Sábado, reseña: “Mala Farma” de Ben Goldacre

Dibujo20130518 mala farma - book cover - gen goldacre - paidos contextos

Me gustó “Mala Ciencia,” un libro fresco y necesario. El nuevo libro de Ben Goldacre, “Mala Farma,” editado por Paidós Contextos, sigue el mismo camino, pero lo lleva hasta el extremo. Quizás demasiado. Un libro recomendable para estudiantes de medicina y profesionales de la salud, pero que puede dejar un mal sabor de boca a los que somos pacientes potenciales. Goldacre en “Mala Farma” se recrea en la hipérbole, una figura retórica poco habitual en el ensayo de divulgación científica. En mi opinión, la hipérbole resulta un poco desagradable en un texto de 380 páginas. La verdad, no puede ser verdad que todo sea tan malo como lo pinta Goldacre en su libro. Su recopilación de casos (muchos poco conocidos) muestran una situación de la medicina y la farmacología tan escandolosa que el inexperto como yo llega a la conclusión de que no puede ser todo tan malo como lo pinta Goldacre en “Mala Farma.” Por supuesto, espero no equivocarme.

En el primer capítulo se trata el problema de los “Datos que faltan.” La ciencia funciona a base de contrastar hipótesis; cuando uno propone una hipótesis para explicar un fenómeno físico y realiza una experimentación para ratificarla, puede que, por  contra, los datos muestren que la hipótesis era incorrecta; en dicho caso, lo normal es que omita publicarlo, por vergüenza y porque publicar resultados negativos es casi imposible. Sin embargo, como nos cuenta Goldacre, en medicina el asunto es más complicado, hay vidas humanas en juego.

“En 2009, se publicó por primera vez un estudio que examinaba en concreto cuántas de esas primeras pruebas clínicas experimentales en seres humanos llega a ver la luz y cuántas quedan ocultas. Reunidos todos los ensayos de este tipo aprobados por un comité deontológico a lo largo de un año, se constató que al cabo de cuatro años [aún no] se habían publicado nueve de cada diez, y transcurridos ocho años, cuatro de cada cinco seguían sin estarlo.” [Páginas 26-27]

En física (y otras ciencias) no hay daños colaterales en pacientes debido a que no se publiquen los resultados negativos (las hipótesis fallidas).

“Dado que los investigadores gozan de total libertad para ocultar los resultados que quieran, los daños a los que se ven expuestos los pacientes son de una magnitud inconmensurable en el campo de la medicina, desde la investigación a la práctica diaria. Los médicos ignoran totalmente los verdaderos efectos de los tratamientos que aplican. ¿Funciona realmente este fármaco o me han ocultado la mitad de los datos? Vaya usted a saber. ¿Vale la pena este costoso fármacoo se han maquillado los datos? Vaya usted a saber. ¿Matará este fármaco a los pacientes? ¿Hay alguna evidencia de que sea peligroso? Vaya usted a saber.” [página 28]

Goldacre destaca la importancia de los metaanálisis realizados por la Colaboración Cochrane, como ya hizo en “Mala Ciencia,” aunque en “Mala Farma” el discurso resulta un poco pesado pues se reiteran los argumentos una y otra vez, como tratando de que hasta el más torpe se entere de lo que se quiere decir.

En el segundo capítulo “¿De dónde salen los nuevos medicamentos?” y en el tercero “Malos organismos reguladores,” Goldacre nos recuerda que “la pela es la pela” (en inglés “money talks”).

“La investigación sobre eficacia comparativa [de fármacos] es crucial, [pero muy costosa]. Barack Obama [actual presidente de EEUU] demostró a muchos académicos y médicos que comprendía [con claridad] los grandes problemas de la sanidad al anunciar [en 2008] que gastaría 1.000 millones de dólares en ensayos clínicos comparativos entre los fármacos que se emplean en los tratamientos más corrientes. [...] Porque la investigación sobre eficacia comparada de fármacos es un campo de vital importancia para todos, y en muchos casos la utilidad de averiguar cuál es el fármaco existente que mejor resultado da supera con creces el coste de desarrollar nuevos fármacos.” [páginas 144-145]

En el capítulo cuarto, “Malos ensayos clínicos,” se nos recuerda que hay efectos espurios en los ensayos si se realiza un número muy elevado de análisis o si se dividen los resultados en un número muy grande de subgrupos. Yo destacaría los comentarios de Goldacre sobre el ensayo de un procedimiento quirúrgico llamado endarteriectomía.

Los investigadores “decidieron examinar hasta qué extremo podían poner en práctica esta idea (en broma) dividiendo a los pacientes en la mayor cantidad de subgrupos imaginables. [... En uno de dichos subgrupos] observaron que el beneficio de la cirugía dependía del día de la semana en que había nacido el paciente: sería de imbéciles basar las decisiones clínicas en ese dato. Observaron [también] una maravillosa relación casi lineal entre el mes de nacimiento y el resultado clínico: en los pacientes nacidos en mayo y junio se observó un extraordinario beneficio, pero a medida que corría el calendario el efecto se diluía más y más, hasta que en marzo la intervención tenía visos de ser casi perjudicial. Si estos resultados descubrimientos hubieran sido en relación con una variables biológica plausible, como la edad, el análisis de dicho subgrupo habría sido difícil de ignorar.” [página 193]

El breve capítulo cinco, “Ensayos clínicos más amplios y más sencillos,” da paso al sexto, “Marketing.” Me ha resultado muy pesada la lectura de este capítulo. Yo destacaría el siguiente párrafo sobre el conflicto de intereses: “business is business, science is science.”

“Los científicos están obligados a declarar sus intereses económicos cuando publican un trabajo. Pero los editores [de las revistas científicas] que imponen este requisito a los colaboradores, casi todos se han eximido ellos mismos. Es curioso. La industria farmacéutica tiene unos ingresos de [unos] 600 billones de dólares y compra muchísimo espacio publicitario en las revistas académicas, lo que representa muchas veces el capítulo más importante de sus ingresos.”  [página 274]

Este problema no sólo afecta a los demás médicos, también nos afecta a todos nosotros (si somos médicos o futuros médicos). Goldacre recomienda algo obvio, pero como muchas cosas obvias, que se olvida fácilmente.

“Todos los médicos deben declarar los pagos, obsequios, invitaciones, cursillos formativos, etcétera, a los pacientes, a los colegas y en un registro central.” [página 302]

El epílogo final, “Mejores datos,” resume todo el libro en unas veinte páginas. Su primer párrafo merece ser repetido.

“Estarán abrumados, y no se lo reprocho. Dedicaremos unos instantes a recapitular y a reflexionar sobre cómo se defendería un ejecutivo de la industria para, a continuación, ver cómo arreglar las cosas.” [Página 305].

En resumen, un libro muy bien documentado, con gran número de referencias bibliográficas, pero cuya lectura resulta pesada. Repetir los mismos argumentos una y otra vez no ayuda a entenderlos mejor. Me gustó “Mala Ciencia,” pero no me ha gustado tanto “Mala Farma,” aunque recomiendo su lectura a los médicos y a quienes aspiran a serlo. Seré muy crédulo, pero no me parece que el panorama farmacológico sea tan pésimo como sugiere Goldacre en su libro “Mala Farma.”

Sábado, reseña: “Hasta el infinito, y más allá” de Clara Grima y Raquel García Ulldemolins

Dibujo20130511 Hasta el infinito y mas alla - book cover - clara grima y raquel garcia

—¡Toma, toma, toma! ¡Cómo mola! —como diría el pequeño Ven. Hay muchos libros titulados “Hasta el infinito, y más allá” pero el de Clara Grima y Raquel García Ulldemolins, editado por Espasa, es único por muchas cosas. Gracias a las (mate)aventuras de Ven(tura), Sal(vador) y su fiel compañero canino Gauss, niños y adultos disfrutarán acercándose a las matemáticas desde un punto de vista muy diferente al habitual. “Un libro para todos aquellos que temen a las Matemáticas,” complemento ideal a “El Diablo de los Números” de Hans Magnus Enzensberger. Este estupendo libro de Clara y Raquel, que recomiendo a todos los lectores, es un regalo ideal para ocasiones especiales y, por qué no, para todas las ocasiones. ¿Aún no lo has leído? ¡A qué estás esperando!

El libro empieza por el más difícil todavía: “Perdona, Buzz, pero después del infinito no hay nada.” Qué padre no ha tenido que contestar a las preguntas ¿qué es el infinito? y ¿qué hay más allá del infinito? que se realizan todos los niños tras oír a Buzz Lightyear en la saga Toy Story de Disney Pixar. Un concepto difícil que se ilustra en el libro gracias al hotel de Hilbert en “¡Mi infinito es más grande que el tuyo!” Muchos padres disfrutarán con este capítulo, aunque creo que para muchos niños será un inicio muy duro. Yo hubiera empezado el libro con algo más ligero, más gráfico, quizás con “¿Qué es eso que dibujas Mati? ¡Ese caramelo es mío!” sobre los diagramas de Voronoi, famosos en España gracias a “¿Está Voronoi? Que se ponga,” “Cada uno en su región y Voronoi en la de todos” y por supuesto a ”Mati y sus mateaventuras.”

Sigue el libro por un camino difícil para los niños, con “Mati, ¿estás segura de que π no es racional?,” y con “Voy a leerte la mente, abuela.” Los matemáticos disfrutan explicando la evolución del concepto de número, pero conceptos tan abstractos como el de número real o el de números binarios, propios del siglo XIX, me parece que deberían formar parte del final del libro y no del principio, pues pueden desanimar a muchos lectores potenciales.

Muchos de los tópicos presentados en el libro son muy conocidos, pero se presentan con tal frescura que se disfrutan como si fuera la primera vez. En “Flores, palacios y números” se discuten el número aúreo, “No te creo Mati, ¿cómo va ser un número de oro?,” y la sucesión de números de Fibonacci, “Una flor, otra, dos flores.”

Clara Grima investiga en geometría computacional en la Universidad de Sevilla, por lo que tiende a poner ejemplos de teoría de grafos con los que disfrutarán grandes y pequeños. “Cómo voy a salir del laberinto sin el hilo?,” “¡Ese caramelo es mío!” y “¿Por qué no hay un poli en cada sala?” son claros ejemplos. Tópicos modernos e interesantes con los que disfrutarán incluso los estudiantes de ciencias matemáticas y los profesores de matemáticas podrán incorporar con facilidad a sus clases. Todo ello sin olvidar temas muy populares en la divulgación matemática como los tratados en ”Pues vaya lío de puentes, ¿no?” y “¿Sólo con 4 colores?” En este último caso yo hubiera retado a los lectores más jóvenes a resolver un problema más sencillo que el famoso mapa de 1 de abril de Martin Gardner, como por ejemplo el siguiente.

Dibujo20131011 four color map

En casa todos hemos disfrutado del libro, pero no todo pueden ser piropos. “Antes de empezar…” nos dice Mati que “a mucha gente no le gustan las palabras esdrújulas” como matemáticas. Sin embargo, el libro abusa de ellas y sobre todo del sufijo “-mente.” Estas palabras dificultan el ritmo de la lectura y deben ser evitadas para lograr una lectura más ágil, sobre todo, en mi opinión, para libros dirigidos a niños y jóvenes. Cuando yo leí por primera vez “respondió vehementemente” me quedé sorprendido. Muchos lectores tendrán que recurrir al diccionario para saber qué es la “vehemencia” o algo “vehemente” (términos aplicados muchas veces al estado emocional del pequeño Ven). Yo hubiera escrito “respondió vehemente” o incluso hubiera evitado este término adulto. Hay muchos más ejemplos como “Gauss miraba atentamente,” que yo hubiera cambiado por “Gauss miraba atento,” o “números correspondientes entre 64 y 127″ que yo hubiera acortado a “números entre 64 y 127″ sin pérdida de significado.

Yo hubiera hecho una buena revisión del lenguaje utilizado, tratando que fuera menos adulto y más ágil. Hay muchos pequeños cambios que en una segunda edición se podrían corregir con facilidad. Por cierto, el libro presenta pocas erratas, aunque destaca el “2 + x 0,08″ en la fórmula de la página 42.

En resumen, me ha gustado mucho este pequeño libro de popularización de las matemáticas. Su módico precio hará las delicias de quienes quieran regalar el mejor regalo posible: un poco de cultura matemática.

