No dormir lo suficiente está relacionado con la obesidad

La mayoría de nosotros (un 70% de los europeos) no duerme lo suficiente, con lo que nuestro reloj biológico y nuestro reloj social difieren en más de una hora (el llamado jet lag social o disritmia circadiana). Un estudio epidemiológico indica que este desfase es un predictor del índice de masa corporal, en especial en quienes son obesos. La solución es sencilla, dormir más y mejor (si nuestro ritmo de vida nos lo permite). El análisis se basa en 65.000 europeos que han completado el test MCTQ (Munich ChronoType Questionnaire) que estudia cómo dormimos tanto en días laborales como en nuestros días asueto. Al menos un tercio de los participantes sufre un jet lag social de al menos 2 horas, en especial los adolescentes. Por supuesto, hay muchos factores que afectan a la obesidad y al incremento del índice de masa corporal (BMI) además de la duración del sueño. El reloj circadiano que controla el tiempo que dormimos depende de factores genéticos, la edad, el sexo y otros factores ambientales, como la exposición a la luz. ¿Por qué influye la pérdida crónica de sueño en la obesidad? Los ritmos circadianos que regulan el sueño también regulan la homeostasis del metabolismo energético, la síntesis de moléculas de ATP en las mitocondrias. Por ello, la disritmia circadiana puede contribuir a patologías relacionadas con la obesidad. El artículo técnico es Till Roenneberg, Karla V. Allebrandt, Martha Merrow, Céline Vetter, ”Social Jetlag and Obesity,” Current Biology 22: 939-943, 10 May 2012.

El estudio muestra que durante los últimos ocho años, la duración del sueño en los días laborales no ha hecho más que disminuir, y que el tiempo que pasamos en la calle al aire libre también ha disminuido, tanto en verano como en invierno. Quizás la televisión, la web y las redes sociales hayan influido.

El número promedio de horas que dormimos depende de la edad, como muestra esta figura. Lo más interesante es observar que en los días de asueto dormimos más, hasta alcanzar la jubilación, con lo que está claro que nuestro ritmo de vida es clave en relación a nuestro jet lag social.

La correlación entre el jet lag social y el índice de masa corporal, sobre todo en los obesos, es bastante clara, como muestra esta figura. Los que quieren mantener su línea para este verano, ya lo saben, deberían empezar por tratar de dormir más (además de hacer algo de ejercicio, controlar la ingesta y otras medidas bien conocidas).

Por cierto, el jet lag también está relacionado con la interrupción del embarazo en ratones, según K.C. Summa, M.H. Vitaterna, F.W. Turek, “Environmental Perturbation of the Circadian Clock Disrupts Pregnancy in the Mouse,” PLoS ONE 7: e37668, May 23, 2012. Los trabajadores de las líneas aéreas no deben preocuparse ya que cuando el reloj se desplaza hacia atrás y hacia adelante de forma alternada y periódica el efecto disminuye mucho.

¿Por qué engordamos? ¿Para qué sirven las dietas? (o si comes más, más engordas)

¿Por qué engordamos? Porque comemos (ingerimos) más de lo que necesitamos (consumimos). ¿Cuál es la mejor manera de adelgazar, la mejor dieta? Comer menos. Lo mejor es hacerlo reduciendo de forma gradual la ingesta (por supuesto, es conveniente no comer entre horas, no comer “chucherías”, etc.) buscando alcanzar poco a poco un equilibrio entre lo que comemos y lo que gastamos. La mayoría de las dietas tratan de disociar alimentos que nomalmente tomamos juntos, con objeto de que nos “guste” menos lo que comemos (todo el mundo se queja cuando está a dieta) y de esta forma que comamos menos (como en España todo el mundo come con pan, la mayoría de las dietas prohiben comerlo, que por cierto, ahora está carísimo con la “excusa” del bioetanol).

El artículo de Carson C. Chow and Kevin D. Hall, “The dynamics of human body weight change,” ArXiv preprint (Submitted on 21 Feb 2008), presenta un modelo matemático muy sencillo del equilibrio entre lo que comemos, lo que gastamos, y lo que engordamos. Aunque el modelo es muy sencillo creo que es interesante dada la gran importancia del problema de la obesidad en toda las sociedades occidentales. 

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El artículo presenta tres modelos típicos, pero considera que el último, el más sencillo, bidimensional (llamado modelo de la partición de energía, últimas ecuaciones en la figura de arriba) es suficiente general como para ser considerado la reducción más plausible de cualquier modelo que se desarrolle. Analizan dicho modelo con detalle. Este modelo presenta dos posibles soluciones (atractores) a largo plazo, uno en el que la cantidad de grasa en el cuerpo y el peso están unívocamente determinados y otro en el que la cantidad de grasa almacenada puede tener un valor arbitrario. Sorprendentemente, las perturbaciones en la ingesta (lo que comemos) o en nuestra actividad física (lo que gastamos) puede conducir a los mismos resultados experimentalmente en ambos modelos, no permitiendo distinguir entre ambas posibilidades. Este resultado implica que es difícil saber para un dietista si una dieta y un plan de ejercicios concretos nos hará adelgazar o no. El modelo por tanto abre la puerta a la necesidad de desarrollar modelos más refinados que pueden ser incorporados a la práctica clínica.

Más técnicamente el modelo matemático estudia los equilibrios de los flujos de macronutrientes, en concreto grasas, proteínas y carbohidratos, permitiendo estimar cómo cambia el peso corporal a lo largo del tiempo mediante un sistema dinámico en tiempo continuo (modelo compartimental o de parámetros concentrados). Tomando un espacio de fases (estados) bi-dimensional, fijando la ingesta y el nivel de actividad física, el peso corporal y la composición corporal (en macronutrientes) se aproximan a dos tipos de atractores posibles. Por un lado, un estado estacionario de dicho modelo(punto de equilibrio mostrado en el plano de fases (a) en la figura de abajo), que permite que el peso corporal esté fijado unívocamente y la posibilidad de recuperar dicho peso ante perturbaciones (en la ingesta, una “comilona”, o en la actividad física, un “sobresfuerzo”). Por otro lado, a una variedad invariante (mostrada en la parte (b) de la figura de abajo, donde la línea de puntos es la variedad invariante), en la que el peso puede tomar un valor arbitrario, de forma tal que una perturbación puede cambiar permanentemente el peso y/o la composición del cuerpo (cambiar la variedad invariante).

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El artículo propone que los dos comportamientos observados en su sistema dinámico son genéricos y modelos más refinados sólo tendrán comportamientos más exóticos (múltiples estados de equilibrio, ciclos límite, o incluso caos determinista) si se hace una ajuste fino de los parámetros, luego serán modelos menos plausibles.

Hablando de comer y engordar… quizás te preguntes ¿por qué en la primera figura de esta entrada “el gordo” aparece con una bebida con pajita en la mano? Porque es bien conocido que las bebidas gaseosas azucaradas contribuyen de forma significativa a la energía consumida en nuestra dieta, facilitando un desequilibrio positivo, es decir, que engordemos. Además, los estudios científicos (por ejemplo, D. P. DiMeglio and R. D. Mattes, “Liquid versus solid carbohydrate: effects on food intake and body weight,” International Journal of Obesity (2000) 24, 794-800) parecen indicar que nuestro cuerpo absorbe mejor los carbohidratos ingeridos de forma líquida (sodas y bebidas carbonatadas) que de forma sólida (por ejemplo, con platos de alubias).