Tumor de leucemia encontrado en la hja (der.) y células afectadas identificadas como clones de las de la madre (izq.).
El cáncer se desarrolla cuando ciertas células de nuestro cuerpo dejan de regular su crecimiento y empiezan a dividirse sin control. Un nuevo estudio ha encontrado pruebas de la transmisión de células cancerígenas de la madre al feto mientras éste se encuentra en el útero. Takeshi Isoda et al. han utilizado técnicas genéticas para mostrar, por primera vez, y sólo en un caso, la transmisión del cáncer de la madre al feto. Una célula cuyo genoma la marca como cancerígena que presenta la misma marca en madre e hijo. La madre, de 28 años, no sabía que tenía cáncer cuando se produjo el contagio a su hija siendo feto. A la madre se le diagnosticó leucemia. La niña también presentó el mismo diagnóstico (con 11 meses de edad). Un análisis genético reveló una coincidencia del genoma de una de las células cancerígenas de la madre y de la niña (son células clones). Un análisis de la sangre del bebé mostró que estaba ya contagiada al nacer. Un análisis genético reveló que las células cancerígenas de la niña que recibió de su madre presentaban un defecto genético (pérdida de ciertos genes) que les permitió engañar al sistema inmunológico de la niña y con ello atravesar las barreras de protección de la placenta. Un artículo, que si bien se basa sólo en un único caso, da escalofríos sólo de pensarlo: la transmisión del cáncer al feto incluso si la madre no sabe que está enferma. El artículo técnico es Takeshi Isoda e al. “Immunologically silent cancer clone transmission from mother to offspring,” PNAS, Published online before print October 12, 2009.
La belleza y el arte absolutos no existen para los historiadores del arte que los contextualizan, deconstruyendo socialmente la obra y su contexto para lograr entender por qué una obra es bella, es arte, y otra no, en palabras de Martin Kemp, historiador del arte emérito de la Universidad de Oxford, GB. ¿Tiene algo que aportar la neurociencia al respecto? Kemp colabora con Mengfei Huang y Andrew Parker, neurocientíficos de su universidad, en un estudio sobre la percepción neuronal de la belleza en obras de arte. Presentan pares de obras similares (autorretratos de Rembrandt y versiones de los mismos por pintores de su escuela) a grupos de personas no expertos en arte y estudian su actividad neuronal con objeto de determinar si su respuesta cerebral es diferente ante la obra auténtica o ante una buena copia. Muchos de estos retratos son desconocidos para los sujetos estudiados. Martin Kemp no nos desvela los resultados de este estudio (actualmente en desarrollo y que será publicado en un futuro cercano), pero se sorprende por el interés que despierta la historia del arte en los neurocientíficos en su artículo “Art history’s window onto the mind,” Nature 461: 882-883, 15 October 2009.
El artículo, contar cuenta pocas cosas, pero me ha resultado curioso. Según Kemp, los investigadores también están estudiando la respuesta neuronal de obras de arte abstracto, como las obras de Mark Rothko, que aunque hoy nos parezcan bellas y artísticas, hace siglos parecerían “basura.”
Por cierto, ¿cuál de las dos obras que abren esta entrada te parece más bella, más artística? ¿Cuál de las dos obras crees que es de autoría del maestro? Por supuesto, contesta sólo si ya no sabes la respuesta correcta sólo con verla, este autorretrato es bastante famoso.
Los médicos forenses a veces se hacen preguntas que nos pueden parecer de risa a los demás. Salvo que veamos mucha televisión. Nadie se sorprendería si Grissom (u Horatio) se preguntara “¿qué causa una fractura craneal mayor una botella de cerveza vacía o llena?” Lo sorprendente es que los médicos forenses de verdad ya se la han preguntado, han realizado la oportuna investigación y la han contestado utilizando botellas de medio litro: las botellas vacías se rompen con 40 J (julios) de energía, mientras que las llenas lo hacen a los 30 J. Ambos golpes son suficientes para fracturar un cráneo humano, pero la botella vacía provoca una factura más grave. Cual CSI de primera, han estudiado la fractura de las botellas de cerveza en su caída desde una torre. El premio Ig Nobel de la Paz lo han recibido Stephan Bolliger, Steffen Ross, Lars Oesterhelweg, Michael Thali y Beat Kneubuehl, de la Universidad de Berna, Suiza, quienes han publicado el artículo “Are Full or Empty Beer Bottles Sturdier and Does Their Fracture-Threshold Suffice to Break the Human Skull?,” Journal of Forensic and Legal Medicine: 16: 138-142, April 2009. En la fotografía de arriba, extraída del artículo técnico, veis la botella utilizada (cuya geometría se analiza en detalle en el artículo), así como la torre de tirado de botellas, que tiene una altura regulable entre 2 y 4 metros de altura, y un detalle del mecanismo para la suelta de la botella. Los interesados en más detalles pueden consultar dicho artículo técnico (no he encontrado una copia gratis en la web, si alguien la conoce que nos informe).
Vemos con el cerebro, no con los ojos.” Un nuevo dispositivo permite ver a los invidentes utilizando las terminaciones nerviosas de la superficie de la lengua. Las imágenes de una cámara son enviadas a una matriz de electrodos que se coloca sobre la lengua permitiendo, tras cierto entrenamiento, ver a una persona ciega. BrainPort sustituye los dos millones de nervios ópticos de un ojo por una matriz cuadrada de 400 elecrodos que se coloca sobre la lengua. Cada electrodo genera un pulso eléctrico correspondiente a un promedio de ciertos píxeles en la imagen de una cámara, siendo el blanco un pulso eléctrico fuerte y el negro la ausencia de pulso eléctrico. “Tan fácil como aprender a montar en bicicleta.” Los estudios indican que unos 15 minutos de entrenamiento son suficientes para que una persona invidente logre obtener información espacial de su entorno que le permita moverse y evitar obstáculos. Tras una semana, la mayoría de los sujetos aprenden a encontrar puertas y botones de ascensores, a leer letras y números, y a agarrar vasos o tenedores colocados en una mesa. BrainPort es un sistema de visión para invidentes no invasivo que se sometió a evaluación por el gobierno americano (U.S. Food and Drug Administration) a finales de agosto, por lo que podrá comercializarse a inicios del año próximo, con un precio estimado de 10 mil dólares americanos. Nos lo cuenta Mandy Kendrick ,”Tasting the Light. Device lets the visually impaired “see” with their tongues,” Scientific American, october 2009, pp. 22-24.
La conciencia humana es un fenómeno cuántico. Así lo creen muchos. El cerebro es más poderoso que un ordenador convencional porque utiliza procesos cuánticos. Así lo creen otros muchos. Elio Conte y sus coautores creen que han demostrado la existencia de procesos de interferencia cuántica en el cerebro humano gracias a experimentos en los que muestran ambigramas (figuras ambiguas) a personas y les pregunta que es lo que ven. Pseudociencia, obviamente. Pero quizás algún lector de este blog esté interesado en leer dicho trabajo. Así que sin más comentarios, aquí va la referencia pseudotécnica: Elio Conte, Andrei Yuri Khrennikov, Orlando Todarello, Antonio Federici, Leonardo Mendolicchio, Joseph P. Zbilut, “Mental states follow quantum mechanics during perception and cognition of ambiguous figures,” ArXiv, Submitted on 26 Jun 2009 (Published on Open Systems and Information Dynamics, 16: 85-100, 2009).
