El estado actual del “caso Lemus” que salpicó al CSIC

La última hora sobre “El “caso Lemus” destapado por El País salpica al CSIC,” 18 marzo 2012, aparece en ”El CSIC concluye que un excientífico de Doñana mintió o erró en 24 trabajos publicados,” lainformacion.com, 30 julio 2012. Os recomiendo leer dicha noticia, que aquí solo os resumo: “Las conclusiones del Comité de Ética del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), cuestionan por varios motivos la “autenticidad parcial o total” de los resultados del investigador Jesús Ángel Lemus, un veterinario contratado en la Estación Biológica de Doñana desde 2007 a 2012. El CSIC decidió en junio de 2012 no renovar el contrato a Lemus, tras un informe negativo por no realizar las tareas para las que fue contratado. Se trata de 24 trabajos publicados en 17 revistas científicas, entre ellas PNAS, Biology Letters y PLoS ONE. Los distintos autores de las publicaciones deben dirigirse sin dilación a los distintos editores [de estas revistas], especificando todos aquellos resultados que no han podido ser comprobados por los motivos que fueren, e identificando a las autores desconocidos o cuyas filiaciones son falsas. Los autores deben solicitar que en la medida de los posible se publiquen las oportunas correcciones. Si no resulta factible la difusión de las correcciones, por la política de la revista o por la magnitud de las mismas, los autores requerirán la retractación de la publicación en cuestión. El comité de ética aconseja a todos los miembros del CSIC que tengan en cuenta que firmar implica el conocimiento del artículo en su conjunto y que todos comparten un cierto nivel de responsabilidad.”

Sin palabras.

El “caso Lemus” destapado por El País salpica al CSIC

F. Sergio, J. Blas, G. Blanco, A. Tanferna, L. López, J. A. Lemus and F. Hiraldo, “Raptor Nest Decorations Are a Reliable Threat Against Conspecifics,” Science 331: 327-330, 21 January 2011. ¿Qué pasará con este artículo en Science? Tiene toda la pinta de haber sido obra de Sergio y Blas, y que Lemus (y los demás autores) solo han cedido su firma. La cuestión es, cómo se lo explicará el CSIC al editor de Science (cuando se entere).

Jesús A. Lemus and Guillermo Blanco, “Cellular and humoral immunodepression in vultures feeding upon medicated livestock carrion,” Proc. R. Soc. B 276: 2307-2313, June 22, 2009. Un artículo muy importante de Lemus que llegó a ser noticia de la semana en Science, “Antibiotics bad for vultures,” Science 323: 1651, 27 March 2009.

Matthias Vögeli, Jesús A. Lemus, David Serrano, Guillermo Blanco, and José L. Tella, “An island paradigm on the mainland: host population fragmentation impairs the community of avian pathogens,” Proc. R. Soc. B 278: 2668-2676, September 7, 2011.

Rafael Méndez, “El CSIC investiga si un científico de Doñana alteró estudios,” El País, 26 feb. 2012, nos informó que “Jefes y colegas denuncian a un veterinario al sospechar de miles de datos de virus en aves; el experto en patógenos defiende su trabajo, pero admite un problema de “falta de confianza.” Jesús Ángel Lemus Loarte, veterinario contratado en la Estación Biológica de Doñana (Sevilla), alteró o inventó datos en decenas de estudios durante años. Lemus fue denunciado por jefes y compañeros el pasado 23 de diciembre de 2011. El investigador ha firmado una veintena de estudios en revistas prestigiosas como Science o PLoS, por lo que la retirada de estos artículos sería un duro golpe para la ciencia española. Lemus defiende sus resultados, aunque afirma que desconoce la investigación en marcha.”

Rafael Méndez, “El CSIC sospecha que un científico falso firmó en seis de sus estudios,” El País, 13 mar. 2012, nos informó que “El Comité de Ética del CSIC busca un fantasma. Un fantasma con un buen currículo académico, con al menos seis publicaciones científicas en revistas internacionales. Firma como Javier Grande y ha figurado como investigador de dos institutos públicos, el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) y el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC). En los estudios aparece junto a Jesús Ángel Lemus Loarte, el científico investigado por un presunto fraude que consistiría en inventarse o alterar datos de patógenos y presencia de antibióticos en decenas de estudios. El problema es que Grande no aparece en ninguna base de datos del CSIC. Nunca ha estado contratado, según confirman en los dos centros.”

