La bibliometría está repleta de conjeturas verificadas sólo con pequeños conjuntos de datos. Tras analizar las publicaciones de 35.136 investigadores se confirma la fuerte correlación entre el índice h y el número total de citas recibidas C, siguiendo la ley de potencias h ~ C0,42, predicha por el propio Hirsch, inventor del índice h, que la verificó con un pequeño conjunto de datos. También se correlaciona con el número de publicaciones N, aunque con menor significación. La correlación entre estos tres índices bibliométricos es h ~ C0,41 N0,18. Los autores del nuevo estudio han partido de las citas de los artículos de 89.786 científicos con “profile” en Google Scholar (datos recogidos entre el 29 de junio al 4 de julio de 2012), asociados a 67.648 palabras clave diferentes; entre todos ellos han seleccionado los autores que tienen al menos 20 artículos y una carrera con más de 5 años de duración (reduciendo el número a 35.136 científicos). Esta validación a gran escala ha sido desarrollada por Filippo Radicchi, Claudio Castellano, “Analysis of bibliometric indicators for individual scholars in a large data set,” arXiv:1304.1267, 04 Apr 2013. Los aficionados a la bibliometría dispuestos a realizar otros análisis sobre los mismos datos pueden descargar dichos datos en esta página web de los autores.
Archivo de la categoría: Índice-h de Hirsch
La arbitrariedad del índice h a la hora de ordenar la producción de investigadores
La arbitrariedad del índice h (propuesto por Hirsch en 2005) se hace evidente cuando se cambia un poco su definición y, en lugar de tomar el valor h como el número de publicaciones que han recibido al menos h citas cada una, se toma h como el número de publicaciones que han recibido al menos q*h citas cada una, donde q es distinto de la unidad; la costumbre es tomar q = tan(α), con q=1 para α=45 grados. El cambio parece muy pequeño, pero la estabilidad del índice h ante este “pequeño” cambio es pésima. El cambio en el orden (ranking) de una serie de investigadores al realizar un pequeño cambio en el valor de q es mucho más grande de lo que uno puede pensar en principio y hace dudar sobre la utilidad del índice h (con q=1) a la hora de ordenar investigadores por su producción. La figura muestra el ránking de 26 físicos en función del ángulo α entre 5 y 85 grados (obviamente, los primeros y últimos puestos cambian poco, pero la región intermedia, donde el índice h debe mostrar su utilidad práctica, es bastante “caótica”). Este resultado es bien conocido por los expertos en bibliometría, pero ignorado por el resto del mundo (todos los que usan el índice h a la ligera sin estudiar un “poquito” de bibliometría). Nos lo recuerda Michael Schreiber, “A Case Study of the Arbitrariness of the h-Index and the Highly-Cited-Publications Indicator,” Journal of Informetrics 7: 379-387, 2013 [arXiv:1302.6582].
“El bueno, el malo y el feo” en las revistas de acceso gratuito (open access)

El número de revistas de acceso gratuito está creciendo a un ritmo anual increíble. El último año se añadieron 1200 al listado que aparece en el Directorio de Revistas de Acceso Gratuito (DOAJ, Directory of Open Access Journals). No es un problema que haya muchas, el problema es saber cuáles son buenas y acabarán teniendo un impacto significativo en los próximos años. ¿Enviarías un artículo a revisión al Electronic Journal of Biology? ¿Son buenos los editores de Aquatic Biosystems? ¿Recomendarías a uno de tus estudiantes de doctorado o postdocs enviar un artículo al International Journal of Computer Science and Network? Estas tres revistas están entre las últimas 78 que se incorporaron al DOAJ en el último mes. Por su juventud, estas revistas aún no tienen factor de impacto en el listado de Thomson Reuters y no lo tendrán en al menos tres años. ¿Qué índice bibliométrico podemos usar para determinar la calidad de una nueva revista?
Jelte Wicherts (Univ. Tilburg, Países Bajos) propone usar un índice de transparencia, que la revista explique en su web de forma clara cosas como su temática y lectores objetivo, sus procedimientos de revisión por pares y su tasa de aceptación/rechazo. Según Wicherts, las mejores revistas del DOAJ son las más tranparentes. ¿Cómo se calcula este índice? Mediante una encuesta, de manera similar a como se valoran películas. Se pasa un cuestionario entre un muestra de investigadores y se asigna un valor del índice de transparencia a la revista. Sin embargo, a mucha gente no le gusta este tipo de medida subjetiva y prefieren un índice bibliométrico numérico, en apareciencia más aséptico.
Un nicho de investigación no es fácil de descubrir. Los especialistas en bibliometría y quienes aspiren a serlo tienen aquí un problema interesante y útil que resolver. El desarrollo de un índice bibliométrico para medir la calidad de revistas científicas emergentes, que combine sencillez y precisión, será objeto de gran número de propuestas y publicaciones en los próximos meses. La bibliometría tiene mucho intrusismo entre matemáticos y físicos, como Hirsch, el autor del famoso índice-h, quizás alguno de los lectores de este blog esté ahora mismo pensando en cómo resolver este problema bibliométrico.
A bote pronto, se me ocurre un índice de impacto potencial calculado como el exponente de la potencia en un ajuste de la evolución anual del índice-h de la revista utilizando una ley de potencias; este índice sería útil para los primeros cinco años de vida de una revista. Obviamente, sin una investigación estadística detallada que confirme la “aparente” utilidad del índice, cualquier propuesta caerá en saco roto.
Cómo predecir el impacto futuro de tus publicaciones

Seguro que no puedes esperar, pues conéctate ahora mismo a la página web H-index Predictor y predice el que será tu índice de impacto en los próximos años (el estudio se ha realizado con biólogos evolutivos y especialistas en Drosophila, luego podría ser fiable en Ciencias de la Vida en general, aunque en otros campos no lo parece tanto; en mi caso es demasiado optimista). Daniel E. Acuña (Universidad de Northwestern, Evanston, Illinois, EEUU) y dos colegas publican en Nature una fórmula capaz de predecir el impacto de las publicaciones de un investigador que haya publicado al menos durante cinco años. Su método se basa en el uso de técnicas de aprendizaje automático y algoritmos de regresión lineal. El resultado muestra una estimación del futuro índice-h del autor en los próximos 10 años. que es posible predecir la evolución del índice-h de un autor durante al menos los próximos 5 años. Las características con mayor valor predictivo son el número de artículos publicados, el número de revistas diferentes en las que se ha publicado, el número de revistas en el top de índice de impacto y el número de años desde el primer artículo. Según Acuña y sus colegas, su fórmula debería ser muy útil para los organismos que evalúan investigadores (como la ANECA en España), así como para comisiones de contratación. El artículo técnico es Daniel E. Acuña, Stefano Allesina & Konrad P. Kording, “Future impact: Predicting scientific success,” Nature 489: 201–202, 13 September 2012 (los detalles técnicos están en la información suplementaria). El editor de Nature también comenta sobre este artículo en “Count on me,” Nature 489: 177, 13 September 2012.

En un mundo ideal, los científicos nunca serían evaluados utilizando métricas bibliométricas, sino juzgando su currículum vitae mediante una evaluación por pares. Sin embargo, el coste de una evalución por pares rigurosa obliga, con frecuencia, a recurrir a la vía rápida y barata. Lo interesante del nuevo artículo es que, como se ha publicado en Nature, acabará generando un gran número de secuelas (como ya pasó con el artículo de Hirsch que se publicó en PNAS), nuevas métricas cada vez más precisas para facilitar la ingrata labor de los evaluadores. El problema de cualquier métrica es que hecha la ley, hecha la trampa.
PS (30 abr 2013): El artículo de Acuña y sus colegas es criticado en Orion Penner et al., “Commentary: The case for caution in predicting scientists’ future impact,” Physics Today 66: 8, April 2013 [copia gratis]. Predecir el éxito futuro de un investigador es muy difícil. Para ilustrarlo se aplicó el modelo de Acuña a 2 profesores asistentes de física de los 50 mejores departamentos de física de EEUU (es decir, a 100 profesores). El coeficiente de determinación R²(t, Δt) es una medida estadística de lo bien que predice un modelo con un horizonte de Δt años. Se aplicó dicho análisis al índice h. El resultado muestra que la predicción es buena (curva negra), pero mirando por grupos de edad (los que llevan 1, 2, y 3 años como asistentes) se observa que la predicción es mejor para los que llevan más tiempo.
Esta limitación es importante porque se espera que el algoritmo de Acuña et al se aplique antes del primer año de profesión, para seleccionar al personal en función de su proyección futura, y es en dicho caso cuando más falla la predicción. La predicción es mejor cuando se aplica a quienes ya han sido seleccionados y llevan cierto tiempo demostrando su valía.
Este resultado está de acuerdo con muchos otros estudios que apuntan a que el impacto de los artículos publicados en el pasado no está correlacionado con el impacto de los artículos publicados en el futuro. Usar medidas bibliométricas, aunque no sea una sola, sino 5, como en el caso de Acuña et al., no mejora el poder predictivo de estas medidas. Este hecho debe ser tomado con mucho cuidado. Nunca se debe abusar de la cienciometría.
El índice h de Albert Einstein
Jorge E. Hirsch (Universidad de California, San Diego) inventó en 2005 el índice h para medir la calidad profesional de físicos y de otros científicos en función de la cantidad de citas que han recibido sus artículos científicos. Un científico tiene índice h igual a h si ha publicado h trabajos con al menos h citas cada uno. ¿Cuál es el índice h de Albert Einstein? Hirsch nos informa en Physics Today (March 2011) que según el Institute for Scientific Information (ISI) el índice h de Albert Einstein es 50. Mucho más bajo que el 125 de Edward Witten, pero hay que recordar que Einstein publicó entre 1901 y 1955, y Witten publica desde 1976. Eran otros tiempos y se publicaba mucho menos que ahora. Por ejemplo, en los seis primeros meses de Physical Review en 1948 se publicaron 1.476 páginas, mientras que en los primeros 6 meses de 1998, Physical Review A-E tienen 39.141 páginas (muchos más artículos implica muchas más referencias).