No, no tiene nada que ver con la inteligencia, es una mera cuestión de estadística. Hay muchos más niños aprendiendo a jugar al ajedrez que niñas. Así lo afirman los estudios sociocientíficos. Recapitulemos los hechos. Entre los 100 mejores jugadores de ajedrez del mundo solo hay 1 mujer (la húngara Judit Polgar, puesto 43 en julio de 2009). Judit llegó a número 8 mundial en 2004-2005. La única mujer que ha llegado al top 10 en toda la historia. Comparando el ELO (puntuación numérica estándar en ajedrez) del número 1 mundial, Veselin Topalov, 2813 (julio 2009), y del número 100 mundial, 2641 (julio 2009), así como el ELO de las 3 mejores mujeres a nivel mundial Judit Polgar, 2687, la india Humpy Koneru, 2623, y la jovencita promesa china Yifan Hou, 2584, nos damos cuenta de la gran diferencia en ELO entre hombres y mujeres. ¿Por qué? ¿No es el ajedrez un deporte de inteligencia y la inteligencia de los mejores hombres y de las mejores mujeres es similar? Los estudios dicen que la clave de los grandes maestros no es la inteligencia, sino la práctica. ¿No es el ajedrez un deporte de memoria y entrenamiento y la constancia de hombres y mujeres es similar? Sí, el secreto es la práctica desde la más tierna infancia y resulta que hay muchos menos niñas en los clubes de ajedrez que niños.
La historia de Judit Polgar puede que nos aclare algunos puntos. Igual que le pasó al genial Norbert Wiener (uno de los matemáticos más geniales de la primera mitad del s. XX, creador de la cibernética), su padre quiso convertirla en genio, en niña prodigio del ajedrez (en 1906 Norbert era considerado el niño más extraordinario del mundo). Su padre decidió que podía convertirla en un genio del ajedrez, así como a sus 2 hermanas. Su maestro en casa le aplicó una rígida formación (solo asistió a la escuela para superar los exámenes anuales). Lazslo Polgar y Leo Wiener demostraron que es posible convertir a un/a niño/a en prodigio (en genio) a base de una rígida formación en casa. Con 11 años, Leo inscribió a Norbert en la Universidad donde se graduó con 14 años en matemáticas. Judit Polgar con 13 años batió el récord de ELO más alto alcanzado por una mujer. Los interesados en estas infancias célebres disfrutarán de “El experimento Polgár” y de “Norbert Wiener: La triste vida familiar de un genio.” No sólo la infancia de Michael Jackson fue dura.
¿Son peores jugadoras las mujeres porque juegan torneos contra otras mujeres en lugar de contra hombres? Quizás esto también influya. De hecho, el padre de Judit Polgar creía que “los torneos femeninos hacen que la distancia entre el juego de hombres y mujeres crezca” por lo que trató de que sus tres hijas (las tres grandes jugadoras de ajedrez) no jugaran competiciones exclusivas para mujeres. De hecho, “Judit no ha participado nunca en ningún Torneo femenino, ni siquiera en el Campeonato del Mundo para féminas.”
¿Es la práctica hasta la extenuación el secreto de los mejores jugadores de ajedrez? En China se entrenan a niños y niñas prodigio del ajedrez con una intensidad que aterra pensar pero sin hacer ninguna distinción de sexos. Esta formación de élite ha llevado a que haya 4 chinos entre los 100 mejores jugadores del mundo (julio 2009) y 10 chinas entre las 100 mejores jugadoras del mundo (julio 2009). Por ahora, los chinos son mejores que las chinas, pero no tengo estadísticas de cuántos niños y niñas son sometidos a entrenamiento intensivo en China. Quizás haya muchos más niños que niñas…
¿Qué dicen los artículos técnicos sociocientíficos? Christopher F.Chabris,Mark E.Glickman, “Sex Differences in Intellectual Performance: Analysis of a Large Cohort of Competitive Chess Players,” Psychological Science 17: 1040-1046, 13 Dec 2006 (versión gratis), nos recuerdan que sólo el 1% de los grandes maestros son mujeres y afirman que es debido a la discriminación de género. Usando datos de más de 250 mil torneos en 13 años explican fácilmente el dominio masculino en el ajedrez. Dividiendo el 100% de ajedrecistas estudiados por edades, el 26.4%, el 43.5% y el 11.5% tienen edades entre 5 y 15 años, entre 15 y 25 años, y entre 25 y 35 años, respectivamente; el porcentaje de mujeres en estos rangos de edad es sólo del 17%, 11.9%, y 11.5%, respectivamente; a partir de 35 años, el porcentaje de mujeres es de sólo el 2.2%. La estadística no engaña. Si hay pocas mujeres jugadoras de ajedrez, es normal que haya pocos grandes maestros que sean mujeres. En clubes de ajedrez en los que al menos el 50% de los nuevos jugadores son chicas, las estadísticas dicen que su ELO es muy similar que el de los chicos. Los autores concluyen por tanto que el gran número de hombres en los altos niveles del ajedrez tiene una explicación fácil, el gran número de niños que aprenden a jugar al ajedrez respecto al de niñas.
Algunos investigadores han considerado que este tipo de estadísticas no explican completamente la diferencia (un 2% de mujeres respecto a un 1% de mujeres en la élite), encontrando que hay factores fundamentales en la manera de funcionar del cerebro (o el tipo de inteligencia) de hombres y mujeres detrás de estos resultados. El autor más conocido en este sentido es Robert W. Howard, por ejemplo, “Objective evidence of rising population ability: a detailed examination of longitudinal chess data,” Personality and Individual Differences 38: 347-363, 2005. Sin embargo, sus conclusiones así como la validez estadística de su estudio han sido muy criticados por muchos. Por ejemplo, por Merim Bilalic, Peter McLeod, “Participation rates and the difference in performance of women and men in chess,” Journal of Biosocial Science 39: 789-793, 2007. La conclusión es de nuevo que la estadística entre las diferencias de participación en torneos en edades tempranas está perfectamente bien correlacionada con la diferencia en los resultados, ya de adultos, entre hombres y mujeres. De hecho, la inteligencia (medida por test de inteligencia) no está correlacionada con la habilidad para jugar bien al ajedrez (entre jóvenes prodigio) como demostraron también Merim Bilalic, PeterMcLeos, Fernand Gobet, “Does chess need intelligence? — A study with young chess players,” Intelligence 35: 457-470, 2007.
En resumen, si algún día hay tantas niñas como niños aprendiendo a jugar al ajedrez y compitiendo en torneos infantiles, cuando lleguen a adultos como grandes maestros habrá tantos hombres como mujeres.
Por cierto, el factor maternidad también influye. Sin pecar de machistas hay que recordar que Judit Polgar tras estar entre los 10 mejores del mundo decidió tener descendencia. Durante tres años, debido a los nacimientos de sus dos hijos se tomó un respiro en cuanto al ajedrez de competición. Al nivel de los 100 mejores del mundo, 3 años sin competir al máximo nivel se pagan caro y por eso ahora está en el puesto 43. Los analistas dicen que su nivel de juego está en progresión y que se espera que vuelva a alcanzar el que fue y recupere su sitio en el top 10. Todos deseamos que la “gran dama del ajedrez” vuelva a vencer a los mejores: su juego de ataque es de una agresividad espeluznante.
El efecto Thatcher consiste en invertir rasgos de la cara en la foto de una persona (p.ej. ojos y boca). Nosotros rápidamente detectamos el cambio si la foto está cabeza arriba pero nos cuesta notarlo si la foto está cabeza abajo (compara la foto de Margaret Thatcher de la izquierda abajo con la de la izquierda arriba). Sin embargo, nos cuesta verlo en la cara de un mono (en las fotos un macaco rhesus). Robert Hampton de la Emory University, Atlanta, Georgia, y sus colegas han mostrado que a los macacos rhesus (Macaca mulatta) les pasa lo mismo que a nosotros con fotos “thatcherizadas” de sus congéneres. Estos monos naturales de Asia pasan más tiempo mirando estas fotos trucadas cuando están derechas que cuando están invertidas. Nos lo comentan en ”Perception: Picture imperfect?,” Research Highlights, Nature 460: 154, 9 July 2009, haciéndose eco del artículo técnico Ikuma Adachi, Dina P. Chou, Robert R. Hampton, “Thatcher Effect in Monkeys Demonstrates Conservation of Face Perception across Primates,” Current Biology, Article in press, Available online 25 June 2009.
