Francis (th)E mule Science's News

7 diciembre 2010

La rentabilidad de las licencias de patentes de las universidades españolas

G de Galleta preguntaba en un comentario: “Yo tengo una duda desde hace tiempo, ¿rentabilizan las universidades las patentes o conocimientos que generan?” La mejor fuente de información para contestar a esta pregunta es la RedOTRI que presenta un informe anual. El último informe, aún solo un borrador, corresponde al año 2009 (fechado 29 nov. 2010). Arriba tenéis la figura que se publica en este informe: Entre 2004 y 2009 los ingresos por las licencias de patentes han crecido pero son inferiores a 3 millones de euros. ¿Mucho o poco? “Nada” ya que la mayoría de las universidades españoles ”gastan” en investigación millones de euros y la suma de todas ellas supera con mucho los mil quinientos millones de euros. La siguiente gráfica os muestra el resultado. Por lo visto la rentabilidad de las patentes en España es paupérrima, por no decir inexistente.

Decía en el comentario G de Galleta: “Porque tengo entendido que los derechos de los “inventos” y conocimientos obtenidos, pertenecen a la Universidad donde se realiza la investigación, pero me temo que se suelen quedar así, como patentes sobre el papel. Sería bueno, y mejoraría la tecnología y ciencia del país, que se incentivasen más las spin-off y la explotación de las patentes. Además del beneficio económico que redundaría en una mejor universidad (habida cuenta de lo mal que andan económicamente).”

El sexenio de investigación y la investigación en España

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“En 1994 el Gobierno [de España] estableció un incentivo para aumentar la producción científica de calidad. Y los sexenios de investigación (llamados así porque la evaluación se efectúa por periodos de seis años) surtieron efecto. La actividad investigadora se disparó y España ha escalado hasta el noveno puesto mundial en producción científica. Un profesor titular [de universidad] gana 1.456 euros más al año por tener un sexenio, 121 euros brutos al mes. Un universitario debe reunir en seis años cinco aportaciones científicas entre las que figuren, al menos, tres artículos en revistas de impacto medio o alto. Juan Juliá, rector de la Universidad Politécnica de Valencia, está convencido de que el despegue investigador no se ha debido a esa retribución, sino a un efecto positivo de la vanidad universitaria: “Los sexenios de investigación funcionan más por el reconocimiento que suponen dentro de la universidad que por el dinero que llevan aparejado, que no es mucho.”.” Nos lo recuerda Ignacio Zafra, “Objetivo: que el profesor genere negocio para su universidad,” El País, 19 nov. 2010.

¿Ha influido el sexenio de investigación en la mejora de la investigación en la universidad española? ¿Ha tenido algo que ver o es pura casualidad? ¿Qué opináis?

Atención, pregunta: Subir los precios de la matrícula, ¿reducirá el fracaso escolar universitario?

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J.A. Aunión y P. Tubella, “La Universidad es para ti, la factura para todos,” El País, 27 oct. 2010, nos recuerda que está en ciernes una subida de las tasas de matrícula en las universidades españolas (y europeas).  “¿Deben pagar más los estudiantes universitarios por sus matrículas? ¿Deben pagar más (bastante más) solo los que suspendan, como se ha planteado en España? La crisis económica ha bajado la aportación estatal a las universidades por toda Europa, lo que ha reavivado el debate de las matrículas. Está clara la necesidad de incrementar la financiación de la educación superior para mantener el ritmo de la demanda y no poner en peligro la calidad. Esa financiación puede ser de dinero público o de fuentes privadas. “Cada Estado miembro tendrá que revisar su estructura y elegir lo más adecuado. Pero está claro que los países optan cada vez más por introducir o ampliar el cobro de matrículas“, resume el portavoz de Educación de la Comisión Europea Dennis Abbott.”

A favor, “los universitarios tienen que aportar más dinero a su universidad. Primero, porque si fuera más caro estudiar, los alumnos se esforzarían más (en España, un 30% de los alumnos abandonan después de dos años sin obtener titulación alguna y solo un 30% acaba la licenciatura de cuatro años en el periodo previsto). Y segundo, cobrar más a los que pueden pagarlo, dando ayudas realmente adecuadas a quien las necesita, para que nadie se quede sin estudiar por motivos económicos, sería más justo que subvencionar a todos por igual, los que tienen para pagar y los que no.”

En contra, “no hay que mezclar en el debate entre tasas y becas, porque con las subidas de las matrículas los más afectados no son los más ricos, sino los que están en el límite donde las becas no alcanzan, las clases medias. Las universidades tienen que diversificar la procedencia de sus ingresos para garantizar su sostenibilidad a largo plazo (ahora mismo, el 75% de los ingresos de los campus públicos europeos procede de los Estados). El camino más fácil es la subida del precio de las matrículas, pero ver la educación universitaria como un bien privado es un enfoque muy preocupante.”