¿Cómo se compara el índice h de Einstein con el de otros científicos de su época? Werner Marx, Lutz Bornmann, y Manuel Cardona han publicado un análisis exhaustivo sobre la evolución en el tiempo del índice h gracias al cual Hirsch afirma que no concibe un físico contemporáneo a Einstein con un índice h mayor que 50. Según el Institute for Scientific Information (ISI) el índice h de Erwin Schrödinger (1914-61) es 26, el de Werner Heisenberg (1921-1976) es 30, el de Enrico Fermi (1922-55) es 32, y el de Paul Dirac (1924-85) es 44. Cardona y Marx han calculado un índice h de 41 para Max Born (1900-70) y de 45 para Heisenberg gracias a la corrección de ciertas omisiones en el ISI. Mas aún, Hirsch afirma que no conoce a ningún físico anterior a 1956 con un índice h mayor de 50. ¡Palabras mayores! Aunque Hirsch se cura en salud y nos recuerda que comparar el índice h de científicos que hayan vivido en épocas diferentes no tiene ningún sentido.
Por cierto, el índice h de Albert Einstein en 1955 era de sólo 20. “Como el buen vino, el índice h mejora conforme pasa el tiempo,” dice Hirsch.
Estos comentarios de Hirsch vienen a colación por una crítica de J. Richard Gott III al índice h en el número de noviembre de 2010 de Physics Today. Su crítica se basa en que el índice h no describe bien a Einstein y le lleva a introducir un nuevo índice que en su honor llama índice E. Pero como nos recuerdan Cardona y Marx en Physics Today (March 2011), ya existe un índice bibliométrico llamado índice e y hay más de 37 variantes del índice h publicadas en la literatura. La gran ventaja del índice de Hirsch y el motivo de su éxito es su simplicidad (por ello el artículo original de Hirsch ha recibido 660 citas en cinco años; para un artículo en bibliometría es un fenómeno único). Cardona y Marx han desarrollado una técnica para corregir el índice h con el tiempo y obtener un valor normalizado independiente de la época. Aplicando dicha técnica, el índice h normalizado de Einstein es de 139, mayor que el de Witten.
Por supuesto, Gott contesta a los demás lo que tiene que contestar. Su índice E no tiene nada que ver con el índice e, ni con el índice h normalizado y su índice E es mejor. ¡Faltaría más!
Carnaval de Matemáticas 2.1: Por qué una revista del montón (IJNSNS) tiene el mayor índice de impacto en Matemática Aplicada
La revista internacional The International Journal of Nonlinear Sciences and Numerical Simulation (IJNSNS) alcanzó en 2008 un índice de impacto de 8’91 y desde 2006 (hasta 2009) lidera la lista de revistas internacionales en el área de Matemática Aplicada del Journal Citation Reports (JCR). En 2011 ya no lo hará: IJNSNS ha cambiado de editorial (de Freund a De Gruiter) y su editor principal (Ji-Huan He) ha sido substituido (por Krishnaswamy Nandakumar). El making of del alto índice de impacto de IJNSNS, gracias a las malas artes de J.-H. He, nos lo explican Douglas N. Arnold y Kristine K. Fowler, “Nefarious Numbers,” Notices of the AMS 58: 434-437, Mach 2011 [ArXiv, 1 Oct 2010]. Más información en “Arnold & Fowler on “Nefarious Numbers” about the impact factor manipulation,” Francis’ world inside out, February 18, 2011. Esta entrada será mi primera participación en el Carnaval de Matemáticas 2.1 alojado por Tito Eliatrón Dixit.
Antes de nada hay que explicar la figura que abre esta entrada. El Consejo de Investigación Australiano (Australian Research Council, el equivalente australiano al CSIC español) ha evaluado mediante encuestas a investigadores la calidad de 20.000 revistas internacionales. La calidad global de una revista puede ser A* (lo mejor en su campo), A (de muy alta calidad), B (de reputación sólida) y C (para las que no encajan en las otras categorías). La lista ERA incluye 170 de las 175 revistas internacionales impactadas de la categoría “Mathematics, Applied” del JCR de 2008. La revista #1, IJNSNS ha sido calificada como B. Las revistas #2 y #3, Communications on Pure and Applied Mathematics (CPAM) y SIAM Review (SIREV), que solo alcanzan un índice impacto de 3’69 y 2’80, resp., son revistas de categoría A*. La línea roja en la figura se ha colocado en el percentil 20% para el índice de impacto de las revistas tipo A* (lo mejor de lo mejor); hay que destacar que 51% de las revistas tipo A tienen un índice de impacto mayor que este nivel, como el 23% de las revistas tipo B y el 17% de las “peores” revistas (tipo C). Obviamente, IJNSNS es el caso más anómalo. Su índice de impacto es astronómico para ser una revista de categoría B. Entre las 10 revistas con mayor índice de impacto (JCR 2008) tenemos 7 revistas A*, 2 revistas A y solo una revista B, IJNSNS. ¿Cómo es posible que IJNSNS haya obtenido un índice de impacto tan alto?
El índice de impacto se calcula como un cociente entre las citas recibidas y el número de artículos. En 2008 se citaron 821 veces los 79 artículos de IJNSNS publicados en 2007 y 561 veces los 84 publicados en 2006, por tanto, el índice de impacto es (821+561)/(79+84)=1382/163=8’479. ¿Cómo ha logrado Ji-Huan He que IJNSNS haya obtenido un índice de impacto tan alto?
El investigador que más citas a IJNSNS ha producido en 2008 es … su editor principal, Ji-Huan He (243 citas de las 1382). El segundo citador es D. D. Ganji (con 114 citas) y el tercero Mohamed El Naschie (con 58 citas), ambos son miembros del comité editorial de la revista. Estos 3 autores son responsables del 29% de las citas que cuentan para el índice de impacto de IJNSNS. Más aún, el 71’5% de las citas en 2008 a IJNSNS son citas a artículos publicados en 2006 y 2007 (las citas que cuentan para el índice de impacto).
La revista internacional que más ha citado a IJNSNS en 2008 es el Journal of Physics: Conference Series, responsable de 294 citas (más del 20% de las 1382). Todas estas citas provienen de un solo número de esta revista, las actas de un congreso internacional organizado por… Ji-Huan He, editor principal de IJNSNS en su propia universidad. La segunda revista que más ha citado a IJNSNS en 2008 fue el Topological Methods in Nonlinear Analysis, responsable de 206 citas (el 14%) y de nuevo todas las citas provienen de un solo número de esta revista, un número especial cuyo editor invitado es … como no, Ji-Huan He. La tercera revista más citadora en 2008 a IJNSNS es la revista Chaos, Solitons and Fractals, con 154 citas; Ji-Huan He era miembro del comité editorial de CS&F y su editor principal Mohamed El Naschie es coeditor (regional) de IJNSNS. La cuarta revista más citadora es el Journal of Polymer Engineering, también de un solo número y también editado por Ji-Huan He. Ji-Huan He es responsable “directo” de más del 50% de las citas al IJNSNS en 2008.
Según el Essential Science Indicators, producido por Thomson Reuters, J.-H. He es uno de los científicos más citados de la actualidad en Matemáticas, con 6.800 citas y un índice-h de 39 (según Hirsch, inventor del índice-h, la media de los ganadores del premio Nobel de Física es 35). He y sus malas artes han logrado encumbrarle al súmmun de los científicos más citados. Por ejemplo, sólo el número especial de la revista Journal of Physics: Conference Series antes citado, editado por él mismo, contiene 353 citas a sus propios artículos. ¡Qué os voy a contar!
En este blog ya nos hemos hecho eco en varias ocasiones de las malas prácticas de He: “El editor que se autoedita, buen autoeditor es (salvo que le corten la cabeza como a El Naschie),” 27 noviembre 2008; ”El presidente de SIAM y la “ingeniería” del índice de impacto de revistas internacionales,” 12 diciembre 2009; y “Una broma de mal gusto del ISI Web of Science o esto va de castaño a oscuro,” 16 junio 2009.
Lo sorprendente es que hasta el año 2009 nadie se atrevía a criticar las malas artes de J.-H. He. Imperaba una ley del silencio que destaparon una serie de blogs y una serie de artículos que criticaron la “basura” He-siana (porque sus artículos técnicos son pura “basura” no hay mejor palabra para calificarlos). En este blog nos hemos hecho eco de ello en varias ocasiones: “La cruzada de Francisco M. Fernández contra Ji-Huan He y los He-sianos, un ejemplo de la “basura” que se publica en revistas “respetables”,” 5 febrero 2009; “Nueva cruzada contra los He-sianos, pero en revistas sin índice de impacto, por ahora,” 23 abril 2009; “Nuestro cruzado, Marcelo, logra uno de los artículos más descargados en ScienceDirect,” 7 octubre 2009; “Nuevos avatares de la cruzada anti-He-siana de la mano del nuevo cruzado Sir Jason, autor del blog “El Naschie Watch”,” 2 julio 2010; ; y “Nikolai Kudryashov y la cruzada en defensa de la fe en la matemática aplicada,” 27 noviembre 2010.
Goodhart’s law warns us that “when a measure becomes a target, it ceases to be a good measure.”
Cómo incrementar tu índice h gracias a Google Scholar
El informático Ike Antkare tiene 111 artículos en Google Scholar y un índice h de 94 (atesora 94 artículos con al menos 94 citas). Un genio, si no fuera porque Ike Antkare no existe, es una invención de Cyril Labbé del Laboratorio de Informática de Grenoble en la Universidad Joseph Fourier, Francia. Todos los artículos de Antkare han sido generados por ordenador gracias a Scigen y todas las citas a sus artículos son autocitas (como es obvio). Google Scholar no distingue entre artículos escritos por un científico o generados por un programa de ordenador. Labbé nos cuenta como lo hizo en su artículo “Ike Antkare, One of the Great Stars in the Scientific Firmament,” 22th Newsletter of the International Society for Scientometrics and Informetrics, June 2010. Visto en Bee, “Fun with the h-index,” Backreaction, Jan. 10, 2011.
El trabajo de Labbé nos muestra lo fácil que es engañar a Google Scholar y con él a todas las herramientas informáticas de análisis bibliométrico basadas en él, como Publish or Perish o Scholarometer. No espero que nadie incremente de forma fraudulenta su CV gracias a Google Scholar, pero ver lo fácil que es hacerlo le hace a uno pensar sobre este asunto.