El reconocimiento facial de nuestros congéneres es fundamental en nuestras relaciones sociales interpersonales. Somos capaces de reconocer miles de caras de personas diferentes (aunque hay personas más hábiles que otras). Más aún, somos capaces de notar cambios muy sutiles en los rasgos faciales (ojos, labios, etc.). ¿Le ocurre lo mismo a los primates no humanos? En humanos es difícil notar cambios en la orientación de ojos y boca si vemos una cara invertida, aunque los reconocemos inmediatamente en una cara orientada normalmente (en esto consiste el ”efecto Thatcher”). Adachi et al. han demostrado que a los primates no humanos les pasa exactamente lo mismo, lo que sugiere que los mecanismos cerebrales que subyacen al reconocimiento de rasgos faciales los compartimos con los demás primates no humanos (se han conservado evolutivamente desde nuestros antecesores).
Un reciente número de la revista Philosophical Transactions of the Royal Society B está completamente dedicado a los autistas sabios: autistas capaces de hacer cosas que nos parecen imposibles. Por ejemplo, Derek Paravicini es capaz de oir una obra interpretada a piano y tocarla de memoria a la perfección inmediatamente. Sin embargo, tiene dificultades a la hora de entender frases y hablar. ¿Cuáles son las razones detrás de estas formidables habilidades de los sabios autistas? La práctica obsesiva es una de ellas, se obsesionan con una tarea y la pueden repetir hasta la saciedad, sin descanso. Esta práctica modela ciertas partes de su cerebro y los hace más hábiles. También influye su obsesión por los detalles, por las partes individuales de algo, ya que muchas veces son incapaces de ver el todo y solo perciben los detalles. Todavía no tenemos todas las respuestas, pero se ha avanzado mucho en su estudio. Nos lo cuenta Celeste Biever, “The makings of a savant. Savants have phenomenal talents in music, art and mathematics, but are their gifts within everyone’s reach?,” NewScientist 2711: 3o-33, 6 June 2009.
Las habilidades de los sabios autistas (o savants) son más habituales de lo que parece. La razón más importante detrás de sus habilidades es la práctica, obsesiva, durante años. Cualquiera bien motivado puede practicar lo suficiente para adquirir habilidades similares. De hecho, se pensaba que solo 1 de cada 10 autistas era savant, pero Patricia Howlin del Institute of Psychiatry en el King’s College London y sus colaboradores han encontrado que, al menos, 3 de cada 10 autistas son sabios, destacando en alguna habilidad cognitiva particular, solo hay que ser capaz de descubrirla (“Savant skills in autism: psychometric approaches and parental reports,” Philosophical Transactions of the Royal Society B 364: 1359-1367, 27 May 2009). Francesca Happé , también en el mismo Institute of Psychiatry, y sus colegas, ha estudiado si el autismo predispone al talento en 6000 niños de 8 años. Han encontrado que los autistas presentan el doble de posibilidades, que los niños no autistas, de mostrar un interés especial por hacer algo repetidamente muchas veces (“Relationship between special abilities and autistic-like traits in a large population-based sample of 8-year-olds,” Journal of Child Psychology and Psychiatry, Published Online: 31 Mar 2009). Ella cree que esa es la clave de las habilidades especiales de los autistas: repiten una tarea, una y otra vez, sin cansarse, sin aburrirse. Más aún, los niños precoces, que no son autistas, suelen mostrar el mismo tipo de obsesión, como han mostrado Ellen Winner y Jennifer Drake del Boston College (“Precocious realists: perceptual and cognitive characteristics associated with drawing talent in non-autistic children,” Philosophical Transactions of the Royal Society B 364: 1449-1458, 27 May 2009).
Por otro lado, Simon Baron-Cohen de la University of Cambridge, cree que los autistas son hipersensitivos a la información sensorial, siendo esta la razón por la que aprecian detalles que a los demás nos pasan desapercibidos, lo que les lleva a desarrollar habilidades de sabios (“Talent in autism: hyper-systemizing, hyper-attention to detail and sensory hypersensitivity,” Philosophical Transactions of the Royal Society B 364:1377-1383, 27 May 2009). Obviamente, su obsesión por los detalles influye en sus habilidades pero no puede explicarlas exclusivamente.
¿Contribuye la práctica en las habilidades de los sabios autistas? ¿O ya nacen con un cerebro especial predispuesto a sus habilidades en ciertas tareas? Los estudios del cerebro de los sabios autistas muestran pequeñas diferencias respecto a un cerebro normal en ciertas áreas asociadas a sus habilidades especiales. Lo mismo le pasa a los taxistas de Londres, muchos de los cuales deben recordar los nombres de hasta 25000 calles y la localización de miles de lugares de interés. Eleanor Maguire y sus colaboradores del Institute of Neurology en el University College London han encontrado que los taxistas de Londres tienen parte del hipocampo más desarrollado que los conductores de autobuses y otros conductores de automóviles. Más aún, cuando se jubilan, esa parte del hipocampo decrece de tamaño (“Expand+Talent in the taxi: a model system for exploring expertise,” Philosophical Transactions of the Royal Society B 364: 1407-1416, 27 May 2009). Los conductores de taxi nacen con un cerebro normal pero lo adaptan gracias al entrenamiento hasta adquirir una habilidad que nos parece asombrosa. Es muy posible que el cerebro de los sabios autistas sea diferente no por haber nacido diferente sino por estar adaptado a unas habilidades cognitivas excepcionales. Actualmente hay cierta evidencia al respecto, aunque no concluyente (“Do calendrical savants use calculation to answer date questions? A functional magnetic resonance imaging study,” Philosophical Transactions of the Royal Society B 364: 1417-1424, 27 May 2009). El autor de este último estudio, Richard Cowan cree que cualquiera con práctica y tesón puede adquirir habilidades similares a los sabios autistas. Eso sí, hay que estar suficientemente motivado.
Parece que el misterio no es cómo logran sus habilidades especiales los sabios autistas sino qué es lo que les motiva, qué es lo que les fuerza a adquirirlas. Por ejemplo, Adam Ockelford, profesor de música y mentor de Paravicini observó como con 4 años trataba de interpretar torpemente la música que oía usando un pequeño órgano electrónico con teclas de plástico. Desde entonces hasta ahora han sido muchos años de práctica los que le han dotado de sus habilidades como concertista. Según su profesor, su motivación para aprender era extraordinaria, casi religiosa.
¿Es genético o intuitivo el concepto de número? Si a un bebé le enseñas 4 puntos mientras oye 4 sonidos repetidos su respuesta es diferente que si al ver 4 puntos oye un número diferente de sonidos. No sólo 4, también 5 y hasta 18. ¿Cuéntan los bebés recién nacidos los objetos que ven o los sonidos que oyen? ¿Son sólo capaces de asociar información visual y auditiva biyectivamente (una a una)? Un estudio parece que demuestra esta asociación, en concreto, ”Newborn infants perceive abstract numbers,” de Veronique Izard, Coralie Sann, Elizabeth S. Spelke, Arlette Streri, PNAS 106: 10382-10385, June 23, 2009.
¿Cómo saben los experimentadores que un recién nacido ha contado los objetos que ve y los sonidos que oye? Cuando el número de objetos coincide con el número de sonidos el bebé presta más atención a la pantalla, la mira más veces (un observador que no ve la pantalla cuenta cuántas veces el niño mira la pantalla y durante cuanto tiempo). Si el número de sonidos no corresponde al número de objetos, el niño no presta tanta atención a la pantalla. Es como si se diera cuenta de que son diferentes y por tanto no están relacionados entre sí y no merece la pena preocuparse por ambas cosas simultáneamente. Así lo interpretan los investigadores.