El caso del Reino Unido es significativo. “Lo que los futuros alumnos [británicos] ya saben es que el coste de su carrera sufrirá un drástico aumento, si bien podrán sufragarlo a través de los préstamos para estudiantes; pueden empezar a devolver el dinero cuando estén trabajando y sus ingresos superen las 21.000 libras anuales. Por el contrario, aquellos licenciados con recursos económicos para saldar la deuda casi de inmediato deberán abonar una tasa de penalización, al estilo de las que se pagan cuando se cancela un préstamo hipotecario. La fórmula es calificada de más equitativa por un reciente informe del Instituto de Estudios Fiscales, que cree beneficioso para los estudiantes de escasos recursos la posibilidad de saldar el préstamo con su universidad a lo largo de muchos años. Otros medios, como la Asociación Médica Británica, alertan sobre la perspectiva de que muchos estudiantes acaben endeudados hasta las cejas después de graduarse.”

En España, serán los repetidores, los que suspendan más, los que paguen más. El debate sobre el precio de las matrículas en las universidades públicas está abierto desde hace mucho tiempo: se calcula que un estudiante paga de media entre el 10% y el 20% del coste real de sus estudios en la universidad pública, así que la subvención media por estudiante, con independencia de la renta, sería de unos 7.100 euros. Los repetidores ya pagan más, pero en el futuro será mucho más: hasta el 50% del coste real de los estudios en la segunda matrícula, y el 100% en la tercera. Por ejemplo, la materia más cara de Derecho en una universidad madrileña, que el curso pasado costaba 80 euros en primera matrícula, en el futuro valdría 330 en la segunda y 660 en la tercera.”

Para los lectores que no sean españoles, ¿qué significa que haya alumnos repetidores? Los alumnos en España se matriculan durante un curso académico y tienen dos convocatorias anuales para superar la asignatura. Si no superan la asignatura, tendrán que volver a matricularse, serán repetidores. Incluso si el alumno no se presenta a ninguna convocatoria en su primera matrícula, en su segunda matrícula (que puede ser el año siguiente o mucho más tarde) será repetidor. Los repetidores pueden utilizar hasta dos convocatorias anuales para lograr aprobar, como todos los alumnos, pero tienen que pagar tasas académicas más altas que los alumnos en primera matrícula.

Permitidme un ejemplo personal. Yo, este curso académico 2010/11, imparto una asignatura de tercer curso que tiene un alumno con 9 matriculaciones, otro con 10, otro con 11, e incluso uno con 12, los cuatro sin haber consumido ninguna convocatoria oficial. En otra asignatura pero de cuarto curso tengo dos alumnos con 9 matriculaciones y uno con 7, los tres sin ninguna convocatoria oficial consumida. ¡¿Cómo es posible?! Es obvio que son casos excepcionales, la amplia mayoría de mis alumnos están en primera matrícula, además no tengo ningún alumno que tenga más de una convocatoria consumida; sí, ninguno de mis casi 120 alumnos tiene dos o más convocatorias consumidas. Al menos hasta ahora, todos los alumnos que se han presentado al menos a dos convocatorias han aprobado. ¿Por qué un alumno se matricula 12 veces y no se presenta nunca a una convocatoria oficial? No tengo ni idea y, perdonad, pero no se lo voy a preguntar a ninguno de estos alumnos. ¡Ellos sabrán! Al grano, ¿qué le costará a este alumno aprobar la asignatura? En mi universidad, este curso académico, si la primera matrícula cuesta X, la segunda matrícula cuesta 1’15 X,  y la tercera y sucesivas cuestan 1’50 X, por tanto, suponiendo que el precio no cambiara anualmente con la inflación, a este alumno le costará 17’15 X, más que 17 asignaturas con los mismos créditos, o más que dos cursos académicos completos (tanto como 128 créditos en primera matrícula). Son casos muy excepcionales, pero hay alumnos a los que les sale muy caro el título universitario.

Bueno, al grano, subir los precios de la matrícula, ¿reducirá el fracaso escolar universitario? ¿Qué opináis?

Degradómica material y el olor de los libros viejos

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Llegó a portada en Menéame, pero falto de buqué. “¿Por qué huelen los libros viejos?” La degradómica material lo explica. Pero por qué y dónde está la fuente: Matija Strlic et al., “Material Degradomics: On the Smell of Old Books,” Analytical Chemistry 81: 8617–8622, 2009. Sí, ya sé que lo sabéis, “oliendo los gases emitidos por 72 documentos antiguos científicos británicos y eslovenos consiguieron identificar 15 moléculas volátiles” (que huelen). Aún así, permitidme una breve entrada sobre el aroma de los libros antiguos, ese olor tan familiar para cualquier “ratón de biblioteca.” 