Nuevo índice h de Hirsch para medir el efecto de los coautores
Hirsch se ha hecho famoso gracias a su índice-h para medir el impacto de las publicaciones de un investigador o un grupo de ellos. Un índice de H indica que H artículos han recibido al menos H citas. Hirsch ha introducido varias variantes de su índice, la última es el índice
(hbarra). Este índice vale N si el autor tiene N artículos que tienen al menos tantas citas como el índice
del resto de sus coautores. El índice
siempre es menor o igual que el índice
, aunque muchas veces es muy parecido. Hirsch afirma que el nuevo índice tiene en cuenta el efecto del prestigio de los coautores en el número de citas recibidas. Yo no lo veo nada claro y en mi opinión este nuevo índice aporta poco a las más de 20 variantes del índice
que se han propuesto en la literatura. Para los interesados, el artículo técnico es J. E. Hirsch, “An index to quantify an individual’s scientific research output that takes into account the effect of multiple coauthorship,” ArXiv, 17 Nov 2009.
Es curioso que el propio Hirsch tenga todavía imaginación para proponer una nueva variante de su índice que no ha sido considerada en el pasado. El nuevo índice satisface y para un autor sin coautores
, aunque podría darse dicha igualdad incluso cuando hay coautores. Los artículos que se cuentan al calcular el índice
de un autor, se llama núcleo
de sus publicaciones. El núcleo
de un autor no puede decrecer, un artículo en él lo estará siempre. Sin embargo, el núcleo
de dos coautores puede ser disjunto, es decir, un artículo cuyas citas lo colocan en el núcleo
de un autor y para él cuenta para su índice
, para otro coautor puede que no esté en su núcleo
y no le cuente para el suyo. Con el índice
eso no puede ocurrir. Un artículo está en el núcleo
de todos sus coautores. Por supuesto, el núcleo
de un autor cambia con el tiempo y un artículo puede entrar y salir conforme pasa el tiempo, aunque la gran mayoría de artículos permanecerán en él por siempre.
La gran ventaja del índice es lo fácil que es calcularlo. Basta ordenar los artículos por número de citas y el índice
se ve. Sin embargo, el índice
es mucho más difícil de calcular ya que requiere considerar a todos los coautores y sus publicaciones. Nadie usará un índice tan complicado como el
. Por ello, Hirsch nos propone redefinirlo de forma “inconsistente.” Un autor tiene un índice
igual a M si M de sus artículos tienen un número de citas mayor o igual que M y dichos artículos pertenecen a los núcleo
de sus coautores. Este nuevo índice es ligeramente menor que el índice
correcto (consistente). El cálculo de este índice (versión inconsistente) require dos pasos, por un lado cribar el núcleo
del autor y por otro añadir artículos que no se encontraban en él. Este procedimiento es fácil (aunque puede ser largo) de aplicar utilizando el ISI Web of Science, pero Hirsch en su artículo nos detalla todos los pasos.
Pongamos un ejemplo de cálculo del índice . Consideremos un autor A con un índice
de 20 (tiene 20 artículos con al menos 20 citas). El artículo número 20 tiene 21 citas y tiene un único autor. El artículo 19 tiene 25 citas y tiene un coautor joven, con índice
de 5. Ambos artículos pertenecen el núcleo
de A. Los artículos 18, 17 y 16 tienen 28, 30 y 35 citas, resp., y tienen entre los coautores a los investigadores senior B, C y D con índices
45, 55 y 40. El artículo 15 tiene 43 citas y entre los coautores está D. Los artículos 18, 17 y 16 no pertenecen al núcleo
de A, pero el 15 sí. Por tanto, el índice
de A es como poco 17. ¿Por qué? Porque hay artículos que no están en el núcleo
de A que también han de ser considerados. El artículo 21 podría tener 19 citas y un único autor. Dicho artículo no contaba para el índice
pero sí cuenta para el
(pues supera a 17). Si el artículo 22 tiene 18 citas pero tiene a B como coautor y el artículo 23 tiene 17 citas, ninguno de los dos cuenta para el núcleo
y el autor A tiene un índice
de 18.
Hirsch considera que su nuevo índice permite una comparación más democrática entre autores con índice similar. Hirsch recomienda utilizar dicho índice para comparar investigadores noveles (junior) con objeto de descontar el efecto de sus coautors senior. Más aún, para obtener un buen valor del índice
conviene no tener como coautores a personas con índices
muy altos, ya que dichos artículos no nos contarán. Por ello, Hirsch cree que el uso de este índice puede favorecer que se reduzca el número de coautores (senior) de “relleno” en los artículos (que favorecen sin embargo al índice
). Yo, la verdad, no lo veo tan claro. No sé lo que opinareis vosotros al respecto.
Más información sobre quién la tiene más larga y quién los tiene más grandes
Ya lo contamos en este blog en “Quién la tiene más larga… y quién los tiene más grandes…,” el 8 de agosto de 2008, que no seáis mal pensados, que se refiere a la lista de publicaciones y a los índices de impacto de las revistas de sus publicaciones. “Así es como nos miden en el sistema universitario español.” En dicho artículo nos hacíamos eco de un informe de la IMU (Unión Matemática Internacional) de matemáticos especializados en estadística sobre los usos de la bibliometría a la hora de estudiar la calidad científica de revistas, investigadores e instituciones. El artículo se titula “Citation Statistics,” y sus autores Robert Adler, John Ewing y Peter Taylor lo acaban de publicar en la revista Statistical Science 24: 1-14 (2009) [versión gratis en ArXiv, 19 Oct 2009].
Poco más puedo decir a lo que ya dije, pero creo que es conveniente recomendar también la lectura de los comentarios que aparecen en dicha revista sobre dicho estudio (os pongo sólo el enlace en la versión ArXiv ya que en la revista basta pinchar en “next“): Bernard W. Silverman, “Comment: Bibliometrics in the Context of the UK Research Assessment Exercise,” ArXiv, 19 Oct 2009 [S.S. 24: 15-16], David Spiegelhalter, Harvey Goldstein, “Comment: Citation Statistics,” ArXiv, 19 Oct 2009[S.S. 24: 17-20], David Spiegelhalter, Harvey Goldstein, “Comment: Citation Statistics,” ArXiv, 19 Oct 2009 [S.S. 24: 21-24], Peter Gavin Hall, “Comment: Citation Statistics,” ArXiv, 19 Oct 2009 [S.S. 24: 25-26], y Robert Adler, John Ewing, Peter Taylor, “Rejoinder: Citation Statistics,” ArXiv, 19 Oct 2009 [S.S. 24: 27-28].
¡Que la fuerza … os acompañe! La bibliométrica, claro. ¡Y que los disfrutéis!
2009 Nobel, Medicina: Los telomeros como protectores de los cromosomas

Elizabeth H. Blackburn, Carol W. Greider y Jack W. Szostak han recibido el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por su descubrimiento de “cómo los telomeros y el ezima telomerasa protegen a los cromosomas.” La noticia aparece en todos los medios (la foto es de El Periodico.com y El Mundo lo cuenta muy bien, de agencias, claro).Elizabeth Blackburn y Jack Szostak descubrieron que cierta secuencia de ADN en los telómeros protege a los cromosomas de su degradación. Carol Greider y Elizabeth Blackburn identificaron la telomerasa como el enzima que fabrica el ADN de los telómeros. Un acierto pleno para la predicción bibliométrica de Thomson/Reuters. ¿Acertarán con el de Física mañana?
Los telómeros y la acción de la telomerasa son conocimientos de biología muy básicos, por todos conocidos, por lo que no entraré en más detalles. Os recomiendo el artículo de dos de los premiados, Greider, Carol W. y Blackburn, E. H., “Telómeros, telomerasa y cáncer,” Investigación y Ciencia, 235: 20-26, 1996 (versión en inglés en Scientific American disponible gratis); el de Blasco, María A., “Juegos extremistas. Telómeros, telomerasa e integridad genómica y somática,” Investigación y Ciencia, 269, 1999; y el de García-Cao, Marta y Blasco, María A., “Conexión entre el ciclo celular y los telómeros. Importancia para el cáncer,” Investigación y Ciencia, 321, Junio 2003.
Los trabajos premiados de Blackburn (con un índice-h de 61 según el ISI WOS, hoy), Szostak (con un índice-h de 67) y Greider (con uno de 52) son de la primera mitad de los 1980s, en concreto, Szostak JW, Blackburn EH. Cloning yeast telomeres on linear plasmid vectors. Cell 1982; 29:245-255; Greider CW, Blackburn EH. Identification of a specific telomere terminal transferase activity in Tetrahymena extracts. Cell 1985; 43:405-13; y Greider CW, Blackburn EH. A telomeric sequence in the RNA of Tetrahymena telomerase required for telomere repeat synthesis. Nature 1989; 337:331-7.
Enhorabuena a los ganadores.
PS: Por cierto, María A. Blasco, investigadora española y colaboradora de la Dra. Carol W. Greider, fue la primera persona en caracterizar la telomerasa, por lo que podría haber recibido el Premio Nobel (aunque su índice-h de 48 según el ISI WOS la coloca ligeramente por detrás de Greider, además del hecho del que el Nobel sólo premia hasta 3 personas y no más). Nos lo cuentan estupendamente en “Premios Nobel de Medicina ¿Por qué no a María Blasco?,” Tall & Cute, Octubre 5, 2009 [vía Menéame].
Evaluación por comités de expertos versus índices bibliométricos (o paseando un rato por PLoS ONE)
Todo el mundo sabe que un comité de expertos evalúa mejor la calidad de un artículo, investigador o grupo de investigación que un conjunto extenso de índices bibliométricos. Cualquier estudio mínimamente serio lo observa experimentalmente. Lyz Allen et al. evaluaron casi 700 artículos publicados en 2005 por comités de expertos y compararon los resultados con los indicados por índices bibliométricos 3 años más tarde. Cuando el índice bibliométrico dice que el artículo es muy bueno, los expertos ya lo habían dicho. Pero los expertos encontraron joyas que pasarían desapercibidas para los índices bibliométricos (porque no fueron adecuadamente citadas). La opinión de los expertos, como era de esperar, supera con creces a los índices bibliométricos, aunque estos son fáciles de calcular para los funcionarios y no funcionan tan mal. El estudio es Liz Allen, Ceri Jones, Kevin Dolby, David Lynn, Mark Walport, “Looking for Landmarks: The Role of Expert Review and Bibliometric Analysis in Evaluating Scientific Publication Outputs,” PLoS ONE 4: e5910, June 18, 2009.
