La ciencia requiere cierta fe, la creencia en cierto credo, pero este credo es falsable. La fe y el credo no son parte de la ciencia como tal, son parte del método científico. Yo sé que si pego un salto volveré a caer al suelo (salvo que alguien me gaste una broma y me sujete en el aire). La gravedad de la Tierra que nos atrae al suelo es un hecho. No puedo creer o no creer en la gravedad. La teoría de Newton de la gravedad tiene ciertos límites de validez y permite entender perfectamente como yo caeré, pero no puede ser aplicada siempre con éxito. A energías altas o distancias cortas o intervalos de tiempo pequeños deja de ser válida debiendo ser reemplazada por la teoría relavista. La teoría de Einstein de la gravedad también tiene que tener límites de validez, pero todavía no los conocemos. Se cree que a energías muy altas o distancias muy cortas o intervalos de tiempo muy pequeños debería dejar de ser válida. Hay cierta fe en parte de la comunidad científica de que así sea (el científico es escéptico por naturaleza). Pero, hasta donde la realidad y los experimentos nos informan sobre ello, es la teoría “válida” (la mejor que tenemos) para comprender la gravedad a todas las energías, distancias y tiempos (en los que la hemos estudiado experimentalmente). La ciencia es así, la “verdad” es “verdad” mientras no se demuestre que es “mentira,” una mentira cualificada y cuantificada.
La teoría de la evolución de Darwin es parte de la ciencia. Como tal es un credo falsable. La fe de la mayoría de los científicos es que es completamente cierta. Lo avalan 150 años de evidencias y experimentos científicos. Sin embargo, desde que fue formulada por Darwin, muchas voces claman en su contra. Ningún científico ha sido tan criticado y denostado por sus ideas como Darwin. Ningún científico va a rellenar tantos titulares este año, en el 200 aniversario de su nacimiento, como Charles Robert Darwin (un 12 de febrero). Foros políticos, religiosos, filosóficos, artísticos y culturales le van a dedicar ríos de tinta. Ni siquiera Einstein en el 2005 lo logró. Casi nadie afirma públicamente que “entiende” las teorías de Einstein. Todo el mundo “cree” entender bien la evolución, sin necesidad de estudiarla, sin necesidad de preocuparse por rastrear en los libros de texto las pruebas que la avalan. La evolución como parte de las ciencias sociales. Pero la evolución es parte de las ciencias puras, es biología. Y en este contexto debe ser estudiada y debatida.
Al grano, la revista Nature, como parte de la celebración del año de Darwin, ha destacado los 15 hechos experimentales sobre la evolución basados en restos fósiles más relevantes que se han publicado en sus páginas en la última década. El documento, en inglés, es de acceso gratuito: Henry Gee, Rory Howlett, Philip Campbell, “15 EVOLUTIONARY GEMS.” Su lectura, sin lugar a dudas es muy recomendable. Lo han trabajado bien, incluyendo además del enlace al artículo original, artículos adicionales y enlaces a las webs de los investigadores responsables de cada trabajo. El índice (sólo os comento las 3 primeras entradas) es como sigue.
1 Land-living ancestors of whales. Hay fósiles de más de 10 millones de años de criaturas acuáticas antecesoras de las ballenas como los Ambulocetus y Pakicetus. ¿Qué animal terrestre fue su antecesor? El ancestro de estas “protoballenas” fue el Indohydus raoellidae, un animal rumiante, muy similar al actual chevrotain (un extraño ciervo-ratón), que pasaba gran parte de su tiempo en el agua (como los hipopótamos). ¿Por qué abandonó definitivamente la tierra? Por el acceso a nuevos recursos alimentarios
2 From water to land. Hace unos 360 millones de años, los primeros peces abandonaron el mar. Los peces con “manos” Tiktaalik roseae más similares a un híbrido entre caimán y gran salamandra, tienen un esqueleto muy parecidos a los tetrápodos, pero presentan branquias en lugar de pulmones. Tuvo que ser un cazador feroz y temible entre los peces al estilo de los actuales cocodrilos.
3 The origin of feathers. Los pájaros más antiguos, como los Archaeopteryx, son más parecidos a dinosaurios con plumas que a pájaros. Hace 125 millones de años, muchos dinosaurios tenían plumas, como los Epidexipteryx.
4 The evolutionary history of teeth
5 The origin of the vertebrate skeleton
6 Natural selection in speciation
7 Natural selection in lizards
8 A case of co-evolution
9 Differential dispersal in wild birds
10 Selective survival in wild guppies
11 Evolutionary history matters
12 Darwin’s Galapagos finches
13 Microevolution meets macroevolution
14 Toxin resistance in snakes and clams
15 Variation versus stability
PS (7 marzo 2009): Ante todo perdón por cambiar el título de esta entrada. En parte en broma, en parte en serio. Os cuento. 