Os recuerdo, haced memoria, sobre un fondo de olor a humedad, unos toques de vaninilla, unos toques herbáceos y un cierto toque de acidez. El olor a vainilla es debido a la lignina, el polímero orgánico más abundante en el mundo vegetal, que le da firmeza a la madera de los árboles y al papel de las hojas de un libro. Cuando la lignina se oxida, el papel amarillea y se volatiliza; como la lignina es prima hermana de la vainillina, su perfume es similar. Los libros nuevos no huelen a lignina porque usan un papel libre de ácidos (acid free paper) que casi no tiene lignina (para que se mantenga blanco durante mucho tiempo) y tiene un pH neutro (lo que lo preserva por más tiempo).

Genómica, proteómica, metabolómica, …, y degradómica (degradomics), la aplicación de las tecnologías ómicas a la química de la degradación de los materiales. Matija Strlic et al. nos proponían aplicar la degradómica al estudio del olor de los libros antiguos, la degradación de los productos volátiles del papel. El olor es resultado de cientos de compuestos orgánicos volátiles y semivolátiles resultado de la red de rutas bioquímicas de degradación del papel y depende tanto de la composición original del papel como del entorno en el que ha envejecido. La degradómica es una variante de la metabolómica y se centra en el estudio del metabolismo de la degradación bioquímica de materiales, como si fueran pseudoorganismos. En un organismo vivo el genoma determina el metaboloma y éste el fenotipo. En un pseudoorganismo el pseudogenoma determina el pseudofenotipo. En lugar de buscar marcadores genéticos para el genoma se buscan marcadores químicos para el proceso de degradación.

La pasta utilizada para fabricar papel es un entramado de fibras de celulosa (un polímero de D-glucosa con entre 300 y 10000 unidades monoméricas, dependiendo del origen), que contiene componentes no celulósicos como hemicelulosas (polímeros formados por una amplia variedad de monómeros, además de glucosa, con entre 500 y 3000 unidades monoméricas), ligninas (altamente polimerizadas y complejas, formadas por monómeros de fenilpropanoides (con estructura similar pero no iguales al fenilpropano), en concreto alcoholes fenilpropílicos (cumarílico, coniferílico y sinapílico); actúan como aglutinante de las fibras), extractos (grasas, ceras, alcoholes, fenoles, ácidos aromáticos, aceites esenciales, oleorresinas, esteroles, alcaloides y pigmentos colorantes), y minerales y otros compuestos inorgánicos. Muchos de estos compuestos son volátiles. [Este párrafo contiene correcciones sugeridas por César en los comentarios].

Matija Strlic et al. han caracterizado químicamente el contenido del papel en ciertos productos como lignina, ácido acético, benzaldehido, 2,3-butanodiona, butanol, decanal, 2,3-dihidrofurano, 2-etilhexanol, furfural, hexadecano, hexanal, nonanal, octanal, pentanal y undecano, así como el contenido protéico  y la acidez (pH). Han utilizado diferentes métodos experimentales, entre ellos la cromatografía de gases de espacio de cabeza con espectrometría de masas como detector (máquinas que todos conocemos de series de TV como CSI, en las que se ve un carrusel dando vueltas con los viales). [Como nos aclara César en un comentario:] “En el espacio de cabeza se extraen los componentes volátiles de la muestra en condiciones estándar dentro de un vial; el contenido del espacio de cabeza del vial (los gases) se inyectan en un cromatógrafo de gases que los separa en función de la resistencia diferencial para cada compuesto que representa el paso a través de un capilar; a la salida, un espectrómetro de masas rompe las moléculas en trozos característicos y determina cantidad y cualidad de los productos. Las tres operaciones (extracción, separación, medida) se hacen en línea. Visualmente es un sólo aparato.”

Con todos los datos recabados han realizado un análisis estadístico multivariante y un análisis de componentes principales. Las conclusiones de su estudio son todavía muy provisionales pero apuntan a que en un futuro no muy lejano, narices electrónicas serán capaces de determinar el estado de envejecimiento de un libro antiguo y si necesita tratamientos o cuidados especiales con objeto de garantizar su preservación.

Más información técnica sobre estos asuntos: John W. Baty et al., “Deacidification for the conservation and preservation of paper-based works: A review,” BioResources 5: 1955-2023, 2010 [acceso gratuito]; Elvira M. Gaspar et al., “Volatile organic compounds in paper—an approach for identification of markers in aged books,” Anal. Bioanal. Chem. 397: 369–380, 24 Feb. 2010; y Ann Fenech, Matija Strlič, et al., “Volatile aldehydes in libraries and archives,” Atmospheric Environment 44: 2067-2073, June 2010.

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