Rafael Méndez, “El investigador investigado inventó seis estudios en su currículo académico,” El País, 14 mar. 2012, nos informó que “El currículo de Jesús Ángel Lemus Loarte que hasta ayer aparecía en la página web del Museo Nacional de Ciencias Naturales, organismo público dependiente del CSIC, incluye una serie de estudios científicos inexistentes. Son publicaciones con nombres del tipo “Distocia y cesárea paradorsal en un caimán de anteojos”, pero cuando uno acude al número de la revista Journal of Zoo and Wildlife Medicine en el que debería aparecer lo que se encuentra es “Infección por Mycobacterium asiaticum en un tití de manos doradas (Sanguinus midas)”, realizado por investigadores de la Universidad de Florida. En 2006 Lemus, que trabaja en el CSIC con una beca de investigación, supuestamente publicó en el número 24 de la revista The Journal of Avian Medicine and Surgery el estudio “Estado de salud de paseriformes invernantes en libertad en un hábitat de montaña”. El problema es que el número 24 de esa revista es de 2010. Así hay otros cuatro más. Lemus negó por teléfono ser el responsable: “Ese currículo es del año de la polka (…) Ese currículo no lo he colgado yo porque yo no tengo acceso”. A estos seis artículos inexistentes hay que sumar los seis que firmó junto a un investigador fantasma.” Se trata del supuesto Javier Grande, quien supuestamente realizaba análisis de muestras para los estudios.”

Rafael Méndez, “El hombre que imaginaba la ciencia,” El País, 17 mar. 2012, nos informó que “Jesús Ángel Lemus Loarte “era muy inteligente, pero le gustaban el campo y los animales más que estudiar,” por ello tardó tanto en licenciarse. “Era listo y tenía mucha labia, pero nunca era claro. Siempre escondía algo.” En 2006 publicó su primer artículo científico junto a Guillermo Blanco y Javier Grande; el problema es que Javier Grande es, hasta hoy, un fantasma. Nadie le conoce. En 2010 defiende su tesis doctoral en el campo correcto, tras el caso de la gripe aviar, virus y bacterias en aves eran un foco creciente de preocupación para la salud pública; había dinero e interés. “Lemus era muy eficaz. Si les dabas muestras de aves para analizar patógenos o antibióticos siempre estaban a tiempo y lo mejor es que siempre había un resultado publicable.” Lemus sigue publicando y crece su currículo; publica en PLoS One y hasta en Science, nada que ver con las revistas de segunda fila en las que imaginaba publicar años antes. Le pidieron muestras para cotejar ciertos resultados, pero argumentó que “el tema no es de gran interes para una publicación científica;” los resultados “o eran errores de secuenciación o sería una cepa muy extraña.” Gente de su grupo de investigación propuso ceder muestras, pero Lemus se negó.”

Sus compañeros de Doñana ya no pudieron disimular sus sospechas y le tendieron una trampa. Le mandaron muestras de plasma duplicadas. Las que procedían de zonas infectadas iban etiquetadas como limpias y viceversa. Lemus cayó en la emboscada. Además, otros investigadores enviaron muestras de las cotorras al laboratorio de referencia del Gobierno y los resultados no aparecían. La empresa que supuestamente hacía análisis para Lemus afirmó que no habían analizado muestras para él. Otra fuente de los análisis (un tal Javier Grande) tampoco aparece, es un fantasma. “Grande era un tipo que analizaba las muestras. Yo tuve intercambios de correos con él.” El 23 de diciembre de 2011, la cúpula de la Estación Biológica de Doñana denunciaron el caso al Comité de Ética del CSIC, que aún sigue la investigación.”