Por cierto, hicieron el experimento con 66 bebés, pero 50 o se durmieron, o no prestaban atención, o se distraían con otras cosas, … solo 16 lograron responder al experimento como los investigadores querían. ¿Sesgo? ¿Eran los bebés más “numéricos”? Quien sabe… Curiosidades que se publican en revistas internacionales de prestigio, nunca se sabe si para progresar la ciencia o para lograr salir en los mass media.
Conferencia de Stuart Hameroff sobre su teoría en 2007 organizada por Google en inglés.
Hameroff y Penrose propusieron en 1996 la teoría de la reducción objetiva orquestada (Orch OR) para explicar la consciencia en nuestro cerebro como un fenómeno de computación cuántica en el citoesqueleto de las neuronas y sus axones (formado por una red de microtúbulos, cilindros cuyas paredes son cadenas alfa y beta de la proteína llamada tubulina). Proponían que la llamada condensación de Fröhlich (1968) era responsable de la formación de un estado cuántico macroscópico (a escala macromolecular) similar a un estado de la materia llamado condensado de Bose-Einstein. Esta teoría todavía no ha sido demostrada y este año se ha publicado un artículo que le ha propinado un duro varapalo, si bien no la ha refutado definitivamente. La condensación de Frölich, de producirse, no puede explicar la consciencia. Los defensores de la teoría de Hameroff (quien nos la cuenta en inglés en el vídeo de arriba) tendrán que buscar otro fenómeno cuántico para explicar la consciencia. Hameroff en su página web afirma que está en ello. Se siente, caballero, así avanza la ciencia. El artículo técnico es Jeffrey R. Reimers, Laura K. McKemmish, Ross H. McKenzie, Alan E. Mark, Noel S. Hush, “Weak, strong, and coherent regimes of Fröhlich condensation and their applications to terahertz medicine and quantum consciousness,” PNAS 106: 4219-4224, March 17, 2009 . Por cierto, los avances en neurobiología indica que los microtúbulos tienen cierto papel en la comunicación sináptica entre neuronas como canales “clásicos” de iones (sin efecto cuántico alguno), como nos cuentan recientemente Cecilia Conde, Alfredo Cáceres, “Microtubule assembly, organization and dynamics in axons and dendrites,” Nature Reviews Neuroscience 10: 319-332, 30 April 2009 .
Un estado condensado de Bose-Einstein es un estado de la materia que se produce en un gas de átomos a muy baja temperatura en el que todos los átomos se encuentran en el mismo estado cuántico (el de mínima energía). Es como si todo el gas se comportara como un único objeto cuántico descrito por una macrofunción de onda cuántica. Predicho en 1924, fue objeto del Premio Nobel de Física de 2001, otorgado a Eric A. Cornell, Wolfgang Ketterle, y Carl E. Wieman por observar y caracterizar este estado de forma experimental (se ha logrado condensar hasta decenas de millones de átomos). La condensación de Frölich (1968) es un fenómeno muy parecido pero para un sistema de osciladores cuánticos acoplados, por ejemplo, las vibraciones de una macromolécula. Todas las partes (monómeros) de la macromolécula vibrarán en su estado de mínima energía, conduciendo a que toda la molécula se comporte como un sistema cuántico y esté descrito por una macrofunción de onda cuántica. Todavía no se ha observado experimentalmente un condensado de Frölich.
El artículo de Reimers et al. han determinado mediantes simulaciones por ordenador las características de un estado condensado de Frölich que son experimentalmente observables. Han encontrado 3 posibles tipos de estados condensados de Frölich: débiles, fuertes y coherentes. Solo estos últimos presentan un estado cuántico observable a escala macroscópica, una macrofunción de onda cuántica. Pero hay un problema. Para que se dé un estado de este tipo, coherente, es necesario que el modo fundamental de vibración tenga una energía muy alta, imposible de lograr en un contexto biológico. Más aún, serían estados muy frágiles, metaestables, destruyéndose demasiado rápido. Demasiado rápido para dar sentido a la teoría de la reducción objetiva orquestada de Penrose-Hameroff.
El trabajo de Reimers et al. considera que los estados fuertes y coherentes no se pueden dar en sistemas biológicos vivos, sólo los estados débiles. Este resultado puede interpretarse como un duro varapalo a la teoría de Penrose-Hameroff, aunque el propio Hameroff cree que no, que las conclusiones de Reimers et al. no son definitivas ya que se basan en modelos computacionales y estudios posteriores podrían encontrar alguna alternativa que se les haya pasado por alto. Por otro lado, Reimers et al. proponen que los estados débiles de Frölich podrían haber sido observados experimentalmente en las vibraciones de las microtubulina alrededor de 8′085 MHz observada experimentamlente por Pokorný en 2004. Sin embargo, este hecho tendrá que ser confirmado por estudios posteriores. Para Reimers et al. la computación cuántica de la consciencia es imposible con este tipo de estados. Para Hameroff todo lo contrario, ¿por qué no va a ser posible? ¡Qué si no va a decir este señor! Los padres siempre ven a sus hijos como los más guapos.
Los microtúbulos son para la célula viva como los pilares y las vigas de un edificio, los responsables de su estructura rígida. Los microtúbulos son polímeros formados por dos tipos de monómeros (heterodímeros), llamados formas alfa y beta de la proteína llamada tubulina (tienen una forma de C). Las cadenas de tubilina se autoensamblan en cilindros huecos. En las células vivas, los microtúbulos están comprimidos por filamentos contrátiles de actina con unos esfuerzos de unos 0.1 nN (nanonewtons).
Penrose y Hameroff propusieron que la red de microtúbulos de las neuronas y sus axones funcionan como un computador cuántico responsable de nuestra consciencia. La computación cuántica sería resultado de la sincronización de estados coherentes de Frölich entre microtúbulos, un entrelazamiento cuántico entre sus macrofunciones de onda cuánticas. La decoherencia cuántica provoca la reducción (colapso) de estas macrofunciones de onda, produciendo la señal sináptica que conduce al estado de consciencia. El vídeo de la conferencia que abre esta entrada, aunque se descarga lentamente y hay que tener paciencia, nos aclara bastante bien las ideas de Hameroff.
Adios al “niño, no juegues tanto con los videojuegos que vas a perder la vista.”
Con la edad la vista empeora. Uno de los problemas más típicos es la pérdida de sensibilidad a cambios de contraste en las imágenes (el efecto del contraste lo vemos fácilmente en cualquier televisor usando el mando a distancia). El contraste es muy importante a la hora de reconocer objetos o ver bajo iluminación pobre. Sorprendentemente, un estudio publicado en Nature Neuroscience demuestra que jugar a videojuegos de acción puede mejorar nuestra sensibilidad al contraste, una de las funciones básicas de la visión que más empeoran con la edad. ¿Por qué? Los autores creen que jugar a videojuegos es un entrenamiento para el procesamiento de nuestro cerebro de señales visuales que cambian rápidamente. Nos lo cuentan Gideon P Caplovitz, Sabine Kastner, “Carrot sticks or joysticks: video games improve vision,” News & Views, Nature Neuroscience 12: 527-528 , May 2009 , haciéndose eco del artículo ténico Renjie Li, Uri Polat, Walter Makous, Daphne Bavelier, “Enhancing the contrast sensitivity function through action video game training,” Nature Neuroscience 12: 549-551, May 2009 .
La sensibilidad al contraste de nuestra visión es un factor muy importante para ciertas profesiones, como los radiólogos y los pilotos, cuya profesión requiere reconoer objetos en condiciones de bajo contraste. Por ejemplo, los radiólogos estudian imágenes en las que cambios sutiles de contraste reflejan densidades tisulares (de tejidos) anormales resultado de la presencia de tumores, hemorragias u otras causas. Para la mayoría de nosotros el contraste es importante cuando conducimos nuestro automóvil durante la noche o con niebla, momentos en el que el contraste del entorno es bajo.