Sábado, reseña: “Elemental, queridos humanos” de Juan Luis Arsuaga y Milagros Algaba con dibujos de Forges

Dibujo20130223 book cover - elemental queridos humanos - arsuaga - forges

“Mire usted por dónde, ha aparecido, en los últimos años, un “continente” nuevo, lo llaman el “séptimo continente.” Se encuentra entre Asia y América del Norte, en el océano Pacífico. Esta nueva “placa” no “flota” en el manto [de la Tierra], sino en el agua, no está hecha de granito y otras rocas, sino de plásticos, que servirán para que los arqueólogos del futuro daten los yacimientos de nuestra época (el “fósil director”). [Quizás] se pregunten: ¿Para qué usaban las botellas de agua mineral? ¿No salía por sus grifos agua abundante, clara y barata? Entonces, ¿por qué tomaban el agua de los manantiales de montaña, gastaban materias primas para embotellarla, la transportaban cientos de kilómetros a lugares donde no era necesaria, y arrojaban luego los envases a sus ríos y a sus mares?”

Me he leído de un tirón el libro de Juan Luis Arsuaga y Milagros Algaba Suárez, ilustrado con dibujos de Forges, “Elemental, queridos humanos. Vida y andanzas del ingenioso planeta Tierra,” Ediciones Planeta, Madrid, 2010 [295 páginas]. Este libro es de lectura ágil (24 capítulos breves de menos de unas diez páginas cada uno), al más puro estilo de Arsuaga, uno de los grandes divulgadores de paleontología en español, aunque las notas históricas de Algaba no desmerecen lo más mínimo. Aún así, lo mejor del texto son las deliciosas ilustraciones de Forges que lo decoran, a veces muy divertidas, pero que siempre te hacen pensar. Un libro altamente recomendable para todos.

Los que han leído otros textos más técnicos no encontrarán nada nuevo, pero el éxito del libro no es la novedad en los contenidos, sino la frescura de su presentación. Partiendo del origen de la vida en el planeta Tierra y de la biosfera, se adentra en la hipótesis de Gaia, de la mano de James Lovelock y Lynn Margulis, lo que nos lleva a la hipótesis de la endosimbiosis. El Cámbrico nos lleva al Cantábrico gracias a las lampreas y a preguntarnos ¿por qué no vuelan los elefantes y se suben a los árboles las ballenas? Yo no sabía que junto al cuerpo helado del capitán Scott se encontraron rocas con fósiles que recogió en la Antártida en el retorno de su fallida aventura.

El Pleistoceno se inicia en el capítulo 12, que nos lleva a los primeros restos de homínidos. “El genoma neandertal apunta a que los humanos actuales de Eurasia recibieron una pequeña aportación genética (en torno al 2%) de los neandertal , pero los pueblos subsaharianos no recibieron ninguna. ¡Con todo lo que han dicho los racistas de la superioridad y pureza de la “raza blanca”!” La aparición de la agricultura y la ganadería cambiaron la faz de la Tierra, y la cocina nos hizo humanos modernos. Se pregunta Forges con humor: “¿Llegaron los cretenses hasta Galicia en sus navegaciones? El recordado miñotauro de las leyendas gallegas parece confirmarlo.”

Acaba el libro con un alegato ecologista, ensuciamos mucho nuestro planeta, pero la Tierra sigue siendo un hermoso lugar (aunque Nietzche dijera “que tiene una enfermedad llamada hombre”). Los autores nos recuerdan que “no tienen soluciones mágicas a los problemas de la humanidad en relación a los recursos naturales, no son gurús poseedores de la verdad, sino sólo humildes y atribulados científicos.” La cita final de Popper merece aparecer aquí: “Intenten ustedes ver el mundo como lo que seguramente puede considerarse que es, como un lugar hermosísimo que, cual si fuera el jardín, nosotros tenemos la facultad de mejorar y cuidar. Y, al hacerlo, procuren ustedes utilizar la humildad de un jardinero experto y por eso mismo consciente de que muchos de sus intentos fracasarán.” Forges remata con “Algún día, hijo mío, si no lo cuidamos, todo esto será suyo. ¿De quién papá? De la nada, hijo, de la nada.”

Me ha gustado el libro, aunque es, como bien dice el título, elemental, muy elemental, pero y a quién le importa si su lectura se disfruta. Por cierto, ”a los científicos no les gustan en general las metáforas, que a menudo sólo son pompas de jabón llenas de aire.” ¡Qué gran verdad!

Sábado, reseña: “Neurociencia para Julia” de Xurxo Mariño

Dibujo20130216 book cover - neurociencia para julio - xurxomar

“En tu cabeza hay unos 86 000 millones de pequeñas baterías cargadas con unos 70 mV (milivoltios). Hay más iones de sodio (Na+) en la cara exterior de la membrana plasmática de tus neuronas que en la interior, pero hay más iones de potasio (K+) en la interior que en la exterior. Los dos tipos de iones tienen carga positiva, pero el cómputo global de esas cargas da como resultado una mayoría de cargas positivas en el exterior respecto al interior, por lo que este último actúa como polo negativo. Las bombas de Na/K mantienen esta distribución desigual de iones consumiendo gran parte de la energía que tomas con los alimentos. El Na+ se acumula como el agua en un embalse, cuando abres la compuerta el agua fluye con fuerza; la membrana de las neuronas tiene muchas compuertas que al abrirse de forma brusca producen una ráfaga de iones Na+ que viajan por sus axones como una sucesión de descargas eléctricas. Cada chorro de Na+ activa la apertura de compuertas que permiten el flujo de los iones K+ en sentido contrario. Esta corriente eléctrica recarga la batería y restituye la distribución inicial de cargas a ambos lados de la membrana. El potencial de acción es la señal eléctrica en una neurona que se produce por la entrada a la célula de un chorro de Na+ seguida de la salida de un chorro de K+. En el “lenguaje” de las neuronas el potencial de acción representa un “1″ y su ausencia un “o.” Las neuronas se comunican entre sí en código binario, como los ordenadores digitales.”

Hacer fácil lo difícil es el reto que ha de superar todo divulgador científico. Xurxo Mariño lo supera con maestría en “Neurociencia para Julia,” Laetoli, Nov. 2012 (221 páginas), un libro que nos introduce con sus 24 capítulos, en pequeñas dosis, como la buena cocina de autor, en los secretos de la actividad eléctrica y química que da lugar a tu mente. ¿Quién es Julia? Julia eres tú. Xurxo te guiará para que descubras la esencia de tu ser, tu “yo.” La síntesis de la exposición es la gran virtud del autor, pues no hay tema de neurociencia que no se cubra en el libro (solo echo en falta el tema tabú, las neuronas espejo, y algo de psicología evolutiva). Por ello, el libro es ideal para cualquier persona que quiera introducirse por primera vez en el campo de la neurociencia, casi sin jerga, sin paja, yendo siempre al grano y en un formato que facilita la lectura discontinua (en el metro, en el bus o a ritmo de tentempiés). Te soy sincero, Xurxo es amigo, pero no es la amistad la que me obliga a recomendarte esta joya de la divulgación científica. Su lectura te hará soñar con ovejas eléctricas.

“El lenguaje de las neuronas se escribe en forma de pulsos eléctricos, pero este “idioma” está enriquecido con sinapsis eléctricas y, sobre todo, químicas. En muchos libros podrás leer que las sinapsis son “el lugar donde se transmite el impulso nervioso,” pero esa descripción induce a error. La comunicación en la mayoría de las sinapsis es química: al alcanzar el final del axón (terminal presináptico), la señal eléctrica (el potencial de acción) no sigue adelante, desaparece e induce la liberación de una sustancia química (un neurotransmisor) al exterior de la célula (el espacio sináptico), desde donde llega a un receptor de una de las dendritas de otra neurona. El axón de cada neurona se ramifica para establecer en promedio unas 1000 sinapsis. El efecto de los neurotransmisores sobre la neurona receptora depende del tipo de receptor: en la sinapsis excitadora la neurona se excita y tiende a producir nuevos potenciales de acción, pero en las sinapsis inhibidoras se impide que la batería de la neurona se descargue y se produzcan más potenciales de acción. Los neurotransmisores inducen pequeñas variaciones eléctricas llamadas potenciales sinápticos (PP.SS.), cuya amplitud es mucho menor que los potenciales de acción y pueden generar cambios eléctricos tanto positivos (PP.SS. excitadores) como negativos (PP.SS. inhibidores). Más aún, la misma neurona liberando el mismo neurotransmisor puede ejercer efectos distintos en las distintas sinapsis que forme, porque su efecto está determinado por el receptor, no por el neurotransmisor. El cuerpo principal de una neurona con sus dendritas es como una cabeza con miles de orejas. Cada oreja representa a cada una de las sinapsis que recibe esa célula, y en cada una de ellas la neurona está “escuchando” un mensaje que significa “excitación” o “inhibición” (dependerá del tipo de oreja). ¿Qué hace la neurona? ¿Se excita o se inhibe? Julia, lo que haga la neurona en cada momento dependerá de la suma los mensajes que recibe por todas las orejas. Si esa suma inclina la balanza hacia el lado de la excitación, entonces generará al comienzo de su axón nuevos potenciales de acción. Por el contrario, si la balanza se inclina hacia el lado de la inhibición, se quedará “callada” hasta que la cosa cambie.”

Lo mejor del libro de Xurxo es que te deja con ganas de más. Cada uno de los 24 capítulos es una breve exposición de un tema que requeriría un libro entero. Por ejemplo, en las 10 páginas del capítulo 13, “El misterio del sueño,” se describe como renace tu “yo” cada mañana al despertar, todas las fases del sueño, cómo se observan en los experimentos y cuáles son las teorías más importantes sobre su función. Otro ejemplo, todo lo que siempre has querido saber sobre el efecto de las drogas (“sustancias que alteran el funcionamiento normal del sistema nervioso”) lo tienes en las 8 páginas del capítulo 17, “Moléculas que cambian el “yo”.”  Parece increíble, pero cada párrafo ha sido seleccionado con extremo cuidado para que su contenido sea el mínimo imprescindible para cubrir el objetivo del autor. En  este sentido, “Neurociencia para Julia” es toda una lección para los divulgadores. Imagina una gimnasta de rítmica en acción, todos sus movimientos parecen naturales, como si no costaran esfuerzo, como si lograr una precisión exquisita fuera algo trivial; viendo a la gimnasta cualquiera se imagina a sí mismo haciendo lo mismo, ¡parece tan fácil! Sin embargo, todos sabemos que no lo es. Leyendo el libro de Xurxo me ha venido varias veces a la mente esta imagen.

“El “yo” es el producto de la actividad metabólica y eléctrica del encéfalo y el resto de estructuras del sistema nervioso. Al perder la consciencia, el “yo” no se va a ninguna parte: simplemente deja de ser generado por la actividad neuronal. Se desvanece. Julia, esto que a tí y a mí nos parece evidente, no ha sido siempre así, incluso hoy, hay mucha gente que opta por una explicación mística para la mente. Pero no es posible separar la mente de la estructura que la crea. Todos experimentamos una desaparición del “yo” cada vez que nos quedamos profundamente dormidos. El hecho de que la actividad neuronal pase de un ritmo de 40 Hz a uno de 1-4 Hz hace que perdamos la consciencia. Para que aparezca el “yo” y una persona tenga consciencia de su existencia se necesitan dos cosas: por un lado, que la persona esté despierta (estado de vigilia) y, por otro, que la persona se entere de que está despierta (que la vigilia vaya acompañada de autoconsciencia). Estas dos condiciones no se dan siempre. Durante el sueño profundo y la anestesia general, los niveles de vigilia y consciencia son bajos. Durante las ensoñaciones del sueño REM, la vigilia sigue bajo mínimos, pero el nivel de consciencia es algo mayor. A partir de cualquiera de estos estados del sueño puede darse una transición rápida a la vigilia consciente. Una persona en estado vegetativo muestra vigilia pero no consciencia. Sus neuronas funcionan bien de manera individual, pero no se conectan entre sí de manera coordinada.”