“Lemus mantuvo una breve conversación con El País; mantiene que todo es “una cacería” contra su persona. Lemus, lo niega todo y amenaza con demandar a El País, admitió que en el CSIC “hay mucha presión por publicar.” Miguel Delibes, miembro del Comité de Ética del CSIC,  sigue el caso con tristeza y reflexiona sobre cómo puede llegar a ocurrir algo así: “La ciencia ha dejado de ser lo que era. Antes todos los autores eran responsables de un artículo, pero ahora se publican artículos con 30 autores que no se conocen más que por correo electrónico.” Explica que hay engaños muy difíciles de detectar. Delibes ya no acude a las reuniones del Comité de Ética del CSIC, desde hace un año, porque una revista retiró un artículo científico suyo por no citar la fuente de uno de los datos. Él ha pedido amparo a dicho comité y confía en terminar ganando el caso (aunque el artículo sigue retirado). El caso ha sembrado la inquietud en muchos científicos, que consideran que en plena ola de recortes lo último que necesita la ciencia en España es retirar una serie de estudios científicos.”

Sin palabras, todo esta mierda me deja sin palabras.

Publicado en Nature: Una pena, pero el fraude salpica a investigadores del CSIC en un artículo publicado en Science

Ya lo contamos en este blog ”el CSIC estaba investigando un posible fraude científico entre sus investigadores a petición de Science,” 7 enero 2010. El resultado de la investigación se publica hoy en Nature: el artículo no debería haber sido ni enviado ni publicado ya que los experimentos reportados en el artículo no fueron controlados adecuadamente. Todos los científicos firmantes del artículo deben compartir la responsabilidad por sus contenidos. Además, el comité del CSIC afirma que el proceso de revisión por pares que sufrió el artículo no fue adecuado (ya que se calificó el artículo como interdisciplinar y eso pudo influir en la decisión de su aceptación en la revista). El CSIC realizará una investigación disciplinaria de todos los científicos involucrados en el caso. El artículo fue firmado también por investigadores alemanes del centro Helmholtz. Ronald Frank, coordinador de dicho grupo, tomará medidas en una reunión que se celebrará el 11 de agosto. La revista Science todavía no ha tomado una decisión sobre si retractar o no el artículo. Pronto lo sabremos. Una pena que el fraude salpique a investigadores del CSIC y más aún en un artículo publicado en la prestigiosa Science. Nos lo ha contado Alison Abbott, “Retraction recommended for enzyme-chip paper. Reactome array study should not have been published, says ethics committee,” News, Nature 466: 540-541, 28 July 2010.

Os recuerdo brevemente el affair. Tras la publicación de un artículo en la revista Science liderado por bioquímicos españoles del CSIC y financiado por un proyecto europeo, algunos competidores expresaron serias dudas sobre las conclusiones del estudio y sobre posibles errores en la metodología utilizada. El artículo presentaba una nueva técnica para determinar el reactoma (las reacciones metabólicas de una célula) utilizando chips de ARN. El 17 de diciembre de 2009 el editor en jefe de la revista Science pidió al CSIC que investigara el caso. El CSIC constituyó un comité para estudiarlo. El comité ha concluido que hubo fraude.

La revista Nature ha tratado de contactar con los autores a cargo de la correspondencia relacionada con el artículo (los corresponding authors), Manuel Ferrer y Peter Golyshin, pero no ha logrado localizar a ninguno de los dos (o no se han dignado a realizar comentarios). Otros científicos involucrados en el trabajo han afirmado a Nature que creen que la metodología utilizada en el artículo es correcta y que podría funcionar. El presidente del comité ético del CSIC, Pere Puigdomènech, afirma que “solo pueden criticar la metodología científica del trabajo, les alegraría mucho que otros científicos de forma independiente pudieran validar las conclusiones de dicho trabajo.”