Jugar a videojuegos como terapia contra la pérdida de sensibilidad al contraste para los mayores que siguen conduciendo su automóvil. Li et al. en su estudio han estudiado a jugadores habituales de videojuegos de acción, mostrando que presentan una mejor sensibilidad al contraste excepto para frecuencias espaciales bajas, comparándolos con inviduos de la misma edad que no juegan a viodejuegos. Más aún, han mostrado que someter a un entrenamiento de “videojuegos de acción” a los que no son jugadores habituales (50 horas de videojuegos durante 9 semanas) mejora su sensibilidad al contraste (no así a los que se sometió a un entrenamiento de “videojuegos que no son de acción”). Los autores del estudio creen que el “aprendizaje perceptivo” (perceptual learning) es la razón de esta mejora de la visión observada.
¿Algún día los oculistas recomendarán a sus pacientes una terapia basada en jugar a videojuegos de acción? Los radiólogos y los pilotos deberán aplicarse el parche… quizás pronto, hasta Fernando Alonso (que confiesa ser poco aficionado) acabará aficionándose a los videojuegos de acción.
The implications of using video games therapeutically to improve contrast sensitivity are far reaching. Presumably, anybody who plays action-based video games can potentially benefit. Notably, individuals such as radiologists or pilots, who rely on their vision for making critical decisions, may directly benefit from such a training routine.
Finally, the current finding adds fuel to the fiery 21st century debate raging between parent and child over whether or not, how much or what kind of video game playing is appropriate.
Un equipo de investigadores europeos han observado que el cerebro de personas diferentes utiliza estrategias diferentes para resolver la misma tarea mental y que los genes son los que determinan la estrategia que nuestro cerebro utiliza. Literalmente, han observado gracias a la imagen por resonancia magnética funcional (fMRI) como diferentes partes del cerebro se activan en secuencias diferentes en individuos sometidos a las mismas tareas. Cuando son hermanos mellizos, las diferencias están claras, pero cuando son hermanos gemelos, estos patrones de activación neuronal son prácticamente idénticos. El alemán Jan Willem Koten Jr. de la RWTH Aachen University y sus colaboradores creen que han obtenido una prueba indiscutible de que el modo en el que el cerebro responde a los estímulos externos tiene una fuerte influencia genética. Nos lo cuenta Constance Holden, “Twins May Think Alike Too, MRI Brain Study Suggests,” Science 323: 1658, 27 March 2009 , haciéndose eco del artículo técnico de Jan Willem Koten, Jr. et al. “Genetic Contribution to Variation in Cognitive Function: An fMRI Study in Twins,” Science 323: 1737-1740, 27 March 2009 .
Parejas de hermanos gemelos y de hermanos mellizos han tenido que memorizar una ristra de números mientras se les distraía con operaciones aritméticas elementales (como 2 + 4 = 7, ¿verdadero o falso?) y otras preguntas de respuesta sencilla. Las imágenes fMRI para los gemelos muestran que se activan las mismas áreas del cerebro en prácticamente el mismo orden, lo que no ocurre con los mellizos. Los investigadores han interpretado que esto significa que los gemelos utilizan básicamente la misma estrategia cognitiva. La manera más sencilla de explicar este resultado es suponer que dicha estrategia depende fuertemente de las diferencias genéticas entre individuos. El trabajo no explica por qué ocurre lo observado, ni en qué genes están codificadas las estrategias cognitivas. Pero parece que deja claro que la influencia genética es indiscutible. Poco se sabe sobre la contribución genética en la función cognitiva de nuestros cerebros y este trabajo induce a pensar que dicho estudio será muy prometedor.
Te dan a elegir entre dos bebidas (por ejemplo, Coca Cola y Pepsi Cola). Antes de que pronuncies tu respuesta, el espectroscopio de infrarrojo cercano que te han conectado en la frente “lee tu pensamiento” y en un 80% de los casos acierta tu respuesta. Así lo han demostrado dos científicos canadienses, Sheena Luu, alumna de doctorado, y su director de tesis Tom Chau, de la Universidad de Toronto. Han utilizado una nueva técnica para observar el cerebro en funcionamiento de forma no invasiva, sin riesgos para la salud y relativamente barata que se llama espectroscopía en el infrarrojo cercano (Near-infrared spectroscopy o NIRS) que han aplicado a la imaginería del cortex prefrontal. La técnica permitirá “leer el pensamiento” al menos en los procesos de toma de decisión evaluados experimentalmente. El estudio ha utilizado nueve personas, a las que se les ha pedido que eligieran entre dos bebidas diferentes (no, no han utilizado Coca Cola y Pepsi Cola, pero podrían haberlo hecho).
La diferencia entre esta nueva técnica y otras similares es que requiere un entrenamiento mínimo. Otros sistemas requieren que la persona piense que realiza cierta acción (un cálculo mental, por ejemplo) que no tiene nada que ver con su toma de decisión. Dicho pensamiento activa gran número de áreas cerebrales y facilita el reconocimiento de la decisión tomada. Es una lectura de pensamiento ”forzado,” que dificulta el uso de dichos sistemas con niños pequeños y en personas con dificultades de aprendizaje. En el nuevo sistema esto no es necesario. Tom Chau se ha especializado en dispositivos “pediátricos” para niños con discapacidades y este requisito es fundamental en su trabajo. En palabras de Luu:
“This is the first system that decodes preference naturally from spontaneous thoughts,” said Sheena Luu. “When your brain is active, the oxygen in your blood increases and, depending on the concentration, it absorbs more or less light,” Luu explained. “In some people, certain parts of their brains are more active when they don’t like something, and in some people they’re more active when they do like something.”
“Preference is the basis for everyday decisions,” she explained. When children with disabilities can’t speak or gesture to control their environment, they may develop a learned helplessness that impedes development. “If we limit the context – limit the question and available answers, as we have with predicting preference – then mind-reading becomes possible.”
¿Para qué sirve este estudio? Los interfaces cerebro-ordenador (brain-computer interface o BCI) son importantes para decodificar los procesos cerebrales de toma de decisiones con objeto de ayudar a las personas discapacitadas, tanto los que tienen problemas para comunicarse como los que tienen problemas de movilidad. Este tipo de sistemas ayudarán a que puedan controlar, por ejemplo, el teclado de un ordenador o el ratón para poder navegar por internet.
¿Cuál es la gran ventaja del nuevo estudio? Ya hay otros sistemas que hacen lo mismo, pero son mucho más caros y es muy difícil que sean portátiles. Un sistema óptico como el NIRS podría ser incorporado fácilmente a un teléfono móvil o a una PDA y ampliaría enormemente las posibilidades de comunicación de muchos discapacitados.
¿Cómo es el sistema? Es una banda elástica que se acopla en la cabeza a la altura de la frente que tiene una red de fibras ópticas que emiten en luz infrarroja directamente hacia el cortex prefrontal del cerebro. La banda contiene 16 diodos emisores en parejas de dos, uno emitiendo a 690 nm y otro a 830 nm, y tres detectores asociados. Los 48 canales de información se inyectan a un software de tratamiento de señales que es la parte fundamental del lector de pensamiento. Para cada uno de los 9 participantes, realizaron 60 pruebas. Las 4 primeras eran para enseñar al sistema a reconocer cada decisión y las 56 restantes se usaron para verificar el estudio. Un 80% de aciertos no está nada mal. Sheena Luu defenderá su tesis doctoral próximamente.