¿Qué he echado en falta en el libro de Xurxo? Los que hemos leído otros libros de neurociencia (hace años yo leía mucho en el contexto de la computación basada en redes de neuronas artificiales) echamos en falta muchos detalles técnicos. El viaje de Xurxo por la máquina de la mente es como un viaje por Italia viendo un documental de TV de 60 minutos de duración; aunque sea de factura exquisita, Italia es muy grande y solo podrá presentar unas pocas imágenes icónicas; viajar a Roma viendo el documental es algo que no tiene nada que ver con pasear por el Campidoglio o ver la Fontana di Trevi al atardecer. Este defecto es también una virtud, pues el libro va dirigido a un público general que no ha recibido una formación previa en neurociencia y que quiere aprenderlo todo con el mínimo esfuerzo. “Neurociencia para Julia” cubrirá todas las expectativas de su público objetivo.

Por otro lado, como suele pasar con el primer libro de muchos divulgadores, también se echa en falta un poco de opinión personal. El libro se lee fácil, pero es algo frío (lo que no quita que a veces haya escuchado en mi mente la cálida voz de Xurxo recitando los pasajes del libro, a algunos andaluces el acento gallego nos resulta atractivo). Falta opinión, falta  que el autor se “arremangue” y se moje mostrándonos sus opiniones personales sobre los temas más polémicos y controvertidos que se presentan en el libro (muchos de ellos de soslayo, como para que no se note). El autor ha superado la prueba del algodón y le deseo “mucha mierda,” pero espero ansioso un libro de divulgación más técnico sobre electrofisiología en el que Jorge Mariño nos hable del estado del arte en la metrología intracelular de la actividad neuronal y el papel del circuito tálamo-córtico-talámico en la consciencia.

En resumen, te recomiendo comprar, leer y disfrutar con “Neurociencia para Julia,” de Xurxo Mariño, porque con toda seguridad, si sigues mi consejo, no te arrepentirás.

Sábado, reseña: “El bosón de Higgs” de Alberto Casas y Teresa Rodrigo

“Un tornillo pegado a un imán tiene menos masa que el imán y el tornillo por separado. La razón es la misma por la que la masa de un átomo de helio es menor que la suma de las masas de sus dos protones, sus dos neutrones y sus dos electrones por separado.” Frase extraída del reciente libro de Alberto Casas (IFT CSIC-UAM) y Teresa Rodrigo (UC, CSIC-UC), “El bosón de Higgs,” CSIC, Catarata, 2012. Un libro de sólo 117 páginas que nos introduce las ideas básicas sobre la física del bosón de Higgs en el contexto del modelo estándar y cómo ha sido descubierto en los experimentos del LHC. Decorado con poquitas fórmulas (muchas con tipografía poco cuidada) y algunos diagramas de Feynman, el libro tiene un nivel asequible para cualquier aficionado a la divulgación científica. Si dudabas si adquirir o no el último librito de Lisa Randall, “El descubrimiento del Higgs. Una partícula muy especial,” Acantilado, 2012, y si me permites un consejo, por casi el mismo precio, cómprate el de Alberto y Teresa. Con toda seguridad lo disfrutarás mucho más.

El libro se lee fácil, aunque me hubiera gustado que los autores hubieran trabajado mejor algunas de las analogías que ofrecen (un defecto que el libro comparte con el de Randall). Por ejemplo, la imagen simple del campo de Higgs como un fluido transparente y viscoso, que no explica la masa de las partículas en reposo, se lleva hasta el abuso en el libro de Alberto y Teresa al afirmar que ”en el siglo XX los físicos se han encontrado con el problema de la masa de las partículas y lo han resuelto inventando un nuevo éter” (se dedica una página entera a discutir el Higgs como nuevo éter).

El primer capítulo, “El misterio de la masa,” discute qué es la masa pasando por Newton, Einstein, Higgs y la cromodinámica cuántica. “A veces se visualiza un protón como un saco que contiene no sólo los tres quarks uud, sino también gluones y pares quark-antiquark. Por todo ello, ese saco contiene energía, la máxima responsable de la masa del protón” y de toda la materia que nos rodea. “Este es un hecho que a veces no se reconoce adecuadamente,” por ejemplo, “cuando se dice que el Higgs es el responsable de la masa de la materia.” El capítulo acaba con una brevísima descripción de qué es el espín y las simetrías en teoría cuántica de campos.

“El modelo estándar y el bosón de Higgs,” segundo capítulo, repasa de forma breve el modelo estándar y sus simetrías. “La perspectiva moderna es que la Naturaleza ha decidido por algún motivo poseer algunas simetrías básicas, pero de momento no tenemos respuesta convincente” al porqué. La descripción de qué es una simetría gauge local utilizando el potencial eléctrico está bastante bien. Yo habría discutido en más detalle la sección “masa contra simetría” donde se presenta la idea de que los términos con masa violan las simetrías locales y por tanto están prohibidos, salvo que se introduzca una rotura (espontánea) de la simetría. Me ha gustado la discusión de el mecanismo de Higgs. “El término H ψ² no es un término de masa m ψ² sino una interacción entre el campo ψ y el campo H. Este término es invariante bajo la simetría. Por tanto, la teoría sigue siendo simétrica. Tomando H=H0+h, con H0 el valor del campo de Higgs en el vacío y h como algo cambiante y dinámico, se obtiene que el primer término H0 ψ² es como un término de masa para la partícula del campo ψ, y que h ψ² representa la interacción entre el campo ψ y la partícula del campo de Higgs, el famoso bosón de Higgs. Una idea “descabellada” de Brout, Englert y Higgs.”

En el segundo capítulo yo creo que hubiera quedado todo redondo si se hubieran introducido ecuaciones de onda (unidimensionales) al estilo de Matt Strassler (“Fields and Their Particles: With Math” y “How the Higgs Field Works (with math)“). Sin embargo, a partir de la sección “Una imagen sencilla” se cae en el tópico de siempre y lo que iba por buen camino acaba decepcionando un poco (más aún con erratas como “Abbdus Salam”). Aún así, me gusta que se destaque en “Al comienzo del universo…” la importancia de la transición de fase electrodébil en cosmología. “Según los cálculos teóricos, el campo de Higgs tomó su valor no nulo cuando el universo tenía sólo una diezmilmillonésima de segundo. Ese fue un acontecimiento importante en la historia del universo.” Aunque yo habría hablado de la analogía con la rotura espontánea de la simetría en el ferromagnetismo un poco antes y hubiera discutido en más detalles las implicaciones cosmológicas del campo de Higgs.

El tercer capítulo, “La búsqueda y descubrimiento del bosón de Higgs,” describe bastante bien el proyecto LHC (incluso mucho mejor que en el libro de Alberto Casas, “El LHC y la frontera de la física,” CSIC, Catarata, 2009). Lo único que puedo criticar de este capítulo es que no se aclara que los números que se presentan a veces corresponden a colisiones a 14 TeV y otras veces a 7 TeV u 8 TeV. Quizás abusar de poner la coletilla hubiera hecho más pesada la lectura, pero se podría haber hecho uso de notas al pie de página. La breve descripción de los experimentos ATLAS y CMS está bastante bien cuidada. El diagrama de Feynman que ilustra la producción de un Higgs por fusión de gluones y su posterior desintegración en un par de fotones está bien discutido. La discusión del concepto de masa invariante también me parece muy acertada.

Al final del capítulo tercero se discute la dimensión humana del LHC (“el lenguaje común de la ciencia”) y “la contribución española al LHC.” Yo hubiera discutido este tema con un poco más de profundidad. “España es uno de los veinte países miembros del CERN. En la construcción del LHC trabajaron más de 35 empresas españolas de ingeniería civil, ingeniería eléctrica y mecánica, y tecnologías de vacío; así como empresas de servicios. En los experimentos del LHC están trabajando hasta diez grupos de investigación españoles de distintas universidades y centros de investigación (tanto en ATLAS y CMS, como en ALICE y LHCb, y en el grupo de física teórica del CERN). Muchas de las gráficas que llevaron al descubrimiento del Higgs y que se mostraron el día 4 de julio en el CERN partían de nuestros centros. Además, España alberga uno de los once centros de computación mundiales de la Worldwide LHC Computing Grid (WLCG).”

El penúltimo capítulo, “Más allá del Higgs,” discute “la naturaleza del bosón de Higgs” y la posibilidad de que “del mismo modo que un protón parecía una partícula perfectamente elemental hace ochenta años y luego se comprobó que era compuesta, algo parecido podría estar pasando con el bosón de Higgs. ¿Y qué desean los científicos que suceda? Hay “división de opiniones” entre los que prefieren que el Higgs sea una partícula elemental y que el mecanismo de Higgs puro, descrito por el modelo estándar, salga triunfante, y los que prefieren que se encuentren desviaciones.” Seguidamente se discute “el problema de la jerarquía” que “sugiere la existencia de nueva física más allá del modelo estándar, dentro del alcance del LHC. Todavía es pronto para afirmar que el LHC está poniendo en apuros a la supersimetría, la solución más elegante del problema de la jerarquía, o a la existencia de dimensiones extra” (para una buena discusión de este último punto es muy recomendable el libro de Lisa Randall, “Universos Ocultos. Un viaje a las dimensiones extra del cosmos,” Acantilado, 2011).

Alberto y Teresa discuten en el penúltimo capítulo “el misterio del sabor y los neutrinos” (“un tema apasionante que está siendo investigado desde muchos ángulos teóricos y con experimentos diversos, incluido el LHC”), “la materia oscura y la energía oscura” (que Alberto discute en más detalle en su libro ”El lado oscuro del universo,” CSIC, Catarata, 2010), y “la gravedad” (donde destacan que “hasta el momento el único candidato serio” para explicar la gravedad cuántica “son las teorías de supercuerdas, que recibirían un gran espaldarazo si el LHC demostrara la existencia de la supersimetría”).

El último capítulo de libro discute “la utilidad de la ciencia básica” y su impacto en la sociedad. “Cuando se habla de los países más desarrollados e influyentes del mundo se suele hacer referencia a su nivel de I+D+i, donde I significa investigación científica, la D desarrollo y la i significa innovación, es decir, transferencia de ese conocimiento científico para generar saltos tecnológicos cualitativos. En la construcción de cada uno de los detectores del LHC participaron más de 400 empresas repartidas por todo el mundo. Se originó numerosas innovaciones tecnológicas que se manifestaron no sólo en la calidad de los productos, sino también en la competitividad y mejora de los procesos de producción de las empresas participantes.” Aún así, los autores caen en los tópicos de siempre, el GPS y la web (WWW), obviando mencionar muchas de las otras grandes innovaciones que la física de partículas nos ha ofrecido durante el siglo XX.

Finalmente, “La necesidad de financiación de la ciencia básica” culmina este breve y muy recomendable libro. “La empresa científica es sin duda uno de los grandes logros de la humanidad, prácticamente un milagro, que sólo ha sido posible gracias a la gran generosidad de la sociedad y al trabajo entusiasta y vocacional de los científicos.

Dibujo20130129 alberto casas - book covers - csic - lhc - lado oscuro

Como he mencionado dos libros de Alberto Casas, aquí os dejo las portadas y os recomiendo encarecidamente su lectura. La parte del LHC y los experimentos CMS y ATLAS en su último libro me ha gustado porque cuenta muchas cosas que se echan en falta en “El LHC y la frontera de la física,” CSIC, Catarata, 2009 (134 páginas). He de confesar que a finales de noviembre de 2012, en las IV Jornadas CPAN, Granada, me recomendaron leer el libro “El LHC y la frontera de la física” y por ello decidí comprar también “El lado oscuro del universo,” CSIC, Catarata, 2010 (123 páginas). He leído los tres libros estas pasadas navidades y creo que puedo recomendar los tres (aunque el que más me ha gustado es el último).

¿Alguna crítica negativa al último libro de Alberto Casas sobre el Higgs? Quizás lo que menos me ha gustado del libro “El bosón de Higgs” ha sido que, a veces, da la sensación de que ha sido escrito con prisas, sin una revisión cuidada (hay muchas erratas menores, obvias para cualquier físico, pero que no se pueden aceptar en un libro escrito por dos autores, con sendos encéfalos dedicados a corregir uno el trabajo del otro). Espero que tenga éxito, que haya una segunda impresión y que se aproveche para corregir dichas erratas. También he echado en falta una bibliografía (que no falta en los dos libros anteriores de Alberto); aunque breve, siempre se echa en falta tener un punto de referencia para seguir profundizando en un tema tan apasionante como la física del bosón de Higgs.