Lyz Allen et al. tomaron 687 artículos publicados en 2005 y le pidieron a dos expertos, por cada artículo, elegidos entre 1000, que los calificaran de 1 a 4. El valor 4 representa una gran contribución, solo 6 de los 687 recibieron este valor; el valor 3 representa contribuciones interesantes, solo 62 (9%) recibieron este valor; el valor 2 artículos solamente útiles, solo 229, y el 1 para artículos del montón, el resto. Tras 3 años la correlación entre la opinión de los expertos y los índices bibliométricos es muy fuerte. Salvo para unos pocos artículos, artículos calificados de forma alta por los expertos pero que no han recibido un número suficiente de citas. Quizás 3 años es poco tiempo y las recibirán en un plazo más largo. Quizás nunca las recibirán. Para un funcionario, los expertos también se equivocan. Para un experto, los índices bibliométricos no pueden ser la única forma de evaluar.
Y es que ya lo decía Einstein “no todo lo que cuenta es contable, y no todo lo que es contable cuenta.” El uso de índices bibliométricos puede ser útil pero no puede ser lo único que se utilice. Nos lo han contado tantas y tantas veces que raya el ridículo. Y es que hablar de estos temas sirve para escribir artículos a quienes no son expertos en bibliometría y para escribir entradas en blogs de ciencia como éste (y no porque no haya otras cosas que contar). Os extraigo una figura del artículo de Lutz Bornmann, Hans-Dieter Daniel, “The state of h index research. Is the h index the ideal way to measure research performance?,” EMBO reports 10: 2–6, 2009 .

Observa la figura A. La curva blanca es el número de citas recibidas por los artículos ordenados por número de citas. El área sombreada en negro mide el índice h al cuadrado. Diferentes autores con el mismo índice h pueden tener diferentes curvas. La figura B muestra uno con el área roja más pequeña pero casi igual área verde. La figura C uno con igual área roja pero menor área verde. Finalmente la D muestra un autor con áreas rojas y verdes nulas. ¿Cuál de estos cuatro investigadores te parece el mejor? El área roja ha sido propuesta como nuevo índice bibliométrico para complementar al índice h y es llamado índice e por (exceso de citas) por C.-T. Zhang del Departamento de Física de la Tianjin University, China, en “The e-Index, Complementing the h-Index for Excess Citations,” PLoS ONE 4: e5429, May 5, 2009. Ya que estamos puestos, no soy experto en bibliometría pero se me antoja introducir un nuevo índice, el índice d (por defecto de citas). ¿Qué es? Obviamente el área verde. Con los índices h, d, y e se tiene una buena idea de cómo es la curva de citas (que tiene forma general de ley de potencias). Estos tres índices diferencian estupendamente entre los 4 autores A,B,C y D, todos con el mismo índice h.
Muchos científicos e investigadores están más preocupados por publicar en revistas internacionales de alto índice de impacto que en sus propios resultados de investigación. La nueva máxima de la ciencia “publica o perece” cada día parece más en contra de la tan cacareada “investigación de calidad.” Los investigadores envían su artículo a una revista de índice de impacto alto (yo envié uno a una de 1.8) y si se los rechazan (a mis coautores y a mí nos lo rechazaron) los envían a revistas de índice de impacto más bajo (nosotros ya lo hemos hecho a una de 0.82), y así sucesivamente hasta lograr el artículo. En este proceso el artículo puede mejorar, pero muchas veces muy poco (como es nuestro caso). No es el objetivo de las revisiones el mejorar los artículos (a veces parece que se han leído otro artículo).
Por cierto, no sé si lo sabéis, pero el índice de impacto depende del número de artículos de la revista citables y citantes. Ambos números no tienen por qué coincidir. El editor principal de una revista puede negociar (y lo hace) con Thomson Reuters qué artículos de su revistas se encuentran en cada categoría. Dentro de una misma editorial hay políticas diferentes al respecto para revistas diferentes. Siempre, se supone, para maximar el índice de impacto. Obviamente, estas negociaciones son muy criticadas por su falta de transparencia, pero así es el impactante mundo del índice de impacto.
Un diablo mal pensado podría afirmar que quizás muchos artículos contienen datos fabricados o fraudulentos con objeto de poder acceder a un mayor impacto. ¿Cuántos científicos falsifican los datos que publican en sus estudios? La detección de estos casos de forma automática es muy difícil. Lo más fácil es entrevistar de forma anónima a los científicos y preguntarles si han falsificado o no alguna vez datos que han publicado en sus artículos. El 2% de los científicos admiten haber fabricado, falsificado o modificado datos o resultados al menos una vez en su vida. Más aún, si les entrevistamos y preguntamos si creen que sus colegas o colaboradores cercanos lo han hecho, así lo creen el 14%. Si les preguntamos si alguna vez han actuado en forma científicamente reprobable (sin especificar en qué) el 72% admite haberlo hecho. Números, porcentajes, que a mí me parecen muy alarmantes. El estudio es D. Fanelli, “How Many Scientists Fabricate and Falsify Research? A Systematic Review and Meta-Analysis of Survey Data,” PLoS ONE 4: e5738, May 29, 2009.
Los científicos que realizan su trabajo por “amor al arte,” por “amor a la ciencia,” por “amor,” son cada día bichos más raros, bichos en extinción. ¿Hay que salvar a esta especie en extinción? ¿Merece la pena gastar tanto dinero en salvar especies en extinción? Un estudio revela que el valor que los ciudadanos de a pie dan a las especies raras o en extinción es enorme comparado con el resto de las especies. Los que promueven el conservacionismo desde ONG y gobiernos están reflejando el interés común de todos por salvar a estas especies en peligro. ¿Quién quiere salvar a los bichos raros de la ciencia que se autoexcluyen a sí mismos del “publish or perish”? El estudio es E. Angulo, F. Courchamp, “Rare Species Are Valued Big Time,” PLoS ONE 4: e5215, April 22, 2009.
Atención, pregunta: ¿cuál de estos científicos es el mejor?
La siguiente tabla presenta el número de citas a los 10 artículos con al menos 10 citas de 10 científicos anónimos que tienen un índice-h de exactamente 10. ¿Cuál de estos científicos es el mejor?

Sobre gustos no hay nada escrito. A algunos os parecerá mejor D, a otros B, e incluso a algunos E o F. ¿Cuál es realmente el mejor? Podemos mirar otros índices bibliométricos.

Pocos habréis pensado que el científico A es el mejor, pero algunos índices bibliométricos así lo consideran. A la vista de esta tabla, quién pensáis que es el mejor científico. ¿El A, el D? Quizás otro.
Este es el gran problema de valorar la calidad de un científico utilizando solamente números, sin conocer su trabajo y como se contextualiza en su área de conocimiento. Este es el gran problema de la bibliometría y de la cienciometría. Cada índice numérico tiene sus problemas e inconvenientes. No existe EL índice. Lo correcto es utilizar un conjunto de índices lo más completo y diverso posible.
No divagaré más al respecto, pero a los interesados les recomiendo el artículo técnico, que se lee bastante fácil, de John Panaretos, Chrisovaladis Malesios, “Assessing scientific research performance and impact with single indices,” ArXiv preprint, 15 Jan 2009 .
We provide a comprehensive and critical review of the h-index and its most important modifications proposed in the literature, as well as of other similar indicators measuring research output and impact. Extensions of some of these indices are presented and illustrated.
wikiFactor: la última vuelta de hoja del índice-h de Hirsch
Ha tenido éxito Hirsch con su famoso índice-h (su artículo ha sido citado más de 210 veces en el ISI WOS). Todo el mundo está aplicando su índice a todo “lo habido y por haber.” Ahora le ha tocado a la wikipedia. Carl McBride, que no os engañe el nombre, pertenece al Departamento de Química Física de la Universidad Complutense de Madrid, se ha querido apuntar a la “moda Hirsch” y ha introducido el wikiFactor, la aplicación directa del índice-h de Hirsch a la wikipedia. ¿Qué diferencia el índice-h del wikiFactor? Un factor de 1000. Nada más y nada menos. Hirsch cuenta en “pesetas” y McBride cuenta en “miles de liras”. Carl McBride, “wikiFactor: a measure of the importance of a wiki site,” ArXiv preprint February 19, 2009 . Menos mal que Carl no ha querido aburrirnos mucho y su artículo sólo tiene una página. Más que suficiente, por supuesto, en este caso.
El índice-h de Hirsch se define como el número de artículos, h, que han recibido al menos h citas. El wikiFactor (wF) se define como el número de páginas de la wiki, w, que han recibido al menos 1000*w accesos. Como ocurre con el índice-h el wikiFactor se puede calcular rápidamente en pocos segundos. Este árduo trabajo de investigación ha sido financiado por el Proyecto de Investigación con código FIS2007-66079-C02-01 , y otras fuentes de financiación de la Comunidad de Madrid. Sin lugar a dudas, un dinero público muy bien invertido.
Disculpas: Carl, si lees esto, perdón por la ironía, ¡es envidia! Ya me hubiera gustado a mí que se me ocurriera esta idea. Lo mismo hasta te citan tanto como a Hirsch.
Para los interesados, la financiación pública de Carl está bien aprovechada en sus múltiples publicaciones (tiene un índice-h de 13, sino lo he calculado mal) con artículos muy interesantes entre los que destacaría C. Vega et al. “Can simple models describe the phase diagram of water?,” Journal of Physics-Condensed Matter 17: S3283-S3288, 2005 , y C. McBride et al. “The range of meta stability of ice-water melting for two simple models of water,” Molecular Physics 103: 1-5, 2005 (este último, su artículo más citado por el momento con afiliación española). Su artículo más citado es su primer artículo según su web, en concreto, C. McBride et al. “Molecular dynamics simulations of liquid crystal phases using atomistic potentials,” Molecular Physics 93: 955-964, 1998 (citado 42 veces en el ISI WOS).
Gran parte del trabajo de Carl se centra en la aplicación de técnicas de química-física computacional para tratar de comprender el extremadamente complicado diagrama de fases del agua. En la figura tenéis el resultado obtenido experimentalmente.
La “bonita” historia de Physical Review Letters
Physical Review Letters es la revista de investigación en Física de mayor prestigio [1]. No es la que tiene el índice de impacto más alto, pero sí es la que tiene mayor prestigio. Por ejemplo, tiene el índice-h más alto (267) de todas las revistas de Física y Astronomía según SCImago. Sam Goudsmit, que era el editor de Physical Review, decidió publicar la sección de artículos cortos, Letters, de forma separada como revista independiente. Así nació la revista Physical Review Letters. Goudsmit eligió como editor principal a George L. Trigg [2].
