XXXIV Carnaval Física: La física de las torres de perdigones de Jeréz

En 1782, el británico William Watts patentó una nueva tecnología para la fabricación de perdigones de plomo para munición, las “torres de perdigones” que reemplazaron el uso de moldes o la inmersión de gotas de plomo en barriles de agua. En estas torres se dejan caer gotas de plomo desde una gran altura (en Baltimore, Maryland, EEUU, hay una que alcanza los 71 m) que adoptan una forma esférica mientras se enfrían durante su caída libre gracias a la tensión superficial. Hay torres de perdigones por todo el mundo (en España las hay en Jerez y en Sevilla). En un torre moderna de finales del s. XX se producen unos diez mil perdigones por segundo. Se vierten unas cinco toneladas de plomo fundido por hora en un recipiente de cobre con 2400 agujeros en su fondo. Los chorros de plomo fundido en caída libre, casi de forma inmediata, se ponen a gotear gracias a la inestabilidad de Plateau-Rayleigh, de manera similar a como gotea un grifo de agua con un caudal bajo. ¿Cómo depende el tamaño del perdigón de la altura de la torre? Nos explican la física y la termodinámica de las torres de perdigones Trevor C. Lipscombe, Carl E. Mungan, “The Physics of Shot Towers,” The Physics Teacher 50: 218-220, April 2012 [acceso gratuito]. He obtenido los dibujos que abren esta entrada de “Metalurgia,” Colectivo Proyecto Arrayanes (gracias a César @EDocet).

Una gota de plomo líquido de masa m cae desde una altura H en una torre de perdigones. La solidificación de la gota requiere una energía igual a  m L, donde L = 24,7 kJ/kg es el calor latente de fusión del plomo. En la parte inferior de la torre hay una cuba de agua que amortigua el impacto y enfría los perdigones hasta la temperatura ambiente. Para evitar la producción de grandes cantidades de vapor de agua, la temperatura del perdigón al alcanzar el agua debe ser menor que el punto de ebullición del agua. Por tanto, la altura de la torre debe garantizar que tras su solidificación, el perdigón debe perder una energía térmica adicional durante su vuelo de al menos m c ΔT, donde c = 128 J /kg/K es el calor específico del plomo y ΔT = 227 K es la diferencia de temperatura entre el punto de fusión del plomo (600 K) y el punto de ebullición del agua (373 K). Un cálculo termodinámico sencillo en función del tiempo de caída (que se puede estimar suponiendo que la resistencia del aire es proporcional a la velocidad al cuadrado, pues el número de Reynolds para este problema ronda los 2500) y del coeficiente de transferencia de calor del perdigón con el aire, permite obtener (los detalles son sencillos y se pueden consultar en el artículo de Lipscombe y Mungan) que el radio del perdigón R está relacionado con la altura H de la caída y la masa original de la gota de plomo están relacionados por la fórmula

R = α H5/8, donde α = 1,2 × 10-4 m3/8.

Esta fórmula sublineal implica que un perdigón de hasta 1,2 mm de radio se puede producir con una torre de al menos 40 metros. Para producir un perdigón con un radio de 1,9 mm se requeriría el doble de altura, unos 80 metros.

En resumen, los detalles del análisis termodinámico de la fabricación de perdigones en un torre de caída libre no son complicados y pueden ser utilizados para ilustrar la termodinámica de la transferencia de calor en cursos de física y/o ingeniería.

Esta entrada participa en la en la XXXIV Edición del Carnaval de la Física, alojada en esta ocasión en el blog colaborativo Hablando de Ciencia.