Me apena mucho que España y una institución tan importante como el CSIC sean salpicados por un caso de fraude como éste. Pero la ciencia hoy en día es muy competitiva y el fraude es algo con lo que han de lidiar todas las grandes instituciones científicas. Afortunadamente, el CSIC constituyó un comité y el comité ha cumplido su labor con excelencia. Me apena el resultado final, pero el CSIC lo ha hecho muy bien. Algo bueno hay que ver en todo esto…

Los CSI de la ciencia (o “crimen y castigo” en la ciencia y la técnica)

Esta tira de humor sobre CSI me ha recordado el artículo de Mathieu Bouville, “Crime and punishment in scientific research,” ArXiv preprint, 30 Mar 2008 . La ciencia necesita CSI que busquen las malas conductas científicas ya que las políticas actuales contra el fraude científico están muy limitadas: es posible que no se pueda probar que una conducta considerada como fraude realmente lo es, y es posible que cosas que normalmente no se consideran fraudulentas puedan ser consideradas erróneamente como tales. Los CSI de la ciencia, según Bouville, deben ser “científicos” no pueden ser impuestos desde la propia sociedad, deben ser impuestos desde la propia ciencia. La falsificación malintencionada de datos, el plagio, y otros fraudes deben ser tratados con mucho cuidado, anteponiendo la inocencia del científico como precepto básico.

Y todo esto viene a colación por el reciente Editorial en Nature 453, 258, 15 May 2008, “Negative results. Retracted papers require a thorough explanation of what went wrong in the experiments,” en relación a los dos artículos del bioquímico Homme Hellinga y sus estudiantes, del Duke University Medical Center in Durham, North Carolina, EEUU, que habían realizado un importante avance en el diseño de enzimas. El año pasado, otro químico encnotró que los enzimas de Hellinga no funcionaban, lo que provocó que él se retractara de los dos artículos en Febrero de este año en Nature. Sin embargo, en Marzo, un tercer grupo de investigadores ha publicado un artículo mostrando que en realidad el diseño de los enzimas de Hellinga en realidad sí funciona. ¡Qué cacao!

Este episodio revela muchos efectos laterales de las prácticas anti-fraude científico. Por ejemplo, John Richard de la State University of New York, Buffalo, EEUU, deseaba usar las proteínas de Hellinga para su propio trabajo. Necesitaron 7 meses y varios miles de dólares tratando de reproducir sus resultados sin lograrlo. De ahí que publicaron el artículo que llevó a la retracción. Pero a costa de mucho trabajo de investigación y mucho dinero. ¿Realmente se beneficiará la carrera de Richards por este trabajo? Probablemente, no. ¡Tiempo perdido en pos del avance de la ciencia!

Más aún, Hellinga tiene un prestigio “intocable”, pero sus estudiantes son las “cabezas de turco”. Mary Dwyer fue acusada por el propio Hellinga de falsificar los datos en los dos artículos retractados, aunque aparentemente no había evidencia de que lo hubiera hecho con mala intención, como ha revelado un estudio del caso por la propia universidad de Duke. Sin embargo, la acusación de su “jefe” podría causar mucho más daño en su carrera que el haber firmado dos artículos que han sido retractados. ¿Quién la contratará ahora para confiarle trabajos de investigación postdoctoral? Esta situación muestra la gran vulnerabilidad de los estudiantes en el sistema científico actual. De hecho, ahora sabemos que la decisión de Hellinga de “lavarse las manos” y acusar a Dwyer es muy cuestionable. Como director de tesis de Dwyer, Hellinga era el responsable de su formación como investigadora. Si ella cometió errores, el último responsable de los mismos era el “jefe” Hellinga. Por el contrario, acusándola a ella, él ha dilapidado cualquier posibilidad de discusión abierta y franca sobre el caso. ¡Se ha cargado su carrera!

¿Cuál es la situación actual para la Ciencia? La comunidad científica no sabe qué fue mal en el trabajo original, y puede que nunca lo sepa, ya que ni el trabajo de Richard, ni la acusación de fraude, ni las dos retracciones aportan información al respecto. ¿Realmente la comunidad científica puede seguir confiando en los resultados de Hellinga? Tanto él como su universidad deberían dar publicamente una respuesta clara a qué es lo que ha pasado, garantizando que no está ocurriendo en su laboratorio actualmente.

Este caso nos muestra las grandes debilidades del sistema científico, dejando claro que los CSI de la ciencia no son sólo una curiosida de serie televisiva, son una necesidad que los estados y las grandes instituciones científicas tienen que plantearse como urgencia. Si no, como siempre, los precarios serán los que pagarán el pato.