Sábado, reseña: “El error del pavo inglés” de Antonio José Osuna Mascaró

Dibujo20130130 antonio osuna - biotay - el error del pavo ingles - book cover

El título y el autor me hicieron pensar en un libro de etología animal, o de etología comparada. Nada más lejos de la realidad. La etología brilla por su ausencia, salvo en los capítulos finales. El libro ofrece la respuesta de un biólogo docto, de la mano de la evolución, a preguntas como ¿qué es la vida?, ¿cuál es el sentido de la vida? o ¿qué es la consciencia? Brillante en ciertos pasajes, en otros decepciona. Pero una ópera prima de 245 páginas tiene que ser así. Tiene que dejar la puerta abierta a obras futuras que demuestren todo el potencial del autor. Sin lugar a dudas, recomiendo la lectura de “El error del pavo inglés” de Tay (@BioTay en Twitter), pero empezando por el capítulo séptimo, y último, “La escalera de cristal,” para más tarde retomar los capítulos del cuarto al sexto, de “El error del pavo inglés” al “¿Quién soy yo? ¿Qué es la consciencia?,” y finalmente acabar con la introducción y los tres primeros capítulos, a quien apetezca completar la obra, por completarla, pues no se pierde nada si no se leen.

Pido perdón al autor, Tay, por mi atrevimiento al recomendar un cambio en el orden de los capítulos, pero he de confesar que me costó leer los primeros capítulos y solo continúe leyendo la obra porque, y no me preguntes el porqué, quería abrir la nueva sección de este blog “Sábado, reseña,” con este libro. De hecho, me costó adquirir un ejemplar más de lo que hubiera pensado. Ninguna librería en Málaga (ninguna de las grandes) lo tenía en sus estanterías; lo encargué en una de ellas y se supone que llegó, pero fue traspapelado (¿quién lo disfrutaría por mí?); lo volví a encargar y las fiestas navideñas quedaron atrás (mi sección “Sábado, reseña” no podría empezar con el inicio del nuevo año). Al final, anulé el pedido y lo encargué a la librería granadina por excelencia de Málaga y en una semana ya lo tenía entre mis manos (el libro está editado por la Editorial Universidad de Granada). Unos se preguntarán ¿por qué no lo compraste online?  No sé, pero mi idea con “Sábado, reseña” es reseñar libros que atesoro en papel. Una idea, es una idea, o quizás solo “un error del pavo inglés.” Algunos amigos, autores de libros recientes que he tenido estos días entre mis manos, se preguntarán ¿por qué no empezaste por mi libro? No sé. No importa. No os preocupéis que vuestros libros saldrán en esta sección, faltaría más. Al grano.

Se inicia el capítulo séptimo, “La escalera de cristal,” con “Allí estaba, tan alta como el cielo, brillante, sagrada, bellísima, ¡sólida como el acero! [Desde allí arriba] el ser humano, el único ser creado a imagen y semejanza de la perfección, miraba a todos los demás desde las alturas. Lo que no sabía era que el pavo real ya había construido una escalera igual, pero para alcanzar un surtidor de gasolina.”

¿Qué nos hace humanos? ¿Qué nos diferencia del resto de los animales? “Un error del pavo inglés” nos lleva a creer que “el Universo ha sido “para” que seamos. Pero los acontecimientos no tienen un para sino un porqué. Las ideas teleológicas asociadas a la evolución están plenamente superadas hoy en día. No tenemos ojos para ver, vemos porque tenemos ojos.” No hay ninguna característica humana que no se dé en algún otro animal. Todos los recursos más abstrusos de los intelectuales para demostrar que somos superiores a los animales son rebatibles. Solo los ignorantes de lo que les rodea en nuestra planeta creen que somos el único animal autoconsciente, el único “animal racional.”

La historia de A.L.EX. (Animal Learning EXperiment) y la cognición animal no podían faltar en el libro [charla de Tay en Naukas 2012]. ”Alex era sólo un loro, y un loro único, y un único individuo capaz de hacer algo es invisible a la ciencia. La corteza cerebral de un loro es minúscula en comparación con la de los primates, pero los resultados que se obtuvieron llegaron a superar a los de éstos. Un “bicho raro” de la naturaleza, [pero] la empatía, la moral y el raciocinio no son de nuestra exclusiva propiedad.” ¿Pero por qué nos gustan tanto las orcas? ”El viejo Tom, “el humorista,” cumplía la “ley de la lengua”: [Los balleneros] se llevan el cuerpo de la ballena y las orcas se deleitan esa noche con la lengua.”

Somos animales. “Nuestra preciosa escalera de cristal era ficticia, debemos asimilarlo y digerirlo, ya no vivimos sobre el resto [de los seres vivos de la Tierra], vivimos con el resto. Si algunos se empeñan en mantenerse de puntillas probablemente lo único que van a conseguir es autoengañarse, ofrecer una estampa ridícula y que les acaben doliendo los tobillos.”

Se inicia el quinto capítulo, “¿Cuál es el sentido de la vida?” con una cita de Eccles: “Hemos llegado al convencimiento de que somos criaturas con algún significado sobrenatural que aún no hemos desentrañado.” Una noticia de sucesos como cualquier otra. “Un abogado que se peleó con su ordenador y lo tuvo que “matar” (le disparó cinco veces con un revólver del calibre 38) por haberle traicionado; llevaba diez años trabajando en un caso y el ordenador le había introducido un grave error en el texto.”

“¿Quién soy yo? ¿Qué es la consciencia?” son preguntas que todos nos hacemos y que Antonio trata de responder en el sexto capítulo de su libro, siguiendo la estela de Ramachandran (experto en sinestesia autor de “Los laberintos del cerebro” y “Lo que el cerebro nos dice”). Un repaso de algunos experimentos neurocientíficos curiosos que tratan de desvelar el misterio del “yo mismo,” le sirven para exponer la idea de los qualia (¿existe el color azul?). No me gusta de este capítulo la referencia a las neuronas espejo, que yo matizaría en gran medida.

El primer capítulo del libro, “La evolución y el cubo de Necker,” Antonio destaca la diferencia entre “evolución” y “teoría evolutiva,” aunque yo habría puesto mucha más carne en el asador al respecto de la existencia de múltiples teorías evolutivas. La evolución es un hecho, pero hay muchas teorías que la explican y ninguna es más verdadera que las demás, todas se complementan en ciertos aspectos; la realidad es así, ofrece múltiples prismas, pero que todos colapsan gracias al contexto, a ese contexto común a todo nuestro conocimiento que obtenemos gracias al método científico. La ciencia no está escrita, no está acabada. La ciencia está viva, se construye y deconstruye cada día, confome las teorías se matizan y refinan, se descartan y mutan.

No me gusta el concepto de “neguentropía” de Schrödinger, ni las ideas de Prigogine que Antonio expone brevemente en su segundo capítulo “¿Qué es la vida?” Aún así, quiero destacar del final de este capítulo su definición de vida: “La vida es una propiedad que nosotros asignamos a un sistema abierto, neguentrópico, autopoiético, alejado del equilibrio termodinámico, disipativo y autoorganizado gracias a la sinergia emergente de sus subsistemas; además, este sistema es capaz de reproducirse, mutar y reproducir sus mutaciones.” Como bien nos recuerda Antonio, “no existe una línea en la naturaleza que delimite lo vivo de lo inerte, las líneas divisoras las creamos nosotros.”

El brevísimo capítulo tercero, sobre la importancia de que los doctos se confiesen ignorantes, sobre todo si son docentes, porque la ciencia es la ignorancia compartida, deja una sensación extraña. Con perdón, Antonio, pero los tres primeros capítulos del libro, o bien sobran, o bien piden a gritos una discusión más detallada, quizás un nuevo libro específico. A mí no me han gustado, como tampoco me han gustado las referencias a la física en muchos pasajes del libro (para decir “En 1959″ sobra toda la retórica sobre el big bang, la evolución del sistema solar, la de la Tierra, etc.).

En resumen, me ha gustado el libro y lo recomiendo a los lectores de este blog. A quienes también recomiendo, para abrir boca, la charla de Tay en este vídeo sobre “El error del pavo inglés,” y la reseña de Uhandrea para Naukas.

Predicciones de Hughes en 1991 para el futuro de la física de partículas

Ian Simpson Hughes publicó en 1972 un libro sobre partículas elementales, que tuvo una segunda edición en 1985 y una tercera en 1991. En esta última introdujo un epílogo en el que agrupaba los problemas más importantes de la física de partículas en tres bloques. Tres de las cuatro problemas del primer bloque ya han sido resueltos y el cuarto casi. Ningún problema del segundo bloque ha sido resuelto, aunque parte del primero lo será pronto. Para los que no conozcan el libro quizás convengan recordar estas cuestiones.

Bloque 1:

  • ¿Cuál es la masa del quark top? Descubierto en 1995, hoy se estima su masa en 173,5±1,0 GeV/c² [Particle Data Group 2012, quark top].
  • ¿Se puede medir la vida media del protón? El límite inferior actual es de 1,1 × 10³⁴ años [fuente].
  • ¿Tienen masa los neutrinos? Descubierto en 1998, hoy en día las estimaciones cosmológicas indican que Σ mν ≤ 0,29 eV [fuente WiggleZ].
  • ¿Cuál es la solución del problema de los neutrinos solares? Que los neutrinos tienen masa.

Bloque 2:

  • ¿Es el mecanismo de Higgs responsable del origen de la masa? ¿Existe el bosón de Higgs? ¿Cuál es su masa?
  • ¿Por qué hay tres familias de quarks y leptones?
  • ¿Cuál es razón del patrón de las masas de las partículas en cada familia y entre ellas?
  • ¿Son los quarks y los leptones partículas puntuales?
  • ¿Cuál es la teoría correcta para la gran unificación entre las interacciones electrodébil y cromodinámica?

Bloque 3:

  • ¿Cuál es la naturaleza de la materia oscura?
  • ¿Cuál es el origen real de la violación CP?
  • ¿Es el universo cerrado o abierto?
  • ¿Qué mecanismo determina la escala de masas de los bariones y la densidad de materia oscura?
  • ¿Por qué la constante cosmológica es cero o cercano a cero? En 1991 no se sabía que era cercana a cero.
  • ¿Por qué nuestro Universo parece depender de pequeñas violaciones de la simetría?
  • Es la teoría de cuerdas en realidad una “teoría de todo” y cómo puede ser puesta a prueba.

Libros para el verano: “La pizarra de Yuri” de Antonio Cantó

Lo confieso, soy un sentimental. Se me ponen los vellos de punta y se me saltan las lágrimas cuando leo historias como “Los tres superhéroes de Chernóbyl,” La pizarra de Yuri, 11 de abril de 2010. La divulgación científica de izquierdas en España (“rojilla” como le gusta decir a Yuri) es la divulgación de La Pizarra de Yuri. La verdad, me encanta, me encanta leer a Yuri cuando le da su toque de izquierdas a las entradas de su blog.

Entradas imprescindibles como “El pasado era una mierda,” 7 de marzo de 2010, o “Viruela: cuando la mano del Hombre fue más poderosa que el puño de Dios,” 24 de junio de 2010, son las que compendia en su libro, “El libro de la Pizarra de Yuri,” Silente, 2011 (a la venta en librerías por 20€ y en internet más gastos de envío). ”Una recopilación y selección de artículos del blog, con una edición cuidada, que puede venir muy bien –por ejemplo– para un regalo, para leer serenamente este verano.” Solo texto, sin ilustraciones en color, el libro te permite disfrutar de lo mejor de Yuri en estado puro, en esencia.

Muchos blogueros tienen en mente publicar algún día un libro con una selección de las mejores entradas de su blog. Sin embargo, pocos escriben las entradas en el blog de una forma tan cuidada y tan trabajada como Yuri. Pocos lo tienen tan fácil a la hora de convertir su blog en un libro. Yuri lo prometió hace tiempo y lo ha cumplido. Y no será el último libro… ya ha prometido una segunda parte.