Hay algo que ni John Gray en “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus,” podía llegar a imaginar en su famosísimo libro de autoayuda para parejas, el color de la piel de los hombres es rojizo (los hombres son rojos) y el de las mujeres es verdoso (las mujeres son verdes). Esta diferencia de color permite percibir la difference entre un hombre y una mujer (algo útil para que diferenciemos un/a travestido/a de una pareja potencial). Así lo ha demostrado un estudio desarrollado en la Universidad de Brown por el científico cognitivo Michael Tarr y su estudiante de doctorado Adrian Nestor.
Han promediado 200 fotos de caras de hombres y mujeres para obtener la imagen de una cara andrógina (ver figura). Han vuelto más verdes o más rojos algunos puntos distribuidos aleatoriamente en la imagen. Tres voluntarios han determinado si la cara parece de hombre o perece de mujer en una muestra de 20 mil diferentes versiones de esta cara andrógina (algunas más vedosas y otras más rojizas). El resultado es simple: las caras más verdes son asociadas a caras de mujeres y las más rojizas a caras de hombres. Las regiones de la cara más relevantes para esta elección son las mejillas, la nariz y los lados de la boca.
¿Por qué? Los autores no lo saben, aunque proponen que debe haber alguna ventaja evolutiva en esta diferencia de color.
Los interesados en más detalles técnicos sobre el estudio pueden recurrir al artículo original Adrian Nestor, Michael J. Tarr, “Gender Recognition of Human Faces Using Color,” Psychological Science 19: 1242-1246, December 2008 , al que podrán acceder gratuitamente aquí quienes no tengan acceso a Wiley InterScience. Brevemente, han usado una imagen de la Face Database, base de datos del instituto alemán Max Planck, en la que han modificado el color en el formato CIE L*a*b* mediante una algoritmo de corrección del factor gamma. El resto es un análisis estadístico estándar en psicología (usando una Toolbox de Matlab).
En mi opinión, el gran “defecto” de este estudio es que sólo hayan usado 3 probandos (jóvenes estudiantes de Brown). Un estudio más riguroso hubiera requerido utilizar una muestra mucho más grande de probandos. ¿Quieres probar tú mismo?
Si quieres probar tú mismo, clasifica el sexo de las dos imágenes que tienes más abajo, ambas obtenidas de la misma, la superior izquierda solamente añadiendo píxeles más ligeramente más verdosos (una de ellas, ¿cuál?) y más rojizos (la otra, ¿cuál será?). Lo dicho, un artículo pensando en los Ig Nobel, con utilidad para la industria cosmética.
La vida de una mosca gira en torno a una monótona rutina, despertarse antes del amanecer, tomar una siesta al mediodía y tomar un largo paseo antes del anochecer, como muestra la figura que representa la actividad locomotriz de moscas del vinagre a lo largo de 24 horas. Los genetistas británicos Ezio Rosato and Charalambos P. Kyriacou, en “Sleep, arousal, and rhythms in flies,” PNAS 105: 19567-19568, December 16, 2008 , nos resumen los últimos avances en las investigaciones que tratan de desentrañar los mecanismos genéticos responsables de esta monótona vida, básicamente una compleja conexión entre ritmos circadianos (día/noche), efectos sociales y efectos medioambiantales.
Los ritmos circadianos asociados al aparato locomotor en las moscas son generados por una red de unas 150 neuronas. Estas neuronas se suelen clasificar en células de noche (evening cells o células E) y células de mañana (morning cells o células M. Pero también hay otras neuronas que son importantes en estos proceos. Ciertas neuronas situadas en la retina (ojos) que reciben la luz, la amplifican y modulan el ritmo circadiano del resto de la red (en la figura vemos un corte transversal de una mosca, mostrando los dos ojos a ambos lados y las neuronas de estos circuitos que se encuentran en la retina, azul, y las que se encuentran en el cerebro de la mosca, verde). Estas neuronas no sólo son fotosensibles sino que también se ven influidas por el entorno ya que expresan ciertas histaminas (por ejemplo, les afecta la cocaína).
Para estudiar el efecto de cada una de las neuronas de estas redes es necesario un método que permita estimular o eliminar una a una cada una de estas neuronas. Lo han logrado Yuhua Shanga, Leslie C. Griffith, Michael Rosbasha, “Light-arousal and circadian photoreception circuits intersect at the large PDF cells of the Drosophila brain,” 105: 19587-19594, December 16, 2008 . Los autores han aplicado la técnica para estudiar la función de las neuronas laterales ventrales grandes (l-LNvs, en azul en la figura) parte fundamental del control de los ritmos circadianos en el cerebro de la Drosophila. Resultados similares han sido obtenidos por V. Sheeba et al., “Large ventral lateral neurons modulate arousal and sleep in Drosophila,” Curr. Biol. 18: 1537-1545, Oct 28 , 2008 .
Estos estudios, todavía en fase muy primitiva, muestran cómo genéticamente se puede controlar la calidad y la cantidad del sueño (en moscas), así como el efecto del entorno. No sólo se estudian moscas, sino también algunas hormigas (como Camponotus compressus) en las que hay obreras que trabajan de noche y obreras que trabajan de día. Sin entrar en detalles técnicos, los que padecen insomnio y otras enfermedades relacionados con el sueño, deben estar contentos por estos descubrimientos.
La primera de las “10 curiosidades bioquímicas sobre nuestro cuerpo” me ha llamado especialmente la atención: “El cuerpo humano recambia prácticamente todos los átomos que lo forman en un plazo de unos 5 años. ¡Unos 10^27 átomos! Mírate bien, en unos años no quedará nada de ti.“
¿Cómo se calcula esto? El autor del blog (tallcute) confiesa que “creo que han calculado las tasas de recambio: proteínas, lípidos… Por ejemplo, por cada molécula de glucosa se incorporan a nuestro organismos dos átomos de carbono y de igual forma se puede estimar el resto. Yo había leído con anterioridad que se recambia el 98% en sólo un año, aunque me parece mucho.”
Los autores encuentran que la mayoría de las células de los tejidos de nuestros cuerpos son más jóvenes que las persona que las porta, y muy pocas células (neuronas)viven tanto como la propia persona.
Estos resultados se obtienen del estudio del Carbono 14, isótopo radioactivo, en el ADN de diferentes células en diferentes tejidos. El nivel del C-14 en nuestros cuerpos es proporcional al que contienen las plantas, que lo fijan de la atmósfera, es decir, al atmosférico. Los niveles atmosféricos de C-14 han decrecido desde que se prohibieron las pruebas de armas nucleares a cielo abierto (en 1963 fueron las últimas conocidas).
Spalding et al. encuentran que la vida media del tejido intestinal es de unos 11 años, la de los tejidos musculares de unos 15.1 años, siendo los tejidos del cerebro los que más duran (algunos tanto como la propia persona).
En un artículo aparecido en el New York Times, “Your Body Is Younger Than You Think,” Nicholas Wade, August 2, 2005 , el autor sugiere que la mayoría de nuestras células tienen 10 años o menos. Por supuesto, esto sería un valor medio, ya que depende del tejido considerado.
Los resultados de Spalding et al. se pueden interpretar como que las moléculas de las que se “fabrican” las nuevas células son obtenidas del exterior (de la atmósfera) y no son recicladas de nuestro propio cuerpo. En promedio, entre 7 y 10 años es la vida media de un átomo en nuestro cuerpo. Incluso las células que más viven, las neuronas en el cortex cerebral, están constantemente fabricando nuevas proteínas y moléculas de ARN, con lo que constantemente consumen carbohidratos y lípidos. Por ello, es bastante plausible que el tiempo medio de renovación de todos los átomos de nuestro cuerpo sea del orden de 7 años.
¿De dónde ha sacado tall & cute (“alto y guapo”) su dato de 5 años en lugar del más “científico” de 7 años? En cualquier caso, si os interesa mi opinión de inexperto, a mí no me convence mucho el dato.
La magia en acción. Elige una de las siguientes cartas. Mírala fijamente y trata de recordarla.
