Francis (th)E mule Science's News

5 junio 2010

El sexteto de Higgs, Premio de la APS en honor a J.J. Sakurai, y la historia del mecanismo de Higgs

El Premio de la Sociedad de Física Americana (APS) para contribuciones a la Física de Partículas Teórica (J. J. Sakurai Prize for Theoretical Particle Physics) de 2010 le fue concedido a Carl R. Hagen (University of Rochester), Francois Englert (Universite Libre de Bruxelles), Gerald S. Guralnik (Brown University), Peter W. Higgs (University of Edinburgh), Robert Brout (Universite Libre de Bruxelles), y T.W.B. Kibble (Imperial College) por sus contribuciones al mecanismo de Higgs–Brout–Englert–Guralnik–Hagen–Kibble para explicar la ruptura espontánea de la simetría electrodébil, mecanismo normalmente abreviado a mecanismo de Higgs.

La historia del mecanismo de Higgs es curiosa. En 1962, Goldstone, Salam y Weinberg demostraron un teorema (conjeturado en 1960) que afirma que la ruptura espontánea de la simetría (global) en una teoría de campos relativista conduce a la aparición de nuevas partículas sin masa, de espín cero, llamadas bosones de Goldstone (técnicamente: en una teoría cuántica de campos invariante Lorentz, si hay simetrías continuas bajo las cuales el lagrangiano es invariante, entonces o el estado del vacío es invariante ante la simetría, o deben existir partículas de espín cero de masa nula). Si existieran bosones escalares de masa nula deberían haber sido detectados experimentalmente. Entre 1963 y 1964 varios investigadores trataron se superar este teorema. P.W. Anderson observó en 1963 que en un superconductor los bosones de Goldstone se pueden transformar en plasmones masivos debido a la interacción electromagnética, es decir, se transforman en grados de libertad longitudinales que se acoplan a la polarización transversal de una onda electromagnética, aparentando ondas luminosas con masa no nula (básicamente el efecto de Meissner). En opinión de Anderson, el problema del bosón de Goldstone en una teoría de Yang-Mills podía ser resuelto de forma similar, aunque ni enunció el teorema ni discutió en su trabajo el caso relativista. Peter Higgs recogió el guante de Anderson.

A. Klein y B.W. Lee en marzo de 1964 discutieron una variante del trabajo de Anderson, también aplicado a superconductores, que parecía prometedora a la hora de extender dicho trabajo al caso relativista. W. Gilbert trató de hacerlo y creyó que era imposible lograrlo; publicó un artículo que apareció el 22 de junio en Physical Review Letters. Dicho artículo llegó a Edimburgo el 16 de julio y cayó en manos de Peter Higgs, quien se dio cuenta de que el ingrediente que faltaba era evitar el teorema de Goldstone era la simetría (gauge) local. En pocos días escribió un artículo corto que envió el 24 de julio al editor en el CERN de la revista Physics Letters, que fue rápidamente aceptado. Escribió un segundo artículo concretando dichas ideas en un modelo relativista que envió a dicha revista el 31 de julio, pero que fue rechazado. Durante agosto se dedicó a revisar dicho artículo y decidió que era mejor enviarlo a Physical Review Letters, como así hizo el 31 de agosto. El artículo fue aceptado aunque uno de los revisores (que años más tarde le confesó ser Yoichiro Nambu) le dijo que discutiera la relación de su trabajo con el de Francois Englert y Robert Brout, enviado a PRL el 22 junio y publicado el 31 de agosto, en el que se presentaba un mecanismo similar. En octubre de 1964 se publicó un trabajo independiente de Gerald Guralnik, Carl Hagen y Tom Kibble con una solución similar a la de Higgs. Gilbert no estaba convencido de que Higgs hubiera logrado lo que él pensaba que era imposible y Higgs, a hombros de todos estos autores, logró resolver todas las dudas de Gilbert en 1965.

Los interesados en esta historia disfrutarán con el relato de manos del propio Higgs en su conferencia ”My Life as a Boson,” MCTP, Ann Arbor, Michigan, 21 May 2001 (vídeo de 53:59 y 13 transparencias, una de ellas la que acompaña a esta entrada) y con las actas de dicha conferencia.

La tecnología fue el gran problema de Babbage y es el gran problema de los ordenadores cuánticos

Imagina que un periodista le pregunta a Charles Babbage en 1822: ¿Para cuándo espera usted que existan ordenadores clásicos escalables? ¿Cuándo uno de estos ordenadores clásicos estára en la casa de todos los ciudadanos? Qué podría haber contestado: En 20 años (1842), en 50 años (en 1872), … Se necesitaron 120 años para lograr ordenadores clásicos escalables (gracias a la electrónica) y 160 años para que llegaran a los hogares (gracias a la microelectrónica). Cuando la gente se pregunta ahora ¿para cuándo se espera que existan ordenadores cuánticos escalables? o ¿cuándo un ordenador cuántico estará en la casa de todos los ciudadanos? la única respuesta posible es que el gran problema de Babbage era la tecnología: ni existía la electrónica, ni el transistor, ni el circuito integrado, … El gran problema de los ordenadores cuánticos en la actualidad es tecnológico: cómo conseguir que un gran número de cubits (sean fotones, núcleos atómicos o cualquier otra cosa que puedan ser) estén infinitamente aislados del entorno de tal forma que la decoherencia actúe en una escala de tiempo cientos de órdenes de magnitud más grande que las que actualmente se logran en los laboratorios más avanzados. Ahora mismo esto parece prácticamente imposible. Nadie puede imaginar una tecnología capaz de lograrlo. Igual que Babbage no podía imaginar una tecnología que posibilitara el transistor y menos aún un circuito integrado con 1000 millones de transistores en unos centímetros cuadrados (como los Itanium de Intel). Nos lo cuenta Scott Aaronson, “What’s taking so long, Mr. Babbage?,” Shtetl-Optimized, May 22nd, 2010.

Como bien nos recuerda Scott, no existe ningún límite fundamental (conocido) que impida que (pongamos dentro de 160 años) existan ordenadores cuánticos con miles de millones de cubits en un estado entrelazado invulnerable a la decoherencia durante unos segundos. Ahora bien, nadie puede ni soñar cual será la tecnología que lo posibilite. Hoy en día, dependiendo de la manera en que se cuenten los cubits, se han fabricado ordenadores cuánticos con muy pocos cubits. El algoritmo de Peter Shor ha sido implementado con 4 cubits (con tecnologías de trampas de iones y con arquitecturas fotónicas). También se ha implemento con tecnología NMR (aunque no es el algoritmo original sino una versión incoherente) con 7 cubits. Se han logrado estados entrelazados GHZ de hasta 12 cubits. Etc., etc. Grandes logros, para unos, parcos para otros.

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