Las fluctuaciones del disolvente potencian y controlan los movimientos a gran escala y los cambios de forma (conformación) de la proteína. Además, los movimientos de la envolvente hidratada de la molécula potencian y controlan los movimientos internos de la proteína, como la migración de ligandos. En el caso de la mioglobina, estudiada por los autores, la envolvente hidratada está formada por 2 capas de moléculas de agua, con más de 200 moléculas, y es importante recordar que la versión no hidratada de la molécula no funciona. Más aún, durante la función proteíca, la forma (conformación) de la proteína no es única, sino que sufre importantes cambios, en gran parte influidos por las propias fluctuaciones del disolvente y de la envolvente hidratada.
Actualmente se producen unos 2.8 billones (con “b”) de kilowatios-hora de electricidad al año en reactores de agua ligera (LWR) que utilizan como combustible uranio poco enriquecido (LEU). Se necesitan unas 10 toneladas métricas de uranio natural para obtener 1 tonelada métrica de LEU, que permite generar unos 400 millones de kilowatios-hora de electricidad. Los reactores actuales requieren unas 70 mil toneladas métricas de uranio natural al año. La NEA ha identificado reservas naturales de uranio por un total de 5.5 millones de toneladas métricas y estima que existen unos 10.5 millones adicionales aún por descubrir, lo que garantiza uranio, al consumo actual, durante 230 años. Posiblemente estos datos son estimaciones a la baja. Más aún, las tecnologías de reactores actuales pueden reducir el consumo de LEU hasta la mitad, con lo que su incorporación futura en los reactores actuales podría duplicar la vida de las reservas. Por supuesto, en los próximos 50 años, los avances en los reactores que reciclan el uranio (“fuel-recycling fast breeder reactors”), cuya consumo de uranio es inferior al 1% del consumo actual incrementará mucho la vida útil de las reservas (al ritmo actual hasta unos 30 mil años).
No, no te asustes, todavía no se han fabricado los lasetrones que produzcan zeptopulsos, no es fácil alcanzar un petawatio con un láser. Recuerda, un zeptosegundo son 10-21 segundos y un petawatio son 1015 watios. Alexander Kaplan y Peter Shkolnikov propusieron en 2002 el lasetrón. ¿Cómo fabricar un lasetrón? Haz que un láser que emita pulsos de petawatios polarizados circularmente incida sobre un hilo conductor; sus electrones rotarán en órbitas circulares de radio muy pequeño a velocidades relativistas; estos electrones emitirán pulsos de radiación con una duración de zeptosegundos; ya tienes un lasetrón. ¿Para qué quiere alguien pulsos tan cortos aunque muy energéticos? Podrían ser utilizados para controlar las reacciones nucleares en cadena en reactores de fusión. Lo que no es moco de pavo.
Por cierto, Paul Lockhart escribió el artículo en 2002 pero nunca lo publicó hasta que Keith Devlin lo descubrió en Marzo de 2008 y
Los enzimas de ARN (llamadas “ribozimas” o “aptazimas”) son moléculas de ARN capaces de autorreplicarse a temperatura constante en ausencia de proteínas. Utilizan la llamada replicación cruzada, en la que dos enzimas se catalizan el uno al otro de forma mutua. Este proceso permite entender cómo surgió la vida, pero los biotecnólogos las usan para algo mucho más prosaico. Estos enzimas de ARN pueden ser utilizados para detectar una gran variedad de compuestos, incluyendo muchos relevantes en diagnóstico médico. El compuesto orgánico se liga al aptazima, que se replica exponencialmente, amplificando exponencialmente la concentración del compuesto hasta permitir que sea fácilmente detectado.
La tribología es la ciencia de la fricción, el desgaste y la lubricación en el contacto entre superficies. A escala macroscópica se cumple la Ley del francés Guillaume de Amontons, formulada en 1699: la fuerza de fricción entre dos cuerpos es linealmente proporcional a la carga aplicada e independiente del área de contacto. Esta ley deja de ser válida en la microescala, pero qué pasa en la nanoescala (a escala atómica). La mayoría de los nanotribólogos pensaban que tampoco era cierta. La sorpresa la han dado investigadores de la Universidad de Wisconsin, en Madison, EEUU, quienes han demostrado mediante simulaciones por ordenador de dinámica molecular a gran escala que dicha ley también se cumple en la nanoescala. La fuerza de fricción depende linealmente del número de átomos que interactúan químicamente en el contacto entre ambas superficies. Si se define el área de contacto como proporcional a este número de átomos, la ley de Amontons se cumple con sorprendente exactitud. Conforme el área de contacto se reduce de la microescala a la nanoescala se produce una transición entre una dependencia no lineal a una estrictamente lineal entre la fuerza de fricción y la carga. El artículo técnico es Yifei Mo, Kevin T. Turner, Izabela Szlufarska, “
Un diamante es para siempre (
La Ciencia de la Mula Francis
(Centro Nacional de Física de Partículas, Astropartículas y Nuclear, Consolider-Ingenio 2010).