Quizás te lo facilite si repites su nombre varias veces en voz alta.
Elige cuidadosamente uno de estos ojos. El que más te guste.
Adivinaré la carta que has elegido en el transcurso de esta entrada.
El truco de la carta que cambia de color (video en inglés).
Los magos son, básicamente, ilusionistas cognitivos, son artistas de la ilusión y la atención de nuestro cerebro. Manipulan nuestra atención enfocándola o intensificándola para lograr “engañarnos.” Un buen mago, durante un truco de magia, sabe perfectamente a qué le estamos prestando atención y qué está pasando desapercibido por nuestra mente. Las ilusiones cognitivas igual que las visuales logran “engañarnos” enmascaran nuestro percepción de la realidad. El artículo de Susana Martinez-Conde y Stephen L. Macknik, “Magic and the Brain,” Scientific American, december 2008 , nos lo aclara con un buen número de ejemplos ilustrativos. Os encantará cuando lo traduzcan al castellano en Investigación y Ciencia.
Lo primero, la magia potagia: la carta amablemente has elegido es …
… la carta que me he guardado en el bolsillo y que no aparece aquí.
Soy buen mago, ehhh!
Las técnicas desarrolladas por los magos durante siglos pueden ser utilizadas por los neurocientíficos tanto para obtener nuevos experimentos que nos indiquen cómo funciona el cerebro como para mejorar los experimentos actuales y su interpretación. Más aún, podrían ayudar al diagnóstico y tratamiento de enfermos que sufren ciertos déficits cognitivos como déficits de atención resultado de un trauma, el Alzheimer’s y muchas otras. Estos métodos podrán ser utilizados para lograr tratamientos psicológicos en los que los pacientes se concentren en las partes importantes de sus terapias, suprimiendo distracciones que pueden causarles confusión y desorientación.
Los magos utilizan el término “misdirección” para referirse a la práctica de desviar la atención del espectador alejándola del truco de magia utilizado. Los neurocientíficos cognitivos han catalogado varios tipos de “misdirección.” Destacan la ceguera a los cambios, cuando el espectador no nota un cambio en el escenario cuando solo compara el resultado del cambio con el estado previo al mismo, y la ceguera por falta de atención, cuando el espectador no percibe un objeto inesperado que es perfectamente visible a sus ojos.
Hay muchos tipos de “ceguera” cognitiva que aprovechan los magos en sus trucos o los nuerocientíficos en sus experimentos. Como la “ceguera de elección”. Se pide a un sujeto que seleccione la cara más bella de dos fotos. Se tapan las fotos y, sin que se dé cuenta, se la presenta la cara no elegida como si fuera la elegido (ilustrado en la siguiente figura).
Si se le pide que explique por qué ha elegido esa cara (siendo la que no ha elegido) el 84% de los sujetos no se da cuenta y nos ofrece argumentos “razonables” por los cuales ha elegido dicha cara. Cuando tomamos una decisión somos capaces de justificarla incluso si no es la decisión que realmente tomamos segundos antes.
Espero que os haya servido de botón de muestra.
Por cierto, has notado ya el truco de las cartas que he utilizado.
Lo confieso, a veces leo libros siguiendo las recomendaciones de revistas. MUY INTERESANTE recomendaba “Dios está en el cerebro. Una interpretación científica de Dios y la espiritualidad humana” de Matthew Alper, Granica, mayo 2008.
El libro se lee fácil y puede recomendarse como lectura veraniega. En los capítulos 1 y 2 el autor busca convencernos de su necesidad de hacer una carrera científica (en realidad estudió Filosofía) para tratar de comprender la esencia detrás del concepto Dios, o sea, a Dios.
El capítulo 3 es una historia del universo desde el Big Bang hasta la aparición del hombre sobre la Tierra, que deja mucho que desear. Me parece que se ha visto la serie documental Cosmos de Carl Sagan, la primera edición, y ha copiado de allí todo lo que presenta. En casi 30 años han cambiado muchísimas cosas y me hubiera gustado que el autor estuviera un poco más actualizado al respecto.
El capítulo 4 se centra sobre Kant (yo hubiera trabajado más este capítulo citando también a Hegel) y el 5 sobre “Dios como palabra”. Ambos están muy flojos, pero supongo que el autor (siendo filósofo) no quiere escribir un libro sobre filosofía.
En el capítulo 6 empieza el “grano” del libro. Hay patrones de conducta universales en las diferentes cultura humanas. El autor expone su hipótesis de que dichos patrones de conducta están determinados por nuestros genes (como llorar cuando uno está triste). El capítulo 7 tratan sobre las conductas universales de la creencia en la “espiritualidad” y de la práctica de ritos religiosos. Cita a Freud y sobre todo a Jung, con su inconsciente colectivo, como aval para sus ideas.
¿Por qué nuestro cerebro tiene partes dedicadas a la espiritualidad y a la religiosidad? En el capítulo 7 el autor trata de dar las razones para ello. Básicamente “el miedo a la muerte”. El ser humano es el único animal que sabe que va a morir (todos los animales le tienen miedo a la muerte). ¿Cómo vivir con dicho miedo? La evolución a generado una “función espiritual” en nuestro cerebro que nos hace concebir que nuestro “yo” es eterno, inmortal y que nos conforta dicho miedo. El autor se recrea en el capítulo 8 en dichas ideas y en la importancia del “ego” en la percepción humana del mundo.
¿Alguna prueba empírica de que Dios está en nuestro cerebro? Ciertas experiencias “místicas” se pueden provocar mediante drogas (cap. 10); la religiosidad en gemelos que se han criado separados respecto a mellizos en las mismas circunstancias le hacen aludir a un “gen” de la religiosidad (cap. 11); las propiedades curativas de la oración sobre todo en enfermedades psicosomáticas ampliamente contrastadas en la literatura médica (cap. 12); los beneficios del ritual de la conversión religiosa, que salva a muchos “desamparados” que en otro caso deberían recurirr a un psicólogo (cap. 13); las experiencias cercanas a la muerte, que se pueden provocar con drogas (cap. 15); y la glosolalia, “hablar en lenguas desconocidas” (cap. 16), este último muy flojo. Todos estos datos, según el autor, ratifican su hipótesis “neuroteológica” o “bioteológica”.
Si la religiosidad es una necesidad humana que tenemos imbricada en nuestro genes, ¿por qué hay ateos? Igual que hay personas con mejores actitudes para la música que otras, también hay personas con mejores actitudes para la religiosidad o la espiritualidad (cap. 15). En la mayoría de los países de la OCDE el ateismo y el agnosticismo son muy numerosos, porcentajes superiores al 30% de la población, sin embargo, EEUU es la excepción que confirma la regla (más del 90% de la población se confiesa creyente en Dios). El autor trata de explicarlo aludiendo a que los inmigrantes originales buscaban en América la “libertad religiosa” que se les negaba en Europa, luego tenían el “gen de la religosidad” especialmente “desarrollado” (cap. 17).
En un libro escrito por un filósofo sobre Dios no puede faltar un capítulo sobre ”el bien y el mal” (cap. 18). El autor afirma que en su opinión hay regiones en el cerebro para lo religioso, lo espiritual y lo moral, separadas y en diferente grado de expresión en cada individuo. La componente moral es muy importante para mantener la cohesión de grupo en un animal tan social como el humano.
Los tres últimos capítulos (19-21) se dedican al siguiente problema: bien, Dios es un producto de nuestro cerebro, de nuestra evolución por selección natural como seres inteligentes y sociales, ¿y qué? ¿pasa algo? ¿afecta ello a quienes tienen fé en su existencia? Pues no. El autor considera que las sociedades modernas deberían aceptar como un hecho la necesidad humana de la religión y lo espiritual y que deberían ponerse de acuerdo todos los credos religiosos para desarrollar un corpus común que evite las guerras entre religiones (alude entre otros a la tragedia del 11 S y a los fundamentalistas de diferentes bandos). Todo esto me suena a la “cienciología”.