Me he leído el libro en tres días, a ratos muertos, y aunque ya conocía muchas de las entradas (pero no todas), las he vuelto a disfrutar. Me ha gustado el formato libro. El libro te permite concentrarte en el texto, en el flujo de las ideas, algo que me resulta difícil cuando leo un blog. En mi caso, trato de leer cuanto antes el meollo de la cuestión para pasar cuanto antes a otra entrada, a otro blog, a donde me lleven los enlaces. El libro rehuye las imágenes, los colores, el grafismo, y te permite entretejer las ideas siguiendo el hilo de la historia. Me ha gustado leer a Yuri en formato libro.

Por supuesto, no todo lo que reluce es oro. Hay varias entradas que no me han gustado (yo hubiera seleccionado otras en su lugar). Pero a cada maestro su librillo.

Para abrir boca, te enlazo las primeras entradas seleccionadas en el libro: ”Esta es tu dirección,” “Esta es tu herencia,” y “Esta es tu naturaleza.” Por supuesto, seguro que prefieres leer “Secretos de la polla,” con un cierto toque morboso (como el propio título indica), pero yo te recomiendo “¿Cómo identificarías una Cosa Misteriosa?.” El resto de las entradas del libro, si no quieres o no puedes comprar el libro, las puedes descargar del blog de Yuri (basta copiar el título del índice del libro y usar su buscador o Google). Aún así, te recomiendo “El libro de la Pizarra de Yuri.”

Por cierto, Yuri, si lees esto… ¿por qué no has incluido en el libro “Chernóbyl-4“? La he echado de menos.

No te dejes engañar… lee “Mala Ciencia” de Ben Goldacre

“Muchos bebés murieron sin necesidad durante una década porque se les privó de este tratamiento salvavidas. Y murieron a pesar de que existía ya suficiente información para saber qué les podía salvar. Lo que pasaba es que nadie había sintetizado en conjunto ni analizado de forma sistemática toda esa información en un metaanálisis. [...] Un concepto que ha salvado la vida a más personas de las que jamás llegarás a conocer en persona. [...] Al acabar [el capítulo 4] sabrás más acerca de la medicina basada en la evidencia y del diseño de pruebas clínicas que el médico medio. Entenderás por qué pueden fallar los ensayos, cómo funciona el efecto placebo, o por qué tendemos a sobreestimar la eficiacia de las pastillas. Entenderás cómo es posible crear un mito en materia de salud, generado, fomentado y mantenido por la industria.” Extracto del capítulo 4 de “Mala Ciencia” de Ben Goldacre, editado por Paidós Contextos, marzo 2011. Lo confieso la editorial me envío copia del libro a cambio de esto.

“El doctor en pediatría Benjamin Spock escribió un libro que batió récords de ventas titulado “Tu hijo” (título original “Baby and Child Care”), que se publicó en 1946 y fue una obra de enorme influencia y una sensatez bastante apreciable. En él recomendaba con plena confianza que los bebés durmieran boca abajo. Hoy sabemos que ese consejo es erróneo y que una sugerencia tan trivial como aquélla, y que fue tan leída y seguida, ha acabado provocando miles (y tal vez decenas de miles) de muertes súbitas de lactantes. (…) Da escalofríos pensar que, cuando creemos que estamos haciendo algo bueno, tal vez estemos haciendo algo malo, pero ése es un pensamiento que debemos tener siempre presente, hasta en las situaciones más inocuas en apariencia.”

“Durante la Segunda Guerra Mundial, en un momento en el que los alemanes no lograban entender cómo nuestros pilotos podían divisar sus aviones desde grandes distancias, incluso en la oscuridad, para impedir que siguieran intentando averiguar si habíamos inventado algo inteligente como el radar (que sí habíamos inventado), los británicos urdimos un elaborado y falso rumor nutricionista. Los carotenos de las zanahorias, explicaron, son transportados al ojo y convertidos allí en retinal, que es la molécula que permite que nuestra vista detecte la luz. Esto es básicamente cierto. (…) Según la historia que se hizo correr desde el bando británico (sin duda, entre grandes carcajadas de aquellos bigotudos de la RAF), lo que habíamos estado haciendo era dar de comer a los nuestros grandes platos de zanahorias con el feliz efecto que se podía observar.

Merece la pena repasar estas tergiversaciones de las pruebas realmente existentes porque ilustran de forma fascinante cómo las personas pueden entender mal las cosas y porque el objeto del presente libro es que ustedes queden inmunizados frente a versiones futuras de semejantes estupideces. (…) Ellos están impulsados por el deseo de crearse un mercado para sí mismos en el que ellos sean los expertos y ustedes los engatusados y los ignorantes.” La solución según Goldacre son las revisiones sistemáticas, “una de las grandes ideas del pensamiento moderno. (…) En lugar de deambular por el ciberespacio seleccionando los artículos y trabajos que mejor sirvan para apuntalar nuestros prejuicios y que más nos ayuden a vender un determinado producto, en una revisión sistemática aplicamos una estrategia explícita de búsqueda para rastrear datos (una estrategia que se describe abiertamente luego, en el artículo publicado con los resultados, donde se indican incluso los términos de búsqueda empleados para indagar en las bases de datos de trabajos), tabulamos las características de cada estudio que encontramos, medimos (a ser posible, de forma “ciega” respecto a los resultados de los estudios) la calidad metodológica de cada uno de ellos (para comprobar lo “imparciales” que son), comparamos alternativas y, por último, elaboramo un resumen crítico y ponderado.” Extractos del capítulo 6 de “Mala Ciencia” de Ben Goldacre, editado por Paidós Contextos, marzo 2011.

Ben Goldacre, autor de "Mala Ciencia."

Ben Goldacre no sólo critica en su libro a las medicinas “alternativas” sin base científica, también arremete contra las industria farmacéutica y su influencia sobre la bibliografía médica profesional. Todos creemos que “las grandes farmacéuticas son malvadas: yo podría estar de acuerdo con esa premisa,” confiesa Goldacre. “Las compañías fijan sus precios siguiendo métodos que podríamos juzgar explotadores. La industria farmacéutica se ha convertido en la tercera actividad más rentable en el Reino Unido, detrás de las finanzas y del turismo. (…) Todos somos socialistas en materia de atención sanitaria: nos inquieta la idea de que la rentabilidad económica pueda desempeñar algún tipo de papel en las profesiones de vocación social. (…) Cómo llega un medicamento al mercado es una materia que se debería enseñar en el colegio. Un fármaco nace con una idea (molécula o similar) que es estudiada en laboratorio con animales para comprobar que funciona y que no nos mata. Si todo va  bien se pasa a la fase I de estudios (“primera prueba en humanos”) en un reducido número de valientes jóvenes sanos (para comprobar que no les mate y para medir la rapidez con la que el organismo excreta el fármaco). Si todo funciona pasamos a un ensayo de fase II en unas doscientas personas aquejadas de la enfermedad relevante para el fármaco (“prueba de concepto”), a fin de estudiar la dosis adecuada y hacernos una idea de su eficacia. Muchas medicinas fracasan en este punto. Lo último es realizar un ensayo de fase III (aleatorizado y ciego) en centenares o miles de pacientes, en el que se compara el fármaco con un placebo o con otro tratamiento comparable para medir su eficacia y seguridad. Antes de la salida al mercado hay que solicitar una licencia para vender el medicamento, lo que a su vez puede llevar a unos cuantos ensayos más. Una vez en el mercado, todo el mundo se mantendrá alerta por si surge algún efecto secundario inadvertido hasta entonces (en el Reino Unido estos efectos los pueden informar incluso los pacientes a través del sistema Yellow Card). (…) Los médicos toman sus propias decisiones racionales a la hora de recetar un medicamento en función de lo bueno que ha demostrado ser en los ensayos, de los serios que son sus efectos secundarios y, a veces, de su coste. Lo ideal sería que obtuvieran la información sobre su eficacia a partir de los estudios publicados en revistas académicas que tengan implantado un sistema de revisión por pares o de manuales y artículos de revisión. A lo peor, confiarán en las mentiras de los visitadores médicos de las farmacéuticas y en el “boca a oreja.” Los ensayos de fármacos son caros, por lo que más del 90% de los ensayos clínicos clínicos de medicamentos y el 70% de los ensayos recogidos en las principales revistas médicas son realizados o encargados por la industria farmacéutica.” Extractos del capítulo 11 de “Mala Ciencia” de Ben Goldacre, editado por Paidós Contextos, marzo 2011.

Goldacre afirma que “hablando a título personal, yo desconfío profundamente de las compañías famarcéuticas, no porque piense que toda la medicina es mala, sino porque sé que disponen de datos ocultos poco halagüeños, y porque he visto hasta qué punto tergiversan la ciencia en su material promocional. (…) ¿Qué pruebas tiene un médico de la seguridad de un tratamiento concreto?” Goldacre recomienda “las revisiones sistemáticas de la bibliografía especializada realizadas por instituciones con autoridad académica, como la intachable Cochrane Collaboration.” En España contamos con el Centro Cochrane Iberoamericano, ubicado en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona (miembro del Instituto de Investigación Biomédica Sant Pau), cuya misión es “preparar, mantener y divulgar revisiones sistemáticas sobre los efectos de la atención sanitaria.” Extractos del capítulo 16 de “Mala Ciencia” de Ben Goldacre, editado por Paidós Contextos, marzo 2011.

El multiverso, ciencia o pseudociencia

Peter Woit se pregunta si es inmoral el multiverso, si es inmoral que muchos científicos de prestigio hablen del multiverso, concepto que raya la pseudociencia, si es inmoral que muchos científicos se enriquezcan vendiendo best sellers engañando a la gente haciéndoles creer que la idea el multiverso es ciencia y no mera pseudociencia. Por supuesto que esta breve entrada será criticada por muchos, aún así quisiera recomendar la lectura de “Is the Multiverse Immoral?,” Not Even Wrong, January 29th, 2011. El multiverso está de moda y muchos físicos teóricos de prestigio se han apuntado al carro de vender muchos libros hablando del multiverso (Michio Kaku “Parallel Worlds” (2004), Leonard Susskind “The Cosmic Landscape“ (2005), Alex Vilenkin “Many Worlds in One” (2006), Sean Carroll “From Eternity to Here” (2010), John Gribbin “In Search of the Multiverse” (2010), Stephen Hawking & Leonard Mlodinow “The Grand Design” (2010), Brian Greene “The Hidden Reality” (2011) o Steven Manly “Visions of the Multiverse” (2011), como los más destacados). Una inundación de libros que viene acompañada de artículos en revistas de divulgación científica, en prensa, en radio y en T.V. Ahí queda eso.

X Carnaval de Matemáticas: Dulcinea del Toboso y los números primos

Fragmento 1095 de “El Quijote en youtube” http://www.youtube.com/elquijote

Los números primos aparecen hasta en la sopa, digo, hasta en la segunda parte del Quijote (1615), “El Ingenioso Caballero don Quijote de la Mancha,” en su ”Capítulo IV: Donde Sancho Panza satisface al bachiller Sansón Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucesos dignos de saberse y de contarse” podemos leer lo siguiente (o escucharlo en el vídeo de youtube que abre esta entrada):

“Dicho esto, rogó al bachiller que, si era poeta, le hiciese merced de componerle unos versos que tratasen de la despedida que pensaba hacer de su señora Dulcinea del Toboso, y que advirtiese que en el principio de cada verso había de poner una letra de su nombre, de manera que al fin de los versos, juntando las primeras letras, se leyese: Dulcinea del Toboso.

El bachiller respondió que, puesto que él no era de los famosos poetas que había en España, que decían que no eran sino tres y medio, que no dejaría de componer los tales metros, aunque hallaba una dificultad grande en su composición, a causa que las letras que contenían el nombre eran diez y siete; y que si hacía cuatro castellanas de a cuatro versos, sobrara una letra; y si de a cinco, a quien llaman décimas o redondillas, faltaban tres letras; pero, con todo eso, procuraría embeber una letra lo mejor que pudiese, de manera que en las cuatro castellanas se incluyese el nombre de Dulcinea del Toboso.”

Al ser el número 17 un número primo, no es divisible en números menores, por lo que el bachiller no pudo componer un poema utilizando solo estrofas de dos versos (pareados), ni solo estrofas de tres versos (tercetos o soleás), ni solo estrofas de cuatro versos (cuartetos, cuartetas, seguidillas o redondillas), ni solo estrofas de cinco versos (quintillas), ni solo estrofas de seis versos (sextillas), ni solo estrofas de siete versos (pavanas), ni solo estrofas de ocho versos (octavillas u octavas), ni solo estrofas de nueve versos (novenas o estancias), ni solo estrofas de diez versos (décimas o redondillas castellanas); aunque sí podría haber compuesto un poema con una décima y una pavana (pero ya se sabe, las pavanas eran para cantar y las décimas para recitar).