Desde el nacimiento de Physical Review en 1893, la revista presenta dos tipos de artículos: los artículos regulares (Papers) y las “contribuciones menores” (Minor Contributions). Estos últimos comprendían notas científicas breves, noticias sobre congresos y revisiones de libros. En 1925, estos artículos breves pasaron a llamarse “comunicaciones rápidas” (Rapid Communications). En 1929, se les volvió a cambiar de nombre y se llamaron “cartas al editor” (Letters to the Editor). Hasta 1950, estas cartas al editor no pasaban por un proceso de revisión y eran aceptadas o rechazadas directamente por el Editor. Pero Sam Goudsmit, nuevo editor de Physical Review, que trabajaba en el Brookhaven National Laboratory, decidió consultar a sus colegas sobre algunas Letters, consultas que acabaron siendo “revisiones por pares.” Esta práctica se convirtió en norma y prácticamente todas las Letters eran enviadas a revisores. Ello retrasó el tiempo medio de publicación de estas comunicaciones cortas.
Lo sorprendente es que muchos investigadores (autores) se dieron cuenta de que podían establecer la prioridad sobre un descubrimiento gracias a estas comunicaciones cortas (Letters). “Una letter de 600 palabras es tan fiable para ello como un artículo de 6000,” en palabras de Robert Adair. Goudsmit quiso aprovechar la situación y propuso que las Letters se publicaran de forma separada. El resultado fue el nacimiento de Physical Review Letters.
La revista nació como quincenal el 1 de julio de 1958. El número de páginas por ejemplar creció tan rápido que ya en 1964 tuvieron que empezar a publicarla semanalmente (desde el 6 de enero, volumen 12, número 1) .
Una revista de artículos rápidos tiene que llegar rápido a los lectores. Los subscriptores empezaron a quejarse por el retraso con el que recibían el ejemplar semanal. Mike Fleming le dijo a Trigg “¿por qué le decimos a correos que califique la revista como un periódico (diario)? La clasificación llamada ”newspaper handling,” garantiza que la revista llega (al menos en EE.UU.) en un máximo de 24 horas. Y llegar llegaba. Trigg más tarde se enteró que en correos (U.S. Post Office) clasificaron la revista de “física” (“Physical”) junto a las revistas de boxeo. Lo que “convino” a la revista, ya que las revistas de “boxeo” tienen que llegar a tiempo, “faltaría más.” Esto me recuerda el dicho de ”ese hombre no vino como convino, sino como con vino.”
¿Qué papel tenía Trigg como editor principal? Un papel muy activo. Ayudaba a elegir los revisores. Leía todos los informes de los revisores. Siempre tomaba la decisión final sobre si un artículo se aceptaba o se rechazaba. Bueno, casi siempre. El “dios” Sam Goudsmit empezó a “meterse” por medio. Se dedicó a revisar los artículos que Trigg rechazaba. Y algunas veces, vetó sus rechazos, aceptando lo que él hubiera rechazado. Aún así, la relación de ambos tenía “buen feeling” y en mayoría de las veces coincidían.
¿Por qué acabará siendo recordado Trigg en un futuro? No por su carrera investigadora, sino por haberle dado a Physical Review Letters “su estilo único.” Al menos así lo quiere creer el propio Trigg.
[1] Philip Ball, “Prestige is factored into journal ratings,” Nature 439: 770-771 (16 February 2006).
‘Y-factor’ measures quality as well as quantity of citations: combines the ISI Impact Factor (IF) and Google’s PageRank (PR) algorithm. The IF places Reviews of Modern Physics at the top of the list, but the Y-factor shifts to Physical Review Letters as the most influential.
[2] George L. Trigg, “The Origin of Physical Review Letters,” APS, Physical Review Letters, November 21, 2008.
I heard Sam Goudsmit calling my name. He said, “George! I’ve been wondering where you were. I have a job for you.” We found a place where we could talk easily, and he described his idea for Physical Review Letters and invited me to become Assistant Editor of the new journal. I was taking a sabbatical from my faculty position at Oregon State College (now University), spending my time at Harvard and MIT, in the academic year 1957-1958.
La cruzada de Francisco M. Fernández contra Ji-Huan He y los He-sianos, un ejemplo de la “basura” que se publica en revistas “respetables”
Los números y las cifras no engañan. Ji-Huan He es un “genio” chino de primera talla mundial. Basta buscar en el ISI WOS para comprobarlo. Buscando “Author=(he jh) AND Address=(Donghua Univ)” os encontraréis con 141 artículos, siendo el primero de 2002 y más de la mitad como único autor. En 7 años ha publicado 141 artículos. Tiene un índice-h de 26. Su artículo más citado, de 2006, ha sido citado 333 veces con una media de más de 83 citas al año. Ji-Huan He es un “genio” de primera talla mundial en Matemáticas Aplicadas.
¿Qué ha hecho J.-H. He por la ciencia? Inventar el método de He y sus variantes.
Seamos sinceros. ¿Qué ha hecho J.-H. He por la ciencia? Nada. Nada de nada. Rellenar artículos de revistas internacionales de prestigio con “basura”. ¿Por qué los editores de las revistas internacionales lo permiten? Nadie lo sabe. Es editor principal de una revista y pertence al comité editorial de muchas otras. ¿Cómo es posible? Nadie lo quiere saber. Nadie quiere mirarse su propio trasero…
Francisco M. Fernández es un científico (químico teórico) ”del montón.” Casi un “don nadie.” Pocos lo conocen fuera de Argentina. Basta buscarlo en el ISI WOS. Buscando “Author=(fernandez fm) AND Address=(INIFTA)” os encontraréis con 70 artículos, siendo el primero de 1980. En 18 años ha publicado 70 artículos. Tiene un índice-h de 13 (la mitad de He). Su artículo más citado, de 2004, tiene 53 citas (la sexta parte que el de He). Sus siguientes dos artículos más citados son de 1981, con 39 y 34 citas. Francisco M. Fernández es un científico del montón en Matemáticas Aplicadas.
¿Qué ha hecho F. M. Fernández por la ciencia? Mucho. Es un especialista en análisis asintótico y de perturbaciones con énfasis en la estimación de autovalores. Sus trabajos son de calidad y se publican en revistas de prestigio.
¿Qué tienen que ver Fernández y He? Aparentemente nada. Aparentemente mucho. Fernández ha emprendido una cruzada personal, en solitario, con todos los editores de revistas internacionales en su contra, una cruzada para desenmascarar las “malas artes” de He. El ”genio” He ha redescubierto lo ya conocido hace más de 100 años (que yo personalmente estudié en un par de libros de Nayfeh hace casi 20 años). He ni siquiera domina la técnica que ha redescubierto (parece como si ignorara 150 años de Matemática Aplicada o ¿lo hará a propósito?). He, nadie sabe cómo es posible, plaga sus artículos con expresiones matemáticas incorrectas (¿erratas tipográficas?), errores “de cajón,” errores matemáticos graves, y no pasa nada… Los revisores de sus artículos no “ven” dichas erratas “cegados” como están por el “brillo” de la “genialidad” de He.
Veamos algunos hitos “históricos” de la cruzada emprendida por este “estoico” argentino.
Francisco M. Fernández, “Perturbation Theory for Population Dynamics,” ArXiv preprint, 20 Dec 2007 , nos muestra como el método de perturbaciones homotópicas, variante de una idea de He, es en realidad un desarrollo en serie de potencias (un redescubrimiento de algo conocido hace siglos, literalmente, desde Newton). Por supuesto, no logró que le publicaran el paper en ninguna revista. Las “fuerzas del lado oscuro” de los “malvados” He-sianos.
The homotopy perturbation method (HPM) is just the Taylor expansion of the solutions of the nonlinear systems about t=0. Therefore, the HPM does not give an acceptable qualitative description of the most important features of the evolution of the dynamical system in phase space. Since HPM have become quite popular and are currently being applied to a wide variety of fields, present results become important because they suggest that a more careful scrutiny of the approach’s performance is required.
Francisco M. Fernández, “On Some Perturbation Approaches to Population Dynamics,” ArXiv preprint, 2 Jun 2008 . El resumen no deja dudas: los métodos de He y sus variantes fallan completamente (son inútiles) en un problema muy sencillo (en el que la solución se satura, por lo que el comportamiento local en t=0 no informa absolutamente nada sobre el comportamiento interesante a t>>1).
We show that the Adomian decomposition method [ADM], the time-series expansion [TSE], the homotopy perturbation method [HPM], and the variational iteration method [VPM] completely fail (they are completely useless) for a reasonable prediction of the evolution of even the simplest prey-predator systems.
Francisco M. Fernández, “On the application of homotopy-perturbation and Adomian decomposition methods to the linear and nonlinear Schrödinger equations,” ArXiv preprint, 11 Aug 2008 . En la misma línea que los dos anteriores pero con un comentario sobre su “cruzada” contra los editores en la introducción. Merece la pena repetirlo.
In a couple of papers I have shown that some of those results are useless and worthless. My criticisms have not been welcomed by the referees (most probably homotopy (HPM) devotees) and therefore they remain unpublished. (…) They authors [of an useless HPM paper] managed to publish their remarkably useless and nonsensical contribution in a research journal.
Fernández no está en contra de los investigadores que se aprovechan del “halo” de He y logran publicar sus artículos “basura” sobre ADM, TSE, HPM, o VPM fácilmente. ¡Todo lo contrario! Les ofrece una guía a seguir, un manual de instrucciones, para confeccionar sus propios artículos. ¡Qué buena persona eres Francisco! ¡Que D. te lo pague! No puedo resistir la tentación de copiárosla (sin fórmulas para no aburrir).
I will like to propose a generalization of the great achievement of the paper [previously published in a JCR international journal]. Instead of the simple [scalar] linear equation [used in the paper] one may consider [a linear system of] equations. A successful application of the HPM or ADM will lead to a simple vector power series. If you do not succeed in publishing your results you may try a simpler problem. Hopefully, the referee (most probably an homotopy devotee) will understand your simplified problem and then accept your manuscript. If your manuscript is accepted then you become a member of the homotopy club and then you can try something bolder re-submitting your previous paper.
Notice that you can thus write a paper for every solvable or unsolvable problem which you can think of. Most probably, all of them will be accepted in any one of the homotopy journals (unless you dare to criticize another homotopy result).
Fernández se refiere como “homotopy journals” a revistas internacionales tan prestigiosas como “Applied Mathematics and Computation” (en cuyo comité editorial se encuentra Wazwaz, a quien hay que enviarle el artículo He-siano), ”Physics Letters A” (acepta “fácilmente” casi todo lo que se le envía), “Chaos, Solitons & Fractals” (el propio He es editor regional en China). Las 3 son de la gran editorial Elsevier. Fernández olvida mencionar (quizás a propósito) la revista fundada por el propio He ”International Journal of Nonlinear Sciences and Numerical Simulation,” editada por Freund Publishing House. Por cierto, fijaros su factor de impacto: Impact Factor (2007): 5.099. Una imagen vale más que mil palabras.