El irriosorio apéndice “Experimentos que podrían demostrar la existencia de una función espiritual” es un pésimo colofón para este libro. Que lo dicho, dejarse leer, se deja leer.
Yo me considero “humanista racional” (que el autor confronta a agnósticos y ateos) y las ideas expresadas en el libro no me desagradan, pero en el presente estado de la ciencia son sólo pseudociencia. Aún así, prefiero las ideas de Alper a las que sugieren el “carnicero” von Daniken y sus seguidores sobre unos extraterrestres que convirtieron a los monos en hombres para usarlos de esclavos, se les escaparon de las manos y acabamos surgiendo nosotros (el único animal de inteligencia probada (por él mismo) sobre la Tierra).
Si te parece curiosa esta entrada, te recomiendo la lectura del libro “Dios está en el cerebro. Una interpretación [pseudo]científica de Dios y la espiritualidad humana.”
Me regalaron “El Ocho” de Katherine Neville, 1988, best-seller al estilo del “Código da Vinci,” pero enmarcado en el terror de Robespierre de 1792 y en el “terror” de la crisis del petróleo de 1973, usando como excusa un supuesto Ajedrez de Montglane de “corte” similar al famoso Grial. Una informática de éxito y una novicia guian la historia en la que aparecen gran número de personajes históricos. La novela se lee fácil. Ideal para el verano.
Sin embargo, recuerda mucho a un guión de Hollywood, con personajes históricos “interpretados” por actores “americanos,” nada creíbles desde un punto de vista riguroso. Conversaciones que hoy en día nos parecen “normales,” pero que difícilmente se pudieran dar a finales antes del s. XIX. La novela es ideal para un guión de cine y como lectura de avión transoceánico o de internamiento hospitalario. Por cierto, como es costumbre en las novelas anglosajonas, y muy poco habitual en las españolas, aparecen personajes científicos famosos, como Einstein, Newton, Euler, Fibonacci, … y músicos como J. S. Bach.
Para partidas de ajedrez me quedo con las de Charles L. Dogdson [uno entre muchos].
También he leído algo un poco más “disfrutón,” la segunda edición del libro de Francisco Mora, “El reloj de la sabiduría. Tiempos y espacios en el cerebro humano.” Gran divulgador, con numerosos libros sobre ”su” tema: el cerebro y la neurocomputación. La idea es sencilla, la mente es un resultado emergente de la dinámica temporal de la compleja red de neuronas de nuestro cerebro. Mora se refiere al concepto de dinámica como “reloj” rehuyendo palabros más técnicos. El nuevo capítulo añadido es poca aportación para una segunda edición y se podría haber aprovechado mejor la ocasión. Por ejemplo, hay tantas faltas ortográficas y sintácticas que da la sensación que Mora ha escrito el libro en inglés y alguien lo ha traducido (lo que realmente “da pena”). Mora no parece científico, con comentarios como leer 10 elevado a 12 como 100.000 millones (número de neuronas), cuando es un billón, o 10 elevado a 15 como un millón de billones (aclarando, un trillón), por el número de sinapsis.
Como es costumbre en muchos libros de Alianza Editorial escritos por autores españoles, las figuras brillan por su ausencia. La mayor parte del libro habla de áreas del cerebro mencionando sus números de denominación, debiendo uno recurrir a Internet para ver dónde se encuentran exactamente.
Las ideas sobre espiritualidad, religión y cerebro, sin mencionar nunca la palabra “alma,” que expone el autor son bastante discutibles, aunque estoy de acuerdo con él en que no hay nada más que la propia maquinaria neuronal.
La pena, que un autor que reclama la unión de ciencia y humanismo, al menos en neurociencias, tenga que pasar de nuevo por la Educación Básica a la hora de escribir un libro (que a veces parece un blog en lugar de un libro).
Finalmente, he de mencionar que he leído prensa diaria y ciertas revistas de divulgación científica para mantener la mente “despierta” durante “mi retiro”.
Saber exactamente dónde se encuentran las interneuronas colinérgicas en el estriado ayudará a descubrir el origen de ciertas patologías psiquiátricas, como la esquizofrenia.
La elaboración de mapas de distribución de ciertos tipos de neuronas, en concreto de las interneuronas colinérgicas, podría aclarar la causa de la aparición de algunas enfermedades mentales, como la esquizofrenia. Así se ha puesto de manifiesto en un estudio dirigido por Javier Bernácer, biólogo e investigador del laboratorio de Neuromorfología Funcional de la Clínica Universitaria de Navarra.
En el trabajo, que se publica en PLoS ONE, han colaborado los doctores José Manuel Giménez Amaya y Lucía Prensa, de la Universidad Autónoma de Madrid. El trabajo se ha centrado en el estudio de la distribución de este tipo de neuronas, las interneuronas colinérgicas (que utilizan acetilcolina como neurotransmisor) en el estriado, una estructura cerebral subcortical donde coexisten diferentes tipos de neuronas.
“En concreto, el estriado es el área cerebral en la que se planifican los movimientos voluntarios, además de estar implicada en su programación y en el modo de ejecutarlos”, ha explicado Bernácer.
Procesos
Se trata de una estructura en la que se producen también procesos cognitivos y emotivos. Es un núcleo cerebral en el que ocurren procesos de tipo asociativo, sensorimotores y límbicos. El estriado es un área muy extensa; en concreto, es el mayor de los núcleos subcorticales del cerebro. El trabajo ha consistido en investigar si las interneuronas colinérgicas se distribuyen en él de forma homogénea o si su cantidad varía según las regiones.
Cabe señalar que estas interneuronas son las encargadas de la organización interna del estriado; en definitiva, organizan y regulan su funcionamiento. Además, las colinérgicas están implicadas en diferentes procesos de aprendizaje, sobre todo en la respuesta a estímulos externos que conlleva la obtención de una recompensa, “y en lo que más nos interesaba a nosotros, en la aparición de enfermedades mentales como la esquizofrenia”.
En concreto, se ha podido demostrar que en ciertas regiones existe una pérdida de este tipo de neuronas, por lo que se sabe que podrían estar implicadas en el desarrollo de algunas enfermedades psiquiátricas.
La principal conclusión obtenida del estudio revela la existencia de una distribución heterogénea de las interneuronas colinérgicas en todas las regiones del estriado. Además, el trabajo ha podido constatar que, en general, la mayor densidad de interneuronas se concentra en la zona posterior de este núcleo cerebral, una región que “suele quedar fuera de muchos estudios. El ensayo destaca la importancia de las regiones posteriores del estriado y la necesidad de que se tengan en cuenta, tanto en estudios funcionales como en patológicos”.
Para la investigación se ha utilizado como metodología la estereología que “es la más adecuada para hacer recuento de neuronas, ya que permite hacerlo en una estructura tridimensional, en un determinado volumen, como el que tienen los pequeños cortes de cerebro con los que trabajamos”.
Mejor recuento
A partir de estas muestras se hace una estimación del número de neuronas que hay en cada milímetro cúbico de ese tejido. “En definitiva, se trata de contar la cantidad de neuronas existentes en una fracción del tejido y a partir de ahí hacer una estimación de las que hay en todo el núcleo”.
En esta primera fase el estudio se ha practicado en cerebros sanos. El siguiente objetivo será investigar la distribución de las interneuronas colinérgicas en el estriado de cerebros patológicos, por ejemplo de esquizofrénicos o de personas con otras enfermedades mentales, y comparar los resultados con los cerebros sanos ya estudiados. Para obtener muestras de cerebros de pacientes será muy útil la colaboración con los otros.
Comentario de Jose Megias Verges “elevado” a entrada.