
Tenemos una ministra de Ciencia e Innovación que no nos la merecemos.
“Denunciar una fuga de cerebros es insultar a los miles de investigadores de prestigio internacional que trabajan aquí. (…) Pesan demasiado los victimismos, los complejos y los prejuicios sobre la situación de nuestra ciencia, como la idea de que hay que emigrar del país para hacer ciencia de calidad. (…) El pesimismo acompaña a la mentalidad española desde el origen de nuestra ciencia moderna.” Palabras de Cristina Garmendia, ministra de Ciencia e Innovación en EL MUNDO, 24/02/11.
Muchos jóvenes doctorados en España están siendo obligados a emigrar, pero no hay fuga de cerebros. La emigración de trabajadores no es una fuga de cerebros, aunque se lleven en su cerebro un doctorado que ha costado muchos años y mucha inversión para nuestro país. Emigran porque en España hay paro y desempleo. La élite de nuestros mejores cerebros, la élite que puede hacer que en este país el paro y el desempleo se reduzcan, la élite debe emigrar a países donde no haya paro y desempleo (como Alemania o EE.UU.). Deben hacerlo porque pueden hacerlo y porque les conviene hacerlo. No hay fuga de cerebros en España.
Fuera de toda duda, no nos merecemos a nuestra ministra.
“Como el Dr. Bernard Rieux, protagonista y cronista de la novela ‘La peste’, de Albert Camus,“ la Sra. Garmendia “confiesa las razones íntimas que le han llevado a trabajar en silencio y sin descanso por una causa que muchos dan por perdida. Su convicción de trabajar del lado de quienes lo necesitan. (…) Porque nuestra ciencia, nuestros investigadores, merecen mucho, pero no todo ni a cualquier precio.” La Sra. Garmendia nos recuerda que “como ministra de Ciencia e Innovación ha tenido el privilegio de sentir de cerca ese compromiso de muchos de nuestros investigadores. Quienes después de cada premio, de cada publicación de prestigio, de cada patente o de cada nuevo contrato que firman con una empresa, vuelven al laboratorio para investigar con la misma tenacidad y discreción.”
No nos merecemos a la Sra. Garmendia, una ministra elogiada por doquier.
“El pasado 26 de enero la Comisión Europea invitó a España a participar en un seminario en Bruselas [donde] la comisaria europea del ramo, Máire Geoghegan-Quinn, felicitó al presidente del Gobierno por los ambiciosos objetivos españoles en materia de I+D.”
Sé que volverás a pensar, Francis otra vez dando la coña contra la ministra Garmendia. Pero me parece de vergüenza presumir de recibir elogios por proyectos de futuro, por los ambiciosos objetivos políticos, en lugar de recibir elogios por los logros alcanzados, por los ambiciosos objetivos cumplidos. Me parece de vergüenza la respuesta de la Sra. Garmendia a los “2.500 científicos de 168 instituciones que se quejan por carta a Zapatero denunciando el futuro “sombrío” de la ciencia española,” EFE 22/02/2011.
Me parece de vergüenza… y como tengo un blog lo hago público. Si quieres opinar públicamente en contra o a favor de la respuesta de nuestra Ilustrísima Ministra te animo a usar los comentarios.
PS (26 feb. 2011): Un artículo de un Profesor Titular de Universidad, como yo, que no puedes dejar de leer: Arturo Quirantes, “Carta abierta de un científico sin complejos,” Amazings.es, 25/02/2011. “Aquí no tenemos a Sarah Palin. Tenemos algo peor. Se llama Cristina Garmendia, y es Ministra de Ciencia e Innovación.”
PS (01 mar. 2011): Cantando “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ¡ay, Dios!…,” he descubierto en los comentarios a la entrada de Arturo en Amazings.es que la persona más rica (en patrimonio declarado) del gobierno español es “Cristina Garmendia, la titular de Ciencia e Innovación tiene un total 4.978.217 euros. Garmendia declara que parte de los 4.978.217 euros de su patrimonio proceden de herencia. Tiene inmuebles por valor catastral de 1.428.220 euros y otros bienes que suman 3.549.997 euros.” Visto en “Garmendia es la ministra más ´rica´ y Aído la más ´pobre´. La Ministra de Ciencia tiene un patrimonio 24 veces mayor que Zapatero, que asciende a 209.206 euros,” Levante-emv.com, 19/04/2010.
PS (03 mar. 2011): Gran artículo de José Manuel Sánchez Ron (miembro de la Real Academia Española y catedrático de Historia de la Ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid), “Juventud, maldito tesoro,” El País, 19 feb. 2011. “En la investigación científica hay que identificar a los genios cuando aún no han eclosionado. En cambio, en España exportamos personas en cuya formación se han gastado cuantiosas sumas y puesto esperanzas.”
José Manuel es un experto en la historia de la ciencia en España y en el resto del mundo y sabe muy bien de lo que habla. Nos ilustra su artículo con “un episodio de la historia de un centro científico de excelencia: el Laboratorio Cavendish de Cambridge (Inglaterra). Fundado en 1871, este laboratorio tuvo como primer director a James Clerk Maxwell (1831-1879), una de las glorias de la ciencia universal. Cuando falleció, la Universidad ofreció el puesto a otro científico sobresaliente, lord Rayleigh (1842- 1919), pero en 1884 este dimitió: quería dedicarse a sus investigaciones y poseía medios económicos suficientes para hacerlo de forma privada. La Universidad anunció entonces que aceptaría candidatos para el puesto. Se presentaron cinco candidaturas: Richard Glazebrook (1854- 1935), Joseph Larmor (1857-1942), Osborne Reynolds (1842-1912), Arthur Schuster (1851-1934) y Joseph John Thomson (1856-1940). A pesar de no ser el más conocido ni el que contaba con más experiencia, el elegido fue Thomson. Tenía entonces 28 años y daría décadas de gloria a su Universidad. Bajo su dirección, el Cavendish se estableció como uno de los laboratorios líderes en la física mundial (el propio Thomson identificó allí, en 1897, al electrón como la carga eléctrica elemental, un trabajo que le reportó el Premio Nobel de Física en 1906). Lo que hizo la Universidad de Cambridge es algo difícil, pero muy importante: identificar el genio cuando este aún no ha eclosionado; el genio que necesita de poder y medios para producir todo lo que lleva dentro. La historia enseña algo que podemos comprender en bases neurofisiológicas y culturales: que en ciencia la creación de conocimiento realmente original suele deberse a jóvenes.“