” momento de productividad y creatividad, de ahí que logren gran impacto.

Otro factor a recordar es que los investigadores “senior” en sus campos suelen ser mucho más conocidos en los círculos científicos, respetados y en muchos casos hasta admirados. Además, les es más fácil lograr fondos públicos y privados para subvencionar sus investigaciones.

En cualquier caso, como me decía un buen amigo (catedrático de universidad español de 63 años) aún en activo: “este año va a ser mi mejor año,” en cuanto a número de artículos publicados e índice de impacto de las revistas en las que se han publicado. Más aún, me decía, “el año pasado fue mi mejor año.” Por cierto, este amigo está enamorado de la ciencia y sigue trabajando hasta los domingos. ¡Envidio su buen estado de salud mental! Espero con su edad ser capaz de producir al menos la mitad de lo que él es capaz.

También admiro a otro amigo, quien cumplió el año pasado la friolera de 90 años, quien sigue viniendo al despacho que le han prestado (ya no está oficialmente vinculado con la universidad) todos los lunes, miercoles y viernes, sin falta, a primera hora, para seguir aprendiendo, para seguir enseñando. ¡Bravo!

Piones, los “másters” del universo (o lo numerológico de la numerología)

La numerología es el “arte” de ver “lo que uno quiere donde no lo hay”. Aunque pueda parecer broma, muchos grandes genios de la física y de la matemática han “creído” en la numerología. De todos es conocido que Newton dedicó la segunda parte de su vida a la política, en su parte pública, y a la numerología bíblica, en su parte privada (“alquimista” de vocación, quiso descubrir lo que Dios había escribo en la Biblia, en su idioma “original”, para que sólo los “supergenios” como él lo descubrieran). En el s. XX ha habido muchos “genios” numérologos, pero destacan entre todos dos grandes genios, Dirac y Eddington.

El valor numerológico de ciertas magnitudes suele ser una aproximación muy mala al valor exacto, pero muchas veces pasan décadas hasta que los físicos experimentales logran demostrar la diferencia (encontrar el valor exacto). Cuanto mayor incertidumbre tenga una magnitud, mejor para el numerólogo (quien más confiará en ella). Por ejemplo, ¿cuántas partículas elementales hay en el universo? Unas 10^80 más o menos. Bien para el numerólogo, el “disfrutón de los más o menos.”

Al grano, Dragan S. Hajdukovic (el de la foto), nos presenta en “Pions- lords of the Universe,” ArXiv preprint, 26 oct 2008 , una relación “mágica” entre la masa del pión (hay 3 piones), la constante de Hubble (difícil de medir experimentalmente) y las constantes físicas fundamentales. Aclaro. Hay 3 piones, uno neutro (π0) con masa 134.98 MeV/c^2, que en realidad son dos partículas “idénticas” formadas por una pareja quark-antiquark (abajo-antiabajo o arriba-antiarriba), y dos piones cargados (π+ y π-) con masa 139.57 MeV/c^2, también formados por una pareja quark-antiquark (arriba-antiabajo y abajo-antiarriba). La constante de Hubble mide la “velocidad” de expansión del universo, un parámetro extremadamente difícil de medir cuyo valor ha fluctuado durante todo el s. XX y sigue haciéndolo en la actualidad en el contexto de un universo que se expande de forma acelerada.

El artículo se inicia con la fórmula “aproximada” (aunque tiene un signo de igualdad) que vemos a la izquierda, que notó por primera vez el Premio Nobel Steven Weinberg en su famoso libro “Gravitation and Cosmology.” El autor “mejora” esta aproximación y sugiere una interpretación para la misma: el vacío cuántico del universo está dominado por la contribución de un gas de piones virtuales de masa gravitatoria nula, por eso no han sido detectados como materia ordinaria (bariónica). El autor sugiere que este gas de piones virtuales son la energía oscura, es decir, más del 70% del universo. Los piones son los “señores” del Universo, según el autor, aunque yo he preferido “los másters del universo.”

Nunca se sabe si las coincidiencias numerológicas encierran algo de verdad, alguna “misteriosa” verdad aún por descubrir. Cuando se “eleva” una coincidencia a “verdad” absoluta, se obtienen “nuevas leyes” de la Naturaleza. Por ejemplo, Dirac (1937-1938) supuso que el cociente H/G (donde H es la constante de Hubble y G la constante de gravitación universal de Newton) es constante en el tiempo desde la Gran Explosión hasta el momento presente. Como H varía desde el inicio de la Gran Explosión, G también debe variar. Dirac “predecía” gracias a su “teoría” la gran debilidad de la gravitación en el presente: un universo antiguo nos da una gravedad débil. Como es bien sabido, dicha relación es incompatible con todo nuestro conocimiento actual sobre cosmogonía (el origen y evolución del universo). Actualmente es insostenible.

Hajdukovic mejora la fórmula de Weinberg, proponiendo la que aparece a la izquierda. En la que reemplaza H0 (que no es constante) por una magnitud de valor comparable a ella que es “aparentemente” constante. En concreto, Ω es la densidad de energía total del universo relativa a la densidad crítica para que el universo sea plano y rH = c/H es el llamado radio de Hubble del Universo. Esta relación es “aparentemente” mucho más exacta que la anterior, pero sigue teniendo cierta incertidumbre (por ejemplo, qué valor se usa para la masa del pión). El autor afirma que la relación anterior tiene una profunda y misteriosa relación con la energía oscura que “domina” el universo en la actualidad. Es debida a la existencia de un gas de piones virtuales sin masa gravitatoria (¿?) que tiene una temperatura “gravitacional”, el responsable último de la energía oscura (que actualmente no tiene explicación convincente, pero se modela como una constante cosmológica de Einstein no nula).

¿Dónde está la energía oscura en la fórmula anterior? Para dejar más clara su idea propone una fórmula aún más precisa todavía (también aparece a la izquierda), que tiene en cuenta el número de grados de libertad de un pión nf y ΩΛ la densidad de energía oscura. Despejando esta última de esta nueva fórmula se obtiene un valor cercano al observado experimentalmente en el WMAP. Pero, cuidado, ¿cuántos grados de libertad tiene un pión? ¿Quién lo sabe? Bueno, el autor propone que ¡es obvio! que son 48 (será para que todo le cuadre).

Este juego de fórmulas, estimaciones, parámetros imposibles de determinar (como nf) a los que se les da un valor “razonable” (bueno, se “ajusta” para que todo funcione y luego se justifica que es el valor más razonable) es muy habitual en el campo de la numerología. En este sentido el artículo de Hajdukovic es un excelente ejemplo y merece ser comentado por ello, aunque sin olvidar que no estamos hablando de “ciencia” sino de “religión.”

PS: por cierto, tres fórmulas matemáticas en una sola entrada y además, todas “mentira”. ¡Qué fuerte!