Francisco M. Fernández, “On the application of the variational iteration method to a prey and predator model with variable coefficients,” ArXiv preprint, 13 Aug 2008 . El método VIM es otra variante de los métodos de He. Permitidme repetir las conclusiones del artículo.
It is amazing the amount of nonsensical VAPA papers that have recently been published on the treatment of all kinds of linear and nonlinear problems. It is surprising the increasing interest of part of the scientific community in remarkably useless results. The list below shows only those I had time to peruse. The work discussed in this communication is just an example. The reader may also have a look at my previous analysis of other papers??.
Francisco M. Fernández, ”On the application of homotopy perturbation method to differential equations,” ArXiv preprint, 15 Aug 2008 . Sigue con sus “perlas” contra el método HPM y los métodos VAPA.
HPM gives cumbersome approximations to simple solutions of trivial differential equations, yields a wrong result in one of the cases, and fails to provide the most interesting features of the solution to the only nontrivial example. They seem to be just toy problems for fiddling around with the HPM. It seems that one of the greatest feats of many VAPA applications is to produce power-series expansions to simple and trivial problems in a cumbersome and laborious way. In fact, VAPA have produced the worst research papers ever written.
Francisco M. Fernández, ”Homotopy perturbation method: when infinity equals five,” ArXiv preprint, 18 Oct 2008 . Fernández, Fernández, por mucho que critiques…
My criticisms have not been welcome because they lack “the qualities of significant timeliness and novelty that we are seeking in this journal” and for that reason they remain unpublished outside arXiv. It is my opinion that VAPA have produced one of the greatest concentrations of bad papers I have ever seen. If the reader proves me wrong I will certainly apologize.
Francisco M. Fernández, ”About homotopy perturbation method for solving heat-like and wave-like equations with variable coefficients,” ArXiv preprint, 17 Nov 2008 .
In the last years there has been great interest in the power-series solution of physical problems by means of homotopy perturbation method. [This method and variants] have produced the poorest and most laughable papers ever published. Notice, for example the application of homotopy perturbation method to obtain the Taylor expansion of the exponential function. Curiously, some journals believe that such contributions may be of interest for the scientific community. It is amazing that a supposedly respectable journal accepts such contributions. However, I may be mistaken and in a near future all the courses on calculus will be teaching homotopy perturbation theory instead of Taylor series.
Paolo Amore, Francisco M. Fernández, ”He’s amazing calculations with the Ritz method,” ArXiv preprint, 29 Jan 2009 . La sorpresa en este artículo es que ya son dos “cruzados” y que mencionan directamente el nombre del “enemigo He.” Bueno, Amore (mejicano) es coautor y colaborador habitual en otros artículos con Fernández.
He’s article is an example of the kind of poor research papers that have been lately published by some supposedly respectable journals. It is part of such journals’ policy to reject comments that can reveal this unfortunate situation. One may ask oneself what is the profit that those journals get from such a practice.
Amigo, buen amigo, Fernández. Ahí has dado en el clavo: qué provecho saca una revista internacional por publicar esta “basura” … índices de impacto mayores … mayor número de suscripciones en países del tercer mundo …
Amigo Fernández, ánimo, sigue adelante, no estás solo. La Mula Francis y sus lectores están contigo.
Desde España también se critica las “fuerzas del lado oscuro” de los He-sianos, Wazwaz-sianos, El Naschie-ros, etc., y no sólo en la Ciencia de la Mula Francis. A diferencia de Fernández, argentino, los españoles estamos logrando publicar las críticas en revistas internacionales gracias a que somos “políticamente correctos.” Si se “lee entre líneas” se observan que las críticas son duras, pero si se “lee por encima” se observa todo lo contrario, de tal forma que un revisor He-siano, en su torpeza, acepta que le den una buena “colleja.”
Hoy en día, escribir papers requiere ser políticamente correcto. Un par de ejemplos para finalizar.
J.I. Ramos, “On the variational iteration method and other iterative techniques for nonlinear differential equations,” Applied Mathematics and Computation 199: 39-69, 2008 .
J.I. Ramos, “Generalized decomposition methods for nonlinear oscillators,” Chaos, Solitons & Fractals,
Article in Press, Corrected Proof.
Amigo Fernández, ¡que la fuerza te acompañe!
Cómo medir la calidad investigadora de una universidad y cómo abaratar sus costes
¿Cómo medir la calidad investigadora de una Universidad? Hay que empezar por decidir quién debe medir dicha calidad. Hay dos opciones claras: comités de expertos o comités de “funcionarios.” Los expertos son caros, los funcionarios baratos. Los expertos son “subjetivos,” los funcionarios “objetivos” (utilizan métricas basadas en citas). ¿Los expertos son fiables? ¿Los funcionarios pueden serlo? El problema no es sólo de España, es común a todo el Sistema Europeo de Educación Superior. El editor de Nature nos comenta el caso británico en “Experts still needed. There are good reasons to be suspicious of metric-based research assessment,” Editorial Nature 457: 7-8, 1 January 2009 . Este nuevo año cambiarán la “costosa” evaluación por expertos (Research Assessment Exercise, RAE) por la “barata” evaluación por funcionarios (Research Excellence Framework, REF). “Excelencia,” ¡qué bonito palabro!
El RAE se basaba en una evaluación por pares (expertos). Si un experto utilizaba medidas cienciométricas (como el número de citas o el índice de impacto de las revistas) lo hacía por su cuenta y riesgo. El nuevo REF se basará solamente en medidas cienciométricas (fundamentalmente el número de citas). Los “expertos” serán necesarios sólo para interpretar las medidas cienciométricas, luego deberían ser expertos en cienciometría, ¡enhorabuena para ellos! Estos “expertos” le darán el “toque experto” (light-touch expert review) a las evaluaciones.
Desde Nature nos recuerdan que las citas son una medida “pobre” de la calidad científica. Pobre, pero barata. Nos ponen el ejemplo del artículo más citado en Nature en 2007, citado 272 veces: la exposición de una nueva técnica experimental. Los editores consideran que en Nature se han publicado en 2007 artículos científicos más importantes y relevantes. Sin embargo, la “navaja” del número de citas no los destaca (aún). Estos trabajos, que pasarán a formar parte de los libros de texto, no reciben el número de citas que “merecen” aunque gradualmente acabarán recibiéndolas, según los editores de Nature.
En este contexto ¿cómo medir la calidad investigadora de una Universidad? En España lo tienen muy claro. Un ejemplo, la Universidad de La Rioja. Desde la ANECA también lo tienen claro, el problema en España es la “mala formación del profesorado y su poca movilidad.” La Universidad investigadora ¿y la DOCENCIA qué? Si queremos calidad, ¿necesitamos financiación?
En época de crisis, la financiación sufre. ¿Sufre también la calidad? Desde Nature también lo tienen claro: Eric Hand, “Universities struggle as value of endowments falls. Tough decisions need to be made about how to cut costs,” Nature 457: 11-12, 2009. Para que la calidad no sufra, hay que adaptarse a la nueva situación y adaptarse es un gran problema: “It’s a very big problem,” dice John Walda, presidente de la National Association of College and University Business Officers (NACUBO), en Washington DC. Más aún en el contexto de un sistema universitario básicamente privado, como el norteamericano, donde las 76 universidades más importantes (con presupuesto milmillonario en dólares) han sufrido una reducción media de un 30% en su presupuesto para el año que viene (según NABUCO). Un par de ejemplos: la Universidad de Harvard ha reducido su presupuesto para el año que viene en un 22% y la Universidad de Yale en un 25%. Las grandes universidades son víctimas de su propio éxito. Ganan mucho y lo invierten en bolsa; si la bolsa cae, los beneficios caen y los presupuestos también. Y los sueldos de los profesores y catedráticos, que la mayoría de las universidades norteamericanas ya han congelado.
El problema no es sólo americano. Aunque allí las cifras son más espectaculares. En Europa sólo dos universidades tienen un presupuesto milmillonario (en dólares) y son británicas: Oxford y Cambridge. En Europa el problema son los recortes en la financiación pública. Por ejemplo, en España todos nos acordamos de los recientes recortes presupuestarios de Esperanza Aguirre en las universidades madrileñas, a quienes debe unos 223 millones de euros, aunque para evitar protestas les ha dado un “bicoca” de 25 millones. Algo parecido está pasando en otras comunidades autónomas.
La Universidad de calidad tiene que aprender a “sacar dinero de entre las piedras,” quiero decir que los profesores universitarios deben buscar financiación “privada” para sus universidades. Proyectos con empresas. Obviamente, sólo los “mejores” investigadores lograrán esta financiación. ¿O no? Si eres investigador, ¿a qué te dedicas, a traer dinero a tu universidad o a mejorar tu CV de publicaciones? ¿A qué te gustaría dedicarte? ¿Cómo mejorará más la calidad investigadora de tu universidad, si te dedicas a proyectos de “dinero” con empresas o si te dedicas a escribir artículos muy citados?
En España, universidades “buenas” parece que hay pocas, pero investigadores “buenos” los hay por doquier, al menos si sólo tenemos en cuenta las citas a sus publicaciones. En Nature nos cuenta el caso británico, que creo que puede ser similar: Natasha Gilbert, “Good grades, but who gets the cash? Britain’s Research Assessment Exercise finds excellence more widespread than a focus on elite institutions would suggest,” Nature News 457: 13, 2009 . En el estudio de la RAE publicado el 18 de diciembre de 2008 , sobre 52,400 investigadores de las 159 universidades británicas, el 17% son considerados líderes mundiales en su campo (calificados con 4 estrellas) y el 37% son excelentes internacionalmente (calificados con 3 estrellas). Sin embargo, el 80% de la financiación pública se dirige sólo a 25 universidades. Lo que está claro es que la investigación la realizan los investigadores y no las universidades, aunque las buenas universidades alojan a la mayoría de los buenos investigadores.
No tengo datos sobre la excelencia investigadora de los investigadores españoles. Los datos del SCImago Research Group sobre países, basados en publicaciones en Scopus de 1996 a 2007, en función del índice-h indican que España ocupa el puesto # 12 (con 284 artículos citados al menos 284 veces), siendo EE.UU. el líder # 1 con 891, Reino Unido el # 2 con 538, Alemania el # 3 con 469 y Francia el # 4 con 432.