Esta es mi tercera contribución para la X Edición del Carnaval de Matemáticas que organiza el blog que estás leyendo ahora mismo. Te animo a contribuir con tu granito de arena (mañana, 28 de enero es el último día que se aceptarán contribuciones). No hace falta tener un blog, puedes darte de alta en la web del Carnaval de Matemáticas y publicar tu entrada allí. El día 31 se publicará en este blog una recopilación de todas las entradas.

Y es que hablando de números primos…

Los números primos gemelos son los primos consecutivos cuya diferencia es igual a dos, como 17 y 19, o 617 y 619, o 100314512544015 × 2171960 – 1 y 100314512544015 × 2171960 + 1; ¿hay infinitos primos gemelos? Nadie lo sabe. ¿Hay infinitos números primos cuya diferencia sea 4? Nadie lo sabe. ¿Todo número par mayor de 2 puede ser la diferencia de dos números primos? Nadie lo sabe.

Los números primos de Mersenne son los primos que tienen la forma 2ª-1. Hoy sólo se conocen 47 números primos de Mersenne, siendo el mayor de ellos 243.112.609−1, un número de casi trece millones de cifras publicado en octubre de 2010. ¿Hay infinitos números primos de Mersenne? Nadie lo sabe.

Un botón de muestra sobre números primos en la web: “Factor Clock;” Lisa Zyga, “New Pattern Found in Prime Numbers,” PhysOrg.com, traducido por Kanijo, “Nuevo patrón encontrado en los números primos,” Ciencia Kanija, eco en Gaussianos y en Microsiervos; ^DiAmOnD^, “Una nueva solución al problema de Sierpinski, un nuevo número primo,” Gaussianos; Miguel Ángel Abánades Astudillo, “Los Números Primos: de Euclides a Internet;” Ivo Basso Basso, Jorge Campos Parra, Rodrigo Ramirez Candia, “Sobre algunas conjeturas en aritmética;” Trébede, “Algunos tipos de números primos,” en la trébede; A Vanbrugh, “Por qué el 1 dejó de ser un número primo,” Universitas Universitatis; Salvador Ruiz Fargueta, ”Números primos, números de una sola pieza,” La bella teoría; Ignacio Munguía, “Los díscolos números primos (I),” “(II),” ”(III),” “(IV),” “(V),” “(VI),” “(VII),” “(VIII),” y “(IX),” GenCiencia; “Hallan el primo de Mersenne número 44,” Neofronteras; ”Calendario primo,” Espejo Lúdico; omalaled, “El béisbol y los números primos,” Historias de la Ciencia; “La espiral de números primos de Sack,” cgredan blog; alpoma, “La espiral de Ulam,” Tecnología Obsoleta; “Espirales y números primos,” Microsiervos; Claudio, “201 – Una nueva fórmula para generar números primos,” Números y algo más..; Maikelnai, “El 73.939.133, un extraño número primo,” Maikelnai’s blog; Adrián Paenza, “ISBN,” Página 12; “11111…11111 es primo,” Microsiervos; “The first fifty million primes;” Carlos Paris, “Primal Chaos (Visualizations);” Eric W. Weisstein, “Mersenne primes,” MathWorld Headline News;y “Prime Curios!

IX Carnaval de Matemáticas: La búsqueda del verdadero retrato del matemático Adrien Marie Legendre

Hay científicos que se niegan en vida a ser retratados. Quieren ser famosos por su obra, no por su imagen. El ejemplo más famoso es Adrien Marie Legendre (1752-1833), matemático francés que trabajó en análisis, teoría de números, mecánica celeste y matemática aplicada. Hasta 2005, nadie conocía la verdadera cara del “padre” de la ecuación diferencial de Legendre, de los polinomios de Legendre, de la transformación de Legendre, del símbolo de Legendre en teoría de números, de la relación de Legendre para integrales elípticas, de la fórmula de Legendre para la función gamma, etc. Un “fantasma” de la matemática que trató que su vida personal fuera un absoluto secreto, hasta el punto de que nunca se dejó retratar (que él supiera). Nos lo contó Peter Duren (Universidad de Michigan), “Changing Faces: The Mistaken Portrait of Legendre,” Notices of the AMS 56: 1440-1443, Dec. 2009. Con esta entrada Francis participa en el IX Carnaval de Matemáticas que este mes acoge Juan Gonzalez (Trébede), palentino, quien “por mucho que cena todos los días se levanta en ayunas,” en su blog “Rescoldos en la trébede.”

Durante más de un siglo, todo los libros de historia de la matemática presentaban el retrato de la izquierda, en el que aparece Louis Legendre, activista “montañés” durante la Revolución francesa, como el único retrato conocido del matemático Adrien Marie Legendre. Los montañeses (montagnards) eran “los diputados de la Asamblea legislativa de 1791 que se sentaban en los bancos más altos de la Asamblea, denominada la Montaña; liderados por Georges Danton, Jean-Paul Marat y Maximilien Robespierre, conocieron su apogeo en la primavera de 1793, con 300 diputados en la Convención nacional; contrarios a la monarquía, dominando la Convención, el Comité de Salvación Pública y el Comité de Seguridad General, impusieron una política de Terror” [es.wiki].

Louis no se parece en nada a Adrien Marie y de hecho no tienen ningún tipo de parentesco familiar aunque los dos se apellidan Legendre. De hecho, es bien conocido que Adrien Marie firmaba “Le Gendre” (se conservan algunas cartas que envió a otros matemáticos), y que este retrato está firmado “Legendre.” Por cierto, esta litografía de Louis Legendre es del artista François-Séraphin Delpech (1778–1825) y se incluye en un libro que presenta retratos similares de figuras prominentes de su tiempo: políticos, científicos, artistas, militares, incluso el Rey Luis XVI. Quizás la confusión provenga de que en dicho libro aparecen retratados matemáticos como Lagrange, Monge, Carnot, y Condorcet. Aunque sorprende que también aparece un retrato múltiple de “montañeses” que incluye entre ellos a Louis Legendre y que nadie se diera cuenta de que ambos retratos son (casi) idénticos a pesar de ser asignados a dos personas diferentes.

Parece increíble que una metedura de pata tan grande se haya propagado por libros y páginas web durante tanto tiempo [la es.wiki ya contiene la nueva foto]. He de confesar que yo mismo cometí este error en transparencias que mostré a mis alumnos. Si alguno de mis ex-alumnos, a quien confundí a este respecto, me está leyendo ahora, le pido perdón por mi craso error. Yo no lo descubrí hasta que en enero de 2010 leí el número de diciembre de 2009 de Notices of the AMS y aunque tenía la idea de escribir sobre este tema desde hace tiempo, mi amplia lista de borradores no recibe una buena limpieza hasta finales de año.

¿Cómo se descubrió…? En 2005, dos estudiantes de la Universidad de Estrasburgo descubrieron que el famoso retrato de Legendre era idéntico al retrato de un montañés revolucionario también apellidado Legendre. Todos los blogs de divulgación francesa de las matemáticas se hicieron eco de esta noticia (yo no me enteré entonces porque yo no leía blogs en 2005). Gracias a los blogueros franceses se inició una búsqueda “desesperada” de un retrato verdadero de Adrien-Marie Legendre. Tres años de intensa búsqueda concluyeron en 2008 cuando se descubrió en la biblioteca del Instituto de Francia en París, un libro de acuarelas de Louis Leopold Boilly (1761-1845) publicado en 1833 que incluía 73 caricaturas de miembros del Instituto. Una de las acuarelas (ver la figura que abre esta entrada) presentaba sendas caricaturas de Legendre y Fourier. El único “retrato” conocido del famoso matemático. El descubridor fue el bloguero francés Jean-Bernard François (autor del blog job.infofiltrage.com), que además de informático e infografista, también tiene ciertas dotes de artista plástico. Jean-Bernard se atrevió a desarrollar un retrato robot de Legendre a partir de la caricatura de Boilly.

La historia del libro de caricaturas de Boilly es bastante tortuoso, ya que pasó por múltiples manos privadas hasta que fue donado al Instituto en 2001 por uno de sus miembros, Daniel Wildenstein, que lo compró el 28 de enero de 1999 en una subasta pública de Christie’s en Nueva York. El libro fue subastado tras la muerte de Boilly el 14 de diciembre de 1874. Los que quieran disfrutar de la caricatura completa de Boilly pueden disfrutarla aquí. Por cierto, las 73 caricaturas (litografías y acuarelas) de Boilly contienen a miembros tan famosos del Instituto como Marquis Pierre Louis Simon de Laplace (1749-1827), Comte Jean Dominique Cassini (1748-1845) y Jean Baptiste Biot (1774-1862). Los que quieran disfrutar de todas las caricaturas (son 53 páginas/láminas) las pueden ver aquí (aparecen de 9 en 9 en cada página y hay que pulsar “suivante” para pasar de página). Os recomiendo la caricatura de Bernard Germain Etienne Lacépède y la de Abel Rémusat, pero todas tienen su aquel (como ésta). Realmente merece la pena pasear por estas caricaturas… ¡Qué las disfrutéis!

Roger Penrose: La frialdad del universo durante los primeros instantes de la gran explosión

El universo en los primeros instantes de la gran explosión era muy caliente y muy frío a la vez. Muy caliente porque la temperatura de la materia y de la radiación electromagnética tienden a infinito cuando nos acercamos a la singularidad inicial. Muy frío porque no hay ondas gravitatorias ni agujeros negros cuando nos acercamos a ella. La “temperatura gravitatoria” del espaciotiempo se acerca a cero en el inicio del tiempo. Una paradoja que nos trata de explicar Roger Penrose, físico matemático de la Universidad de Oxford, Reino Unido, en su último libro “Cycles of Time.” Penrose es uno de los científicos más creativos y fértiles de nuestro tiempo, además de uno de los grandes divulgadores científicos. ¿Por qué el futuro es tan diferente del pasado? ¿Por qué un huevo roto en mil pedazos nunca vuelve a recomponerse? Según Penrose esta diferencia es ficticia. En un futuro muy lejano el universo volverá a alcanzar un estado muy similar al que tuvo en sus primeros instantes. Un estado uniforme altamente improbable que el universo volverá a alcanzar cuando todos los agujeros negros se hayan evaporado y el espaciotiempo en expansión se haya vuelto plano e isótropo sin ninguna irregularidad. Nos lo cuenta Lee Smolin, “Cosmology: Space‐time turn around,” Autumn Books, Nature 467: 1034–1035, 28 October 2010.

Penrose afirma que la flecha del tiempo se explica por la evolución del universo a partir de un estado muy especial, simple, homogéneo, isótropo y muy poco probable. Según la segunda ley de la termodinámica, la entropía (el azar) tienden a aumentar y aparece la flecha del tiempo. En un futuro muy lejano el universo estará dominado por una ”energía oscura” asociada al espaciotiempo vacío que alcanza un valor constante (al menos en los modelos más simples de la energía oscura). La energía oscura acelera la expansión, diluyendo la materia y la radiación. Todos los agujeros negros se evaporarán y toda la materia (partículas elementales) decaerán en fotones y otras partículas sin masa. Si estas hipótesis son ciertas, el universo volverá a alcanzar un estado muy similar al que tuvo en los primeros instantes tras la singularidad inicial: un espaciotiempo plano, homogéneo, isótropo y repleto de un gas de fotones. La única diferencia es que la temperatura y la densidad del universo primitivo son muchos órdenes de magnitud mayores que las de su futuro más lejano. Penrose opina que esta diferencia tiene su origen en un cambio de escala y cual mago se saca un truco de su chistera: la física temprana y tardía del universo no depende de la escala. En pocas palabras, las partículas sin masa, que se mueven a la velocidad de la luz, no tienen asociada ninguna escala de longitud o de tiempo, se mueven como si el tiempo no existiera y como si el universo no tuviera tamaño definido. Para Penrose la identidad del universo temprano y tardío apunta a un espaciotiempo cíclico: el universo temprano es el universo tardío de un época anterior al inicio del tiempo. Según Smolin, “una idea deliciosamente absurda, pero, la verdad, perfectamente posible.” Una idea que no requiere de la inflación cósmica para explicar la gran homogenidad e isotropía de la radiación de fondo cósmico de microondas. Los problemas asociados a cómo parar la inflación (que produce un multiverso en lugar de un único universo) se evitan gracias al toque de la varita mágica de Penrose. No es necesario recurrir a principio antrópico alguno y el tiempo como una rueda tiene su inicio en su propio final.