El tamaño aparente de la Luna en el horizonte y en el cénit

Mucha gente cree que la Luna tiene un tamaño aparente mayor en el horizonte que en el cénit, cuando en realidad es al contrario, debido a la refracción de la luz en la atmósfera. Esta ilusión óptica es debida a que en el horizonte comparamos el tamaño de la Luna con el de los edificios, mientras que en el cénit no tenemos ninguna referencia para comparar. Podemos comprobarlo fácilmente midiendo el tamaño aparente de la Luna con una cámara digital y un software de procesamiento de imágenes. La Luna en el horizonte, parte izquierda de esta fotografía, presenta un área 5,73 ± 0,04 % más pequeña que en el cénit, parte derecha (en píxeles, la Luna en la imagen del horizonte tiene 16.572 ± 62 píxeles, mientras que la del cénit tiene 17.579 ± 44 píxeles). Estas fotografías han sido realizadas con una cámara fotográfica Canon Powershot SX220 HS de 12 megapíxeles. Las fotografías originales se pueden descargar en la información suplementaria del artículo de Adam Ellery, Stephen Hughes, “Measuring the apparent size of the Moon with a digital camera,” Physics Education 47: 616-619, Sep. 2012.

Obviamente, la diferencia de área entre la Luna en el horizonte y en el cénit depende del tiempo meteorológico del día en el que se tome la fotografía. ¿Cuál es la diferencia más grande entre ambas áreas? Según los análisis teóricos, la diferencia mayor es de un 17%, aunque en la práctica no suele superar el 10%. Si algún lector se atreve a hacer la prueba por sí mismo, estaría muy bien que nos mostrara el resultado que ha obtenido en los comentarios. Quizás le interese saber que conviene usar trípode, que la Luna se mueve medio grado (alrededor del tamaño aparente de la Luna) cada dos minutos, y que si el diámetro de la Luna son unos 150 píxeles, se mueve 1,25 píxeles por segundo (con una exposición de 1/8 la Luna se mueve unos 1/8 de píxel).

Atención, pregunta: ¿Se debe especificar la contribución de cada autor de un artículo científico?

Permíteme exagerar un poco. Piensa en un artículo sobre el descubrimiento del bosón de Higgs en el LHC del CERN con más de 2000 autores. Bueno, con más de 2000 nombres y sus afiliaciones. Solo son nombres. Nadie sabe quiénes son, si son doctorandos, postdocs, seniors, jefes, etc. ¿Se debe especificar la contribución de cada autor? ¿Puede que haya personas que no firman el artículo que hayan contribuido más que algunos que lo firman? Quizás Hollywood tiene la respuesta. En 1934, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas que entrega los Oscar decidió mantener una base de datos de los créditos de todas las películas de Hollywood. Más aún, cualquier persona que aparezca en los créditos puede recibir algún premio, desde los peluqueros a la actriz principal, cada uno con una función bien especificada. ¿Por qué la ciencia no hace lo mismo? Hoy en día, con las tecnologías de la web sería muy fácil hacerlo. Obvio, el problema es otro. ¿Por qué hay que especificar la contribución de cada autor? ¿Realmente le importa a alguien? Preguntas retóricas que nos recuerda Sebastian Frische, “It is time for full disclosure of author contributions,” Nature 489: 475 (27 September 2012), y que discute más en detalle Amber Dance, “Authorship: Who’s on first?,” Nature 489: 591–593 (27 September 2012).

Algunas revistas científicas, como Nature, permiten que los autores especifiquen en qué y cuánto han contribuido en el artículo, pero mucha gente deja vacío el hueco o lo rellena con algunas “mentirijillas” (que todo el mundo acepta, pues quien logra la financiación tiene que firmar aunque no haya hecho nada más). La tecnología está ahí y bases de datos como ResearcherID.comBioMedExperts.com y ResearchGate.net podrían incorporar esta información sin dificultad alguna. La cuestión sobre el tapete es si la transparencia, la sinceridad y el buen hacer deben ser parte íntegra de la ciencia, o solo un adjetivo bonito.

¿Qué opinas sobre este tema? ¿Crees que en el futuro será una práctica habitual especificar la contribución de cada autor de un artículo? Usa los comentarios si te apetece…

Por cierto, a pequeña escala, en artículos con pocos autores, ¿quién debe firmar primero? ¿Es importante quién firma primero?