¿Se debe medir la calidad de la investigación universitaria en España de la misma manera que en el resto del mundo? Algunos especialistas indican que no, por ejemplo, Gaulberto Buela-Casal, “Ranking de productividad en investigación de las universidades públicas españolas,” Estudio financiado por la Dirección General de Universidades, Universidad de Granada, 2007 . Criterios como los usados en el Ranking mundial de Universidades de la prestigiosa Shanghai Jiao Tong University (artículos incluidos en revistas del Journal Citation Report, posesión de premios Nobel, distinciones académicas, publicaciones en Nature, Science, …) no nos tratan bien. En 2007, entre las 100 primeras universidades del mundo no hay ninguna española, siendo la primera la Universidad de Barcelona (entre 151 y 202), y sólo tenemos 9 en listado de las 500. Buela-Casal propone que “es necesaria la creación de rankings con criterios más adecuados para evaluar la calidad de la investigación en las universidades en España.”
Los criterios son los siguientes. Muestro los 3 primeros puestos y la posición alguna de las universidades andaluzas (sólo entre las 48 primeras).
Criterio 1. Proporción de artículos publicados en revistas indexadas en el Institute for Scientific Information (ISI) por profesor funcionario: # 1 Autónoma de Barcelona, # 2 Barcelona, # 3 Autónoma de Madrid, # 14 Córdoba, # 20 Granada, # 24 Almería, # 25 Jaén, # 31 Sevilla, # 32 Málaga, # 40 Cádiz y # 44 Huelva.
Criterio 2. Porcentaje de Profesores Catedráticos de Universidad con dos o más tramos de investigación y de Profesores Titulares de Universidad con uno o más tramos de investigación: # 1 Autónoma de Madrid, # 2 Carlos III, # 3 Pompeu Fabra, # 6 Granada, # 19 Córdoba, # 25 Sevilla, # 27 Málaga, # 31 Almería, # 38 Jaén, # 39 Cádiz, y # 42 Huelva.
Criterio 3. Proporción de Proyectos I + D por profesor funcionario: # 1 Pompeu Fabra, # 2 Carlos III, # 3 Autónoma de Barcelona, # 12 Córdoba, # 19 Almería, # 20 Granada, # 27 Pablo Olavide, # 28 Málaga, # 31 Sevilla, # 35 Cádiz, # 41 Jaén, y # 44 Huelva.
Criterio 4. Proporción de Tesis Doctorales por profesor funcionario: # 1 Autónoma de Madrid, # 2 Miguel Hernández, # 3 Autónoma de Barcelona, # 6 Córdoba, # 8 Granada, # 17 Málaga, # 20 Sevilla, # 30 Cádiz, # 32 Almería, # 42 Huelva, y # 44 Jaén.
Criterio 5. Proporción de Becas FPU por profesor funcionario por año: # 1 Pablo Olavide, # 2 Pompeu Fabra, # 3 Autónoma de Madrid, # 7 Granada, # 13 Córdoba, # 19 Sevilla, # 22 Málaga, # 38 Huelva, # 41 Cádiz, # 44 Jaén, y # 46 Almería.
Criterio 6. Proporción de Doctorados con Mención de Calidad por profesor funcionario por año: # 1 Pablo Olavide, # 2 Carlos III, # 3 Pompeu Fabra, # 12 Huelva, # 14 Granada, # 23 Almería, # 28 Córdoba, # 32 Sevilla, # 38 Cádiz, y # 43 Jaén.
RESULTADO FINAL: # 1 Autónoma de Madrid, # 2 Carlos III, # 3 Autónoma de Barcelona, # 10 Granada, # 14 Córdoba, # 26 Sevilla, # 29 Málaga, # 30 Almería, #40 Cádiz, #43 Huelva, y #44 Jaén.
Este ranking como casi cualquier otro ranking nos confirma cosas que ya sabemos y nos presenta ciertas sorpresas. Me sorprende el segundo puesto para la Carlos III y, en mi opinión, la Universidad de Sevilla debería estar mejor colocada. Pero las estadísticas son las estadísticas. Las métricas son las métricas.
Medir es difícil y el resultado siempre depende de la “vara utilizada.”
Tecnocracia para la Técnica: Obama apuesta por la ciencia dirigida por un politólogo científico
Si fueras presidente de Estados Unidos y tuvieras que nombrar a un destacado científico como el próximo asesor científico de la Casa Blanca, ¿a quién nombrarías? ¿Nombrarías a un Premio Nobel? ¿Nombrarías a alguien con un gran índice-h o un gran número de citas? ¿Nombrarías a alguien con muchas publicaciones científicas? ¿Nombrarías a un especialista en Física, en Química, en Biología, o en Ingeniería?
Barack Obama tiene su propio estilo y ha nombrado a John Holdren. ¿No lo conoces? Que “tonto” eres. Es especialista en Política Científica de la Universidad de Harvard y es “muy famoso”: tiene 10 artículos en el ISI Web of Science y un índice-h de 2. ¡Gran Curriculum Vitae científico!
Bueno, seamos serios. Es una buena apuesta. Un especialista en Política Científica es lo mejor para un cargo de Política Científica. Holdren como politólogo científico (no como científico) está muy bien considerado. En este campo no se publica mucho, se ejecuta desde puestos de alto rango. Holdren estudió Ingeniería Aeronáutica en el prestigioso M.I.T. y obtuvo su doctorado en Física Teórica de Plasmas en 1970. Ha trabajado en los Livermore Laboratories, en Caltech y en UC Berkeley. Seguramente será una gran elección por parte de Obama aunque es de la cuerda de Al Gore y el Cambio Climático como prioridad científica y la Energía Nuclear como “visión de futuro”.
¿Quiénes acompañan a Holdren? Ha nombrado a la bióloga marina Jane Lubchenco. Esto es otra cosa. Con 77 artículos en el ISI Web of Science, un índice-h de 31 y con un paper en Science citado más de 1300 veces en 10 años, su prestigio científico está fuera de toda duda (por cierto “Human domination of Earth’s ecosystems,” Science 277: 494-499, JUL 25 1997). Ella será la próxima directora de la Agencia para la Protección de los Océanos y la Atmósfera (NOAA), que dirige buena parte de la investigación del Gobierno sobre medioambiente. Es una apuesta fuerte y por lo seguro.
Obama no quiere equivocarse con sus asesores científicos. Acompañan a los medioambientalistas anteriores dos prestigiosos especialistas en Biología aplicada a la Salud. Obama también anunció como asesor a Harold Varmus, Premio Nobel, especialista en retrovirus y en el virus del SIDA, exdirector de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), tiene un índice-h de 30 aunque ha hecho gran parte de su carrera en altos cargos de política científica. También anunció a Eric Lander, índice-h de 22, con un paper con más de 3200 citas y especialista en la investigación del genoma humano.
Medioambiente, Salud y Energía parecen las apuestas fuertes de Obama en Ciencia.
Según Obama, “si volvemos a comprometernos con el descubrimiento; si apoyamos la educación científica para crear la próxima generación de científicos e ingenieros aquí mismo en Estados Unidos; si tenemos una visión para creer e invertir en cosas que aún no hemos visto, podremos dirigir el mundo hacia un futuro de paz y prosperidad.”
Nuevos índices-h (tipo Hirsch) para evaluar instituciones de investigación
El índice-h de Hirsch tiene algo “mágico” que atrae a la gente. Será que es fácil de calcular. Será que se ha publicado en la prestigiosa PNAS. Serán Hirsch ha conseguido dos artículos en PNAS sobre él. No lo sé, pero lo que sí sé es que a la gente le encantan las variantes del índide-h de Hirsch. Ronald Rousseau y Nadine Rons, “Another h-type index for institutional evaluation,” Current Science, 95: 1103, 10 nov. 2008 , han publicado otra variante del índice para medir la “calidad” de instituciones (universidades, departamentos o institutos de investigación) con gran número de investigadores.
Parten de la propuesta de Gangan Prathap de dos índices-h: h1 y h2 (“Time to publish: The scientific efficiency of nations,” Current Science, 91: 1438, 10 dec. 2006 ) propuestos para comparar países, también aplicables a instituciones. Lo más directo es utilizar el índice-h para una institución de la siguiente forma: El índice es h1 si la institución (conjunto de investigadores) ha publicado h1 artículos, cada uno de los cuales ha recibido al menos h1 citas. A esto le llaman índice-h institucional de primer nivel. Sin embargo, también se puede considerar este otro: El índice es h2 si la institución tiene h2 investigadores con índice individual al menos igual a h2 (es decir, cada uno con al menos h2 publicaciones citadas h2 veces). A esto le llaman índice-h institucional de segundo nivel.
Rousseau y Rons proponen un tercer índice h (de tercer nivel): Para cada científico de la institución, se asocia el conjunto de artículos que citan al menos uno de sus artículos. Para cada científico, el número de dichos artículos es un número característico. Ordenando dichos números para todos los científicos de la institución, proponen calcular un número h3, de científicos que al menos tienen h3 artículos que citan alguno de sus artículos.
Estos índices (h1,h2, y h3) han de ser calculados en un periodo de tiempo y contando las citas recibidas durante otro periodo de tiempo dado. ¿Por qué el índice h3 les parece más significativo? Porque sugieren que combina el impacto con el volumen de la investigación de la institución. El índice-h está correlacionado con el volumen de la producción, a más artículos, más índice-h. Rousseau y Rons proponen que no tener en cuenta todas las citas, sino sólo el número de diferentes artículos que citan artículos del autor, no elimina, pero reduce el efecto de las autocitas (especialmente, las autocitas de grupos de investigadores relacionados en la misma institución). Los autocitas no deben ser eliminadas completamente, por eso ellos afirman que su índice-h3 es más conveniente que los índices-h1 y h2. Además, su índice es menos susceptible a errores en las propias citas.
Como todos los índices-h, los autores recuerdan que el nuevo índice no tiene sentido en instituciones (grupos) de pocos investigadores.
Premio Nobel de Química 2008: El olvidado por los suecos que abandonó la ciencia
P. Balaram, “Missing Out on a Nobel Prize,” Current Science, 95: 997-998, 25 october 2008 , nos recuerda que el Premio Nobel de Química de 2008 que reconoce a Osamu Shimomura, Martin Chalfie y Roger Tsien por “el descubrimiento y desarrollo de la proteína fluorescente verde, GFP” ha olvidado a alguien. El “camionero” Douglas C. Prasher (excientífico descubridor del gen de la proteína GFP que abandonó la ciencia en 1997 tras una brillante, pero corta carrera).