Luchando contra el peligro de internet para nuestro cerebro

No sé si habéis leído el artículo de Guillermo Caba, “¿Es internet bueno para nuestro cerebro?,” Redes para la ciencia, número 6, septiembre 2010, o el de Ángel Jiménez de Luis, “Cerebros atontados por internet,” Eureka, Suplemento dominical de El Mundo, 19 de septiembre de 2010, o el libro de Nicholas Carr del que ambos se hacen eco, “The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains,” Norton, 2010.

“Los enlaces son una herramienta fantástica, pero son interrupciones constantes que nos sacan del texto para llevarnos a otra parte. Incluso si no los pulsamos son una distracción para nuestro cerebro, una señal para que se acuerde de que puede seguir leyendo por otra parte, de que hay algo más que debe saberse. No sería lógico acabar con los enlaces en la red, pero para los usuarios sería mejor tener una lista de enlaces al final de un texto profundo y largo, en vez de intercalados en la redacción.” Nicholas Carr [c&p artículo de Ángel].

“Hay una relación inversa entre el número de enlaces (links) que hay en un documento y la comprensión que acabamos teniendo del mismo. Los trabajos de investigación demuestran que las personas que leen textos en forma lineal entienden más, recuerdan más y aprenden más que los que lo hacen a través de textos online que están salpicados de links. Según Carr, para que los datos y experiencias de nuestra vida se puedan asentar en nuestra conciencia de forma armónica y estén disponibles gracias a nuestra memoria es necesario que la atención no se rompa en mil pedazos.”

“Al movernos a través de textos interactivos perdemos la concentración. Como resultado la comprensión de lo que estamos intentando aprender se vuelve muy superficial. Muchos internautas no llegan a distinguir entre lo que han leído y lo que no han leído” [c&p artículo de Guillermo].

El peligro es acabar enviciado. “Ansiando lo nuevo a pesar de que sepamos que es trivial porque una mente que ya no sabe estar atenta ansía las interrupciones. Las interferencias se convierten en el patrón de nuestra forma de trabajar y de disfrutar (o padecer) nuestro tiempo libre. Según Michael Merzenick, entrenamos nuestros cerebros para que presten atención a las estupideces” [c&p artículo de Guillermo].

He reflexionado y creo que Carr tiene razón y es mejor evitar que el texto de las entradas de este blog esté plagado de enlaces a sus fuentes (artículos técnicos), a la wiki y a otros sitios. Así que cambiaré un poco el estilo de las entradas. Intentaré poner siempre los enlaces al final del texto e insertaré números ente corchetes (como [1], [2], …) a modo de referencia a los mismos, para los enviciados con los enlaces que no puedan vivir sin ellos.

Por cierto, ¿qué opináis al respecto? ¿Os parece acertada mi decisión de relegar los enlaces al final del texto? Me gustaría oir vuestras críticas a Carr. Este blog, en parte es mío y en parte también es vuestro.

Un afroamericano “silbando a Vivaldi” por las calles de Chicago

Brent Staples, estudiante negro de la Universidad de Chicago, notó que al cruzar por las calles de Hyde Park por la noche la gente le miraba con miedo. Staples decidió pasear silbando a Vivaldi. Gracias a ello escapó del estereotipo: negro igual a delincuente. Cuando hace una década visité la Universidad de Chicago en Hyde Park me sorprendió que estuviera rodeada de tres de los cinco barrios más peligrosos de la ciudad (el otro lado mira al lago Michigan). La universidad contaba con su propia policia y dentro de Hyde Park había teléfonos públicos a los que podías llamar para que esta policía, previa identificación con el ID de la universidad, te acompañara hasta tu casa (yo me alojaba en Hyde Park) o hasta la parada de autobus o de metro más próxima. En los ascensores había carteles avisando del modus operandi de algunos ladrones que actuaban en el campus y recordando las normas más elementales de seguridad. Yo nunca me sentí inseguro. Los supermercados de Hyde Park eran más caros que los de los barrios que lo rodean y decidí que merecía la pena darse un paseo vespertino para aprovechar dicha ventaja económica. Nunca tuve problemas. Quizás fue suerte. Los estereotipos son así y sobre ellos trata el libro, que no he leído, de Claude M. Steele, “Whistling Vivaldi And Other Clues to How Stereotypes Affect Us,” Norton, New York, 2010, que nos comenta William von Hippel, “Psychology: Performance Sapped by Stereotypes,” Science 329: 1469-1470, 17 September 2010.

Steele, un psciólogo social de la Universidad de Columbia, repasa en su libro los trabajos de investigación más importantes desarrollados en los últimos 20 años sobre los estereotipos y la amenaza psicológica que suponen para todos. Steele y Steve Spencer descubrieron hace años que las puntuaciones en exámenes de matemáticas realizados por mujeres eran más altas cuando antes del examen se les indicaba que no existen diferencias de género en el rendimiento matemático entre hombres y mujeres según las investigaciones más recientes. Lo mismo ocurrió cuando Steele y Spencer estudiaron estudiantes negros (afroamericanos en el artículo de Science). En test de inteligencia mejoraban sus resultados si se les decía antes del test que no existen pruebas de que el rendimiento de los afroamericanos sea inferior al de los euroamericanos. Se han realizado muchos otros estudios en esta línea con resultados similares. Para Steele los estereotipos suponen una amenaza por lo que consumen recursos cognitivos valiosos y degradan el rendimiento en pruebas y exámenes.

William von Hippel nos indica que el libro de Steele está muy bien escrito con un lenguaje atractivo y fácil de leer incluso para los lectores sin conocimientos científicos. El libro sigue la historia de los experimentos y los expertos ya familiarizados con esta línea de investigación también disfrutarán del flujo de los acontecimientos, ideas y personas que influyeron en el desarrollo de la teoría de los estereotipos. Lo más interesante del libro es que nos muestra que es muy fácil relajar la tensión o amaneza que suponen los estereotipos, incluso con unas pocas frases bien elegidas. Pequeños cambios en el individuo tienen un efecto dramático sobre su rendimiento. Gracias a los trabajos de Steele, tanto teóricos como experimentales, ha quedado claro algo que pocos habrían imaginado, diferencias tan pequeñas en la educación y la formación pueden tener un efecto enorme sobre el rendimiento.

“The Grand Design” el último libro de Stephen Hawking

Que hablen de tí, aunque sea mal, pero que hablen,” es la máxima que la mayoría de los editores les recomiendan a los autores que editan. Stephen Hawking lo sabe y lo sabe aprovechar bien. Ya he leído su último libro, “The Grand Design” (no confundir con “The Great Design” de Robet K. Adair), gracias a una copia ”pirata” descargada de la web. El libro se lee fácil, sin fórmulas matemáticas, Hawking argumenta que la Teoría M, la versión más desarrollada, pero aún incompleta, de la teoría de cuerdas es su candidata a teoría última sobre la realidad. El libro ha generado bastante polémica (no entraré en ella). Permitidme que os haga un resumen/comentario del libro. Los que gusten de otras fuentes, a mí me han gustado los comentarios de Peter Woit, “Hawking Gives Up,” Not Even Wrong, September 7th, 2010, y los de Roger Penrose, “Review of “The Grand Design”,” FT.com, September 4 2010.

Para Hawking, la teoría M no es una teoría, sino una familia de teorías, que muestran desde diferentes prismas la misma realidad, la realidad. Igual que un mapa de Mercator muestra la Tierra deformada, cada una de estas teorías nos da una visión diferente de la realidad, destacando diferentes aspectos, pero coincidiendo en el fondo, un fondo común a todas ellas que es la propia realidad. La teoría M predice que un gran número de universos han sido creados a partir de la nada, una creación que no requiere ningún ser sobrenatural o Dios (que aparece mencionado en el libro unas diez veces). Estos múltiples universos surgen de forma natural a partir de las leyes físicas, son una predicción científica. Cada universo evoluciona en múltiples historias (en el sentido de Hugh Everett) y todos sus posibles estados se dan en alguna de estas historias. Solo algunos universos permiten la existencia de la vida. Solo algunas historias en cada universo permiten la existencia de los seres humanos. El principio antrópico nos hace, en cierto sentido, creadores del universo.

Hawking recorre la historia del conocimiento científico sobre qué es la realidad, empezando por los vinkingos, pasando por los griegos, los cristianos, Kepler, Galileo, Descartes, Newton y Laplace. ¿Existe el libre albedrío? ¿Determinan las leyes que rigen el universo nuestro comportamiento? La física, la metafísica, la filosofía, la película The Matrix y la web Second Life nos hacen dudar de que haya un concepto de realidad último, independiente de la teoría o del modelo utilizado. “The Grand Design” aboga por una interpretación de la realidad dependiente del modelo muy en la línea de la física/ciencia contemporánea. Un modelo de la realidad debe ser elegante, debe contener pocos parámetros arbitrarios o ajustables, debe explicar todas las observaciones que existan, y debe realizar predicciones detalladas para las futuras observaciones que puedan ser refutadas si el modelo no se confirma. El modelo estándar de las partículas elementales, por ejemplo, no es una teoría elegante, según Hawking, pero la teoría M sí que lo es. Aunque Hawking no dice por qué lo cree así.

El capítulo cuarto trata de sintetizar las ideas que subyacen a la mecánica cuántica siguiendo la senda de la formulación de integrales de camino de Richard Feynman. La discusión del experimento de la doble rendija de Clinton Davisson y Lester Germer (1927) utilizando un jugador de fútbol resulta curiosa. En la versión cuántica el jugador dispara buckybolas, moléculas con 60 carbonos dispuestas a modo de balón de fútbol. La discusión sobre las implicaciones de la mecánica cuántica es siempre difícil y Hawking no se moja mucho. Menciona de pasada muchos conceptos complejos, como los experimentos de elección retardada o la ecuación cuántica de Wheeler para el universo, pero sin entrar en explicaciones. Quizás será en aras a una exposición ágil que no desvíe la atención del lector. Por cierto, el libro está bien ilustrado con gráficos en 3D, pero no tan profusamente como “El Universo en una Cáscara de Nuez.” Me ha gustado la selección de ilustraciones de Sidney Harris (aunque todas sean muy conocidas).

“Lo más incomprensible sobre el universo es que sea comprensible.” Albert Einstein.

En la búsqueda de una teoría de todo, Hawking nos recuerda que la idea del experimento de Michelson-Morley fue de James Clerk Maxwell, las ideas básicas de la relatividad, las cuatros fuerzas fundamentales, los diagramas de Feynman y las ideas básicas sobre el modelo estándar. La discusión avanza rápido hasta alcanzar la teoría de cuerdas (en 10D) y la teoría M (en 11D), que no se explican en el libro más allá de algunas ideas sueltas. Su relación mutua no quedará nada clara al lector que ya no la conozca. Según Hawking la teoría M describe 10500 universos posibles. El capítulo 6 repasa el origen del universo muy en la línea de “La Historia del Tiempo.”

El último capítulo trata de explicar el por qué de la teoría M y empieza con preguntas tan generales como ¿por qué hay algo y no hay nada? ¿Por qué existimos? ¿Por qué las leyes físicas son las que son y no otras? Preguntas que le llevan  a mencionar a Dios en reiteradas ocasiones y a discutir el “Juego de la Vida” de John Conway. Según Hawking la complejidad en el universo (como la vida inteligente) emerge de las leyes físicas sencillas que lo rigen, cual ciertos comportamientos complicados (desde nuestro punto de vista) emergen en el juego de Conway a partir de reglas muy sencillas.

El libro acaba y te deja un cierto sabor extraño en la boca. Un regusto a poco. Me ha parecido un libro con muy poca substancia. Quizás esperaba más. No sé. Afirmar que la teoría de todo, el santo grial de la física, es la teoría M no requiere un libro escrito en colaboración con el famoso escritor científico Leonard Mlodinow. No sé, me hubiera gustado que Stephen Hawking se mojara más. Que tratara de explicar a un público general qué es la teoría M. Quizás, incluso si quisiera haberlo hecho, no podría, ya que nadie sabe qué es la teoría M más allá de unas ideas muy vagas.

“The Grand Design” es moco de pavo comparado con el genial “The Road to Reality” de Roger Penrose. Aunque quizás estoy cometiendo el grave error de comparar un libro sin ninguna fórmula matemática (ni siquiera E=m c²) con un libro repleto de fórmulas matemáticas y con argumentos muy técnicos para la mayoría de los lectores. Me parece que me voy a volver el libro de Penrose. Tras leer el librito de Hawking necesito los efluvios en boca de un libro bien servido de fórmulas y argumentos rigurosos.

Lecturas para el verano: Nobeles españoles, Cajal, Ochoa y de la neurona al ADN

Todos los veranos hay que aprovechar los días de vacaciones para leer y en este blog aprovechamos para recomendar algunas lecturas. Me gustaría destacar un libro breve pero interesante en el que Alfredo Baratas nos presenta una breve biografía de Santiago Ramón y Cajal, y María Jesús Santesmases, quizás con menor acierto, nos presenta otra de Severo Ochoa de Albornoz, editado por Nivola en su serie novatores. A la izquierda tenéis la portada del libro. La biografía de Severo incluye al final un apéndice sobre “La imagen pública de Ochoa en España” en la que se presentan y comentan recortes de prensa durante el franquismo desde 1958 a 1975. El libro es cortito, bien ilustrado y se lee fácil. En mi opinión es un buen punto de partida para incentivar al lector a recurrir a textos biográficos de mayor entidad sobre los dos únicos científicos españoles que han logrado un Nobel. Como me ha gustado el trabajo de Baratas me centraré en él.

Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) es el único Premio Nobel científico obtenido por un español para España (Severo Ochoa lo obtuvo para EE.UU.). Los que tenemos cierta edad recordamos la serie de RTVE “Ramón y Cajal” dirigida por José María Forqué con Adolfo Marsillach en el papel de Santigo (los que no la conozcan la pueden ver aquí). Con los tiempos que corren recomendar la lectura de su autobiografía “Recuerdos de mi vida. Santiago Ramón y Cajal,” yo le leído la edición de Juan Fernández Santarén para Crítica, que incluye el texto del discurso de Cajal, ”Reglas y consejos sobre investigación científica,” muy recomendable para todos los estudiantes de disciplinas científicas.

Cajal estudió medicina en la Universidad de Zaragoza e hizo el servicio militar obligatorio como médico militar en plena guerra de Cuba (1874). Sus primeros pasos como investigador los dio en la Universidad de Zaragoza entre 1875 y 1883. Se presentó a tres plazas de catedrático y a la tercera fue la vencida. Catedrático de Anatomía por la Universidad de Valencia entre 1883 y 1887 fue allí donde orientó su investigación como micrografista hacia la neurohistología. Fue en 1887 cuando descubrió las impregnaciones de Camillo Golgi, su competidor en lo científico y con quien compartió el Nobel. Catedrático de Histología por la Universidad de Barcelona entre 1888 y 1892  fue allí donde realizó los grandes descubrimientos científicos que le llevaron al Nobel.

España no existía para la ciencia europea. Los artículos de Cajal en español no tenían repercusión alguna a nivel europeo. Cajal decidió traducir algunos de dichos artículos al francés y logró publicarlos en revistas francesas y alemanas. El hito histórico que le abrió a Cajal las puertas de la fama europea ocurrió en 1889. Cajal decidió asistir por sus propios medios al Congreso Anual de la Sociedad Anatómica Alemana para presentar sus preparaciones micrográficas. El histólogo Van Gehuchten lo recuerda así (extracto de la biografía de Alfredo Baratas):

“La desconfianza era tal, que en el Congreso de Anatómicos celebrado en Berlín en 1889, Cajal [...] encontrábase solo, no suscitando en torno suyo sino sonrisos incrédulas. Todavía creo verlo tomar aparte a Kölliker, entonces maestro incuestionable de la histología alemana, y arrastrarlo a un rincón de la sala de demostraciones, para mostrarle en el microscopio sus admirables preparaciones y convencerle al mismo tiempo de la realidad de los hechos que pretendía haber descubierto. La demostración fue tan decisiva que algunos meses más tarde el histólogo de Wüzburgo confirmaba todos los hechos afirmados por Cajal.”

Como nos recuerda Baratas, “el aval de Kölliker y el examen a que éste sometió las conclusiones de Cajal contribuyeron a dar credibilidad a las aportaciones científicas del español, convirtiéndole en un referente principal en el panorama internacional de la neurohistología.” El episodio de Kölliker aparece reflejado al final del capítulo 7 de la serie de RTVE. Recomiendo la lectura de Javi Peláez, “Albert Kölliker, el suizo que descubrió al mundo a Santiago Ramón y Cajal,” La Aldea Irreductible, 6 de abril de 2010.

Cajal, ya como científico de reconocido prestigio nacional e internacional, logró una Cátedra en Madrid que ocupó de 1892 hasta que se jubiló con 70 años en 1922. Algunos de los trabajos que Cajal publicaba en español en los Anales de la Sociedad Española de Historia Natural fueron traducidos directamente al alemán por Albert Kölliker (que dicen que aprendió español para poder hacerlo). En febrero de 1894 Cajal fue invitado a impartir una conferencia en la Royal Society londinense y fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Cambridge. Entre 1897 y 1904 publicó su manual “Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados,” obra que está considerada como el texto científico en español más importante de nuestra historia (este texto fue traducido al francés en 1909).

Cajal recibió en 1905 la medalla helmholtz de la Real Academia de Ciencias de Berlín y en 1906 el Premio Nobel de Medicina, junto a Camillo Golgi. El discurso Nobel de de Cajal elogiaba las contribuciones de Golgi, no así el del italiano, que lo citó solo de pasada. Más tarde Cajal afirmó sobre el sabio de Pavia: “¡Cruel ironía de la suerte, emparejar, a modo de hermanos siameses unidos por la espalda, a adversarios científicos de tan antitético carácter.”

Os recomiendo escuchar la biografía de Cajal en La Aldea Irreductible, su Podcast, Capítulo 6, “Santiago Ramón y Cajal,” 8 agosto 2008 (incluye la voz del propio Cajal y recortes de una entrevista en RNE a Teófilo Hernando, compañero de investigaciones y médico personal de Cajal hasta el momento de su fallecimiento).

El libro de tablas matemáticas de Abramowitz y Stegun ahora gratuito por internet

Todos los que nos dedicamos a la matemática aplicada tenemos una copia del libro de tablas y fórmuals matemáticas de Abramowitz y Stegun en nuestra biblioteca (en mi caso en mi despacho). También tengo copia en pdf y djvu descargadas de internet, que por cierto consulto más a menudo que la versión de mi estantería. Ahora aparece publicada una versión oficial de forma gratuita en internet. Recomiendo a todos los aficionados al Abramowitz-Stegun tener dicho enlace entre los favoritos. Visto en Stefan, “Abramowitz/Stegun goes online,” Backreaction, May 17, 2010, y en Julianne, “My Favorite Silly Function,” Cosmic Variance, May 17, 2010 (que incluye un enlace a la versión en PDF del libro).

Hannibal Lecter, experto en teoría de cuerdas según Thomas Harris, pero experto en “teoría coherente” según el traductor al español

La mayoría de las conferencias divulgativas sobre teoría de cuerdas nos recuerdan que Hannibal Lecter, el caníbal, es experto en teoría de cuerdas, según el libro de Thomas Harris, “Hannibal,” Delacorte Press, 1999, capítulo 89: “Lecter sits and… repeat efforts with the symbols of string theory.” El traductor al español de este libro, ignorando lo que significa “string theory” y pensando que el lector también lo ignorará, lo tradujo como “Se sienta … repite una y otra vez los esfuerzos por encadenar los símbolos en una teoría coherente.” ¿Es lo mismo teoría de cuerdas que teoría coherente? Abajo tenéis los párrafos completos. Lecter es un psiquiatra loco inventado por Thomas Harris, que se hizo famoso gracias al gran papel de Sir Anthony Hopkins en la película “El silencio de los corderos.” En la precuela “Hannibal” aparece Lecter leyendo sobre teoría de cuerdas y criticando los artículos de Stephen Hawking en relación al origen de la flecha del tiempo. Para Lecter la flecha del tiempo no tiene su origen en la segunda ley de la termodinámica, que la entropía no puede decrecer, y busca una formulación matemática alternativa basada en teoría de cuerdas. Lo sorprendente es que en la traducción al español, editada por Mondadori, reeditada por Círculo de Lectores, etc., no aparece mencionada la teoría de cuerdas, aunque sí Stephen Hawking y la entropía. ¿Por qué? ¿Licencia poética del traductor? ¿Piensa el traductor que un lector de novelas de Harris es incapaz de conocer lo que es la teoría de cuerdas?

Harris quiere hacernos ver que Lecter tiene dotes de superdotado, por eso le describe leyendo y criticando las teorías de Stephen Hawking y peleándose con la matemática de la teoría de cuerdas. ”Los pocos matemáticos que podrían seguirle [a Lecter] podrían decir que sus ecuaciones iniciales son brillantes, pero que decaen lastradas por su propio deseo: el doctor Lecter está empeñado en invertir la flecha del tiempo, en demostrar que el aumento de la entropía no es el origen de la flecha del tiempo.”

Thomas Harris, “Hannibal,” Delacorte Press, New York, 1999; Chapter 89; página 490.

Lecter sits in his armchair with a big pad of butcher paper doing calculations. The pages are filled with the symbols both of astrophysics and particle physics. There are repeated efforts with the symbols of string theory. The few mathematicians who could follow him might say his equations begin brilliantly and then decline, doomed by wishful thinking. Dr. Lecter wants time to reverse — no longer should increasing entropy mark the direction of time. He wants increasing order to point the way.”

Thomas Harris, “Hannibal,” Mondadori, 1999; Capítulo 89 [traducido por José Antonio Soriano, de la edición original de Delacorte Press, Nueva York, 1999 ]

Se sienta en el sillón con un fajo de papel basto, haciendo cálculos. Las hojas están llenas de símbolos, tanto de astrofísica como de física subatómica. Se repiten una y otra vez los esfuerzos por encadenar los símbolos en una teoría coherente. Los pocos matemáticos que podrían conseguirlo dirían que sus ecuaciones comienzan con brillantez y luego decaen, lastradas por una quimera: el doctor Lecter está empeñado en hacer revertir el tiempo, en lograr que la entropía en aumento deje de marcar la dirección del tiempo. En vez de eso, quiere que un orden en aumento señale el camino. Quiere que los dientecillos de leche de Mischa regresen del pozo ciego. Tras sus cálculos febriles hay un deseo desesperado de hacer sitio en el mundo para Mischa, tal vez el sitio ocupado hasta ahora por Clarice Starling.”

La parte en la que ve un documental sobre las teorías de Hawking y critica el origen termodinámico de la flecha del tiempo [página 410 en el original en inglés].

“El doctor Lecter estaba viendo una película titulada “Breve historia del tiempo,” sobre el gran astrofísico Stephen Hawking y su obra. La había visto muchas otras veces y aquélla era su parte favorita, el momento en el que la taza de té se cae de la mesa y se hace añicos contra el suelo.

[...] El doctor Lecter sentía gran admiración por la obra de Hawking y la seguía tan de cerca como le era posible a través de las revistas especializadas en matemáticas. Sabía que Hawking había creído en sus comienzos que el universo dejaría de expandirse y volvería a encogerse, y que la entropía podría dar marcha atrás. Más tarde Hawking afirmó que se había equivocado.

Lecter era bastante competente en el área de las ciencias exactas, pero Stephen Hawking se encuentra en un plano inalcanzable para el resto de los mortales. Durante años Lecter le había dado mil vueltas al problema deseando con todas sus fuerzas que Hawking hubiera estado en lo cierto al principio; que el universo dejara de expandirse, que la entropía se enmendara a sí misma, que Mischa, devorada, volviera a estar entera.

El tiempo. El doctor Lecter detuvo la cinta de vídeo y puso las noticias.”