GFP es una proteína que absorbe luz a 400 nm. y emite luz fluorescente a unos 505 nm. ¿Por qué “darle” el Nobel a la proteína GFP si hay cientos, miles, de proteínas “importantes” estudiadas en los últimos años? Porque GFP se ha convertido en la herramienta clave a la hora de visualizar la expresión de genes en células (la literatura científica en biología molecular y celular que la usa es inmensa y crece exponencialmente).
La historia de GFP empieza tras su descubrimiento por O. Shimomura et al. , “Extraction, Purification and Properties of Aequorin, a Bioluminescent Protein from the Luminous Hydromedusan, Aequorea,” Journal of Cellular and Comparative Physiology, 59: 223-239, 1962 [citado, hoy, más de 544 veces en el ISI WOS; Shimomura tiene un índice-h superior a 31], quien también caracterizó su cromóforo (la pequeña parte de la molécula que absorbe y emite luz) entre 1962 y 1979. Sin embargo, la proteína se hizo famosa (cual concursante de Gran Hermano) en muy poco tiempo, en sólo tres años, entre 1995 y 1997, pasó de ser una proteína que interesaba a unos pocos biólogos a una herramienta clave de primera magnitud en bioquímica y biología celular. ¿Cómo ocurrió este “reality show” científico?
En 1992, el gen que codifica GFP fue clonado por Douglas C. Prasher et al. “Primary structure of the Aequorea-Victoria green-fluorescent protein,” Gene, 111: 229-233, 1992 (artículo citado, hoy, más de 961 veces en el ISI WOS; Prasher tiene sólo 19 artículos en el ISI WOS con un índice-h superior a 15), lo que permitió determinar su secuencia (primaria) de aminoácidos. Martin Chalfie recuerda que en 1988, en un congreso, coincidió con Prasher y le pidió los detalles del gen, que recibió 4 años más tarde, con objeto de usar la GFP como marcador de la expresión de otros genes. El trabajo de Chalfie con dicho gen se publicó en las más altas esferas, M. Chalfie et al. “Green fluorescent protein as a marker for gene-expression,” Science, 263: 802-805, 1994 [artículo citado, hoy, más de 2854 veces en el ISI WOS; Chalfie tiene un índice-h superior a 41]. En paralelo, Roger Y. Tsien, trabajando con el gen GFP de Prasher, descubrió como ajustar la longitud de onda de la luz fluorescente en mutaciones de la secuencia de la GFP, en R. Heim, D.C. Prasher, R.Y. Tsien, “Wavelength mutations and posttranslational autoxidation of green fluorescent protein,” Proceedings of the National Academy of Sciences, 91: 12501-12504, 1994 [citado, hoy, más de 740 veces en el ISI WOS]. Nótese que Prasher es el segundo coautor. El artículo más famoso de R.Y. Tsien es “The green fluorescent protein,” Annual Review of Biochemistry, 67: 509-544, 1998 [citado más de 1762 veces en el ISI WOS; el índice-h de Tsien es mayor de 77].
Los trabajos de Chalfie y Tsien, hicieron que la “bella durmiente” de GFP, tras el “beso del príncipe” Prasher, se transformara en la “bella princesa” de la biología molecular. El trabajo y la contribución de Prasher fue fundamental. Pero el Premio Nobel sólo puede ser concedido a tres científicos por año y categoría. A Prasher le ha “tocado la china”.
¿Quién es Prasher? Sólo tiene 19 artículos en el ISI WOS, el más reciente de noviembre de 1997. ¿Dónde trabaja? Prasher trabaja de conductor de camiones (“shuttle cars”) en una mina de Huntsville, Alabama, ganando unos 10$ por hora. Recortes de financiación en el Departamento de Agricultura de los EEUU, para el que trabajaba, le hizo perder el puesto de trabajo y a abandonar la ciencia definitivamente. Le han preguntado “¿lamenta no haber recibido el Nobel? No, en absoluto, yo me quedé sin fondos y tuve que abandonar, ellos mostraron cómo podía usarse la proteína de forma práctica, esa es la clave del Nobel y ellos se lo merecen.”
El caso de Prasher nos hace pensar en ¿premiará el Comité Nobel alguna vez a un excientífico que no pertenezca a ninguna institución de investigación? Por supuesto que no, los premios Nobel durante el s. XX han premiado a científicos con una carrera académica fuera de toda duda (índices-h superiores a 30) aunque la mención al premio siempre destaca algún avance conceptual algún logro que ha transformado la disciplina del premiado. Prasher, como otros olvidados por el Comité Nobel, pasará a la historia por derecho propio. Un Premio Nobel a GFP es un Premio Nobel a Prasher (aunque el más “necesitado” no reciba un solo euro). ¿Cómo afectará la crisis financiera en EEUU a Prasher? ¿Peligra su puesto de trabajo?
2008 Ig Nobel, Literatura: “Eres un bastardo” o el acaso laboral en el trabajo
El premio Ig Nobel de literatura de 2008 lo ha ganado David Sims de la Cass Business School, Londres, por su estudio ”You Bastard: A Narrative Exploration of the Experience of Indignation within Organizations,” publicado en Organization Studies, 26: 1625-1640, 2005. He tratado de leer el artículo pero no he podido pasar de la quinta página. Ánimo a los que tengan paciencia para leer el artículo completamente y enhorabuena si estás entre los que lo han logrado.
Aprovecharé esta entrada para hablar un poco de los Premios Ig Nobel (que se lee en inglés como “ignoble” y se pronuncia más o menos como “ignóbol”). Recomiendo para los interesados en más detalles el libro de Marc Abrahams, “Los Premios Ig Nobel. Cuando la ciencia hace reir,” Editorial Vergara, 2004, “una parodia de los premios Nobel que celebra todo lo insólito, absurdo y ridículo de la investigación científica.”
Por cierto, ¿cómo se pronuncia Premios Nobel en español? En español la Real Academia de la Lengua, dado que se trata de un nombre propio, del sueco Alfred Nobel, recomienda que se pronuncie el nombre como en su idioma de origen. En sueco Nobel es palabra aguda (“nobél”), luego así se recomienda pronunciarla en español. Desafortunadamente está muy extendida la pronunciación incorrecta como palabra llana (“nóbel”). Las personas cultas en inglés suelen diferenciar entre “Nobel” (Alfred), “nobel” (noble), y “novel” (novél), siendo la primera aguda y otras dos llanas. Pocas personas “cultas” en español pronuncia el nombre de Alfred correctamente (en radio, T.V.).
El libro de Abrahams es curioso y a veces hasta divertido. Merece la pena leerlo. El autor selecciona algunos Premios Ig Nobel concedidos entre los años 1991-2003 que son especialmente curiosos, que explica brevemente (justificando la concesión del premio), incluyendo detalles de la ceremonia de concesión y/o extractos del discurso del premiado. De entre los premios de literatura comentados en el libro permitidme algunos comentarios.
El Premio Ig Nobel de Literatura en 1993 fue concedido a los 976 coautores del artículo médico “An International Randomized Trial Comparing Four Thrombolytic Strategies for Acute Myocardial Infarction,” The New England Journal of Medicine, 329: 673-682, 1993. El artículo en la revista está firmado colectivamente por “The GUSTO Investigators,” entre los que se encuentran 15 autores españoles. La editora principal de la revista calcula que “hay un autor por cada dos palabras del artículo.”
Actualmente este artículo no es el que tiene más artículos de la historia. Hasta donde yo sé el récord lo obstenta el artículo de 2006 con 2512 autores titulado “Precision electroweak measurements on the Z resonance,” Physics Reports, 427: 257-454, 2006, cuya firma colectiva es “The ALEPH Collaboration, The DELPHI Collaboration, The L3 Collaboration, The OPAL Collaboration, The SLD Collaboration, The LEP Electroweak Working Group and The SLD Electroweak and Heavy Flavour Groups,” y que incluye un apéndice de 14 páginas con los nombres y afiliaciones de los autores (Apéndice A, pp. 407-421).
El Premio Ig Nobel de Literatura en 1992 lo ganó Yuri T. Struchkov, investigador ruso del Instituto de Compuestos Organoelementales de Moscú, por ser coautor de 948 artículos científicos entre los años 1981 y 1990 (más de un artículo cada 4 días). El autor murió en 1995 pero siguió siendo coautor de muchos más artículos. En el ISI Web of Science, hoy, he encontrado la friolera de 2185 artículos cuyo autor es “Struchkov YT” de los cuales 1899 artículos corresponden a “Struchkov YT” con afiliación en “Moscow”. Los artículos han sido publicados entre los años 1972 y 2004. Entre 1981 y 1990 aparecen con la misma búsqueda 897 artículos. Póstumos, desde 1996 hasta 2004 aparecen 166 artículos. ¡Increíble! ¿Cuál puede ser la causa? Algunos opinan que un acuerdo tácito obligaba a todos los científicos que utilizaban los equipos de cristalografía de su instituto (uno de los pocos con dicho equipamiento en la URSS) a incluir a Yuri como coautor de los artículos resultantes de dicho trabajo.
En la necrología de Yuri Timofeevich Struchkov, 1926-1995, escrita por Alajos Kálmán para Acta Crystallographica, Section A, 52: 329-330, 1996, se afirma que fue uno de los pioneros de la cristalografía de rayos X en la URSS y que su número total de publicaciones (incluyendo artículos en revistas sin índice de impacto) supera los 2000 artículos. Además, él y su grupo de investigación han caracterizado la estructura molecular de más de 1000 compuestos que aparecen en la Cambridge Structural Database (CSD).
Para los curiosos, su artículo más citado (849 veces, hoy) es “PERFECTION OF THE SYSTEM OF CRYSTALLOGRAPHIC PROGRAMS IN THE LABORATORY OF X-RAY STRUCTURE-ANALYSIS OF THE AN-NESMEYANOV-INSTITUTE-OF-ORGANOELEMENTAL-COMPOUNDS OF THE USSR-ACADEMY-OF-SCIENCES,” de GERR RG, YANOVSKY AI, STRUCHKOV YT, KRISTALLOGRAFIYA, 28: 1029-1030, 1983. Por el título parece más un artículo de marketing que un artículo científico.
Finalmente, permitidme comentar que el índice h (de Hirsch) de Struchkov es de 44 (tiene 44 artículos con al menos 44 citas).



